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“Si necesitas algo, dímelo”, un relato contundente de por qué hay que prestar atención a esta frase para detectar a una pareja indiferente

Es bien sabido que las palabras revelan toda la actitud de una persona hacia nosotros, además de que son capaces tanto de herir como de alegrar. En el texto que encontrarás a continuación podrás leer una historia en la que con tan solo una frase se descubrió a parejas indiferentes.

Genial.guru publica este relato con permiso de la neuróloga María Panova.

—Al parecer, he descubierto una fórmula universal para detectar a un hombre que es un cero a la izquierda. Siempre me ha servido.

Esto fue lo que le dijo Inés a su amiga, María, mientras estaban en la cocina. María miró a su amiga atentamente y ella continuó:

—Todo es muy sencillo. Los hombres usan una frase que los revela, aunque suene inofensiva. Algunos incluso la perciben como un signo de cuidado. Es la siguiente: “Si necesitas algo, dímelo”.

—Pues, nada especial. Todos ellos la dicen.

—No-o.

A continuación, Inés le contó una historia.

Pedro era un chico bueno: joven, atlético, y tenía buen gusto. Usaba pantalones de mezclilla que le quedaban bien a su figura. Para almorzar solo llevaba comida saludable. Se negaba a comer las donas y las rebanadas de pizza que sus colegas le invitaban, dado que cuidaba de su figura. A veces leía libros que estaban de moda. Escribía sin errores. Hablaba con un buen tono de voz, de forma clara y segura.

En pocas palabras, era un buen partido. Su relación duró medio año.

Una vez al mes, Pedro invitaba a Inés a un restaurante asequible, pagaba la cuenta y dejaba el 10 % de propina. No le daba regalos. También participaba de forma activa en la relación. Por ejemplo, se compadecía de ella cuando enfermaba, le enviaba fotos divertidas con gatos, y se interesaba por sus planes profesionales a futuro.

Una vez le preguntó a Inés sobre la relación con sus padres, si tenía hermanos, y luego le hizo una pregunta sin tacto: “¿Qué tan grande es el departamento en donde viven tus papás? ¿Planean incluirlo en la herencia?”. Y eso fue todo.

Inés lo percibía como una bolsa de ensalada lista para servirse. Al parecer, todo estaba limpio y tenía una mezcla de diferentes hojas en su composición, con vitaminas y minerales. Pero la sensación final era solo una simple ensalada y nada más. Sin sentir alegría, por mucho que la condimentaras.

“Y nada más”.

Cuando la mamá de Inés se enfermó, le dio una crisis hipertensiva. Los médicos de la ambulancia se asustaron, ya que sospechaban de un derrame cerebral, pero afortunadamente no pasó nada. Bueno, eso sucedió e Inés se quedó con ella. Estuvo con ella durante una semana y dormía en el sofá en otro cuarto. Le compró medicamentos y un bonito pastillero. Iba a la tienda con su madre, porque el médico le había recetado una dieta, y su mamá podría agarrar sin querer salchichas para desayunar o un sobre de avena instantánea para cenar. En pocas palabras, había gastos y problemas. Había que llevarla a las citas con los doctores y hacer revisiones médicas. Estaba tan ocupada que ni siquiera tenía tiempo para llamar a Pedro.

Él mismo la llamó a los 6 días. Inés le contó sobre su mamá. Pedro tartamudeó un par de segundos y luego le dijo de forma clara:

—Bueno, pues. Si necesitas algo, dímelo, ¿okey?

En cuanto Inés abrió su boca para decirle que necesitaba algo. Y no se trataba de dinero, sino de apoyo y participación en esta situación...

Pedro ya había colgado el teléfono.

Después, Inés tuvo otro novio.

Le gustaba contar que trabajaba en el hospital general y ocupaba un puesto importante. ¡Un experto en el campo de la medicina que tenía todas las puertas abiertas y era bienvenido en todas partes! Inés, si necesitas algo, dímelo.

Inés no le decía nada. Porque era extraño decirle: “Regálame flores”. Le encantaban los lirios, pero también estaría contenta con otras. Sin embargo, el doctor Víctor no le daba flores.

Aún más extraño era decir: “Cuando regreses a la hora de la cena, tráeme unos panecillos de mi pastelería favorita. Puedes traerme también un pedazo de queso azul”. Porque el doctor Víctor, un hombre muy ocupado, llegaba a la casa de Inés los viernes por la noche justo después del trabajo. Y siempre llegaba con las manos vacías.

En pocas palabras, Inés nunca tuvo la oportunidad de decir lo que necesitaba. Ella terminó bloqueando el número de teléfono de Víctor.

Para ti, ¿qué frases se consideran una señal de alarma?

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