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La verdadera historia de Madam C. J. Walker, en quien se basó la serie “Una mujer hecha a sí misma”

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El argumento de la serie de Netflix Madam C. J. Walker: Una mujer hecha a sí misma está basado en la vida de Sarah Breedlove, quien aparece en el libro Guinness World Records como la primera mujer millonaria estadounidense que se hizo a sí misma, es decir, que no heredó su dinero ni se casó con algún millonario. Esta es la historia de una afroamericana que luchó contracorriente y pasó de ser lavandera a una mujer distinguida en las altas esferas de su época.

Genial.guru quiere compartir contigo más detalles sobre la vida de Madam C. J. Walker para que conozcas a esta sorprendente mujer más allá de lo que se presenta en la miniserie de cuatro episodios creada por Netflix.

La primera de su familia en nacer libre

Durante casi 250 años, los pueblos de origen africano fueron esclavos en tierras estadounidenses, hasta que, en 1862, el presidente Abraham Lincoln firmó la Proclamación de la Emancipación, decreto que entraría en vigor al año siguiente para abolir oficialmente la esclavitud en ese país y liberar a más de 3,5 millones de personas. De no haberse promulgado eso, la historia que leerás a continuación no hubiera sucedido.

Sarah Breedlove fue la primera de su familia en nacer libre. Llegó al mundo en 1867, en la plantación Madison Parish, en el estado de Luisiana. Sin embargo, la libertad solo era un primer paso, ya que su infancia fue un tanto complicada. Quedó huérfana a los siete años y se fue a vivir a la casa de su hermana mayor y su cuñado, donde sufrió maltratos. Cuando tenía 14 años, con tal de dejar de ser maltratada por ese hombre, se casó con Moses McWilliams, y tres años después nació la que sería su única hija, Lelia McWilliams. Teniendo apenas 20 años, Sarah quedó viuda.

Sarah sobrevivía trabajando en los campos de algodón, pero decidió mudarse a San Luis, Misuri, donde sus hermanos trabajaban como barberos, y donde ella consiguió un empleo como lavandera. Sin embargo, al final de cada día solo ganaba 1,5 dólares. Aún bajo esas condiciones, estaba decidida a reunir dinero para que su hija pudiera tener acceso a la educación, mientras que ella misma asistía a la escuela nocturna.

Las ambiciones de Sarah no la dejaban conformarse con la idea de ser lavandera por el resto de su vida. “Estaba en mi bañera una mañana con un pesado lavado frente a mí cuando me incliné sobre el lavadero y miré mis brazos enterrados en espuma de jabón. Me dije: “¿Qué harás cuando envejezcas y tu espalda se ponga rígida? ¿Quién cuidará de tu pequeña?”, le dijo al New York Times en una entrevista en 1917.

En San Luis, Sarah se unió a la Iglesia Episcopal Metodista Africana, donde conoció a hombres y mujeres negros líderes que la inspiraron. En 1894 se casó por segunda vez, en esta ocasión, con John Davis, pero el matrimonio fue problemático y se divorció pocos años más tarde.

El poder del cabello

Al igual que muchas mujeres negras de la época, Sarah sufrió severos problemas en su cabellera: calvicie, caspa, dolor en el cuero cabelludo, etc. Esto se debía a una dieta deficiente, lavado poco frecuente (muchos hogares no tenían agua corriente) y al uso de productos que contenían soda cáustica.

Ella aprendió sobre el cuidado del cabello con sus hermanos, pero un factor decisivo para que recuperara una cabellera saludable (y su autoestima) fue comenzar a utilizar los productos de Annie Malone, una emprendedora que también era afroamericana.

Eventualmente, Sarah se convirtió en agente de ventas para comercializar los productos de Malone de puerta en puerta, y, en 1905, se mudó a Denver, Colorado, para vender los artículos en esa ciudad. Al mismo tiempo, Sarah comenzó a trabajar para desarrollar su propio negocio y productos para el cabello (años después habría una controversia por un supuesto robo de propiedad intelectual).

En 1906, a sus 38 años de edad, Sarah le dio una nueva oportunidad al amor y se casó con Charles Joseph Walker, de quien tomaría el nombre para luego ser conocida como Madam C. J. Walker. Él era un publicista y la ayudó a promocionar su nuevo producto, el “maravilloso crecedor de cabello de Madam C. J. Walker”, una fórmula de curación y acondicionamiento del cuero cabelludo.

El nacimiento de un imperio

Madam Walker comenzó a tener éxito vendiendo su producto de puerta en puerta e integró más vendedoras a su equipo. El negocio comenzó a florecer, por lo que dejó a su hija (que había cambiado su nombre a A’Lelia Walker) a cargo de los envíos por correo mientras ella y su esposo viajaban por el sur del país para conseguir nuevos clientes haciendo demostraciones de cómo utilizar la pomada, peines calientes y un tipo de cepillado especial.

En 1908 se mudaron a Pittsburgh, Pensilvania, y abrieron el “Lelia College” para capacitar a culturistas del cabello. Allí se comenzó a implementar el “Sistema Walker”, que incluía capacitación para obtener una licencia como agente de ventas y recibir comisiones bien pagadas.

Luego, la sede del negocio se trasladó a Indianápolis con la apertura de la fábrica “Madame C. J. Walker Manufacturing Company”. También se inauguró una peluquería y una escuela de belleza donde se siguió capacitando al personal, principalmente mujeres. Madam Walker logró tener miles de mujeres como agentes de ventas de su marca, y, para 1971, eran alrededor de 20 000, vestidas con blusa blanca, falda negra, y cargando un maletín con productos.

