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12 Historias sobre el amor que se demuestra con hechos y no con palabras

El amor no es solo hacer cumplidos, regalar flores y cantar serenatas bajo la ventana, sino también un trabajo duro que requiere de un esfuerzo por ambas partes. Y a veces, nuestras acciones pueden decir mucho más a un ser querido que las palabras más bonitas del mundo.

Genial.guru preparó para ti un conjunto de historias compartidas por los usuarios en redes sociales que tienen de todo: amor verdadero, humor chispeante, acciones entrañables y momentos increíblemente lindos.

  • Vivo con mi novio. Tenemos un laptop en común y ya llevamos un mes librando una batalla sobre el fondo de pantalla principal: constantemente él pone tanques y yo, lindos conejitos. Se lo conté a una amiga y ella me hizo una visita. ¡Abre la laptop y me da un golpe en la frente con su mano! Ella me dijo que observará el tanque. Miré con más atención y allí... ¡Un anillo en el cañón! Un mes ya. Y yo no lo noté. Entonces, mi novio irrumpe en la habitación y grita: “¿Tal vez ya te cases conmigo?”. Pronto será nuestra boda.
  • Mientras iba a trabajar, me llamó la atención una pareja inusual. Era una familia joven con un niño pequeño. Ella tenía problemas de audición y del habla, por lo que se comunicaban todo el viaje a través del lenguaje de señas. Él había aprendido todo un idioma para ella, mientras que nosotros, a veces, no podemos decir ni tan siquiera “Lo siento”. ¡Eso es el verdadero amor!
  • Mis abuelos habían vivido juntos por 80 años. Desde que tenían 15 años son inseparables. Vivieron la guerra junto a los guerrilleros, mi abuelo volvió manco y mi abuela ya no podía oír. Pasaron hambre y pobreza, criaron a seis hijos, salvaron a su familia de una banda criminal, ya jubilados pudieron viajar y regresar a su pequeña patria, junto al mar. Mi abuela venció dos veces el cáncer y mi abuelo se recuperó de un infarto cerebral. Él llevaba flores a mi abuela durante toda su vida, solo había ternura y cuidado mutuo. Murieron a los 95 años de edad y con la diferencia de un día.

Todos los años, en el aniversario de nuestra boda, mi esposo me envía un mensaje de texto: “Doña Natalia, ¿aceptaría usted casarse con Don Sergio?”. Sonrío y le respondo: “¡Sí, quiero!”.

  • Mi esposo se llama Juan, él trabaja en una gran compañía y a menudo vuelve a casa enojado y con mucho estrés. Para aliviar su estado, lo acuesto en la cama y le narró cuentos de hadas inventados por mí misma: sobre un superhéroe, Juan El Grande, un hombre bondadoso que castigó de manera cruel pero justa a los villanos. Cuando mete la pata, le narro historias de Juanito “El Tontito” que, por supuesto, consigue solucionarlo todo. Siempre se duerme con una sonrisa, la misma con la que se levanta por las mañanas.
  • Cuando mi padre tenía 35 años, tuvieron que hacerle de manera urgente una operación complicada de corazón. Mientras estuvo en el hospital, mi madre permaneció a su lado, durmiendo con él en la misma pequeña cama. Resultó que, 5 días después de la operación de mi padre, era el cumpleaños de mi mamá. Mi papá apenas podía caminar por el dolor, se le abrían las heridas. Llegó la mañana del cumpleaños de mi madre. Ella se despertó, pero él no estaba. Presa del pánico, comenzó a buscarlo por toda la planta. Salió al porche del hospital y ahí lo vio: ¡con un gran ramo de flores, una tarta, bombones, arrastrándose con esfuerzo y con los dientes apretados, pero con una gran sonrisa y loco de amor!
  • Tenía 19 años, él 24. Mi primer amor. Llevábamos saliendo casi dos años, me enamoré de él hasta el fondo de mis entrañas y él me dijo después de nuestra primera noche juntos: “No quiero salir más contigo”. Se me vino el mundo encima. Me vi inundada por mis lágrimas. Y de repente, mi amado saca un anillo de debajo de la almohada y me dice: “No quiero salir contigo, quiero que seas solo mía”. Cinco años más tarde, le dije que en mi vida apareció otra persona, al que amaba más que a nadie en el mundo. Mi marido se quedó helado, sin poder pronunciar palabra hasta que con mucho esfuerzo dijo, “¿Quién?”. A lo que yo respondí: “Nuestro hijo o hija, todavía no lo sé”. ¡Así fue mi dulce venganza!
  • Ya es el tercer año que mi novio y yo vivimos juntos y él nunca ha destacado precisamente por ser un hombre romántico. Una tarde, estaba preparando la cena en la cocina, miro por la ventana y veo que han escrito en el asfalto “Olga, te amo”, y alrededor, rosas colocadas de una manera hermosa. Me sentí sinceramente feliz por aquella chica y entonces me di cuenta de que yo también, vaya, me llamo ¡Olga! Un pensamiento feliz pasó por mi cabeza: “¿Tal vez esto sea para mí?”. Enseguida recibí un SMS de mi amado: “Prepárame unas hamburguesas, que me dio mucha hambre colocar las rosas sobre el asfalto”. Un romántico, maldita sea.
  • Cuando me propuso matrimonio, le dije: “Si nos casamos, nunca te dejaré ir”. Él se rió: “Entonces, agárrame fuerte”. Luna de miel. La idea de tirarse al lago desde un acantilado parecía muy divertida, pero resultó ser muy estúpida. Él no salió a la superficie. Cuando lo saqué a la orilla y le hice un masaje cardíaco, lloraba y gritaba a los cuatro vientos: “¡No te dejaré ir! ¡De ninguna manera! ¡Ni siquiera pienso entregarte a la madre muerte!”. Me oyó. Dejó de volverse azul y comenzó a respirar. Mientras respire, estaré a su lado.
  • Para sorprenderme, mi novio aprendió a preparar crepes girándolas en el aire. Sobre el hecho de que lo aprendió hace muy poco, dan fe las manchas de grasa en el techo.

  • Mis padres llevan casados 35 años. En los últimos dos, mi mamá desarrolló una demencia y todos los días vuelve a conocer a mi papá. Y cada día, al llegar la noche, se enamora nuevamente de él porque no hay una persona en el mundo que la cuide tanto y proteja más que él.

  • Mi querido me mira fijamente a los ojos, sonriendo solo con las comisuras de sus labios. Me hace una pregunta con su voz cálida y linda: “¿Puedo hacer una cosa?”. Sonrío suavemente en señal de respuesta. Mi querido me toma en brazos y me lleva. Una noche temprana, las luces alumbran la calle. Los transeúntes nos sonríen, se vuelven hacia nosotros, notando lo dulces que somos, cuánto amor tan tierno albergamos. ¿Quién de ellos podría saber que mi querido me lleva en brazos porque lo enfadé y para no estallar conmigo suelta toda su mala onda llevándome en sus brazos?

Cuéntanos tu historia de amor, aquella en la que sucedió algo que ha quedado grabado en tu memoria para siempre.

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