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20 Historias de mascotas que demostraron poseer un gran ingenio

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Parece que nosotros sabemos casi todo sobre nuestros amigos peludos, pero ellos no dejan de sorprendernos día tras día, especialmente con su inteligencia e ingenio. Inventan astutos planes y sofisticados trucos, demuestran su preocupación en minutos complicados e incluso son capaces de salvar vidas.

Genial.guru está seguro de que en todas nuestras mascotas vive un genio oculto, y las historias que leerás a continuación son un vívido ejemplo de eso.

  • Un cuervo voló hacia mí. Era grande, demasiado negro y formidable. Él presuntuosamente se posó en la mesa de la cocina y dijo: “Hola”. Decir que me quedé anonadada es prácticamente no decir nada. Al principio pensé que estaba imaginando cosas. Pero no, el ave decidió continuar con el encuentro: “El cuervo tiene que comer”.
    Yo no sabía nada en lo absoluto de las preferencias alimenticias de los cuervos, así que le ofrecí un trozo de pan. “¡Ew!”, expresó la atrevida ave. Los dulces, cacahuates y albaricoques tuvieron el mismo recibimiento. Al final, el huésped no deseado aceptó a regañadientes un pedazo de carne hervida. Después de eso, perezosamente rodeó la casa volando y se sentó en un librero. “Estaré aquí”, dijo. Claramente no tenía pensado dejarme.
    Intenté pedirle que se fuera a casa, a lo que él orgullosamente se dio la vuelta hacia la pared e hizo como que estaba durmiendo. Así pasó una semana, y yo ya me había encariñado con mi amigo por accidente. Pero resultó que un cuervo rebelde era buscado por su dueño: por casualidad vi un anuncio en la entrada del complejo habitacional y tuve que separarme de mi mascota exótica. El cuervo se había ofendido porque lo habían regañado y se había ido volando.
  • Fui a la oficina de administración del condominio y frente a la entrada se encontraba el conserje barriendo el camino. Justo detrás de él, en la parte que ya había barrido, se encontraba una enorme rata muerta. Le señalé al conserje y le dije: “¡Mire qué hay allí!”. El hombre se dio la vuelta, vio al roedor y comenzó a gritar: “¡Pantera, Pantera!”.
    Después de un tiempo, desde la oficina de administración, como respuesta al grito, salió una gran gata. El conserje le señaló la rata y le dijo: “Pantera, recoge tu rata, las personas están quejándose”. De manera nerviosa, el felino movió la cola y me miró de manera hostil. Después observó al conserje y a regañadientes se llevó a la rata.

“Él finge estar muerto antes de ir al veterinario, pero revive después de que le rasco su pancita”.

  • Una vez salí temprano de trabajar. Pasé cerca de un chico que se encontraba parado en el borde de la acera. La correa en su mano estaba extendida como una cuerda y desaparecía en algún lugar entre unos arbustos en donde se movía un dálmata. Bailando de pierna en pierna, sin poder soportarlo más, el dueño le dijo al animal: “Hermano, apúrate, ¡yo también quiero!”. Como si hubiera entendido, el perro salió de los arbustos y saltó con seguridad hacia la casa. ¡Qué entendimiento!
  • Mi vecina, Daniela, trabaja en una granja de cerdos. Un día nació uno muy débil, pero vivo. Su destino era poco envidiable, pero Dani decidió llevarlo a casa, calentarlo bajo lámparas y darle de comer con un biberón. Posteriormente, se convirtió en un cerdo civilizado.
    Cuando paseaban, iba libremente detrás de Dani, como si fuera un perro. Pasaron 6 años, el cerdito ganó algo de peso y le salió barba, pero aún así nunca abandonaba a la muchacha. Y eso fue lo que la salvó. Un día, Dani se desmayó en su huerto, y el cerdito estaba cerca. Hacía mucho calor, y ella había perdido el conocimiento (después le diagnosticaron un derrame cerebral).
    Los vecinos vieron esta escena: el cerdito corriendo por el camino, chillando y lanzándose bajo las ruedas de los automóviles intentando detenerlos. Ellos sintieron que algo andaba mal y corrieron a la casa de Dani, donde la encontraron. Ella sobrevivió. El cerdito salvó a su dueña.
  • En la calle empezó a hacer frío y un ratón se metió a la casa. No hacía ruido discretamente como todos los ratones normales, sino que todas las noches hacía sonidos como si estuviera mordiendo los cimientos. Lo soportamos durante tres noches, pero a la cuarta le pusimos una trampa. Por la mañana, esta produjo un sonido. Me levanté a ver y en la trampa había un lápiz. En ese momento pensé: “¿Los ratones tienen inteligencia?”. Incluso ahora tengo miedo de ir a dormir.
  • Mi gatito perseguía a un pájaro en el balcón y, como era joven e inexperto, no calculó bien la trayectoria del salto. Cayó desde el tercer piso y sufrió una fractura en la pata izquierda delantera. El veterinario le puso una férula. Exactamente después de un mes, cuando teníamos que ir al doctor para que se la quitaran, me la trajo entre sus dientes. ¿Cómo supo que ya podía quitársela?
  • Me fui de viaje de negocios. Es claro que nuestro perro no podía saber cuándo regresaría en concreto, pero mi hermana me dijo que aproximadamente media hora antes de mi llegada, Lucho comenzó a alegrarse y a golpear la puerta. Vivo en el cuarto piso de un complejo habitacional y llegué a las dos de la mañana. Es poco probable que mi perro me oliera o escuchara, pero no entiendo cómo lo supo. Sigue siendo un gran misterio.

