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20 Historias que confirman que el amor de una mascota viene con un ángel guardián de por vida

Si nuestras mascotas pudiesen hablar, seguramente no necesitaríamos ir a un psicólogo o, incluso, a un médico. Su amor es tan grande que nos cuidan, nos protegen y se preocupan por nosotros todo el tiempo. Así lo cuentan nuestros lectores, que compartieron las historias de cuando sus mascotas fueron capaces de ver, sentir y presentir sucesos que ponían en riesgo la vida de sus humanos.

Tú también puedes compartir, en los comentarios, esos sucesos increíbles de cuando tu mascota quiso prevenirte de algún infortunio.

  • Mi perro fue el primero que supo que estaba embarazada, incluso antes que yo. Me tocaba la panza con su patita, días después me enteré de que estaba esperando a mi bebé. Mi perro hoy ya no está con nosotros, ni alcanzó a conocer a su hermano humano que él vaticinó, pero sé que donde está, cuida a mi enanito. © Yessy Reygadas Villalobos / Facebook
  • Mi gatita olía siempre mi nariz, me olía como si quisiera sacar algo. Yo sospeché que había algo mal. Pues resultó que tenía un tumor de hipófisis que estaba tocando mi nariz y el ojo izquierdo. La gente me pregunta que por qué la quiero tanto, pero solo ella y yo sabemos lo que pasamos juntas, siempre estuvo a mi lado cuando más necesitaba compañía. © Thalia Os / Facebook
  • Una vez, en una cabaña, dejamos por la noche la chimenea encendida y, en la madrugada, un tronco encendido cayó fuera de ella. La cabaña se llenó toda de humo y mi perrita se subió a la cama y empezó a rasguñar el pecho de mi esposo, así pudimos despertar. Tuvimos que abrir todas las puertas para sacar el humo. Ella nos salvó a todos. Se llama Mila. © Citlalli Isabel Aragon Santillano / Facebook
  • A menudo sufro episodios fuertes de migraña. Un día estaba sola y sin la medicación, no podía salir de la casa porque el ruido y la luz empeoraban los síntomas, así que solo me recosté en la cama a punto de una crisis, y muy desesperada. Vino mi perrita, que es muy apegada a mí, y se acostó poniendo su cabeza sobre la mía, y en pocos segundos el dolor se fue. No le encuentro explicación, solo sé que ella sabe cuándo estoy mal. © Vale Pucheta / Facebook
  • Mi perrita se llama Nala. Cuando quedé embarazada, la primera vez, no se me despegaba, pero la sentía triste y sin energía y eso era raro en ella. A las 12 semanas tuve un aborto espontáneo y ella sufrió conmigo esa pérdida. Yo no dejé de llorar en varios días y ella siempre estaba a mi lado lamiendo mi cara o mis manos. Después de un tiempo, resulté embarazada de nuevo, pero esta vez su comportamiento cambió drásticamente: empezó a acicalarme, me daba pequeñas mordidas en mi piel o masticaba mi ropa, no quería que dejara de acariciarla. Ese embarazo sí se logró. Los perritos son tan inteligentes que solamente les falta hablar. © Yadira Anahí / Facebook
  • Llevé a mi rottweiler por una inflamación en la mama, y resultó ser cáncer, debían operarla. A la semana siguiente, tras una mamografía de rutina, a mí también me detectaron cáncer de mama, etapa 3. Después de un mes, yo ya estaba operada y en espera de quimio y radioterapia. Cuando llevé a mi perrita a operar ya no tenía tumor, ni rastros, nada de nada, entonces supe que yo también sanaría. Así fue, después de casi 5 años, aquí estamos, juntas. © Cecilia Jaqueline Canales / Facebook
  • Hace 7 meses que falleció mi madre y un día que no aguantaba con la tristeza fui a donde mi mejor amigo que tiene una gata odiosa y hermosa, Trini. Lo cierto es que ese día me sentía abatida del dolor por la pérdida, pero recuerdo cómo Trini me miraba a los ojos como si supiera todo lo que estaba sintiendo. No se me despegaba, me acariciaba y sentí como si me quitara un peso de encima. Recuerdo que hasta pude descansar, pude dormir bien y al siguiente día busqué ayuda con terapias psicológicas y logré sentirme mejor. Pero en fin, la primera terapia la tuve con Trini, no sé cómo explicar la empatía que sentí de su parte hacia mí y su gran conexión. Los gatos también son únicos y muy especiales. © Venecia Gonzalez Mieres / Facebook
