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20 Historias de mascotas que confirman y reafirman lo genial que es tener un peludito en la familia

Quien tiene un peludito, tiene un tesoro. Estos cariñosos seres, que a veces llegan a nuestras vidas por pura casualidad, nos regalan momentos únicos e inolvidables, en ocasiones incluso hasta difíciles de creer. Hoy, algunos de nuestros lectores compartieron con nosotros las situaciones más intensas, increíbles o divertidas que han vivido junto a sus mascotas.

En Genial.guru amamos a los animales y no nos cansaremos nunca de enseñarle al mundo lo maravillosos que son. Por eso te traemos esta emotiva colección de historias.

Sora

  • Un día, mientras dormía, me desmayé a causa de mi diabetes. Mi gato, Sora, saltó dos veces desde la ventana a mi pecho para reanimarme. Al no conseguirlo, decidió morderme lo más fuerte que pudo en el muslo. Le debo la vida a este felino. © Kina Doliny / Facebook
  • Fito, mi chow chow negro, tenía la costumbre de cazar pajaritos en el jardín. Un día no quiso salir más de la casa, y cuando lo enviaba afuera, temblaba. Resultó que cada vez que salía, los pájaros, en son de venganza, le picoteaban la cabeza. © Bernarda Cazón / Facebook
  • Mi mascota llegó a avisarme que a mi madre se le había movido el oxígeno artificial. Me buscó y me llevó hasta su cama. ¿Cómo no voy a amarlo, si ha estado conmigo en los tiempos más difíciles? Como un pequeño ángel. © Adriana Bolaños / Facebook
  • Yo tengo un can cruza de perro cobrador y pastor alemán negro. Tiene 13 años. En una ocasión tuve una gripe muy fuerte, con mucho dolor muscular. Mi hija empezó a darme un masaje y yo comencé a quejarme. Mi perro vino corriendo y puso todo su cuerpo sobre mí para no dejar que mi hija siguiera. A la fecha me acompaña siempre. Mi fiel compañero. ¡Lo quiero como a un hijo! © Carmina Came / Facebook

Horus

  • Cuando Horus era un cachorrito, hubo una fuga de gas en casa. Estábamos solos, yo me estaba quedando profundamente dormida, ni la alarma que ya había sonado me despertaba. Este ángel hizo de todo para despertarme. Me brincó encima, me besó y finalmente mordió mi mano con fuerza. Me incorporé enojada, terriblemente mareada y somnolienta. Lo seguí a la cocina para reprenderlo y ahí noté la fuga en la estufa. Él daba vueltas cerca de ella. Todo salió bien gracias a él, que me despertó como pudo. © Diana D Ishtar / Facebook
  • Un día estaba cocinando y la puerta de atrás estaba abierta. En eso sentí alboroto y vi a una pequeña rata corriendo. Detrás venía mi gata, y detrás de ella, la perra. Las tres pasaron corriendo por arriba de mis pies. La ratita huyo y la gata y la perra chocaron con la pared, rompiendo todo lo que había en su camino. Nunca olvidaré esa escena, jajaja. © Veronica Videla / Facebook
  • Pasó hace mucho. Mi perro es un ovejero criado a biberón desde bebé. Un día, siendo él ya grande, alguien llamó a la puerta. Era un vendedor. Mi can se sentó frente al hombre y comenzó a gruñirle. Nunca lo había visto así. El sujeto empezó a retroceder y mi perro lo atacó. Gracias a eso pudimos descubrir que él no venía con buenas intenciones. Donde sea que estés, no te olvidaré nunca, peludito hermoso. © Bea Gangone / Facebook

Lola

  • Cuando Lola llegó a casa me dije “Me quedaré con ella”, pero aún no le había dicho nada a mi esposo. Cuando se lo mencioné, me contestó “No la quiero ver en mi cama”. Al día siguiente lo estaba, pero no encima de la cama, sino encima de él. Lo conquistó. Ahora él la adora, le compra de todo. © Vivi Arroyito / Facebook
  • Un día, mi perrita, Sofi, comenzó a lamer mi pierna insistentemente. Cada vez que me sentaba en algún lugar, ella se acercaba y empezaba a olfatear y a lamerme la pierna. Se me hizo raro, porque era algo que no había hecho nunca, fue de repente. Dicen que los perros pueden detectar enfermedades, pero no presté mayor atención al asunto. Pensé que lo hacía para mostrarme su afecto. Tiempo después empecé a sentir dolor en el talón, y con los días se fue extendiendo hacia toda la pierna, hasta llegar a la columna. Me llevaron al médico y allí me detectaron un problema con el nervio ciático. Ella ya lo había detectado, pero no le presté atención. Estaba queriendo decirme algo. © Xavier Baque / Facebook
  • Mi hija tuvo un bebé y cuando llegamos a la casa, mi chihuahua agarró uno de sus juguetes y empezó a llorar. No sabíamos qué le pasaba, hasta que lo cargué y lo acerqué al bebé. ¡Le dio su juguete! Fue lo más tierno que he visto. © Reyna Chan / Facebook