“Mi gato arrancó un pequeño pedazo del techo para poder meter su cabeza ahí y maullar mientras intento ver la televisión”.

  • Una vez, mis padres se fueron en auto a otra ciudad y me dejaron cuidando al perro. En la mitad de la primera noche, este llegó a mi habitación y comenzó a ladrar. Pensé que lo más probable era que alguien estuviera haciendo ruido en la entrada del complejo, así que verifiqué si todo estaba en orden en el departamento y me fui a dormir. Cuando mis padres regresaron, ellos me contaron que habían tenido un grave accidente, pero, por fortuna, nadie había resultado lesionado. Ellos decidieron no contarme de inmediato para no preocuparme, pero eso ocurrió al mismo tiempo que el perro me despertó. ¿Cómo lo supo?
  • Hace 3 años me rompí el brazo: codo, antebrazo y hombro. Fragmentos de tendones desgarrados, vasos y nervios rotos. Unieron todo, pero no había garantía de que mi mano siguiera funcionando. No me colocaron férula, sino placas, tornillos y un montón de otros metales.
    Después de un año me quitaron el metal. Me sometieron a más operaciones y masajes. Por supuesto, después de un mes, todo eso me tenía harta. Mi mano funcionaba bien, solamente los dedos meñique y anular no tenían sensibilidad, como si fueran ajenos. Pero era como si mi gata supiera que tenía que moverlos cada día.
    En general no se deja acariciar ni apretar, pero todas las mañanas, mientras estaba en la cama, se acercaba y me dejaba acariciarla con la condición de que lo hiciera con mi mano enferma. Si comenzaba a hacerlo con la otra, ella simplemente se iba. Acariciaba detrás de sus orejas y su barriga. La “terapia” duraba 10 minutos, y dos años después comenzó a aparecer sensibilidad en los dedos. Ahora puedo enderezarlos. Pienso que después de un año de tal procedimiento regresará toda la movilidad de la mano.

Esta es la gatita que ayuda a su dueña a recuperarse después de su lesión.

  • Mi gato se ofendió y llevó directamente a mi almohada un trozo de periódico de su bandeja de arena. Como una bala saltó con él entre los dientes e inmediatamente después se escondió en el sofá. Desde entonces pienso: ¿será una coincidencia que la cara de Freddy Krueger estuviera en el papel? En la bandeja había un periódico con la reseña de la película, así que, por supuesto que lo fue. ¡Pero de qué tipo!
  • Tuve que ir a otra ciudad por unos asuntos, pero en casa se quedaron mi esposo y el gato. Más tarde, él me comunicó que el animal había dejado de comer y tenía mal humor. Al hablar con mi esposo le pedí que le diera el teléfono al gato. Tuve que hablar con él y decirle que pronto regresaría. Mi pareja me dijo que, después de ese día, el felino volvió a comer.
  • En Año Nuevo adoptamos a un gatito que, para sorpresa de todos, mostró curiosidad por el proceso de la aplicación de cosméticos. Él siempre observaba cómo mi mamá se colocaba crema en el rostro al sentarse en el respaldo del sofá, y, de alguna manera, decidió ayudarla: se sentó en sus rodillas, metió su pata en el frasco con crema y ligeramente comenzó a frotarse tal y como lo hacía mamá. Desde entonces, hace eso todos los días. Pesamos que, en su otra vida, él fue un maquillista.

“Esta pequeña niña protegió a mi familia de una serpiente, la cual entró a casa por casualidad”.