Las habilidades de marketing de Madam Walker fueron clave para su éxito, ya que entendió el poder de una buena publicidad e imagen de marca, se anunció en los medios adecuados (periódicos y revistas afroamericanas), e incluso usó su propia fotografía como ejemplo de los resultados de sus productos.

Divorcio y nuevas perspectivas

Mientras su negocio se acercaba a la cúspide, su matrimonio iba cuesta abajo. Madam Walker no pasaba mucho tiempo en casa y su esposo no solo era financieramente irresponsable al malgastar el dinero, sino que también fue acusado de desviar recursos e incluso tuvo aventuras con otras mujeres. Finalmente se separaron en 1912, y, mientras que Madam C. J. Walker era reconocida, el hombre que había inspirado su nombre pasó al anonimato.

En 1913, A’Lelia convenció a su madre de establecer una nueva oficina y salón de belleza en Harlem para estar en la cosmopolita ciudad de Nueva York. De hecho, esa fue la única casa construida por un arquitecto afroamericano en Manhattan, y se convirtió en un famoso salón cultural donde la muchacha era conocida por ser una gran anfitriona.

A’Lelia Walker supervisando un tratamiento facial en uno de los salones de belleza de Madam C. J. Walker.

Una vez en Harlem, Madam C. J. Walker se involucró aún más en la vida social y política, y se manifestó varias veces en contra del linchamiento, movimiento impulsado por la Asociación Nacional para el Progreso de las Personas de Color (NAACP). En 1917 se unió a un grupo de líderes de Harlem para visitar la Casa Blanca y hacerle una petición formal al presidente de ese entonces, Woodrow Wilson, para crear una legislación en contra del linchamiento, lo que no se convertiría en ley hasta 2020.

El 25 de mayo de 1919, Madam C. J. Walker falleció a los 51 años a causa de una insuficiencia renal y complicaciones por hipertensión. En ese entonces, era considerada la mujer afroamericana más rica de Estados Unidos. Su hija, A’Lelia, pasó a ser la presidenta de la compañía.

El legado de Madam C. J. Walker

Estudiantes de la Escuela de Belleza de Madam C. J. Walker en 1942.

La vida de Madam C. J. Walker es de gran valor para la mujer afroamericana, ya que ella demostró que una dama puede “hacerse a sí misma” en una sociedad donde los prejuicios de raza y de género están enraizados. Siempre alentó a las mujeres que trabajaban con ella a ser económicamente independientes, y, durante su primera conferencia anual en 1917, otorgó premios a sus mejores vendedoras y a quienes habían hecho contribuciones benéficas a sus comunidades. Se considera que esta fue una de las primeras reuniones nacionales para que mujeres emprendedoras pudieran hablar de negocios.

Luego de su muerte, su empresa siguió expandiéndose y llegó a países como Cuba, Jamaica, Panamá y Costa Rica. Las posiciones directivas fueron ocupadas por descendientes de Madam J. C. Walker, quienes iban cambiando de generación en generación hasta que “Madame C. J. Walker Manufacturing Company” cerró oficialmente en julio de 1981.

Actualmente, su casa de Nueva York, conocida como “Villa Lewaro,” está incluida en el Registro Nacional de Lugares Históricos, y ahora, el edificio en Indianápolis donde estuvo su fábrica, es conocido como “Madam Walker Theatre Center”, un lugar para eventos culturales de la comunidad.

Netflix y sus licencias creativas

La mayor parte de lo que ahora conocemos de la historia de Madam Walker es gracias a su biógrafa y tataranieta, A’Lelia Bundles, quien escribió el libro On Her Own Ground: The Life and Times of Madam C. J. Walker (En su propio terreno: la vida y los tiempos de Madam C. J. Walker, en español). Es en esta obra en la que también se basó la serie de Netflix dirigida por Kasi Lemmons y DeMane Davis para hablar de esta asombrosa mujer.

Sin embargo, la serie se tomó algunas notables licencias creativas. Algunas de ellas son:

  • Rivalidad con Annie Malone: en la serie, Madam C. J. Walker (interpretada por Octavia Spencer), tiene una fuerte rivalidad comercial con Addie Munroe (Carmen Ejogo), personaje basado en la real Annie Malone. En la ficción, Addie es una mujer de piel clara que maltrató a Sarah y trató de arruinar su negocio, pero, en la realidad, Addie también era una mujer negra, la cual tenía grandes habilidades para la química y que logró crear su propio negocio millonario.

  • Los amores de A’Lelia: en la serie conocemos al primer marido de A’Lelia (Tiffany Haddish). Sin embargo, después de su separación, ella inicia una relación romántica con una fotógrafa. En realidad, la muchacha se casó dos veces más, y hasta ahora no se ha comprobado que haya mantenido en una relación con otra mujer. Ella también adoptó a una niña huérfana que sería conocida como Mae Walker.

  • Activismo y filantropía: la serie muestra el interés incansable de Madam C. J. Walker de hacer crecer su negocio, pero no ahonda demasiado en su activismo y el alcance político que logró.

¿Qué te pareció esta historia? Si ya viste la serie, ¿crees que le hace justicia a la vida real de Madam? Comparte tu opinión con nosotros en la sección de comentarios.

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