  • En algún momento de mi vida tuve una operación que no sanaba y la herida no lograba cerrar ni cicatrizar, todo se empezaba a complicar. Justo, un mes antes, había adoptado a un pitbull que era muy cariñoso, pero al que su familia ya no lo podía tener por temas de espacio, nos encariñamos rápido. Cuando sucedió lo de la operación, él solo se echaba a mi lado y me cuidaba; las cosas se complicaron con la herida y él seguía su rutina. Durante ese tiempo, el diagnóstico de mi doctora no mejoraba y cuando estaba a punto de volver a someterme a otra cirugía, milagrosamente, la herida sanó y cicatrizó, todo en menos de una semana. Quince días después, mi perrito enfermó, lo llevé a varios veterinarios, pero no daban con lo que tenía, hasta que finalmente murió. Yo pienso que él se sacrificó para que yo sanara. El tiempo que estuve enferma me preocupaba que me quitaran a mi perrito, pues algunos doctores lo consideraban un riesgo. Sin embargo, mi doctora siempre me dijo lo contrario, ella decía que él podía ayudar con mi recuperación. Ahora guardo por siempre a mi Spike en mi corazón. © MoOra Mariina Mar / Facebook
  • Tengo esclerosis múltiple y se me entumecen las manos y pies. Mi border collie me lamía las manos y con su lengua hacía que se relajaran y pudieran destrabarse y dejaran de dolerme. La tuve que dormir en marzo por problemas renales, todavía lloro a mi hermosa Agnes. © Isabel Jimenez Cervantes / Facebook
  • Mi hija Renata tenía un poco más de un año y, mientras me bañaba, ella despertó de una siesta y vaga y lista como es desde chiquita, logró abrir la puerta de casa y salió a la calle. Mi perrita se puso como loca ladrando afuera del baño, corría y regresaba del baño a la puerta principal. Al no verla en cama supe que se había salido. La encontré afuera, en la calle, agarrada del medidor del agua. Vivía sobre una calle angosta y altamente transitada. Sentí pánico al verla ahí, paradita, asustada, mientras los camiones y carros pasaban a toda velocidad. Mi perrita murió al poco tiempo atropellada en ese mismo lugar, pero, al ser recogida de la calle, era muy sagaz para andar entre carros. ¿Casualidad? Quizá. Sin embargo, algo dentro de mí está convencida de que cambió su lugar por mi hija. © Techy Álvarez / Facebook
  • A mi perrita se le llenaron las mamas de leche y ella nunca ha sido cruzada, se me hizo muy raro, así que la llevamos al veterinario, le hizo un ultrasonido, y obviamente no estaba embarazada. De pronto, el veterinario me sugirió que me hiciera una prueba de embarazo, ya que como mi perrita era tan apegada a mí, dijo que me veía como parte de su manada y se estaba preparando para alimentar a mi cachorro en caso de que algo me pasara en el parto. No le creí, pero, igual, me hice la prueba, solo para descartar, y efectivamente ahora mi hija y mi perrita son inseparables. © Yradzul Ziur / Facebook
  • Una amiga de mi mamá se quedó un tiempo en nuestra casa mientras esperaba un trasplante de hígado y mi perrito le ayudó a sobrevivir. Se pegaba mucho a ella y se recostaba en su abdomen, que estaba muy inflamado, y cada vez que lo hacía vomitaba amarillo; a los pocos meses a mi perrito se le detectó daño hepático. Tiempo después a mi mamá le quiso dar un infarto cerebral, pero al parecer mi perrito absorbió la enfermedad, porque de un momento a otro empezó a sacudir la cabeza y al revisarlo vimos que había sufrido un sangrado en uno de sus oídos, fueron muchas visitas al veterinario con mi “negrito”, sus diversos tratamientos han sido largos y costosos y, según su veterinario, mi perrito absorbe todo lo negativo que pasa en mi familia, pero desde que nos dimos cuenta de lo que hacía, ya no dejamos que se acerque a nadie enfermo y ahora mi enano está fuerte y sanito. © Claudia Delgado Igarce / Facebook
  • Mi bulldog francés, Danko, amaba los paseos largos. Un día salimos a pasear y él solo quería devolverse para la casa, no hubo manera de llevarlo más lejos de 20 metros del portal. Al volver a casa, la cocina estaba ardiendo por un cortocircuito en la tostadora. Gracias a él todo quedó en un susto. Hoy sé que desde el cielo de los perros me sigue protegiendo. Lo querré siempre. © Naomie Castro / Facebook
  • Tengo un familiar con diabetes y, cada vez que le sube la glucosa, el perrito que tenemos se acerca a él y lo empieza a lamer. Es curioso, pero cuando el perrito no se le despega y lo lame sin parar, ya sabemos que su glucosa está alta. © Isabella Sánchez / Facebook
  • Una perrita que teníamos, se acostaba sobre mi hija o sobre sus pies y al poco tiempo mi niña tenía una crisis de epilepsia. Era increíble, la perrita se daba cuenta 20 minutos antes. Si no le prestábamos atención, entonces nos ladraba. © Mabel Bravo / Facebook
  • Mi perrita dormía a un lado de mi cama. Por las noches me despertaba lamiendo mi cara y como a los dos minutos me daba un ataque de asma. Casi todas las noches lo hacía. Al principio no entendía por qué, hasta que me di cuenta de que me avisaba antes de cada ataque. © Alma Rosa Chavarin / Facebook
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