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18 Adultos contaron cuáles son los métodos poco comunes con los que controlan los berrinches de sus minihumanos

No cabe duda de que los niños son una gran bendición para quienes los desean con todo su corazón en sus vidas. Sin embargo, algo es muy cierto, y es que no hay que subestimarlos. Un buen berrinche infantil puede llegar en cualquier momento y nosotros, como adultos, no siempre sabemos qué medidas tomar para calmarlos. Por fortuna, hay quienes comparten sus mejores estrategias para apaciguarlos; como dicen por ahí, es mejor tener el conocimiento y no necesitarlo que necesitarlo y no tenerlo. ¡Vamos a leer!

  • La primera y única vez que mi hija me hizo un berrinche, me agaché y le dije: “O dejas de llorar y te comportas o te regreso a la casa y me voy sola”. Siguió en la pataleta, así que la tomé de la mano, di la vuelta y la dejé en casa. Hasta el día de hoy, no volví a saber qué es eso, y está por cumplir 12 años. © Kelly Christina Tello / Facebook
  • Mi sobrino me hizo un berrinche cuando tenía dos añitos. Simplemente mantuve la calma, me arrodillé para que él me escuchara y le expliqué que con lo bueno que él era, no entendía por qué se comportaba así, que eso lo hacían los niños que no son buenos y que él no era así. Se levantó, le limpié las lágrimas, le di las gracias y lo besé. Es el niño más bonito del mundo, así que no fue difícil que entendiera. © Araceli Cobos / Facebook
  • Mi hijo, el menor de los tres, tenía episodios de berrinches; gritaba y lloraba sin lágrimas, solo para llamar la atención. En una de esas situaciones desesperantes, estábamos en la casa, así que tomé un vaso de agua y, justo en el momento del berrinche, se lo arrojé en la cara. Se sorprendió, se asustó y jamás lo volvió a hacer. A mí me funcionó y no lo lastimé. Ahora tiene 22 años y lo recuerda con mucho humor. © Hilda Gaytan / Facebook
  • Mi hijo me hizo una pataleta una vez en una tienda. Solo fue una vez, porque muy calmadamente pasé por encima de él y seguí caminando. Cuando no me vio cerca, tuvo más miedo que ganas de hacer berrinche. Se levantó y fue detrás de mí. Nunca más. ¡Mano de santo! © Maijo Sanabria / Facebook
  • No tengo hijos, pero cuando veo una escena así, me acerco a la mamá (cuidando que me vea el niño o la niña) y le pregunto si me regala al niño que está haciendo berrinche, que yo me lo quedo porque los colecciono. Las mamás me siguen el juego y me dicen que sí. Automáticamente, el niño se levanta calladito y obedece a su mamá, ¡jajajajajaja! Es muy divertido. © Elsy Ausencias / Facebook
  • Recuerdo que un día leí algo sobre los berrinches; hablaban de que uno debe explicarles que no lleva dinero para juguetes, que si van a pedir algo, mejor no vayan. Yo lo he usado con mi hijo y mis sobrinos, y funciona. Cuando salgo con mi hijo, le digo que lleve sus ahorros por si quiere comprar algo. Así él mira los precios y mejor no compra nada para no quedarse sin dinero. © Ana M Ramos / Facebook
  • Mi hijo me hizo una pataleta en el portal de la casa una vez que íbamos de paseo con sus tíos y su prima. Les dije a los demás que se fueran, que nosotros no salíamos, me lo subí a la casa y no salimos. Jamás me montó el número de nuevo. © Mari Carmen Gómez Español / Facebook
  • Mi hijo me hizo un berrinche en la tienda cuando tenía dos años. Quería un juguete, así que empezó a patalear y se tiró al piso, no se quería calmar. Lo agarré fuertemente de la mano, dejé mi carrito del mercado lleno y me fui a mi casa caminando (solo eran dos cuadras). Él fue haciendo berrinche la mitad del camino. Las siguientes tres o cuatro veces que fui a la tienda, le dije: “Voy a la tienda, pero tú te quedas por llorón”. Cuando por fin lo volví a llevar, era el niño que mejor se portaba. © Mirna Castillo / Facebook
  • Después de que mi marido no pudo controlar la rabieta de mi hija por querer un caramelo en el centro comercial, mi hijo me pidió ayuda para controlar la situación. Regresé al lugar de la escena y con voz tranquila le pregunté a mi hija de dos años: “¿Dónde está tu cartera?”. Inmediatamente dejó de llorar y gritar y me contestó: “No la traje”. A lo que yo le dije: “Bueno, pues si tanto quieres el caramelo, vamos por tu cartera para que lo pagues con tu dinero”. Nunca más en la vida volvió a hacer un berrinche. © Cecilia Delgado / Facebook
  • Mi hijo me hizo una pataleta una vez y me tuve que bajar a su nivel, explicarle por qué NO le iba a comprar X juguete. Como siguió con la pataleta, pues no fuimos a hacer lo que seguía después de las compras, que era ir a casa de la abuelita. En su lugar, nos devolvimos a la casa y así aprendió que todo acto tiene su consecuencia. En otra ocasión, me soltó la mano y cruzó la calle corriendo. Gracias a Dios, no venía ningún auto, pero se quedó una semana completa sin su juguete favorito y ¡vaya que le dolió!, pero aprendió. © Nicole Torres / Facebook
  • Cuando mi hijo me hizo berrinche, me puse a aplaudirlo y a animarlo para que lo hiciera más fuerte aún. Todo el mundo me miraba, no sé dónde leí que funcionaba, y a mí también me funcionó. Ellos quieren llamar la atención, y si ven que ocurre lo contrario, los dejas a cuadros y los descuadras. © Angeles Delicado / Facebook
  • Siempre antes de salir a algún lado, desde chiquito, le explicaba a mi hijo a dónde íbamos, qué íbamos a hacer y si tenía o no tenía plata para comprarle algo. Le decía que era una salida de los dos para disfrutar, así fuera a algún mandado sin importancia. Si no tenía plata para comprarle algo, lo llevaba cinco minutos a alguna plaza, y siempre me funcionó. Conversar, conversar y conversar con ellos, ¡esa es la clave! © Cynthia Crespo / Facebook
  • Mi hija menor tenía cinco años, ahora tiene 31, y me hizo una pataleta gigante. Me dijo: “Si no me compras lo que quiero, no me voy a callar y me quedaré sentada aquí en el suelo”. Me senté con ella e hice el mismo berrinche; entonces me miró y me dijo susurrando: “Mamita, la gente te está mirando”. Le dije: “Si tú te paras y te callas, yo haré lo mismo”. Ella me miró y me dijo: “Cuando quieras me lo compras”, y nos fuimos a casa. Durante el camino, me dijo: “Mamita, eres muy infantil”. Todavía lo soy. © Flor Herrera Opazo / Facebook

¿Cuál es la peor pataleta infantil que has presenciado? ¿Cómo la solucionaron los padres?

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