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16 Historias sobre entrevistas de empleo que parecían más una burla que algo serio

Solo quien ya se postuló a diversas vacantes laborales y no fue llamado para ninguna entrevista conoce la frustración de no tener la oportunidad de demostrar sus capacidades. Pero aún peor es ser convocado para una selección y no ser contratado —y lo más aburrido es escuchar disculpas estrafalarias después—. Por tal motivo, seleccionamos los mejores (o peores) relatos de personas que pasaron por un rechazo nada convencional.

¿Cuál fue la entrevista de trabajo más absurda que has tenido? ¿Cómo reaccionarías si te sucediera lo mismo que a estos usuarios? 😉

  • Soy pedagoga y psicopedagoga. Actualmente, trabajo como profesora en la red municipal de la ciudad vecina y fui convocada a actuar como coordinadora pedagógica de la guardería donde trabajo. Cuento esto para contextualizar, pues antes de hacerme la cirugía bariátrica para perder peso, no tenía mi currículum completo. La persona que me hizo la entrevista puso sus prejuicios bien a la vista. Eso sucedió en una escuela privada, antes de mi empleo actual. Prefiero pensar que fue por mi bien, ya que después de ese rechazo, estudié más y obtuve el empleo. © Marcela Gironi / Facebook
  • La entrevistadora dijo que lo iba a pensar, pues, a pesar de que le gustó mi perfil, estaba preocupada porque yo tenía 30 años y todavía no estaba casada ni tenía hijos. Para ella, eso no era buena señal, pues daba la impresión de que yo era una aventurera. © Liliane Hoffmann / Facebook
  • La persona de Recursos Humanos dijo que la vacante era para un hombre y que solo me habían llamado a la entrevista para cumplir con el protocolo, o sea, era necesario entrevistar al menos a una mujer. Por lo menos, la entrevistadora me dijo que estaba en contra de esa resolución y que me había ido muy bien. © Andreia Pereira / Facebook
  • Fui con la camiseta de la Mujer Maravilla a una prueba para una vacante laboral. Me salió tan bien que terminaron pidiéndome una entrevista el mismo día. El entrevistador miró mi camiseta y dijo: “No hace falta que te sientes, no. Te puedes ir. La camiseta de la Mujer Maravilla, ¿cómo se te ocurre?”. © Maria Carolina Novaes / Facebook
  • Estuve en una selección con seis mujeres en la sala, y yo era el único hombre. Quedé en primer lugar, pero las que quedaron en segundo y tercer puesto tenían un mejor currículo que yo. Una había sido gerente de ventas en una multinacional y la otra trabajó en la secretaría de una escuela privada de renombre. Y yo solo era un excelente vendedor, pero sin experiencias importantes en el currículo. © Maycke Fernando / Facebook
  • Mi padre estaba esperándome con mi bebé de 2 años afuera de la tienda. Era posible verlos a través de la vidriera. Entonces, la dueña de la tienda me preguntó: “¿Es tu hijo?”. Cuando le respondí que sí, sentí al instante que la vacante no sería mía. Ella apenas si me miró y se fue, dejando que el gerente terminara de entrevistarme. © Camila Cavalcante / Facebook

