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Según un estudio, la velocidad a la que una persona camina podría relacionarse con su coeficiente intelectual

La relación entre caminata y pensamiento es parte, podría decirse, de una tradición. Caminar invita a contemplar, a reflexionar, a analizar, y eso bien lo sabían los peripatéticos de la antigua Grecia. Caminar aclara la mente, la despeja, la abre. Eso dice la tradición. Sin embargo, no solemos relacionar la inteligencia con la velocidad al caminar. Como si caminar rápidamente fuera, tan solo, una destreza física que en nada involucra nuestra capacidad mental.

Genial.guru acerca a sus lectores un estudio que vincula la mayor velocidad al caminar con un mayor coeficiente intelectual.

El cuerpo, la mente y sus velocidades

Lo hemos visto en películas, lo hemos leído en libros: un personaje se encuentra ante una encrucijada mental y decide salir a caminar. ¿Quién no ha visto al famoso detective Hércules Poirot, el brillante detective creado por Agatha Christie, dar largas y lentas caminatas analizando los diferentes vericuetos de un crimen? ¿Quién podía dudar de que su lenta caminata era el signo de una mente brillante entregada al pensamiento? Para el imaginario popular, los pasos lentos indican reflexión, meditación, análisis y, en definitiva: inteligencia. ¿Pero es así?

Sin duda, la escena que acabamos de relatar tiene una trampa: es una ficción, y las ficciones no siempre reflejan la realidad. Un grupo de investigadores ha decidido estudiar la relación que existe entre inteligencia y velocidad al caminar, y las conclusiones a la que han llegado ponen en discusión la idea que muchos tienen en el imaginario.

El estudio

Investigadores de la Universidad Duke de EE. UU. llevaron a cabo un estudio en el cual entre otros puntos, analizaron la relación entre la velocidad a la que una persona suele caminar y la capacidad cognitiva. Para ello, se analizó el caso de 938 individuos de Nueva Zelanda que fueron sometidos a distintivos tipos de evaluaciones, tanto físicas como intelectuales, desde su nacimiento y a las siguientes edades: 3, 5, 7, 9, 11, 13, 15, 18, 21, 26, 32, 38 y 45.

Para el estudio, se tomó en cuenta la velocidad de los participantes tanto en caminatas normales como exigidas, obteniéndose así resultados basados en las correlaciones. Sobre la base de estos datos, tras una prueba final, los pudieron llegar a conclusiones que, si bien no son definitivas, podrán ser de utilidad para futuros trabajos.

Es necesario destacar que, en su etapa original, los participantes del estudio eran 1037, pero debido al fallecimiento o la discapacidad que afectaron a algunos de ellos a lo largos de los años, y a otros factores, el número definitivo de participantes que llegó a cumplir con la etapa final del estudio fue de 938.

Conclusiones

Después del análisis metodológico de los datos obtenidos a lo largo de los años, los investigadores encontraron lo siguiente:

  • La diferencia promedio de coeficiente intelectual (CI) entre caminantes lentos y veloces de 45 años es de 16 puntos. Esta correlación es tan significativa que los científicos evalúan la posibilidad de que estudios de este tipo sirvan para lograr una detección temprana de demencia.

  • Los niños pequeños con más bajo CI, con mayores dificultades a nivel lingüístico y emocional, y menor tolerancia a la frustración, tenían predisposición a caminar más lentamente al llegar a la mediana edad.
  • Por otro parte, los exámenes de resonancia magnéticas por imagen demostraron que el cerebro de los caminantes aletargados mostraba mayores signos de envejecimiento que el cerebro de los caminantes veloces.
  • Tomando como testimonio la respuesta de un panel de 8 evaluadores que debían estimar la edad de los pacientes a partir de una fotografía de su rostro, se determinó que los caminadores lentos parecían tener una mayor “edad facial”.

Haciendo un autoanálisis de tu modo de caminar, ¿puedes decir que coincides con los resultados obtenidos por este estudio? Esperamos leer tu respuesta (sincera) en los comentarios.

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