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Decidí seguir la nueva tendencia de moda y no comí carne durante 9 meses

¡Hola! Mi nombre es Elena. Hago deporte con regularidad, estudio en la universidad y escribo artículos. Una vez decidí que debería dejar de comer carne. Con esta historia quiero compartir aquello que me empujó a tomar esta decisión, cómo lo viví y terminó la experiencia.

Mi intento de renunciar a comer carne comenzó en octubre de 2016 y los resultados de este experimento siguen llegando hasta el día de hoy. Quiero contarles a los lectores de Genial.guru mi experiencia para demostrar cuán importante es guiarte por tus propias sensaciones en vez de creer ciegamente a los bloggers entusiasmados con esta moda que circula por Internet.

Cómo comenzó todo

Nunca me gustó la carne. Me daba igual si estaba o no en la mesa a la hora de comer. Sin embargo, en una visita, en el comedor, o en una cafetería, con más frecuencia se encuentran platillos que, entre sus ingredientes, tienen carne. Resulta que, sin darme cuenta, de manera regular, yo consumía platillos con ingredientes de origen animal.

Un día, vi el blog de una joven. Delgada y feliz, contaba sobre su sistema nutricional: rechazo a lo animal, amor por lo vegetal. Me dejé llevar. El tema de renunciar a la carne se redujo a varias frases: “Mucha energía, ligereza en el cuerpo, mente clara, piel radiante y lisa y la figura a tono”. Cualquier vegetariano te lo contará.

Tenía ganas de ser ligera como una pluma, esbelta y también, a base de esto, mejorar mis resultados deportivos. Así comencé mi experimento de 9 meses.

Entonces, mi dieta consistía en pescado, verduras, pasta, queso y cereales.

¿Fue difícil para mí dejar la carne? No. En mi ciudad se pueden encontrar decenas de platillos alternativos: en un festival gastronómico saboreé shawarma con falafel, la ensalada César la comía con salmón y gambas, la pasta, con champiñones. Varias veces, mis amigos me invitaron a una barbacoa, pero incluso este olor que se considera divino no cambió para nada mi ruta. Me ayudaron las hortalizas a la parrilla, champiñones y delicias de pescado y mariscos.

Sobre pérdidas y beneficios

Volvamos al principio para recordar qué efecto esperaba y analizaremos con detalle qué, de lo prometido, resultó ser veraz.

Mucha energía

No empecé de repente a quedarme dormida como un bebé. Las estadísticas relativas al descanso nocturno no se vieron modificadas: por las mañanas despegaba mi cabeza de la almohada, sintiéndome como un zombi de la película de terror más horrible, odiaba el despertador, levantarme temprano y mi universidad. Nada de “ligereza”. Era tonto creer que renunciar a la carne ayudaría a mi cuerpo a enamorarse de las madrugadas.

Ligereza en el cuerpo

Muchos corredores están convencidos: la carne influye en el bienestar mientras se hacen ejercicios, más precisamente, causan sensación de pesadez. ¡Qué ganas de empezar a sentir la ligereza!

Medalla por participar en competiciones.

En cuanto renuncié a la carne, mi pulso aumentó mientras corría y el ritmo disminuyó. Antes, podía correr fácilmente una media maratón (21 097,5 metros). Ahora me sentía muy mal, ¡una falta de aliento implacable y un mareo me impedían mover mis piernas a más velocidad, por lo que el resultado empeoraba rápidamente. Empecé a participar menos en las competiciones y una vez incluso tuve que abandonar la carrera debido a una sensación de malestar.

Gráfico de frecuencia cardíaca en las competiciones. Al final de la distancia, la frecuencia cardíaca superó los 200 latidos por minuto.

La figura, a tono

Mi índice de masa corporal está dentro de la normalidad, y en este caso, el proceso de perder peso no es nada fácil y requiere de más tiempo y esfuerzos. Aquí todo era más sencillo: durante 9 meses, mi cintura se vio rebajada varios centímetros, las faldas y los pantalones me quedaron grandes. Tuve que renovar mi armario. Pero, ¿acaso esto es un inconveniente para las mujeres?

¿Y qué pasó con la piel radiante y la mente clara?

No tengo problemas con la piel en forma de granitos o inflamaciones, por lo que me resultó difícil notar la diferencia. El sol, el bronceado y las pecas solares aportan al rostro un aspecto ligero y fresco, independientemente de si como carne o no.

Pero con la mente despejada todo resultó ser más complicado. Los mareos constantes no me aportaban seguridad en mí misma y la única idea verdaderamente brillante era la de acudir a que me viera un médico.

¿Anemia?

En mi caso, subir el nivel de hierro en sangre fue posible solo con medicamentos.

El médico escuchó con calma mi historia sobre por qué rechazaba la carne y me mandó a hacer una analítica de sangre. La hemoglobina, ferritina y el hierro sérico estaban por debajo de lo normal. “Tienes anemia”, me dijo el doctor. Mis amigos me hacían preguntas sobre ella.

La anemia por deficiencia de hierro (o anemia ferropénica) es un síndrome de hematología caracterizado por alteración de la síntesis de la hemoglobina debido a la falta de hierro, la cual se manifiesta con una anemia y sideropenia. Las causas principales de la misma son las hemorragias y la falta de alimentos y bebidas ricos en hemo.

Desde entonces, mi comida consistía en un platillo de carne y dos pastillas del medicamento alto en hierro.

Ahora no puedo vivir ni un solo día sin carne.

Sobre los pros y los contras

Además de algunos centímetros perdidos, hubo otras ventajas:

  • Mi cuerpo dejó de oler. Se puede ahorrar en desodorantes.
  • Descubrí muchos platillos con diferentes ingredientes “exóticos”; me di cuenta de que los frijoles pueden parecerse a la carne y el falafel es un excelente sustituto del pollo.

Sobre las desventajas no obvias:

  • No resulta económico. La ración de pescado cuesta más que la de carne.
  • Todos a tu alrededor te machacarán con la pregunta: “¿Y por qué?”.

Los debates sobre los peligros y beneficios que conlleva consumir carne, tal vez, durante largo tiempo, no se verán reducidos. Los partidarios de renunciar a ella te tentarán hablándote de una vida hermosa. Tomando una decisión tan importante como cambiar el hábito alimenticio por comida vegetariana, escucha a tu cuerpo, reflexiona bien si realmente lo necesitas y consulta a un médico. Por supuesto, existen personas a las que este tipo de alimentación les va bien. Pero tenemos que entender que cada uno de nosotros es único, igual que el cuerpo de cada persona se difiere de los otros por sus peculiaridades individuales.

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