  • Soy rubia y la dueña me dijo que quería una morena, pues ella ya tenía una empleada con el mismo color de cabello que yo. La mujer quería que las dos empleadas estuvieran frente a la tienda esperando a los clientes. Nunca voy a olvidarlo, no fui contratada por el color de mi pelo. Meses después, me llamó, pero yo ya estaba trabajando, entonces le dije que seguía siendo rubia y que buscara a una morena. © Donas de Si / Facebook
  • Me postulé para una vacante en un banco. Durante los test, terminé el ejercicio y la examinadora, viendo que los otros no habían terminado aún, me descalificó alegando que no había trabajado en equipo. ¿En serio? Nadie sabía que era un test en grupo. Me fui con cara de ¿qué? Acabé trabajando para la competencia, donde me aprobaron el test sin problemas. © Alberto Ribeiro / Facebook
  • Recién me había graduado como maestra. Hice una prueba para trabajar en un kínder que se estaba inaugurando en el vecindario. Me fue muy bien en la prueba y me llamaron para una entrevista. Como pidieron nuestro currículo el día de la inscripción, la entrevistadora ya sabía un poco sobre los candidatos. Cuando comenzó la entrevista, pidió que nos presentáramos. Cuando llegó mi turno, dije mi nombre y ella empezó: “Ah, me estaba volviendo loca por saber quién era la periodista. Si estás cursando periodismo, ¿por qué quieres dar clases? En un periódico vas a ganar mucho más que aquí. No puedo aceptarte”. Respondí que todavía no era periodista y que recién estaba en mi primer periodo en la universidad, las clases ni siquiera habían comenzado. Además, dar clases era lo que sabía hacer, hasta el momento. Participé de toda la dinámica y de la entrevista, pero no me aprobó. © Paula Souza / Facebook
  • Tenía 28 años cuando un entrevistador me preguntó si tenía hijos. Le dije que no, entonces me preguntó si estaba casada, le dije que sí. Él creía que, por mi edad y por estar casada, podría estar cerca de embarazarme y pensó que era mejor no contratarme en la empresa. © Renata DE Oliveira Vale / Facebook
  • No me contrataron por decir la verdad. Dije que quería mucho el trabajo porque necesitaba trabajar con urgencia. La entrevistadora quería escuchar que estaba allí para ayudar a la empresa a crecer, para entregarme a ella, etc. Pero era obvio que si estaba necesitando el trabajo, con certeza daría lo mejor de mí, no tenía por qué mencionarlo. © Lucia Lima Pedroso / Facebook
  • En una entrevista para una vacante como pasante, el reclutador hizo una pregunta sobre una situación hipotética: “Estás llegando tarde al trabajo y tienes una reunión importante. Después de salir de casa, te das cuenta de que te pusiste zapatos de pares diferentes. ¿Qué haces?”. Respondí: “Si todavía estoy cerca de mi casa, volvería para cambiarme el zapato para no llegar, además de tarde, también desarreglada”. El reclutador me agradeció y me dejó ir. No sé cuál sería la respuesta correcta, pero no pasé a la siguiente fase. Una colega trabajó allí después y dijo que no era una de las mejores pasantías. © Andreia Silva / Facebook
  • En una entrevista, me pidieron los datos de mi esposo y preguntaron cuál era su función en su lugar de trabajo. Cuando la entrevistadora me llamó, leyó mi ficha, me entrevistó y, al final, dijo: “Ah, entonces, la vacante es para quien la necesita. Como veo que tu marido trabaja en una empresa grande, tú no necesitas este empleo”. No conseguí la vacante por culpa del empleo que mi esposo tenía, a pesar de que yo realmente necesitaba trabajar en ese momento. © Mislene Pagador / Facebook
  • Estaba desempleada y, en una entrevista, me preguntaron dónde trabajaba mi esposo. Dije que él también estaba desempleado. El entrevistador me dijo que era mejor que me quedara en casa para que mi marido pudiera buscar empleo. © Flavia Sardela / Facebook
  • No fui contratado, pues era estudiante de enfermería y no encajaba con el “perfil” de los empleados del lugar, ya que estaba mucho más capacitado en aquella área y solo recibiría la mitad del salario si quería entrar. La vacante era para ser vendedor en una óptica, donde solo había un muchacho trabajando. © Kleeber Carvalho / Facebook
  • ¡No me contrataron por tener el cabello rizado! Participé en dos entrevistas de empleo y mi pelo siempre fue cuestionado. Escuché frases como: “Pero ¿no crees que lacio es mejor para trabajar aquí?” o “¿Cambiarías tu cabello para adecuarte a la empresa?”. Detalle: las empresas eran de venta de semillas e insumos agrícolas. © Amanda Ferreira / Facebook
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