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15 Historias dramáticas de manicuristas y sus clientes, dignas de una novela mexicana

Las personas que pasan por alto los salones de manicura se están perdiendo de mucho en la vida. Y no se trata de tener uñas espectaculares, sino de esas historias inesperadas que solo suceden en un salón de belleza en donde brindan un servicio con un montón de esmalte en gel y limas.

En Genial.guru encontramos en la red historias curiosas de manicuristas y sus clientes.

  • Cada vez que me hago una manicura, invento diferentes historias, dado que son unas pocas horas en las que puedo ser quien quiera. © sjrsnickers / Reddit
  • Mi amiga es manicurista y rechazó brindarle el servicio a una clienta porque no tenía horas disponibles. Entonces, comenzó lo más interesante. Primero, recibió un mensaje de texto de un número desconocido pidiéndole una cita para hacer manicura. Solo por curiosidad, mi amiga investigó el número y resultó que era la misma chica. Mi amiga hizo caso omiso diciéndole que no tenía horas libres. Días después recibió otra llamada de un número desconocido con la misma pregunta para sacar cita. Mi amiga otra vez reconoció a la chica por su voz y le dijo: “Norma, ¿por qué haces esto? Sé que eres tú”. Entonces escuchó lo siguiente: “¡No soy Norma, soy Lorena!”. Hasta el momento no lo volvió a intentar. © RhymeMe / Pikabu
  • En el salón de belleza a donde fui a hacerme la pedicura por primera vez, me preguntaron qué color de esmalte quería. Todo hubiera estado bien, de no ser porque soy chico. Solo por curiosidad: ¿se lo preguntan a todos los chicos? © George Kyricos Stamas / Quora
  • Frecuentemente me hacen la manicura con gel en casa. Un día se me olvidó hablarle a la manicurista de antemano y necesitaba arreglar mis uñas de inmediato, ya que las tenía muy largas y ni siquiera podía levantar una moneda del piso, ni escribir una publicación en las redes sociales. En Internet encontré el salón de uñas más cercano, llamé y no contestaron. En pocas palabras, salí y me dirigí allí. Entré al salón y vi a 4 hombres que trabajaban con las limas de uñas y los esmaltes. Me quedé un poco estupefacta, fue algo inesperado para mi. Por cierto, el manicurista hizo muy bien la manicura. Solo me pareció raro que los hombres se dedicaran a eso. © Grymsaga / Pikabu
  • Cuando estudiaba en la preparatoria, trabajé como gerente en un salón de uñas. Una vez llegó una clienta sin pedir cita previa y empezó a exigir que la atendiera nuestro manicurista más codiciado. Por supuesto, él tenía todo ocupado con casi un mes de anticipación y ella lo sabía muy bien. Entonces ella empezó a decir lo siguiente: “Soy su clienta habitual y podría hacer una excepción”, entre otras frases. Yo le dije: “Bueno, aquí puede ver que su horario está lleno. Si ahora la atiende a usted, entonces no podrá atender a la persona que ya se había inscrito a esa hora”. Ella comenzó a llorar. ¿En serio, quién llora porque un manicurista no la pudo atender? © Sandy Tran / Quora
  • Un día fui al salón para hacerme la pedicura. Mientras la chica me la estaba haciendo, su colega trató de emparejarme con ella diciendo que estaba buscando a un novio. La manicurista era guapa, pero a mí no me atraía. Entonces le respondí que ya estaba saliendo en ese momento con alguien y no buscaba una novia. El resto del procedimiento lo pasamos en un silencio incómodo. © Malcolm Turner / Quora
  • Soy manicurista. Trabajo en un salón, pero a veces atiendo a los clientes en mi casa. Tengo experiencia media, ya que hago bien la manicura, pero gasto mucho tiempo en eso. Sin embargo, recibo 3 veces más salario que otros manicuristas. ¿Cómo lo hago? Dejo que mis clientes duerman durante el procedimiento. Primero, hablamos de todos los detalles y dudas con el cliente, luego preparo un té relajante para ellos, los siento en un cómodo sofá y creo una belleza en sus uñas mientras están durmiendo. Ya tengo una lista de clientas fija y todas las chicas están encantadas. Cada vez vienen más clientes, recibo más dinero y planeo abrir mi propio salón, donde el trabajo se realizará con esa misma estrategia. ¿Acaso no soy una genio? © Habitación № 6 / VK
