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10+ Mujeres que han elegido la profesión de taxista y ahora siempre tienen una historia que contar

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La idea obsoleta de que todas las profesiones se dividen en masculinas y femeninas se está convirtiendo gradualmente en una cosa del pasado. Sin embargo, muchas personas todavía se sorprenden cuando piden un taxi y descubren que los va a llevar una chica. De una forma u otra, las representantes de esta profesión siempre tienen una historia que contar.

Genial.guru respeta a las mujeres que destruyen los estereotipos de género al dominar un tipo de actividad tan atípica y particular. Las protagonistas de nuestra selección de hoy son taxistas que se enfrentaron a experiencias verdaderamente inolvidables en su trabajo.

  • Cuando estaba de baja por maternidad, me puse a manejar un taxi. Un grupo de hombres elegantemente vestidos estaba haciendo señas fuera de un restaurante. Subieron a uno en el auto y pagaron por adelantado. Tuve que hablar con él todo el camino. Llegamos al lugar, me dio dinero. Le dije que sus amigos ya me habían pagado. Y de repente respondió: “Joven, le daré más dinero, converse conmigo un poco más”. © María Sorokina / Facebook.com

  • Tenía el cuello duro. El dolor no era fuerte, pero soy taxista, tenía que voltear la cabeza y no podía. Salí a trabajar igual y se subió una chica. Al darse cuenta de mis maniobras incómodas, comenzó a preguntarme qué me pasaba. Luego pidió que detuviera el coche. El deseo del cliente es la ley. Me sacó a la calle, presionó levemente algunos puntos del cuello y de la nuca, ¡y el dolor cesó! En respuesta a mi asombro, dijo que era veterinaria y que así sacan a los caballos. © “Oídoporahí” / vk

  • Fui al trabajo en taxi. La taxista era una joven con 5 meses de embarazado muy conversadora. Estaba aburrida de estar todo el día sentada en casa, así que se puso a manejar un taxi. © koritZZa / twitter

  • Me tocó una increíble señora de 55 años en un pequeño auto bien cuidado, que charlaba dulcemente sobre lo que fuera y mantenía una conversación sobre cualquier tema; y a la vez conocía todos los rincones y recovecos de la ciudad y rodeó un enorme atasco en 5 minutos a través de un pasaje mágico. He vivido en esa zona toda mi vida, estuve en ese embotellamiento durante 3 años casi todos los días laborables y ni siquiera sospechaba de la existencia de ningún desvío, al igual que muchos otros taxistas con los que viajaba. © timeta / pikabu

  • Fue por Navidad. Subió un anciano, me pidió que lo llevara a la tienda más cercana, lo esperara y luego lo llevara a una dirección. Estuve esperando unos 15 minutos, el taxímetro seguía encendido. El hombre salió de la tienda solo con una caja de bombones caros, seguimos en silencio el resto del camino. Pagó y... me entregó los bombones a mí, me felicitó por las fiestas y se fue con una sonrisa misteriosa. ¡Gracias, Santa Claus! © Olga Blum / Facebook.com

  • Durante todo el camino, el pasajero habló sin parar, al final del viaje decidí mantener la conversación y me quejé de que a veces me dolía la cabeza después del turno. Él respondió: “Es porque hablas mucho”. © Natalya Kasem / Facebook.com

  • El pasajero: “Oh, conduces con mucho cuidado. Llevas mucho tiempo conduciendo, ¿no?”. “Oh, bueno”, respondo, “saqué la licencia en julio”. El pasajero se congela, puedo escuchar la vena pulsando en su sien. Añado: “de 1992”. Risas, diversión, casi abrazos y maravillosa salvación. © timeta / pikabu

  • En Viena, una musulmana mayor vestida con un hiyab me llevó al aeropuerto. Quedé perpleja cuando agarró valientemente mi pesada maleta en el vestíbulo del hotel. © Julia Ryabkova / Facebook.com

