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14 Pruebas de que el trabajo de un vendedor no puede ser aburrido, ya que, después de todo, tiene que tratar con personas

El trabajo de los vendedores no es fácil: existe una responsabilidad financiera y hay que complacer a los clientes. Pero ¿dónde más se puede conocer a tanta gente como en el sector de los servicios? En algunos casos, las personas son agradables y educadas, pero en otros, los compradores parecen haber llegado de un mundo totalmente diferente al nuestro. Los clientes suelen ser diferentes y, como nos parece, lo principal en el trabajo de un vendedor es mantener la calma y el sentido del humor.

La selección de historias de Genial.guru de hoy es sobre vendedores que ciertamente nunca podrán olvidar a algunos de sus clientes.

  • Trabajaba en el departamento de devoluciones. Una vez vino una mujer que quería devolver unos jeans. “Tómelos”, dijo, “están rotos”. Respondí: “Sí, son jeans con roturas, así es el modelo”. Y ella pronunció: “Yo entiendo eso, pero están muy rotos” (sí, se refería a los agujeros decorativos en las rodillas). Contesté: “Espere, ¿quiere unos jeans rotos, pero que no estén rotos?”, a lo que me dijo que sí. Este diálogo se repitió 4 veces más, una y otra vez. Acepté la devolución, pero han pasado 17 años desde entonces y aún sigo sin entender a qué se refería. © Magnuscomedy / Reddit
  • Tengo unos clientes favoritos: una pareja de ancianos que tienen más de 80 años. Ella suele caminar por la tienda con una lista de compras y él se queda esperando pacientemente. Un día, él me preguntó dónde estaban los desodorantes y geles de ducha Old Spice. Y después, cuando pasó sus compras en la caja, noté que llevaban 5 de esos Old Spice en el carrito. Miré al anciano y dije: “Parece que a alguien le gusta mucho esta marca”. A lo que su esposa reaccionó de inmediato: “¡Oh, sí! Me encanta cuando la usa, ¡de repente se vuelve tan atractivo!”. Al principio me quedé atónita, y luego me eché a reír. Es genial que a su edad todavía estén genuinamente enamorados el uno del otro. © bkupisch / Reddit
  • Vendemos playeras con estampados de bandas de rock. Una vez vino una pareja de más de 40. La esposa se quejaba: “Oh, qué horror, ¿cómo se puede usar esto?”. Salieron de la tienda y, después de 10 minutos, el hombre regresó, miró a su alrededor y susurró: “Disculpe, me gustó mucho esa playera, ¿tienen mi talla?”. Compró una prenda con una calavera que brillaba en la oscuridad. Dijo que la iba a usar sin que su esposa supiera, durante las reuniones con amigos. Pagó en la mejor tradición de las películas de espías: en efectivo, para “no dejar rastros”. Escondió la bolsa debajo de su chamarra y se fue. © B****T777 / Pikabu
  • Estábamos cerrando nuestra tienda. Me había quedado sentado esperando a que vinieran los proveedores a recoger el resto de la mercadería (no había dónde ponerla). Los mostradores estaban vacíos, el letrero se había quitado, las luces de adentro estaban apagadas. Al principio, cerraba la puerta con llave para que nadie entrara, pero la gente me veía sentado adentro y empezaba a golpear, a pesar de que en la puerta y todas las ventanas se indicaba en letras grandes “La tienda está cerrada, no trabajamos”. Me cansé de eso y dejé de cerrar la puerta: estaba harto de tener que levantarme constantemente. Entonces entró un hombre, recorrió toda la tienda (repito, los estantes estaban vacíos y la luz apagada), luego se acercó y me dijo: “¿Acaso no trabajan o qué?”. Lo miré a los ojos en silencio durante unos segundos y, al parecer, se dio cuenta, porque dijo: “Al menos indíquenlo en algún lado...”. Y se fue. © elghinyrr / Pikabu
  • Vendo pinturas, y en la tienda sucede algo interesante todos los días. Pero hace poco vino un hombre y pidió teñir la pintura destinada a pintar paredes de las habitaciones. Le pregunté qué iba a pintar. “¿Cómo qué? Muros en la calle”. Le dije que la pintura solo era adecuada para trabajos de interior y que no resistiría los cambios de temperatura. “No recuerdo haber preguntado eso, solo necesito teñir la pintura con colorantes y ya”, respondió. Y después de un tiempo, vino a quejarse de que la pintura era una porquería y que los vendedores no entendían nada. © ihappyrubka / Pikabu
  • Trabajo en una cadena de materiales de construcción. Una estudiante estaba eligiendo linóleo: examinó todo, parecía que ya iba a morder las muestras para poder escoger. Pregunté: “¿Quieres de color claro u oscuro, más barato o caro? ¿Qué deseas?”. La chica suspiró amargamente, hizo un puchero y respondió: “Quiero... quiero casarme de una vez y no tener que hacer todo esto”. © dpetr5 / Pikabu
