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La verdadera historia detrás de la película “Un camino a casa”

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Al alcanzar la adultez, muchas personas dejamos el hogar en el que nacimos, donde creamos nuestros primeros recuerdos, con el fin de seguir desarrollándonos lejos de nuestra ciudad natal. A medida que crecemos, la vida nos plantea retos y desafíos que nos llenan de aprendizaje y nos llevan a la madurez. Pero, así como avanzamos, también corremos el riesgo de que las adversidades y distracciones de la vida nos hagan olvidar quiénes somos realmente y cómo llegamos a donde estamos, haciendo que nos desorientemos en el camino que estábamos recorriendo.

Genial.guru quiere presentarte la historia de Saroo Brierley, quien, cuando tenía 5 años, se perdió y no pudo encontrar a su familia por mucho tiempo. Tras años de búsqueda, venciendo sus limitaciones y conflictos internos, no solo logró encontrar su hogar, sino también a sí mismo, inspirando la filmación de la película Un camino a casa.

Comencemos por conocer a Saroo Brierley

Saroo Brierley es un importante empresario y escritor australiano que publicó un libro autobiográfico titulado Un largo camino a casa. Pero pese a que su situación económica actual le brinda ciertas comodidades, y a que su éxito es públicamente reconocido, lo cierto es que Saroo no nació en Australia ni mucho menos en la opulencia, sino en condiciones muy humildes.

Nacido en 1981, en la India, Saroo, cuyo nombre verdadero es Sheru Munshi Khan, vivió los primeros cinco años de su vida en una familia con condiciones muy precarias. Después de que su padre abandonara a la familia, su madre tuvo que comenzar a trabajar en una construcción para poder mantener a Saroo y a sus hermanos, pero su sueldo no era suficiente para comer todos los días, así que, él y dos de sus hermanos mayores, Guddu y Kallu, intentaban conseguir dinero y comida para llevar a la casa, ya fuera con pequeños trabajos o pidiendo limosna. Pese a todas las privaciones, lo cierto es que tanto madre e hijos eran muy unidos y habían aprendido a ser felices sin posesiones materiales, apoyándose los unos a los otros y disfrutando de las cosas sencillas de la vida.

Un pequeño descuido que cambió el curso de su vida

Una noche, Guddu tuvo que ir a trabajar en la limpieza de una estación de tren, un empleo que solía tener a cargo de vez en cuando, y, tras la insistencia de Saroo de acompañarlo, accedió de mala gana a llevarlo con él. Sin embargo, al llegar, y al ser tan tarde, Saroo se quedó dormido en un asiento de la plataforma, así que Guddu se fue a trabajar diciéndole a su hermano que volvería pronto y que no se moviera de allí. Pero no regresó, así que Saroo, algo impaciente, lo buscó en el vagón de un tren vacío que estaba estacionado en la estación: “pensé que mi hermano regresaría y me despertaría, pero cuando desperté no lo vi por ninguna parte. Vi un tren frente a mí y pensé que debía estar allí. Así que decidí subir a él pensando que lo encontraría”. Vencido por el sueño, se quedó dormido allí, y, al despertar, el tren estaba en marcha, por lo que no pudo bajarse de él. “Todavía siento ese escalofrío de pánico al verme atrapado. No paraba de correr ni de gritar el nombre de mi hermano, suplicándole que volviera a buscarme”, recordó Saroo.

No pudo salir de ahí hasta que llegó a la estación de ferrocarril de Howrah, un sitio de Calcuta donde se hablaba un idioma totalmente desconocido para él y donde no conocía a nadie. “Tenía miedo. No sabía dónde estaba. Simplemente comencé a buscar a personas y a hacerles preguntas”, contó Saroo. Pero nadie pudo ayudarlo, así que pasó dos o tres semanas viviendo allí, durmiendo bajo los asientos de la estación, comiendo sobras y escapando de personas que podrían hacerle daño. Hasta que, finalmente, un adolescente lo vio y lo llevó a una estación de policía donde lo reportaron como niño perdido. Lamentablemente, Saroo no tenía los conocimientos para indicarles a los profesionales dónde estaba su ciudad natal, la cual pronunciaba mal. Él la llamaba Ganestalay, cuando su nombre real era Ganesh Talai, por lo que, al no poder contactar a su familia, las autoridades lo enviaron a un orfanato.

