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15 Historias de la vida de repartidores que podrían servir para el guion de una buena serie

De una manera u otra, todos a veces recurrimos al servicio de entregas a domicilio.
Mientras que unos repartidores nos generan ganas de otorgarles algún tipo de premio especial, a otros los queremos apuntar en nuestra lista negra de por vida. Pero algo nos dice que en muchas ocasiones, nada es tan sencillo.

En Genial.guru decidimos mirar el mundo con los ojos de los repartidores, y créenos, tienen mucho que contarnos, tanto sobre su día a día como de todos nosotros.

  • Trabajo como repartidora y, sinceramente, estoy cansada de las mujeres de talla XL que piden la talla S y luego me regañan a mí: “El rango de tallas es incorrecto, me trajiste algo erróneo”. Una vez no lo aguanté más y le llevé a la clienta para probarse un vestido de talla XL, en lugar de S (lo tenía en el maletero por haberle sobrado a otra compradora). Le quedó bien. Pero me empezó a gritar que era imposible, porque “había usado talla S toda su vida”. © Oídoporahí / VK
  • Ayer hice un pedido: una pizza para mí y otra para el repartidor que fuera a traérmela con la lluvia que caía. Había que ver la expresión de su cara cuando le dije: “Una de ellas es para ti”. Pero me la devolvió diciendo: “No voy a comer esta basura, me espera comida casera”. La expresión de mi cara también fue digna de verla. © Biplav Saraf / Quora
  • Cuando yo era adolescente, en nuestra familia era habitual decir “te quiero” cuando algún miembro salía de casa. Una vez vino un repartidor. Le pagué por la comida, pero cuando se iba, mis instintos entraron en acción y grité a todo pulmón: “¡Te quiero!”. © Robert Burton / Quora

  • Siendo estudiante, trabajé como mensajera llevando documentos a diferentes oficinas. Una vez, llegué a una en plena celebración de algo, incluso me invitaron a comer pizza, pero, con el tiempo, me olvidé de aquel caso. Recientemente, mi esposo llegó a casa de un nuevo trabajo riéndose. Me dijo: “Fuiste capaz de dejar una memoria de ti en mi futuro empleo incluso antes de que nos conociéramos”. Resultó que allí había fotos de las celebraciones corporativas colgadas en la pared. Y en una de ellas, entre la gente, estaba yo, comiendo un pedazo de pizza. © Oídoporahí / VK
  • Hubo un tiempo en que cada día le llevaba pizza a un chico de unos 10 años que constantemente ordenaba lo mismo. Nunca veía a sus padres: siempre abría la puerta él solo. Su dieta consistía en pizza, incluso el timbre de su puerta estaba grasiento. Supongo que sus padres lo dejaban solo en casa con dinero por un tiempo. © Toledo Robson / Quora
  • Nuestro restaurante recibió una llamada de un hospital psiquiátrico ubicado cerca, era un pedido. El repartidor, como de costumbre, tomó los platillos y se fue. Cuando pasó una hora y no regresó, empezamos a preocuparnos por él. El dueño del restaurante llamó a la clínica y le confirmaron que habían recibido su pizza. No sabíamos qué hacer. Al final, nos llamó el personal de seguridad de este hospital psiquiátrico. Resultó que a nuestro repartidor se le habían caído las llaves cuando volvía al coche. Estaba buscándolas a cuatro patas en la oscuridad cuando un vigilante lo vio. El repartidor explicó lo que había sucedido, pero el vigilante no le creyó y pidió refuerzos. Lo detuvieron y comenzaron a averiguar de qué edificio del hospital psiquiátrico se había escapado. Tras unos 30 minutos, el personal de seguridad finalmente decidió llamar al restaurante. Se quedaron realmente sorprendidos de que su historia resultara ser cierta. © John Brzezinski / Quora
  • La semana pasada, asusté a un repartidor. No me encontraba bien y no tenía ganas de cocinar, por lo que decidí pedir comida a domicilio. Mientras la esperaba, me quedé dormida. Por supuesto, recibí al repartidor luciendo como nunca: con los ojos rojos y el pelo revuelto. Además, estornudé delante de él. Menos mal que no se había acercado demasiado, pero su cara la recordaré durante mucho tiempo. © Natalia / AdMe
  • Trabajo en un servicio de mensajería. Un día, vino un joven para trabajar como mensajero. Hablamos de todo y al final especificó: “No seré mensajero a pie, sino que lo voy a hacer en coche”. Le pregunté: “Solo tienes 18 años recién cumplidos, ¿ya tienes licencia y auto?”. “No”, me dijo. “No tengo licencia. Tengo un chófer personal”. Me quedé confundido. Y el chico continuó: “Mi papá me dijo: ’Ya eres mayor, ponte a trabajar’”. © TauKappa / Pikabu
  • En la escuela secundaria, repartía pizza. Una vez, recibí el pedido de 20 pizzas grandes y 200 alitas. Aunque necesitaba 35 minutos para llegar allí, me sentía feliz, porque esperaba una buena propina. Guardé el pedido en cuatro o cinco bolsas grandes y fui allí. Para entregarlo en la oficina, tuve que subir las escaleras a pie tres veces. Por supuesto, nadie me ofreció ayuda. Finalmente, le di al cliente el recibo para que lo firmara. En este siempre podían añadirme la propina. Por cortesía, nunca lo miraba hasta que volvía al coche. Entonces, subí al auto y vi que ¡me habían añadido una propina de 75 centavos! Este viaje me tomó casi dos horas en las que podría haber realizado otras entregas, ganando una propina de verdad. Hasta la fecha, esta ha sido la cosa más extraña que he visto en el mundo de las entregas a domicilio. © David Mapes / Quora
  • Hace una semana, conseguí un trabajo de repartidor en coche. Hoy, el administrador me dijo: “Sabes, vas muy lento en auto”. Le contesté: “Pero ¿cómo puedo hacerlo más rápido? Hace mal tiempo, en las calles hay nieve y hielo”. El administrador me respondió: “Por ejemplo, Pablo siempre llevaba los pedidos más rápido que los demás repartidores. Trata de seguir su ejemplo”. Le pregunté: “¿Y dónde está? No lo he visto en toda la semana”. Me contestó: “Está de baja por enfermedad. Hace dos semanas tuvo un accidente y se rompió la pierna”. © AlexRomanovvvvv / Pikabu