Canelita

  • Me mudé porque mi familia no aceptaba a mi Canelita. Me dijeron que la diera en adopción o la regresara a la calle, pero desde que nos vimos por primera vez hicimos una conexión indescriptible. Fuimos de casa en casa hasta por fin tener nuestra minicasita y vivir felices. Somos almas gemelas y nos protegemos a morir. © Marilyn Brigitte Orcada Acosta
  • Tayson, mi perro fiel durante 16 años, llegó a mi cama a eso de la una de la madrugada a tocarme con su pata incansablemente y sin ladrar. Yo dormía, y jamás me hubiera imaginado que era porque estaban entrando ladrones a mi casa. Él me alertó. © Kenned Catin Kc / Facebook
  • Una vez que saqué a pasear a mi perra, la llevaba con correa. En eso, un pitbull sin correa se acercó corriendo a nosotras con la intención de atacar a mi perrita. Yo, sin pensarlo, me puse enfrente de ella y le hice frente al otro can. Lo mantuve alejado hasta que su irresponsable dueño llegó y se fueron. Ninguno de los dos salió herido, pero fue hasta minutos después que me di cuenta de lo que había hecho. © Helen Vasquez Letona / Facebook

Zeus

  • Un día, mi gato, Zeus, se fue y no volvió. Lo esperé durante semanas y nada. De repente me llamaron y me preguntaron “¿Usted tiene un gato llamado Zeus?”. Yo les dije que tenía uno, pero que se había perdido hacía meses. “Pues acá lo tengo”, me dijeron. Estaba superlejos de donde vivíamos, no sé cómo fue a parar allá. Estaba muy desmejorado. Al escucharme se tranquilizó y no me quería dejar. Me reconoció. Hasta ahorita está conmigo y ya no se me separa. © Carlita Torrecita Prado / Facebook
  • Tengo un perrito llamado Blacky que un día me siguió a la tienda. Yo ya estaba volviendo a mi casa, pero él se estaba demorando. De tanto llamarlo y no hacerme caso me acerqué a él y vi que tenía algo en la boca. Era el nuevo celular que me había comprado, que se me había caído del bolsillo. Lloré de emoción. Me sentí tan orgullosa de él. © Adriana Carbajal / Facebook
  • Una noche, al llegar a mi casa de madrugada, me enteré de que ella, mi gata, también estaba llegando. O sea, ¿desde cuándo estaba saliendo a la calle? ¿Y por dónde? © Roxana Centellas / Facebook
  • En una ocasión me estaba ahogando con mi propia saliva. Mi perro, Fergie, se puso en mi espalda y saltaba contra mí para darme golpes y que yo pudiera respirar. Gracias a Dios llegó mi hijo y me ayudó. En ese momento me di cuenta de cuánto me quería mi perro. © Paty Rodríguez / Facebook

Canelita

  • Un día estaba viendo un programa de televisión y me dio un ataque de llanto. Mi amada Canelita vio cómo su mamá se consumía en un mar salado de lágrimas y comenzó a hacerme gracias. Me acariciaba, me daba besitos, y como nada surtía efecto no encontró nada mejor que hacer que orinarse en mi cama. Dejé de llorar porque la rabia que tenía superó el llanto. Pero comprendí su nobleza; la angustia que le provocó el preocuparse tanto por mí hizo que se orinara encima. La amo con todo mi ser. © Marita Roxi Menita / Facebook
  • Tenía una caniche llamada Slady. Un día tuve que viajar con ella en autobús, pero antes no aceptaban perros en los transportes, así que la envolví en un cobertor de bebé y la abracé como si fuera realmente un niño. Le dije que se estuviese quieta, sin moverse, y que no ladrara. Me senté en mi asiento y durante 5 horas se mantuvo quietecita, entendió todo lo que le dije y pasó desapercibida. © Maria Ofelia Meza Castillo / Facebook
  • Mi gato se llamaba Rubio y de repente pasaba todo el día embelesado mirándome. Al contárselo a mí madre (que trabajaba en un laboratorio) me dijo: “Hazte una prueba de embarazo”, y así era, estaba embarazada y no hacía una falta todavía. Mi gato se pasó todo el embarazo en la barriguita y ronroneando a mi hija. © Isa Morales / Facebook

¿Qué te parecieron estas historias? También nos encantaría saber qué ha sido lo más impresionante que has vivido tú junto a tu mascota.

Imagen de portada Adriana Carbajal / Facebook
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