Lentamente, las cosas comenzaron a mejorar para Saroo

Saroo no estuvo mucho tiempo en el orfanato. Un día, una pareja de casados, Sue y John Brierley, quienes estaban buscando adoptar a un hijo, lo esperaron en un aeropuerto con un koala de peluche y chocolates para invitarlo a formar parte de su familia. El cariño fue instantáneo y, sin dudarlo, lo llevaron a vivir con ellos a Tasmania. “Acepté que estaba perdido y que no podría encontrar el camino de regreso a casa, así que pensé que sería genial ir a Australia”, pensó Saroo, quien inmediatamente sintió afinidad por Sue. Ella, por su parte, contó muy conmovida que “la llegada de Saroo fue una especie de nacimiento en su familia”, y que, cuando lo conoció, “fue un momento fantástico, lleno de amor y alegría”. Aun no conociendo sus orígenes, ambos adultos pudieron darse cuenta de que “venía de una buena familia, con amor a su alrededor”, contó John.

Muy pronto, Saroo aprendió inglés y olvidó su idioma natal (es por eso que Saroo terminó siendo una mala pronunciación de Sheru), y su familia adoptó a otro niño llamado Mantosh. Pasaron los años y él fue creciendo en un entorno amoroso con padres dispuestos a darle educación y todo lo que estuviese en sus manos para hacerlo tan feliz como él a ellos. Y así fue, pero la historia de la infancia de Saroo había quedado inconclusa para él: “fue traumático tener esos recuerdos y ese sentimiento de incertidumbre, pero aprendí a lidiar con eso”, recordó Saroo. “Desde que era niño, cuando me iba a la cama, tenía sueños de mi anterior familia”. Pero mirándolo con los ojos del presente, “fue una carga durante mucho tiempo, algo que realmente mantuvo vivos esos pensamientos y recuerdos”.

Saroo lo tenía todo, pero se sentía incompleto

Habiendo estudiado con mucho éxito negocios y hospitalidad, al crecer, Saroo se convirtió en un modelo de buen hijo, y una persona a la que todos querían por su gran personalidad. Su futuro era prometedor, y de aquel niño humilde y hambriento ya no quedaba ni siquiera el idioma. Pero su pasado no había quedado atrás para él, ya que había tenido una familia de la que nunca se despidió y que seguramente estaba preocupada por no saber qué le había sucedido. Necesitaba verlos, decirles que estaba bien. Pero ¿cómo podría encontrarlos si ni siquiera conocía el nombre de su ciudad natal?

Lejos de olvidarla, conforme fue ascendiendo en su vida, esa inquietud fue volviéndose más intensa, hasta el punto de repercutir en su felicidad y llevarlo a un gran sentimiento de vacío. Así que decidió ponerle fin a la incertidumbre haciendo lo que no pudo hacer en la infancia: encontrando el camino a casa.

Una búsqueda que se volvió obsesión

Afortunadamente, en la universidad hizo amigos de la India que le enseñaron a usar Google Earth, una plataforma que muestra mapas del mundo compuestos por imágenes tomadas por satélite. Utilizando la estación de ferrocarril de Howrah (donde vivió varias semanas al bajar del tren en su niñez) como punto de referencia, poco a poco fue revisando cada sitio de la India que se parecía a su hogar. “Utilicé las matemáticas y todo lo que podía recordar sobre los hitos y la arquitectura de mi ciudad natal”, contó sobre su odisea.

Tras cinco años de búsqueda y mucha determinación, en 2011, su esfuerzo dio frutos cuando encontró una fuente de agua en las imágenes por satélite que le resultó familiar: “cuando la encontré, hice zoom y simplemente la reconocí. La recorrí y encontré hasta la cascada donde solía jugar”, y fue tal la alegría que sintió al ver aquel sitio que hacía más de veinte años que no veía, que hasta pensó que estaba soñando: “¿era realidad? ¿Estaba soñando? (...) Fue un momento surrealista. En mi interior estaba saltando de alegría”.