  • Con mi madre trabajábamos en la misma tienda. Faltaba una hora antes de cerrar. Mi mamá estaba contando el dinero de la caja y dijo: “Ahora termino aquí y me voy. Nos vemos en casa, te quiero”. La señora a la que estaban atendiendo en la caja de al lado escuchó eso y espetó: “Si viven juntos, no deberían trabajar en el mismo lugar. Y, en general, el chico aún es joven, tal vez su vida hubiera sido mejor si no fuera por esa anciana”. Entonces la cajera que la estaba atendiendo me llamó y le pidió que repitiera lo que había dicho. La mujer lo dijo, y yo contesté: “Gracias por su valiosa opinión, solo que en realidad es mi mamá”. ¡Qué avergonzada estaba! Pagó en silencio y nunca más la volví a ver en nuestra tienda. © RealPokesatsu / Reddit
  • Trabajo en una juguetería. El otro día estábamos sentadas en la caja con otra chica, había una fila larga. Se acercó un señor con su hijo de 5 años: el niño lloraba por un juguete que no le habían comprado. Y mientras su papá pagaba por otro producto, el pequeño se secó las lágrimas con el dobladillo de la señora que estaba delante de ellos. Ni el padre ni la mujer se dieron cuenta de nada. Nos reímos tanto, pero los compradores no lograban entender qué había pasado. © Oídoporahí / VK
  • Soy consultor en una tienda de perfumes. Estaba atendiendo a un comprador. Sonaba música, como en todas las tiendas. De repente noté una pareja en el fondo: ambos estaban sonriendo; la chica le dijo algo al chico, y él de repente puso sus chamarras sobre la mesa y la invitó a bailar. Él la abrazó con fuerza, sonrió. Se notaba que ella se sentía tímida, pero también lo abrazó. ¡Cuánta felicidad había en sus ojos! © Oídoporahí / VK
  • Estoy a cargo de poner la ropa en los estantes. Cuando terminé de ordenar todo, me di vuelta y vi muchas cosas en el suelo. Una niña estaba mirando las prendas y, en lugar de volver a ponerlas en su lugar, simplemente estaba tirándolas al suelo. Le pedí que no lo hiciera y ella comenzó a tirar todo deliberadamente de los estantes. Pregunté dónde estaban sus padres, no me contestó. Tuve que describir la apariencia de la niña en el altavoz y llamar a su madre. Vino una mujer. La pequeña empezó a decir que yo mismo había desparramado todo, y la madre... la mamá se disculpó conmigo y me pidió que le mostrara cómo doblábamos la ropa. Luego dijo que podía descansar y que su hija ordenaría todo. Cuando regresé, todavía estaban allí. La niña se quejaba de que ese no era su trabajo, y la madre seguía diciendo: “Sí que es tu trabajo. Hiciste un desastre, ahora tienes que ordenarlo”. © Hippopotapie / Reddit
  • Una colega trabajaba en un supermercado. Una señora se acostumbró a ir allí y luego a devolver envases de helado casi vacíos. Decía que se había derretido, que estaban vendiendo productos de mala calidad y exigía que le devolvieran el dinero. Bueno, se lo devolvieron una vez, después otra. Pero ella iba 2 veces a la semana con envases de helado casi terminados, y los empleados comenzaron a enfadarse. Acudieron al gerente de la tienda y le mostraron el video de las cámaras. Entonces colocaron un aviso en la sección de devoluciones: “Si tiene algún problema con el helado, no lo coma y devuélvanos el envase lleno. De lo contrario, no se harán reembolsos”. Menos mal que esa señora no empezó a hacer lo mismo con otros productos, pero aunque sea dejó de comprarles helado. © kakyr / Genial.guru
  • En nuestra tienda se venden rollos de col ya hechos, solo hay que cocinarlos. Una vez vino un hombre y dijo que estos eran malos, que el arroz crujía en los dientes. Estábamos impactados: nadie se había quejado antes. Le pregunté cuánto tiempo los había cocinado. El hombre me miró con los ojos desorbitados: “¿Acaso hay que cocinarlos?”. Después de mi asentimiento afirmativo, se sonrojó y se escapó rápidamente. © Oídoporahí / VK
  • Mi esposa trabajaba en una librería. Una vez, una clienta le pidió que buscara un libro. No había computadoras en ese entonces, todo se buscaba a mano. Los vendedores revisaron todos los catálogos, pero no encontraron ese libro. Le preguntaron a la clienta si no se había equivocado. Y entonces la mujer de repente declaró que había soñado con su madre, que ella le había contado sobre ese libro, y que ella estaba segura de que había recordado bien tanto el título como el autor. © Tim Johnson / Quora
  • Se terminaba la jornada, solo quería tirarme en la cama y dormir. Una clienta aparentemente notó esto y me preguntó cómo me sentía. Y luego compró 2 ramos de flores y dijo: “Uno es para que te animes, y el otro dáselo a alguien que también esté triste”. Pagó por los ramos y se fue en silencio. Más tarde apareció un cliente de siempre, que habitualmente era muy positivo, pero ese día estaba callado y sin ánimo. Dijo que su novia lo había dejado. Entonces metí la mano bajo el mostrador, saqué el segundo ramo y se lo entregué, diciendo que quería animarlo un poco. ¡Y sonrió! Luego compró otro ramo, “para continuar con esta tradición”. © Jeremy Korn / Quora

¿Has trabajado en el comercio? ¿Has conocido a algún vendedor que trataba a los clientes de alguna forma en especial? Cuéntanos tus historias.

Imagen de portada dpetr5 / Pikabu
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