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“La Malinche”, una mujer que fue abandonada, vendida, esclavizada y acusada de traicionar a su pueblo

Cuando se trata de contar la vida de alguien, cada quien puede tener su propia versión de los hechos. Pero si hablamos de personajes importantes y cruciales en la historia de un país, pueden existir muchas versiones diferentes. “La Malinche” fue una mujer indígena que estuvo al lado de Hernán Cortés durante la conquista del Imperio azteca, y fungió como traductora para que este hombre pudiera comunicarse con las comunidades. Sin embargo, ¿cuál es el comienzo de su historia?

Genial.guru investigó más acerca de la vida de esta mujer para compartir más datos sobre ella contigo. Después de todo, aunque muchos pueden considerarla una persona que traicionó a su pueblo y causó muchas desgracias en México, su vida estuvo llena de sufrimiento y opresión.

La verdadera historia de la Malinche

Su nombre era Malinalli, el cual significa “trenzar sobre el muslo”, pero, posteriormente, este se transformó en Malintzin. Se cree que nació entre el año 1500 y 1505, cerca de lo que ahora es el territorio de Coatzacoalcos, Veracruz. Esta mujer vivió en una época difícil y en un mundo temible, pues, un día podías estar rodeado de admiración y respeto, y, en otro momento, podías estar lleno de aborrecimiento y ser repudiado por todos. Su niñez duró muy poco, y toda su vida estuvo marcada por el dolor y la injusticia. A pesar de que tenía la posibilidad de dirigirse por un camino lleno de estudios que la ayudaría a tener un futuro prometedor, todo se interrumpió con la muerte de su padre.

Una niña con el corazón roto

Perder al hombre que le había dado la vida fue algo desgarrador. Su padre pasaba muchas noches en vela porque le gustaba contemplar las estrellas, y, algunas veces, su hija era su acompañante. Cuando estaba con él, el mundo de aquella niña parecía ser perfecto, pero todo terminó el día en el que unos extranjeros llegaron a su pueblo. Los señores vestían prendas de algodón que parecían ser muy finas, su cabello estaba recogido, y en las manos sostenían bastones de madera perfumada y un montón de flores con un aroma que mareaba.

Sus intenciones no eran las mejores, pues pretendían que el padre de Malintzin empobreciera a su pueblo para que ellos pudieran recaudar mayores tributos. El hombre se negó, así que lo apresaron y sacrificaron en una ceremonia en donde le arrancaron el corazón.

La madre de Malintzin volvió a casarse, y el lugar de su padre fue ocupado por otro cacique mexicano. Al cumplir 7 años, ellos la hicieron pasar por muerta para venderla a los pochtecas, unos traficantes de niños, pues tuvieron a otro hijo que querían como heredero, y la existencia de esta niña representaba un verdadero estorbo.

Al darse cuenta de todo lo que estaba ocurriendo, el corazón de la pequeña se destrozó por segunda vez, pues su madre se había atrevido a entregarla sin remordimientos y sin pensar en que su esposo se había ido tranquilo porque creía que había dejado a su pequeña en buenas manos. La niña se convirtió en una esclava que trabajaba y satisfacía los deseos de sus amos sin descanso. Sus días se transformaron en una rutina llena de maltrato y agotamiento.

Doña Marina y Hernán Cortés

Después de servir en Potonchán, la joven fue vendida a otro cacique y trasladada a Tabasco. En 1519, el español Hernán Cortés llegó a esa costa, y, aunque no era su intención, se enfrentó con los nativos que allí vivían porque el cacique que gobernaba el territorio no desistía de la guerra. Muchos hombres murieron, y, después de que la comunidad se declarara derrotada, Malintzin comenzó a sentir mucha curiosidad de averiguar cómo eran aquellos extranjeros y los caballos que montaban. Después de unos días, 20 doncellas fueron entregadas a Cortés como símbolo de reconciliación y muestra de paz, y una de ellas era Malintzin, una joven de apenas 15 años.