“¿Cómo puedo hacer una entrega hasta la puerta con tanta nieve sin quitar?”.

  • Es genial cuando los pedidos se cancelan. Es mejor aun cuando son grandes. Diez hamburguesas con queso, diez hamburguesas con queso dobles, diez hamburguesas, diez McChickens y diez raciones de nuggets de diez unidades cada una. Les di de comer a todos los hombres del trabajo de mi esposo y a mi familia de seis personas. Además, me pagaron 12 USD por el pedido cancelado. © ZZaben83 / Reddit
  • Una vez tenía que entregar a domicilio 100 paquetes de palillos de dientes. El cliente pagó por ello 14,5 USD. © BaphometsLord / Reddit
  • No tenía ganas de cocinar y decidí pedir a domicilio. Pagué por la comida y me quedé esperando. Llegó el repartidor, fui a abrirle, tan feliz. Empecé a buscar las llaves, pero no estaban. Me di cuenta de que mi novia se había ido a trabajar con todas las llaves: las suyas y las mías. El repartidor volvió a llamar. Yo estaba molesto y hasta un poco furioso. Le dije que se quedara mi pedido. Me preguntó: “¿Tal vez pueda dejárselo a los vecinos?”. Por su tono, entendí que no quería dejarme en esa situación. Entonces recordé que tras la remodelación se nos habían quedado unos cables viejos. Vivía en la sexta planta, unos 18 metros. Le dije: “¿Y si te tiro un cable por la ventana y atas el pedido?”. Lo aceptó y comenzó nuestra operación del rescate. Le tiré el cable, él le ató la bolsa con la comida, me dio una señal de que todo estaba okey y yo empecé a subir la bolsa. En mi cabeza sonaba la música de la película Misión imposible, pero, finalmente, logramos completar aquella hazaña. Me quedé lleno y contento. El repartidor también se puso de buen humor: le hice una transferencia de propina en agradecimiento. © TAV21 / Pikabu

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Imagen de portada TauKappa / Pikabu
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