Después de 25 años, Saroo regresó a casa

En febrero de 2012, con el apoyo de su familia adoptiva, Saroo viajó a la India, al sitio que el mapa le señaló. “Si él quería explorar aquel lugar, nosotros estábamos de acuerdo, queríamos que estuviera completamente feliz con su identidad”, explicó Sue. Sin recordar el idioma, pero con determinación, él viajó solo y, al llegar a la India, recorrió la ruta por la que solía caminar cuando era un niño. Cada sitio le traía recuerdos de su infancia que lo guiaron hacia la casa humilde en la que vivió. Pero no todo fue alegría al llegar, ya que el lugar estaba vacío. “Cuando llegué a la puerta vi una cerradura en ella. Parecía vieja y maltratada, como si nadie hubiera vivido allí durante mucho tiempo”, contó Saroo, quién, en ese momento, temió haber viajado en vano. Sin embargo, su presencia llamó la atención de los vecinos curiosos que se acercaron a preguntar si necesitaba algo: “vino otra persona y luego apareció una tercera, y fue entonces que una dijo: ‘solo espera aquí un segundo y volveré’. Y, cuando regresó después de un par de minutos, dijo: ‘ahora te llevaré con tu madre’”.

“Simplemente me sentí entumecido y pensé: ‘¿estoy escuchando lo que creo que estoy escuchando?’”. Pese a la emoción, cuando lo llevaron con ella, al principio no pudo reconocerla, ya que su recuerdo era totalmente distinto de la mujer que tenía frente a él, quién ya había envejecido: “pero la estructura facial aún estaba allí, y la reconocí y le dije: ‘sí, eres mi madre’”. Fue entonces que se abrazaron fuertemente. “Fue el momento más crucial de mi vida”, contó Saroo, quien, al no poder hablar el mismo idioma, intentó decirle: “sé que me buscaste, yo también me pasé toda la vida buscándote”. Fue entonces que su madre. sin decir palabras, lo tomó de la mano y lo llevó a su casa. “No podía decirme nada. Creo que estaba tan entumecida como yo. Tuvo algunos problemas para comprender que su hijo, después de 25 años, había reaparecido como un fantasma”.

Cuando lograron encontrar la forma de comunicarse, Saroo se enteró de que la noche en la que él se durmió en el vagón del tren, su hermano tuvo un accidente en el que perdió la vida, y fue por eso que no volvió por él. Entonces entendió lo difícil que había sido para su familia encontrarlo con tan poca información sobre el momento de su desaparición. Sin embargo, “mi madre nunca dejó de rezar por mi regreso. Visitó a muchos sacerdotes y guías espirituales de la comunidad en busca de ayuda y orientación. Todos ellos le aseguraban que yo estaba sano y salvo, y que era feliz, y lo más asombroso es que, cuando les preguntaba dónde estaba, señalaban con el dedo hacia el sur. Empecé a comprender que la fe de mi madre en mi supervivencia había marcado su vida como mi determinación de encontrarla había marcado la mía”. Y, aunque a veces fue tratada como demente, ella nunca perdió las esperanzas de que él estaba vivo y que volverían a encontrarse.

Al encontrar su hogar, se encontró a sí mismo

Un año después, su madre adoptiva también quiso conocer a la madre biológica de Saroo, y, con ayuda de un traductor, viajó con él para verla. Al respecto, Sue recordó con emoción: “comencé a llorar y ella me abrazó. Ella dijo a través del traductor: ‘él es tu hijo ahora. Te entrego a mi hijo’. Estuvimos allí un buen rato, solo nosotros tres, abrazados. De repente no hubo ruido. Solo quedaba nuestra respiración”. Fue otro momento crucial para Saroo, quien sintió que, en aquel momento, todas sus inseguridades y tristezas a causa de su identidad perdida se habían ido: “mi depresión y todas mis preocupaciones se esfumaron cuando vi a mis dos madres que me habían dado no solo una vida, sino dos, abrazarse con lágrimas en los ojos”.

Saroo contó que incluso ahora duerme mucho mejor y que siente que se le ha quitado un peso de encima: “la fuerza motriz era saber si mi familia estaba viva. Necesitaba ver sus caras nuevamente y decirles que estaba bien, y saber que también ellos lo estaban. ¿Quién más no querría eso también? Se trataba de tener un cierre, y ahora lo hay”. Saroo contó su historia (la cual no solamente se trata de su regreso a casa, sino también de su encuentro consigo mismo, su pasado y su cultura natal) en un libro y película exitosos que conmovieron a muchos corazones. A través de su testimonio demostró que, cuando nos sentimos perdidos, es importante volver al inicio para orientarnos y seguir adelante.

¿Te gustó esta historia? ¿Qué harías en una situación similar? ¿Conoces otros casos inspiradores de personas que hayan luchado para superar las adversidades y cumplir un deseo o sueño? No dudes en dejarnos tu opinión en los comentarios, estaremos leyéndolas.

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