  • Trabajo en una empresa de transporte y cerca de ella hay un salón de belleza, el cual ha abierto recientemente. Una vez tuve un problema, porque tenía que entregar un documento al conductor en mi día libre y no me daban ganas de salir a trabajar solo por esto. Decidí ir al salón de belleza para conocer a las chicas que trabajaban allí y dejarles una bolsa con los documentos. Aceptaron hacerme el favor, y les pregunté qué chocolate se les antojaba. En respuesta a mi propuesta, me dijeron: “Sabes, mejor cómpranos... jamón”. ¡Me encanta ese tipo de gente! Además, el deseo de una mujer es algo imprescindible, por eso fui a comprar un pedazo de jamón y pan para unos sándwiches. Pues, las chicas trabajan hasta las 8 de la noche. © Unknown author / Pikabu
  • Mi amiga trabajaba como manicurista en un salón en donde no seguían las reglas de limpieza. Un sábado entré al salón y todo el piso estaba lleno de pelos. El dueño estaba sentado en su silla, charlando y bromeando, pero no cuidaba que su salón estuviera limpio. La señora de limpieza venía solo una vez a la semana y el resto de los días nadie barría el piso después de los clientes. © Joy Black / Quora
  • Una vez convencí a mi amigo de que me acompañara a un salón de belleza. Junto con el personal, lo convencimos de que se quitara las sandalias y se acomodara en una de las sillas de masaje de pedicura. ¡Al parecer, le gustó! Incluso lo convencí de pintar sus uñas con un esmalte transparente y luego le compré un helado. Dijo que fue el pasatiempo más divertido desde hacía mucho tiempo. © Carrie Stewart / Quora
  • Fui al salón de belleza. Estaba esperando mi turno. Una chica se acercó y me invitó a pasar a su despacho. La manicurista tenía su cabello castaño recogido en una cola y se veía bien arreglada, hizo muy bien su trabajo y se vio bastante interesada en mi conversación. Terminó su trabajo, fui a la recepción para sacar otra cita, dije que quería realizar la próxima manicura con esa misma chica, y me respondieron: “Es un hombre joven, se llama Sergio”. Luego salió Sergio y dijo: “¡No pasa nada, ya me acostumbré!”. © Oído por ahí / VK
  • Al otro lado de la calle de mi trabajo hay un salón de belleza y peluquería. Un día, el marido de una de nuestras colegas fue a visitarlo y le cobraron más de lo que se debería por un corte de cabello, según sus cálculos. Ella logró recuperar ese dinero con mucho escándalo. Poco después, el salón de belleza que visitaba se mudó, tuvo que elegir otro lugar y el más adecuado era el salón de enfrente. Pero cuando llamó para sacar la cita, la reconocieron por su voz y cortésmente le explicaron que no tenían una hora disponible durante las próximas 2 o 3 semanas. En pocas palabras, mi colega hizo una trampa y le pidió a su amiga que le sacara una cita bajo otro nombre. Como resultado, en la estética se vieron obligados a brindarle servicio a su clienta como se debía. A mi colega le hicieron un alargamiento de uñas, pero solo lograron hacerle dos uñas en cada mano y luego ocurrió un apagón de emergencia en el edificio. Al día siguiente nos contó: “No me cobraron, se disculparon por las molestias, pero al mismo tiempo se veían muy felices”. © SallyKS / Pikabu
  • Durante la pedicura, la chica comenzó a limpiar mis talones. Me dieron muchas cosquillas, mi pie se movió por reflejo y la golpeé sin querer. Tuve que disculparme mucho. © Jessica Mehta / Quora
  • Una vez tuve una clienta que pidió que le haga un diseño de uñas muy complejo. Me esforcé mucho por hacerlo. Cuando terminé, me agradeció y fue a la recepción a pagar. Entonces, dijo que se negaba a pagar, porque sus uñas simplemente se veían horribles, y exigió que otra manicurista se las volviera a hacer. © Laura Sandiego / Quora
  • Hace poco saqué una cita para la manicura. Cuando vine, me dijeron que mi manicurista estaba enferma, pero me podría atender su nuevo empleado. Me quedé desconcertada pensando cómo este hombre me limaría las uñas. Durante los primeros 10 minutos lo miré atentamente, luego me relajé y comenzamos a hablar. Antes trabajaba como albañil, pero después su esposa quedó embarazada y le pidió ayuda, ya que no podía pintarse las uñas de los pies. Le gustó tanto este proceso que tomó cursos en secreto. Al principio lo ocultaba, luego ya le dio igual y fue a buscar trabajo en una estética. Rápidamente se convirtió en el manicurista favorito de todas las chicas. Ahora también es mi manicurista favorito. © Habitación № 6 / VK

¿Qué historias te han sucedido en los salones de belleza? Cuéntanos en los comentarios.

Imagen de portada Oído por ahí / VK
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