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Un joven de Siberia rescata libros abandonados y su ejemplo impresionó incluso a los medios internacionales

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Eugenio es un joven común y corriente de la ciudad de Irkutsk, en Siberia (Rusia), que, como muchos, simplemente adora los libros. Y un día decidió rescatarlos: aquellos de los que la gente, por algún motivo, decidió deshacerse. Así, en Siberia, apareció el primer refugio de libros, que más tarde ganó fama mundial.

Genial.guru te cuenta hoy sobre cómo este pasatiempo se convirtió en un proyecto único, ya que la iniciativa y la aspiración de una sola persona hicieron que este mundo fuera un poco mejor

Eugenio sirvió en el ejército en las Tropas Aerotransportadas, trabajó también en la policía, entre otras profesiones como la de técnico dental, para abrir después un punto de recogida de papel usado en una casa privada. A veces, le llegaban libros que simplemente no podía mandar a reciclar. Primero, se quedó con uno, luego otro... Y así surgió la idea del “refugio de libros”.

Su fundador recogía libros por todas partes: incluso los rescataba de al lado de los contenedores de basura. Al principio, solo los familiares y amigos conocían de este pasatiempo tan inusual, pero otros ciudadanos de su ciudad se enteraron de su actividad poco a poco. Y comenzaron a visitarlo para hojear y, a veces, llevarse libros “sin hogar”. Esto se convirtió en el concepto principal del refugio: las publicaciones encontradas o rescatadas se quedan en este sitio hasta que alguien, simplemente, quiera llevárselas a casa.

Poco a poco, Eugenio comenzó a equipar el refugio con sus propios recursos. Compró un toldo y empezó a adquirir materiales de construcción. Gracias a la publicidad boca a boca, llegaron voluntarios. “La gente se involucra”, asegura el dueño de este refugio de libros. “Muchas personas no permanecen indiferentes, no solo de la región de Irkutsk o Rusia, sino incluso de otros países”. Ayudan de diferentes maneras: algunas con las manos, otros con materiales, así como hay quien lo hace económicamente.

Durante los 4 años de existencia del refugio de libros, muchas cosas han cambiado. Por ejemplo, los libros se entregaban de forma gratuita. Pero algunas personas comenzaron a hacer trampas: se los llevaban y pasado un tiempo los devolvían como papel para reciclar. Para poner fin a esto, Eugenio puso un precio nominal para cubrir necesidades del refugio: 50 rublos (77 centavos de USD) por cada libro.

En el desarrollo de este proyecto, a Eugenio lo ayudó mucho su tocaya, una chica llamada Eugenia, a la que conoció en Sebastopol. Esta se enteró de su idea atípica y quiso ayudarlo, asumiendo el papel de especialista en relaciones públicas con los medios de comunicación. De este modo, en 2017, el refugio de libros se hizo conocido fuera de la ciudad de Irkutsk. Incluso acudieron personas de Japón y Alemania para la elaboración de reportajes sobre él.

Eugenio llama a los visitantes del refugio de libros “invitados” o “amigos”. La gente acude allí, no solo por libros, sino también para relacionarse, hablar de las noticias y para realizar intercambios de publicaciones.

La casa no solo se convirtió en un depósito temporal de la literatura, sino que también ha acabado siendo un verdadero espacio cultural donde a la gente simplemente le gusta estar. Cada uno busca algo suyo: algunos lo hacen para conseguir literatura profesional, otros para hacerse con revistas antiguas de costura y tejido, como hay quienes se sienten atraídos por este lugar por su ambiente.

Los libros también llegan al refugio de diferentes maneras. A veces, los dejan en el porche. En ocasiones, traen bibliotecas enteras heredadas de los abuelos. Además, los mismos voluntarios del Refugio de libros llevan a cabo campañas para recolectar papel para reciclar, entre el cual, se encuentran nuevos “refugiados literarios”.

A veces, llegan ediciones muy raras y costosas, incluidas de la etapa previa a la Revolución rusa. En el futuro, Eugenio planea organizar conferencias especiales sobre ellos para que las personas no solo puedan conocer más sobre lo que dicen estos libros, sino conocer la edición en vivo.

Eugenio, por su propia cuenta, lleva parte de la literatura a las bibliotecas rurales de la región de Irkutsk. En algunas de ellas, los fondos no se han actualizado durante 5 años o más. Otra parte de los libros se envía a hospitales para que los pacientes locales puedan distraerse gracias a estos.

Es interesante que el fundador del refugio no divida a las personas en “buenas” y “malas”, basándose en el principio de “leer” o “no leer”. Con calma y respeto, habla de aquellos que entregan bibliotecas enteras porque no las necesitan, aunque comprende perfectamente qué tesoros pueden encontrarse allí.

Al fundador de este refugio de libros, con frecuencia, le preguntan sobre si alberga obras específicas. Sin embargo, debido a la falta de tiempo, Eugenio pide a las personas que vengan por su propia cuenta si, por supuesto, no viven muy lejos. Como excepción, los libros pueden enviarse a los nuevos propietarios por correo. Pero aquellos que acudieron a sus instalaciones para conseguir literatura interesante, a menudo regresan con un par de “refugiados” adicionales.

Los libros transportados no se miden en piezas, sino en kilogramos y toneladas. A veces, tienen que recogerse en las casas donde no hay elevador y bajarse de los pisos superiores por su cuenta y riesgo. De esta manera, es mucho más fácil evaluar el peso del trabajo, literalmente. Y Eugenio ya sabe cuánto ocupan dos toneladas de libros en su camioneta.

Entre sus planes futuros se incluyen la construcción de una cálida sala de lectura con un espacio para conferencias y una “zona infantil” especial donde se desarrolle algo interesante para los niños. “Y cuando tengamos un nuevo auto para transportar los libros, probablemente organicemos expediciones de libros a ciudades lejanas, llevando por el mundo más obras literarias”, sueña Eugenio.

A pesar de diversos premios, cartas de agradecimiento oficiales y el hecho de que muchas personas adoran y conocen su proyecto, la carga principal sobre el mantenimiento y el desarrollo del refugio recae sobre su fundador. Él es el único “perpetuum mobile” y autor intelectual de la idea. “Los amigos ayudan, pero principalmente, por supuesto, me dedico a esto yo solo. Es mi pasatiempo favorito, por eso, constantemente, después del trabajo, paso mi tiempo aquí. Me gustaría hacer que el refugio sea aún más cómodo para las personas, para que se sientan bien, seguras y cómodas, comunicándose, conociéndose y leyendo aquí”.

En tu opinión, ¿crees que en tu ciudad hace falta un refugio parecido a este?

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