Viví un mes gratis en un castillo de Francia, escapé y decidí nunca volver

Hace unos seis meses, pensé en lo que estaba haciendo mal con mi vida. Tenía un trabajo aburrido de 9 a 5 que no me traía placer ni aportaba significado a mi vida. Pero luego recordé que en los países occidentales existe un fenómeno denominado año sabático, un año que los graduados de la preparatoria toman antes de ingresar a la universidad para descansar, viajar y, en general, entender qué es lo que quieren hacer con su vida. Me di cuenta de que un descanso como ese era exactamente lo que necesitaba. Como no tenía ahorros para financiarme, decidí probar el camino del voluntariado.

He decidido contarles a los lectores de Genial.guru mis impresiones y por qué culminé mi proyecto antes de lo previsto.

Cómo convertirse en voluntario

Puedes encontrar un proyecto de voluntariado en varios sitios, como WorldpackersWorkaway. Es extraño, pero aunque las personas quieran trabajar gratis, a veces tienen que pagar extra por esta oportunidad. Para registrarse en el primer sitio, debes pagar aproximadamente 50 dólares al año, pero yo no lo hice. Los voluntarios más experimentados dicen que, utilizando este recurso, se puede averiguar el nombre del anfitrión (u organización anfitriona), y luego encontrar contactos de acceso gratuito y escribirles directamente.

Después de considerar varios proyectos, me detuve en el más atractivo. Un château, es decir, castillo, del siglo XII en el sur de Francia necesitaba asistentes. Por unas cuantas horas de trabajo en el jardín, el restaurante o en la cocina, el anfitrión ofrecía una habitación privada con ducha, 3 comidas al día, y la oportunidad de aprender cocina francesa. Esto me interesó tanto que decidí enviarles un correo electrónico.

No sé francés, pero en mi juventud pasé un año aprendiendo inglés en cursos. Por lo tanto, no tuve problemas de comunicación con mi anfitrión, quien hablaba bien el inglés. En el correo adjunté mi CV y ​​una carta de motivación que explicaba por qué quería trabajar con ellos. Luego recibí la respuesta: sí, necesitan empleados a fines de febrero y estaban listos para recibirme. Comencé a prepararme.

Ubicación y naturaleza del trabajo

Antes de participar en el proyecto, vivía en una ciudad europea, y los viajes habían jugado un papel importante en mi vida. Por lo tanto, para ese momento ya sabía cómo planificar un viaje con un presupuesto limitado. Volé desde Polonia, el boleto a París me costó alrededor de 50 dólares. Desde París, viajé en autobús a la ciudad de Biarritz, en el sur; fueron 11 horas, pero el boleto costó solo 0,99 euros. Habiendo superado el impresionante viaje, me sorprendió saber que teníamos que conducir aproximadamente una hora más hasta el destino. Como resultado, me encontré en un desierto tan desesperado que quedé impresionada.

Pueblo Moumour.

Moumour es un pueblo pequeño con poco menos de 850 habitantes. En su centro se encuentra el castillo, que fue restaurado de las ruinas por el actual propietario y se convirtió en un hotel. Fue allí donde tuve que trabajar. También tenía que quitar la maleza del jardín cuando el castillo recibía invitados y el chef preparaba la cena para ellos.

Llegué al castillo en la temporada baja, así que había poco trabajo. Por otro lado, cuando teníamos huéspedes, tenía que trabajar muy duro. Pero no como asistente de chef, sino como lavaplatos, lavando la gran cantidad de platos sucios que se forman al cocinar los alimentos. También me pidieron que asistiera a los invitados y trabajara como camarera, además de servir las mesas. No conozco todas las sutilezas de la etiqueta de la mesa, así que no fue fácil.

A decir verdad, a veces había tareas de cocina. Cortar las frutas fue una verdadera prueba para mí. Mi mano se rehusaba a obedecer, por lo que las rodajas me salían demasiado gruesas y el chef las rechazaba de inmediato. Tuve que invertir mucho tiempo, esfuerzo y naranjas para entender el principio. Pero ahora no soy mejor cortando frutas, pero no sé qué tan útil sea en la vida.

Me interesaba estudiar las complejidades del trabajo del hotel y restaurante desde el interior, pero pasaba poco tiempo en la cocina. En su lugar, me pidieron que hiciera un trabajo que, en mi opinión, era bastante sin sentido: sacar la hierba del estacionamiento de grava.

Vista desde la zona del castillo.

Inicialmente, acordamos que llegaría a fines de febrero y terminaría a finales de abril. Como resultado, me quedé solo un mes en lugar de dos. Cuando llegué, el dueño, un holandés llamado Larry, me dijo que iba a vender el castillo, por lo que no podía quedarme por mucho tiempo. Pronto me di cuenta de que era lo mejor. Resultó que contratar voluntarios era una práctica común para los propietarios. No mantenían empleados a tiempo completo, sino que reclutaban voluntarios uno por uno. Como resultado, prácticamente no había más personas excepto yo, el propietario y el agente que vendía el castillo.