  • Un día, mi esposo y yo estábamos sentados en la cocina. Nuestra hija dormía en su recámara, y el gato estaba acostado en el suelo del corredor. Ambas puertas, la de la recámara y la cocina, estaba cerradas. De pronto, Max (nuestro gato) comenzó literalmente a empujar la puerta mientras maullaba muy fuerte. Abrimos pensando que él quería comer o tomar agua, pero ni siquiera pasó del umbral cuando empezó a maullar con indignación porque quería cruzar la puerta de la habitación.
    Sin saber qué es lo que podría haber puesto nervioso a un gato tan tranquilo, abrimos la puerta y Max corrió hacia la cuna, en donde nuestra hija lloraba en silencio. La levantamos y Max movió su cola y nos volteó a ver como diciendo: “¡Qué tipo de padres son! Su hija lleva tiempo llorando y ustedes ni siquiera han movido una oreja”.
  • Adopté a unos hámsteres y, después de un par de semanas, tuvieron crías. Así estos pequeñitos crecieron y uno de ellos escapó de la jaula. Nadie encontró al desaparecido hasta que nuestra perra salchicha lo trajo entre sus dientes y cuidadosamente lo colocó en mis piernas. Nos sorprendió que no se lo hubiera comido, ya que es de una raza de caza. Ahora, nuestra perrita frecuentemente se sienta al lado de la jaula. Cuando ve que uno de ellos comienza a escapar, ella simplemente lo empuja con su nariz y les aúlla suavemente para no espantarlos. Estoy orgulloso de ella por no lastimar a los pequeñitos.
  • Nuestro gato siempre escucha cuando el cartero se acerca a nuestra casa y arroja el correo en la ranura para las cartas. Va rápido hacia la puerta y entre sus dientes trae el sobre a la silla en donde frecuentemente me siento. Si algo entregado por el servicio postal es muy pesado, el gato simplemente se sienta en mi pierna, maúlla y, al mismo tiempo, echa una mirada hacia atrás, a la puerta en donde se encuentra todo el correo.
  • Una vez, cuando mi perro no me vio, me convertí en testigo de una increíble hazaña. Él movió cuidadosamente unas sillas y un par de cajas de cartón para llegar hasta mi comida, la cual estaba en la mesa. Luego, cuidadosamente movió el tenedor para no hacer ruido. Inmediatamente después de que empezó a comer yo salí de mi “escondite”. El perro simplemente se quedó inmóvil, y hasta parecía sentirse culpable.

“Esterilicé a mi gata para que no tuviera gatitos... y trajo a uno de la calle”.

  • Dormía profundamente cuando mi perra comenzó a morder mi mano para despertarme. Cuando desperté, comenzó a tirar de mí, como diciendo “sígueme”. Yo fui detrás de ella y me condujo hasta la puerta lateral de la casa. Me senté con ella y comenzó a ladrar en silencio.
    Fue entonces cuando me di cuenta de que alguien estaba intentando romper la cerradura. Llamé a la policía. El ladrón probablemente se hubiera asustado si mi perra hubiera ladrado fuerte, pero, por alguna razón, ella decidió advertirme para que el intruso pudiera ser arrestado.© greeperfi / Reddit
  • Hubo una fuerte tormenta. Mi perro estaba asustado y se rehusaba a salir a la calle para ir al baño antes de ir a dormir. Al despertarme por la mañana fui a la ducha y descubrí que la bañera estaba mojada y pegajosa. Mi perro decidió orinar en ella para no salir a la calle durante la tormenta. Él no ha vuelto a hacer eso, pero fue muy impresionante.© r3dsleeves / Reddit
  • Cuando tenía 10 años, mi familia tenía un enorme gato llamado Billy, y nuestro vecino tenía un labrador negro realmente aterrador, el cual siempre se sentaba encadenado en la puerta trasera. Una vez me fui de casa en bicicleta y, por alguna razón, el perro se soltó y comenzó a seguirme. Como resultado, me mordió muy fuerte en el tobillo.
    Recuerdo cómo llegué a casa y me senté en los escalones mientras mis padres me vendaban la pierna. Billy se acercó, me vio, saltó por la valla del vecino y fue directamente hacia el perro, como un gato vengador. El animal recibió mucho de él. Después de eso, nunca más volvió a morderme, ni siquiera a ladrarme. © Bookuman1 / Reddit
  • En mi infancia tenía un loro gris. Él era tan inteligente que sabía los nombres de todos los miembros de la familia. Un día estaba llorando por algo y él me preguntó: “¿Qué pasó, querida niña?” (para él, ese era mi apodo). Le conté todo y luego empezó a cantar para animarme. El hecho de que supiera que yo estaba molesta, que me lo preguntara y que intentara animarme fue simplemente increíble. © catdoodle535 / Reddit

¿Has vivido situaciones similares con animales? Si es así, ¿qué ha sido lo más memorable? Cuéntanos en los comentarios.

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