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20 Ya no tan jóvenes a los que les cayó un balde de agua fría al tomar conciencia de su verdadera edad

Aunque seguro que a todos nos encantaría poder hacerlo, detener el paso del tiempo es imposible. Nos vamos haciendo mayores y vamos experimentando nuevas etapas de la vida, ni mejores, ni peores, solo diferentes. Nuestros gustos también cambian con los años, junto con nuestras aficiones y nuestros círculos sociales, pero en esencia seguimos siendo los mismos; y en muchos casos, seguimos sintiéndonos con la misma vitalidad que cuando teníamos veinte años, aunque ya no los tengamos.

Algunos lectores de Genial.guru, llenos de juventud espiritual, nos contaron cómo fue que se dieron cuenta de que ya no lucían tan jóvenes como ellos creían, y lejos de ofenderse o de avergonzarse, se lo tomaron con humor y naturalidad.

  • Cuando mi entonces novio (ahora marido) cumplió 20 años, estaba triste porque se sentía viejo. Recuerdo haberle escrito una carta con mis razones de por qué no estaba viejo. Una de ellas era que 20 años no son muchos, que comienzan a serlo cuando dices: “Hace 20 años hacía esto o lo otro”. ¡Y de repente! Ya lo digo mucho. © Danaee Hernández / Facebook
  • Una vez me subí a un bus que iba lleno. Una adolescente me miró y me ofreció su asiento. Era uno de esos asientos destinados a las personas mayores. Mi esposo no podía más de la risa. Yo, indignada, le dije que no. No me veo tan vieja, es más, me veo menor de lo que soy, pero ese día me di cuenta de que ya no estoy tan joven. Igual no me importa, vivo feliz. © Catherine Escobar / Facebook
  • Mi mamá, de 61 años, me ayuda a cuidar a mi hijo en mi casa. Soy padre soltero. Mi hijo, de 9 años, ha tenido amigos y vecinos que le han preguntado si yo era su abuelo. Solo tengo 39 años, pero tengo canas. Ya me las pinté al menos. © Constantino Kusulas / Facebook
  • Andaba en mis cuarenta cuando un hombre me dijo: “Usted debe haber sido muy bella”. Al ver mi cara de sorpresa, me dijo: “¿O lo es?”. ¡Me sorprendió que hablara en pasado! © Juanita Ramírez / Facebook
  • Yo tengo 33 y mi marido, 50. El otro día me miró y me dijo: “Todos me hablan de usted, con mucho respeto y cierta lejanía. Noto que ya no me hablan como antes. Estoy viejo”. Y mi hijo de 4 años dijo: “Mamá, tú eres viejita, pero eres linda. Y papá también”. La primera vez que me di cuenta de que ya soy mayor fue cuando los compañeritos de mi hijo me llamaron “señora” en el supermercado. © Eliana Ruiz Díaz / Facebook
  • Fue un shock cuando me confundieron con la abuela del bebé de mi amiga. ¡Ambas tenemos 40 años! Yo llevaba cubrebocas, pero se ve que aun así me vieron ojos de abuela. © Lilian Salas / Facebook
  • Viajé a Europa desde Sudamérica en busca de oportunidades. No me di cuenta de mi edad hasta que alguien me dijo: “Trabajas bien a pesar de tu edad”. Tenía 58 años entonces y ya me estoy acercando a los 62. © José Giraldo / Facebook
  • En la escuela secundaria tenía cuatro compañeros que formaban una banda musical. Ellos intentaban hacer sus propias composiciones y letras. 30 años después, un compañero de la universidad inauguró un pequeño bar y contrató a una banda de música que nadie conocía. Cuando los escuché, reconocí inmediatamente la letra y la música de mis excompañeros. Me sorprendió ver que se veían estupendamente jóvenes. Me acerqué a saludarlos para ver si me recordaban. En cuanto dije el nombre de la escuela, me sacaron de mi error diciéndome que eran los hijos de quienes habían sido mis compañeros. © Gabriela Luevanos Corona / Facebook
  • Siempre me habían dado menos edad de la que tenía y me gustaba. Por ejemplo, a los 25 años me daban 18 o 20 años, y cuando tenía 23 o 24, me preguntaban si ya era mayor de edad. Luego, el shock de mi vida fue cuando, ya teniendo 30, todos empezaron a tratarme de “señora” y me preguntaban si tenía 40. En fin, me alegra que haya sol el día que voy a lavar la ropa, empiezo a ver líneas de expresión en mi rostro y ya no reconozco la música de moda, ni a las celebridades y a los influencers jovencitos. © Isley Gineth Sayago de Vasquez / Facebook
  • Te das cuenta de que te haces viejo cuando planeas ir a comprar algo al día siguiente, y en vez de preguntarte a qué hora cerrará la tienda, te preguntas a qué hora abrirá. © Salvador Perera / Facebook
  • La diferencia generacional es extraordinaria. Hace unos años con mis hijos, que tendrían 10 y 13 aproximadamente, fuimos a pasear unos días a Buenos Aires. En la esquina del hotel, había un cilindro rojo brillante con una abertura al frente y una tapa por detrás. Yo pasaba todos los días sin mirarlo siquiera. Un día me preguntaron: “¿Mamá, qué es eso?”. “Es un buzón”, les dije. Ellos, con caras extrañas, me respondieron: “¿Para qué sirve?”. “Para enviar cartas”, respondí, y siguieron: “¿Qué son las cartas?”. Claro, ellos nacieron en la época de la informática. Al llegar a casa les mostré las cartas y postales que nos enviaban nuestros familiares y amigos. “Eres antigua”, me dijeron. ¡Y a mucha honra! Viví en dos siglos, vi al hombre llegar a la luna, a las mujeres acortar sus faldas y usar minifaldas bien cortitas, que también me animé a usar hasta hace unos años. Mandé y recibí cartas. Ahora hay celular. ¿Y qué? En unos días cumplo 60. No lo puedo creer. Feliz de la vida. © Grace Martí / Facebook
  • A veces, cuando jugaba con jóvenes, decían: “Cuidado con el viejo, no vayan a golpearlo”. Entendí que ya no tenía quince años. © Jairo Sevilla / Facebook
  • Antes, cuando salía a comprar o lo que fuera, me decían “niña” o “Lola”. Hasta el día que empezaron a decirme: “¿Qué va a llevar, señora?”. Ya no era joven. © María Parraguez / Facebook
  • En una reunión con dos mamás de compañeros de preescolar de mi hijo, una de ellas comentó que había chocado su auto con el de una señora “ya grande, ¡como de 40 años!”. Ellas tenían veintitantos, yo 42. @ Ara R Pacheco / Facebook
  • Una vez en un bazar, vimos una grabadora de casetes y mi hijo me preguntó qué era eso. Le expliqué y me dijo: “Se ve muy antiguo, como de los años ochenta”. Obviamente, yo tenía una así. @ Yarehd Caporal / Facebook
  • A mi esposo le gusta jugar al básquetbol y en un partido se cayó. Los muchachos dijeron: “Paren el juego, veamos si el señor se lastimó”. Como dice el chiste, si te caes y se ríen, es que eres joven. Si te caes y se preocupan, es que ya estás viejo. © Selene Pereyra / Facebook

¿Qué situación similar te ha tocado vivir a ti o a alguien cercano?

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