Yo no vivía en el castillo, sino en una casita para invitados.

Mi recámara.

Me aburrí muy rápido. Siendo introvertido por naturaleza, soporté la soledad con paciencia. Sin embargo, tener una comunicación amistosa y amigable con otras personas era muy importante para mí. Desafortunadamente, entre los aldeanos no pude encontrar a alguien con quien simpatizar, así que realmente quería escapar rápidamente del lujo de esos fríos interiores hacia la libertad.

Viajes

El propietario del castillo mismo me ofreció viajar y me dio tiempo libre para hacerlo. Pero no es tan fácil de hacer cuando vives lejos de grandes ciudades. Por consejo de Larry, fui a la ciudad española de San Sebastián, que queda a una hora y media en transporte directo. Sin embargo, tuve que hacer dos escalas.

Pau, ciudad de los pirineos franceses.

En primer lugar, me llevaron a la ciudad más cercana Oloron-Saint-Marie. Desde allí tomé un tren a la ciudad de Pau. Y solo allí pude trasladarse en autobús a San Sebastián. Ese fue mi primer viaje a España, me gustó mucho allí.

San Sebastián.

Playa de San Sebastián.

Regresé después de 2 días felizmente asombrada y con el deseo de ver aún más países y ciudades. Así que Larry, habiendo visto mi entusiasmo por viajar y su completa falta de trabajo en el castillo, me ofreció partir a mediados de marzo. Sin pensarlo dos veces, accedí. No lamenté dejar el ya odiado césped con maleza para escardar, y la alta cocina francesa no me impresionó mucho.

Expectativas, realidad y planes

En mi viaje, esperaba aprender a cocinar bien y aprender un montón de recetas francesas. De hecho, el chef solo me permitió ver la preparación de las salsas, y los platos tradicionales franceses siempre me daban dolor de estómago. Ya había estado en París antes y me sorprendió que solo desayunaran croissants y baguette con mantequilla y confitura. ¿Resulta que solo es pan, grasa y azúcar? No está muy claro cómo, con semejante dieta, los franceses logran mantener su figura. Los platos serios resultaron ser aún más difíciles: la abundancia de aceite vegetal, en el que se preparan la mayoría de los platos, no dejó oportunidad para una vida saludable.

En mi opinión, el voluntariado es una oportunidad para hacer algo bueno por personas que lo necesitan. No encaja con la imagen de un millonario: el propietario del castillo que no quiere pagar por empleados. Entonces, sin dudar, decidí que quería continuar mi viaje en España.

¿Que si me decepcionó? De ninguna manera. Me sentía en soledad en el desierto francés sin la posibilidad de comunicación con alguien que no fuera un holandés millonario. Pero le agradezco la oportunidad de sumergirme en otra cultura. No obtuve ninguna habilidad culinaria especial, pero me di cuenta de que cocinar para mí es una cuestión de mi estado de humor. Si tengo ganas, me esforzaré en hacer un gratín, y si no tengo ganas, ordenaré comida de un restaurante.

La historia del propietario del castillo, que fue su dueño durante unos 20 años, fue una muy buena lección para mí. Al final decidí vender mi negocio para finalmente cumplir mi sueño. Larry quiso dibujar desde que tenía 16 años, pero sus padres no lo apoyaron, lo que lo obligó a convertirse en economista. Como resultado, a la edad de 65 años, ingresó en la escuela de arte en Florencia. Me di cuenta de que no debía esperar tanto para ser feliz.

En cuanto a la participación en proyectos de voluntariado, decidí que me gustaría volver a tener esa experiencia. Pero en el futuro, tendré más cuidado al elegir un proyecto en el que no solo sea mano de obra gratis, sino también ofrezca un beneficio.

Consejos para elegir un proyecto de voluntariado

Busqué un anfitrión por mi cuenta, a mi propio riesgo. Sin embargo, hay organizaciones sin fines de lucro que ayudan a voluntarios a encontrar proyectos de forma gratuita. Recomiendo suscribirse a sus redes sociales e informarles sobre tu deseo de convertirte en voluntario. Algunas llevan a cabo una entrevista preliminar para comprender cuál es tu motivación y te ayudan a navegar por la variedad de proyectos.

Hay varios programas para voluntarios. Algunos cubren completamente todos los gastos hasta los boletos de ida y vuelta, otros ofrecen una pequeña remuneración por el trabajo. Después de haber estudiado la información en los sitios de programas de voluntarios o de organizaciones de asistentes, puedes elegir el proyecto que más te convenga y obtener una experiencia de voluntariado inolvidable.

¿Qué opinas del voluntariado? ¿Alguna vez has sido voluntario? ¡Cuéntanos tu experiencia en los comentarios!

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