Dirigirse hacia ellos no era una cosa sencilla, pues aquella joven había sido testigo de todo el daño que habían causado. Tenía muy en claro que, en cualquier momento, podrían hacerle daño con una de sus espadas. Pronto se les indicó a todas que debían ser bautizadas, y ella recibió el nombre de Marina. Todas las mujeres fueron repartidas entre los caballeros españoles, y ella fue entregada a Alonso Hernández Portocarrero, un familiar de Cortés.

Todos partieron hacia San Juan de Ulúa, y fue allí donde descubrieron las habilidades que Marina tenía con el náhuatl y el maya, pues comenzó a traducir todo lo que decían los mexicanos para que su capitán lograra tener una comunicación efectiva con ellos. Cortés le decía todo a Jerónimo de Aguilar, un español que tenía conocimiento de la lengua maya y, posteriormente, él se encargaba de hablar en maya con Marina para que ella transmitiera el mensaje en náhuatl a los nativos.

De esclava a intérprete

Hernán Cortés envió a Portocarrero a España para que le entregara una carta al rey. De esta manera, no habría ningún problema entre él y Marina. La convirtió en su intérprete, y dejó de ser una simple esclava para convertirse en una pieza clave de la expedición española. Comenzó a ganarse el respeto de los extranjeros, tanto así que la nombraron “doña Marina”. Con el tiempo, también aprendió castellano, y pudo comenzar a traducir los mensajes a Cortés de una manera más rápida y exacta.

Se acercaba el momento de ir hasta el corazón del país: México-Tenochtitlán, y, en ese viaje, sus servicios serían determinantes para la conquista española.

Después de la caída de Tenochtitlán

Muchos pueblos se unieron al ejército de Cortés porque estaban cansados del régimen mexicano con el que tenían que vivir. En 1521, tras la caída de Tenochtitlán, Marina vivió junto a Cortés y tuvieron un hijo al que llamaron Martín. Este fue considerado como uno de los primeros mestizos de la Nueva España. Sin embargo, en 1524, Cortés arregló el matrimonio de Marina con Juan Jaramillo, un capitán español, y de ese matrimonio nació una niña a la que llamaron María.

Durante este viaje, aquella niña que fue vendida y que ya era toda una mujer tuvo la oportunidad de pasar por el lugar que la vio crecer. Encontró a su madre y a su hermano, pero no tuvo intención de hacerles daño, a pesar de lo que había ocurrido en su niñez. Los perdonó y les entregó algunos regalos como consuelo. Después de que la expedición hondureña terminó, Marina se instaló con su esposo en México, y fue separada de su hijo, quien quedó a cargo de un familiar de Cortés.

Se desconoce la fecha de su muerte y las causas exactas. Algunos creen que fue asesinada en 1529, bajo la orden del mismo Cortés, siendo traicionada y no traicionera, como muchos consideran. Aunque fue la llave que abrió el territorio de lo que hoy es México para los españoles, fue una mujer que enfrentó como pudo las adversidades que fueron apareciendo en su vida. No solo ella hizo posible la conquista, sino que otros pueblos también formaron parte del apoyo que recibieron los españoles.

El “malinchismo”

Malinchismo es un término que se utiliza para referirse a un complejo social que prefiere lo extranjero y menosprecia lo que es propio. La palabra deriva de “Malinche”, el apodo que recibió doña Marina a causa de su preferencia por el conquistador español en lugar de favorecer a los suyos.

La Malinche fue la lengua y amante de Hernán Cortés, una mujer despojada de su hogar, abandonada a su suerte, vendida, esclavizada y culpada por tomar las riendas de su vida e intentar sobrevivir en un mundo lleno de abusos e injusticias. ¿Realmente podría ser considerada una “traidora”?

¿Qué opinas de esta historia? ¿Qué otra versión conoces sobre la vida de doña Marina? Cuéntanos en los comentarios.

Ilustrado por Leonid Khan para Genial.guru