18 Lectores de Genial cuentan cómo alguien cambió su día con tan solo un gesto amable

Historias
hace 2 años

Un mal día, o incluso la vida de alguien, puede cambiar para bien si tan solo tienes la suerte de encontrarte con alguien de buen corazón. Alguien que sin pensarlo y sin querer nada a cambio te dé la mano. Sin duda, un poco de ayuda de parte de un desconocido puede llevarnos muy lejos y acompañarnos por toda la vida.

En Genial.guru hemos recopilado algunas historias de pequeños gestos de amabilidad que nuestros lectores tienen muy presentes en su memoria y que compartieron con nosotros en uno de nuestros artículos.

  • Poco después de que falleciera mi hermano, un chico se acercó y nos dijo que él había estudiado en la misma preparatoria que mi hermano y le guardaba un gran cariño. Nos dijo que cuando iban a graduarse, él no tenía dinero para la ropa que se necesitaba, así que mi hermano ayudó a su amigo regalándole desde los calcetines hasta la corbata. Jamás nos dijo nada. © Sandra Maqueda / Facebook
  • Hace muchos años trabajé en una dependencia del gobierno. Yo estaba embarazada de mi segunda niña y a veces no me alcanzaba ni para el almuerzo. Me vestía humilde, comía poco y no tenía apoyo de mi pareja, pero había una señora compañera que era un alma generosa y compartía conmigo su desayuno. Donde quiera que esté, se lo agradezco mucho. © Gina Díaz / Facebook
  • Cuando mi esposo y yo nos fuimos de viaje a París, llegamos al departamento donde nos íbamos a quedar, pero estaba cerrado y no había forma de comunicarse con el dueño. Todo estaba cerrado, no encontrábamos teléfonos y no teníamos servicio de llamadas en nuestro celular; entonces pasó un señor, nos vio en apuros y nos prestó su celular. Logramos comunicarnos con el dueño y pudimos ingresar sin ningún peligro. © Silvia Bula Leyva / Facebook
  • Una vez, mientras viajaba por Italia con mi novio, nos perdimos en una zona conocida por tener problemas con la mafia. Era de noche y estaba solitario, ambos teníamos miedo, ya que no sabíamos dónde estábamos. De repente apareció una pareja de personas mayores que hablaban poco español y nos acompañaron caminando un largo rato hasta el mismo lugar donde debíamos tomar el transporte para volver a nuestro hotel. Siempre pensamos que fueron ángeles que aparecieron de la nada. © Mitzi González Brevis / Facebook
  • Acababan de operar a mi hijo y junto a mí, había una mamá con un bebé más pequeño que había tenido la misma operación. El niño no dejaba de llorar, no quería comer, no quería orinar y tenía que hacerlo para recuperarse. La mamá estaba desesperada, yo había pasado por algo parecido en la primera operación de mi hijo, me acerqué, la abracé y la dejé llorar en mis brazos. Hablamos de los retos de la maternidad y de lo fuertes que somos. Ese día las dos nos hicimos compañía. © Silvana Grandón Inostroza / Facebook
  • Cuando era niña, mis vecinos eran una pareja de ancianos que siempre estaban al pendiente de mí. La señora nos esperaba con comida cuando nosotros llegábamos de la escuela y mi mamá del trabajo porque sabían que no teníamos estufa. En vacaciones me llevaban con ellos a su rancho para que no me quedara sola todo el día, pues mi mamá trabajaba. Así crecí con ellos siempre a mi lado, me casé, nació mi hija y también la quisieron mucho. Siempre los recuerdo con mucho cariño por todo lo que hicieron por mí. © Rosa Ramírez / Facebook
  • Mi esposo y yo acompañamos a nuestro hijo recién nacido a la capital, ya que había sido trasladado muy grave de una infección en el cerebro. No teníamos dinero para pagar el hospedaje, pero a los pocos días se me acercó una señora y me dijo que estaba rentando un cuartito cerca de allí, que podíamos ir a bañarnos y descansar un poco. Nosotros le tomamos la palabra. Mientras mi esposo se bañaba, ella se quedó a platicar conmigo y me daba palabras de aliento diciéndome que mi hijo se iba a recuperar. Han pasado 23 años de eso y aún la recuerdo y le agradezco mucho. © Josse Ramos / Facebook