  • Una vez, pedimos un taxi en Roma. Se tarda 25 minutos en llegar al aeropuerto desde el hotel. Éramos 4 personas: 2 adultos y 2 niños. Llega una minivan negra con vidrios polarizados. Creímos que no era para nosotros. Pero sí, ese era nuestro taxi. Y luego salió el conductor, o más bien, salió una mujer de unos 30 o 35 años, esbelta, con una falda corta de cuero negro, una chaqueta de cuero sobre una camiseta, con el pelo largo y oscuro suelto y lápiz labial rojo. Los cuatro nos quedamos paralizados. Solo recobramos el sentido cuando ella estaba a punto de poner nuestras maletas en el maletero. Menos mal que mi esposo pudo agarrar todo más rápido que ella y arrojarlo al maletero, o habría sido hasta un tanto embarazoso. © Irene Mal / Facebook.com

  • Uno de mis recuerdos más vívidos de un viaje en taxi: estaba en una estación de tren a las 3 de la mañana con una maleta pesada y una bolsa enorme igual de pesada. Llamé a un taxi, esperando que llegara un hombre y por un cargo adicional me ayudara a subir las cosas al cuarto piso de un edificio sin ascensor... Llegó una conductora con un embarazo avanzado. P. D.: Subí mis cosas y la conductora esperó hasta que le di una señal de que todo estaba bien. © Yulka Ryzhaya / Facebook.com

  • Pedí un taxi, llegó un veloz Toyota Allion. Me senté en el asiento trasero, y repetí la dirección mientras miraba algo en mi teléfono. Subí la vista al conductor y me di cuenta de que había una chica detrás del volante.
    Yo: “Hol... Oh, vaya... Sabes, eres la tercera mujer taxista que encuentro”.
    Conductora: “¿En serio?”.
    Yo: “En serio. Para mí esto es exótico. ¿Por qué lo haces?”.
    Conductora: “Realmente necesito dinero, decidí intentarlo. De hecho, eres mi primer pasajero”.
    ¡Siempre es agradable ser el primero! Aunque sea como pasajero. © Sunir / pikabu

  • Llamé un taxi a medianoche. Llegó. Conducía una chica. Me senté y empezaron a hablar. Resultó que ella tenía 6 meses de embarazo. Pregunté “¿El primero?”. “El tercero”, respondió. “¿Y tu marido te deja salir a trabajar?”. “Me cuesta aún más estar en casa con ellos tres. Comienzo a ponerme histérica, así que mi marido me deja ir solo para no oír mis gritos”. © Irina Yakovenko / Facebook.com

  • Una vez, pedimos un Uber, y la conductora no solo era una chica, sino que era nuestra compañera de la universidad. Conducía de 10, intercambiamos un montón de chismes sobre la universidad. © Usuario anónimo / TheQuestion

  • Me he encontrado con taxistas mujeres varias veces. No me dejaron ninguna impresión especial, ni negativa ni positiva. A excepción de una joven y guapa mulata, que de inmediato declaró que habla nuestro idioma, inglés y yoruba. Y a mi pregunta sobre con qué frecuencia tiene que comunicarse en yoruba en nuestro país, se rio y dijo que por lo general no tiene que hablar yoruba, sino que responder a la pregunta de los pasajeros “¿Qué es yoruba?”. Como taxista, era la mejor: conducía muy suavemente y, al mismo tiempo, rápido; conocía bien la ciudad, mantuvo una conversación agradable conmigo y con mi esposa. Nos dejó una impresión muy agradable. © Kit Suhoputniy / TheQuestion

  • Tenemos un café llamado “Hostal” en la ciudad. Empecé a tener contracciones (tenía 9 meses de embarazo), así que tuve que llamar un taxi. Había una chica al volante, le dije: “Al hospital”. Y ella le dijo a la base: “Café ’Hostal’ centro”. Yo, retorcida de dolor y de risa, dije que lo que necesitaba era ir al hospital, ya había ido a suficientes cafés y señalé mi barriga. Entonces ella se dio cuenta de lo que pasaba, me llevó muy rápido y no me cobró el viaje. Mi hijo ya tiene 10 años, pero siempre recuerdo esta historia. © Lyudmila Kharitonenko / Facebook.com

¿Tienes alguna mujer conocida que trabaja en un taxi? ¿O, tal vez, alguna vez te llevó una taxista a la que recordaste por mucho tiempo?

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