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13 Historias que demuestran que la genialidad a veces va de la mano con la locura

¿Te has dado cuenta de que las personas geniales tienden a cometer excentricidades o tienen hábitos poco comunes? Por ejemplo, Victor Hugo se rapó la mitad de la cabeza y se afeitó media barba para no salir de la casa y no distraerse de la novela que estaba escribiendo. A Charles Dickens le gustaba visitar la morgue de París y Sarah Bernard solía dormir en un ataúd.

Genial.guru volvió a estudiar las biografías de los personajes históricos importantes y quiere compartir contigo algunas curiosidades relacionadas con ellos.

Charles Darwin

El naturalista y viajero famoso, autor de “El origen de las especies”, tenía unas preferencias alimenticias muy originales. Durante su viaje alrededor del mundo en un barco de expedición, Charles Darwin no solo observaba la diversidad del mundo animal, sino que también comía con mucho gusto a todas las criaturas vivientes que descubría, incluso los insectos.

Al naturalista le gustaba especialmente el armadillo y “un roedor de color chocolate”, pero se quedó decepcionado por el estofado de puma. Darwin fue miembro del Gourmet Club (“The Glutton Club”, el club de glotones), cuyos miembros se reunían todas las semanas para hablar sobre la comida exótica que habían probado.

Abraham Lincoln

El decimosexto presidente de los Estados Unidos prefería llevar todos los documentos importantes con él, así que los tenía guardados en el interior de su famoso sombrero. Además, dejó crecer su barba no menos famosa después de que una niña le dijera que “a todas las mujeres les gustan los hombres con barba”.

Victor Hugo

El gran escritor se obligó a trabajar de una manera muy particular. Ordenaba a su criado que se llevase la ropa para no salir de la casa y no distraerse de sus novelas. Cuando Hugo estaba escribiendo “Nuestra Señora de París”, por el mismo motivo, se afeitó la mitad de su barba, se rapó media cabeza, y tiró las tijeras por la ventana.

Gabrielle Coco Chanel

La famosa diseñadora de modas francesa nunca se separaba de sus tijeras: siempre estaban en su bolso o las tenía colgadas en el cuello. Durante una recepción, Chanel vio que su modelo lucía un vestido de otro diseñador. Entonces le cortó el atuendo y dijo que así se veía mucho más elegante.

Friedrich Schiller

Una vez Johann Goethe, esperando a Friedrich Schiller en su oficina, sintió un olor desagradable. En busca de su fuente abrió un cajón de la mesa donde encontró un montón de manzanas podridas. Al final resultó que el olor de estas frutas inspiraba al escritor y lo ayudaba a trabajar.

Charles Dickens

El entretenimiento favorito de Charles Dickens era visitar la morgue de París donde se exhibían cuerpos no identificados. Dickens admitió: “Cuando estoy en París, una fuerza invisible me arrastra a la morgue. No quiero ir allí, pero sigo yendo”. Además, el famoso escritor estaba a dieta de champán por prescripción médica.

Henry Ford

Al empresario e inventor estadounidense le encantaba comer malezas. Ford iba a su finca y arrancaba todo lo que crecía bajo sus pies para utilizarlo como ingrediente de sándwiches, ensaladas y sopas. Creía que el cuerpo humano era una especie de máquina y el combustible para ello se conseguía del mundo exterior.

George Gordon Byron

Lord Byron, un hombre extravagante y muy poco convencional, era muy aficionado a los animales. Cuando ingresó a Cambridge, intentó llevar a su querido perro, lo cual estaba estrictamente prohibido.

Al encontrarse con las estrictas normas de la institución que prohibían tener perros de mascota, el poeta compró un oso amaestrado y lo llevó a su habitación. Cuando intentaron meterle la bronca por lo que hizo, Byron pidió que le enseñaran la norma que prohibía llevar como animal de compañía a un oso. Sin embargo no se encontró nada por el estilo en el estatuto, y la administración se vio obligada a aceptar la legalidad de la estadía del animal. Todos los años de estudiante, el poeta y el oso compartieron la misma habitación.

Oscar Wilde

El escritor inglés Oscar Wilde también fue un amante de las mascotas exóticas. Le encantaba pasear su langosta, y solía ir al teatro acompañado por su rata blanca.

Clark Gable

El actor estaba obsesionado con la limpieza. Se cambiaba constantemente de ropa, se duchaba varias veces al día y, al mismo tiempo, evitaba diligentemente tomarse un baño (por lo que no había ningún baño en la mansión de Gable, solo una ducha). Explicó esto diciendo que solo pensar en que tendría que meterse en el agua sucia le daba asco.

Thomas Edison

El inventor mundialmente famoso tenía un método especial de contratación de investigadores. Invitaba a cada candidato a cenar, le servía un plato de sopa y se quedaba observando. Si el solicitante inmediatamente echaba la sal sin probar el plato, se le negaba el empleo. Edison no quería trabajar con personas que sacaban conclusiones antes de realizar el experimento.

Sarah Bernhardt

La “reina del teatro” francesa se distinguió por su comportamiento extravagante. Poseía un ataúd que estaba en su habitación y que siempre llevaba consigo cuando se mudaba. Lo utilizaba para dormir, leer, repasar sus papeles, e incluso para posar en las sesiones de fotos.

Ludwig van Beethoven

Había muchas leyendas sobre las rarezas del compositor. Por ejemplo, se afeitaba en pocas ocasiones ya que creía que el afeitado interfería con la inspiración creativa. Además, su aspecto no le importaba en absoluto. A menudo, la ropa que llevaba era sucia y desgarrada, su cabellera gris solía estar despeinada. Además de eso, exigía que le prepararan el café con nada más de 60 granos.

Bono: David Bowie

¿Recuerdas la imagen legendaria de David Bowie sin cejas y con el pelo rojo de punta? Durante mucho tiempo se creyó que el cantante excéntrico se afeitó las cejas en busca de la belleza. De hecho, las perdió por una crisis nerviosa que el artista sufrió por el rechazo de su canción Drive-In Saturday.

¿Qué te parece, quién más podría protagonizar este artículo?

Imagen de portada LFI / Avalon.red / REPORTER
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