  • Mientras viajaba en camión con mi bebé, el camión tuvo una parada y nos pidieron que bajáramos. El tiempo de espera era como de una hora. Mi bebé comenzó a llorar del hambre. Una señora se acercó y le dije que había dejado la comida del bebé en el camión, pero el señor que limpiaba no me permitió subir. Ella me defendió, me hizo subir al camión y todos aplaudieron. Yo lloré, le di la leche a mi bebé y se quedó dormido. Cuando todos subieron al camión, pasaban a preguntarme si estaba bien y si necesitaba algo. Todos me cuidaron en el viaje, a pesar de que yo era la única persona mexicana. © Chayo Serrato / Facebook
  • Tengo un hijo que parece Superman, porque anda salvando a todo el que lo necesita. Estoy orgullosa de él, pero al mismo tiempo me da miedo. Él vive en París y utiliza el metro. Ha ayudado a gente a la que le han tratado de robar las maletas, ayudó a una mujer cuando vio que su acompañante la estaba agrediendo. Fue increíble estar con él en el metro y verlo ayudar a una señora con sus maletas para bajar las escaleras. Él tiene muchas historias así, porque no puede ver a nadie en apuros. © Dy Rodríguez / Facebook
  • Un día mi hijo de 14 meses armó un alboroto porque no lo dejé sentarse solo en el autobús. Tomé al niño, lo rodeé con los brazos y no lo solté ni un segundo, a pesar de que se retorcía, me arañaba, pateaba e intentaba morderme. La gente murmuraba y miraba el espectáculo que dábamos. Finalmente llegué a la parada y bajamos, una mujer se me acercó y me dijo: “La felicito. No cedió ni un segundo. Le mostró que no iba a ganar. La próxima vez lo pensará dos veces y tal vez ni lo intente”. En ese momento me sentí reconfortada. Lo mejor es que tuvo razón y con el tiempo no volvió a hacer berrinches en el transporte público. © Elena Nito / Facebook
  • Llevaba poco de recuperarme de una lesión de tobillo cuando me puse unos zapatos de tacón. Al llegar a mi parada, recordé que el camino iba en bajada durante varios metros. Intenté caminar, pero no pude por el tacón y el dolor que empecé a sentir en el tobillo. De repente un señor se paró a mi lado y me ofreció el brazo. No suelo hablar con extraños y tampoco me gusta pedir ayuda, pero no lo pensé dos veces y me aferré a su brazo. Cuando llegamos a donde terminaba el desnivel de la bajada, le dije que hasta ahí estaba bien, que ya podía sola. Le agradecí mucho y me regaló una sonrisa y se retiró. Ese acto desinteresado me alegró todo el día. © Erica Aquino / Facebook
  • Solía tomar el mismo autobús para ir al trabajo y una de esas mañanas no logré llegar a la parada y solo vi cómo pasaba mi autobús. De repente dio la vuelta y ya no estaba. El chofer hizo un retorno por las calles traseras para regresar por mí. Lo más increíble es que no era el mismo chofer que solía hacer esa ruta. Yo siempre me acuerdo de esa mañana, y cuando no quiero hacer algo por alguien, solo recuerdo que alguien alguna vez fue amable conmigo sin conocerme, o quizás era un ángel. © Coronado Akire / Facebook
  • Hace años fuimos al hospital a visitar a un pariente. En la recepción, un señor que se veía humilde nos contó que él y su hijo habían salido a pasear a sus animales al bosque y su niño había sido arrastrado muchos metros por una vaca. Su niño se había lastimado gravemente. Otro señor con camioneta los llevó al hospital, pero él no llevaba dinero y no tenía manera de avisarle a su familia lo que había pasado. Mi mamá, al escuchar su historia, le dio dinero para que hablara a su casa, que comiera algo y todavía le sobraba un poco. Al señor se le iluminó la mirada y se fue a avisarle a su familia lo que había ocurrido. © Adriana Erika Rodríguez Araujo / Facebook

¿Qué gesto amable has presenciado que todavía recuerdas? ¿Has tenido tú alguno?

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