Un monólogo honesto sobre por qué es importante escuchar a tu madre, pero vivir de manera independiente

“Escucha a tu mamá, no te guiará por el mal camino”. Esta frase se ha quedado firmemente grabada en nuestras cabezas desde la primera infancia. Por un lado, es correcta: los padres tienen más experiencia y desean lo mejor para sus hijos. Sin embargo, si lo piensas dos veces, las reglas que eran relevantes para ellos pueden resultar obsoletas o incluso perjudiciales para nosotros.

Con el permiso de su autora, la psicóloga practicante Anastasia Dolganova, Genial.guru quiere compartir contigo un artículo en el que se analiza detalladamente la pregunta de por qué es importante que cada persona construya su propio sistema de valores.

En cierto sentido, cada familia es una pequeña Inglaterra puritana con sus propias tradiciones que pueden ser acerca de las relaciones, ocio y tareas domésticas. Probadas por generaciones, estas reglas hacen la vida más fácil... a menos que decidamos verlas a través del prisma de la modernidad.

Mi madre siempre decía que había que salar la carne al final de la cocción, que había que lavar las ventanas 2 veces al año y no dejar a un esposo a solas con tu mejor amiga. Ella me enseñó a cortar rodajas de salchicha en dos partes antes de freírlas, a comer sopas para el almuerzo siempre, y, lo más importante, a cumplir mis promesas.

Hasta ahora, ni siendo la hija más obediente del mundo, cumplo su legado, y lo percibo como parte de mí. No me permito dejar de comer sopa, no olvido lavar las ventanas y cumplo lo que prometo. Después de todo, eso es lo que me completa, y hace que la relación con mi madre sea más fuerte. Estas son nuestras tradiciones. Con su ayuda, ella me dio algo que le dio a su propia vida más comodidad y seguridad. Y lo hizo por amor a mí.

Su madre también le transmitió sus tradiciones: hilar lana, cuidar a su esposo alcohólico y manipular a otros con la ayuda de sus enfermedades. Teniendo en cuenta que mi madre compra lana para tejer, y que todo está en orden con sus habilidades sociales y mi padre, ella no usa estas tradiciones. Tuvo que crear sus propias técnicas de comportamiento que fueran más útiles en su situación real que la experiencia de sus antepasados.

Tengo que hacer lo mismo. Por ejemplo, creo tradiciones de actividad literaria independiente o contrato a especialistas en reparación. Mi familia paterna no sabe cómo hacerlo, y estas personas tampoco deberían enseñarme todo lo que, según ellas, podría servirme, porque harían de mi vida una copia exacta de la suya, y eso es imposible.

Esta creación de copias es el significado verdadero de cualquier tradición: actúa de la misma manera que actuaron tus antepasados ​​y no te equivocarás. Hablando generalmente en positivo, este aprendizaje orientado a la supervivencia no siempre se justifica, porque la realidad está cambiando, y las viejas habilidades pueden ser innecesarias, inútiles o incluso francamente dañinas.

Entonces, las tradiciones pueden ser funcionales y disfuncionales. Las primeras cumplen su objetivo: la adaptación de las futuras generaciones a la vida, a la supervivencia de la mejor manera. En las zonas rurales, estas pueden ser tradiciones relacionadas con el cuidado del ganado, el trabajo en el campo y la unión de una familia en una gran comunidad de trabajadores. Esto es funcional, porque cuantas más personas hay en una familia, más trabajo harán, y mejor será su vida, la cual depende de los resultados de su trabajo.

En la ciudad, estas habilidades ya son disfuncionales: una familia numerosa en un departamento pequeño no será un equipo de trabajo efectivo, sino que se convertirá en un grupo de personas que no sentirán una gran simpatía entre ellas. En la realidad de una gran ciudad, el aislamiento es más efectivo.

Lo mismo sucede con cualquier otra tradición. Creada en ciertas condiciones, dirigida a una mejor adaptación a cierto ambiente, deja de funcionar en otro entorno.

Por ejemplo, hoy se ven claramente las tradiciones disfuncionales que se han mantenido desde la época del déficit. Los abastecimientos de comida que nadie comerá, y pensamientos del tipo “no lo tires, ¿qué pasa si algún día te resulta útil? Es una cosa buena”. Nos aferramos a un mal médico, como si no hubiera otros. Permanecemos fieles a una determinada marca de productos (por la misma razón), y vamos a un mal club deportivo (por razones generalmente incomprensibles).

Tomamos esta decisión sin dudarlo, simplemente porque eso fue lo que nos enseñaron, esas tradiciones son las que nos transmitieron, y mi madre siempre decía así.

Gracias a las tradiciones familiares, nuestra vida puede tanto mejorar como empeorar. Para evaluar las habilidades que nos transfirieron y comprender si vale la pena dejarlas en nuestra propia vida de la misma forma, se necesita un proceso llamado “conciencia de las introyecciones”. La introyección es lo que se comunica a los pequeños como verdad, y que nosotros percibimos como honestidad.

La hierba es verde, el cielo es azul, y, en esta vida, debes estar en guardia y no confiar en nadie: todas estas declaraciones que salen de la boca de tus queridos padres se convierten en la verdad absoluta. Y así comenzamos a vivir, hasta que entendemos que las frases como “La Tierra gira alrededor del Sol”, y “si no limpias el inodoro dos veces al día, entonces tu esposo te dejará” tienen el mismo valor en nuestra cabeza.

Para notar estas creencias ineficaces necesitamos la experiencia de vivir fuera de nuestra familia. Una vida independiente en la que nos da la oportunidad de entender: ¿es realmente necesario cocinar 3 platos para un almuerzo todos los días? ¿Me gusta no creerle a nadie? ¿Estoy de acuerdo con vivir toda mi vida rodeado de 2 perros y 3 gatos? ¿O es un dolor de cabeza para mí?

Todo esto es conciencia de las introyecciones. Es necesario sobreestimar las reglas y tradiciones aprendidas de la familia parental para corregir actitudes innecesarias. Al final, cada uno de nosotros, a su vez, es responsable de crear comportamientos nuevos y más útiles, y transmitirlos a nuestros hijos en forma de tradiciones, con el fin de usarlos para crear nuestra propia familia, unida y feliz.

Entonces, escucha a mamá, pero vive de manera independiente.

¿Qué te pareció este monólogo? ¿Sigues todas las tradiciones que te transfirieron tus padres? ¿O prefieres crear las tuyas? Cuéntanos en los comentarios.

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