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Modelo y bailarina “plus size” nos contó su historia y cómo demostró que el “ballet” no es solo para personas delgadas

Júlia Del Bianco es una bailarina que lleva en el mundo de la danza más de 30 años. Además, es licenciada en Danza en la Universidad de Campinas (Unicamp), en San Pablo, Brasil, y creadora de la escuela “Dance For Plus”, en la cual da clases de ballet a cualquier persona que quiera tomarlas, dejando de lado los estereotipos impuestos por la sociedad.

Genial.guru habló con Júlia para conocer su historia en profundidad, para compartir su ejemplo de lucha y perseverancia por lograr sus sueños.

Júlia comenzó a practicar ballet cuando era muy pequeña: “Empecé cuando tenía 3 años, en la escuela infantil. A los 6 años fui a una academia de baile especializada. Hoy tengo 33, así que son 30 años de danza. Siempre bailé y siempre quise bailar. No recuerdo cuándo elegí el ballet o cuándo escogí ser bailarina, porque, para mí, siempre quise hacerlo. No puedo separar mi vida de la danza”.

Al comienzo, a Júlia le resultó difícil combinar una danza que parecía creada para personas con un prototipo de cuerpo extremadamente delgado con su figura curvilínea: “Empecé muy joven y no tuve problemas para entrar. Pero en la adolescencia, la forma en que me trataban cambió, porque, aunque era delgada, no tenía el patrón corporal de una bailarina. Mi cuerpo era más curvilíneo de lo esperado. Esto me limitó de muchas maneras, ya que asociaban esto con mi habilidad para bailar. Aunque tenía técnica y buena experiencia, como no tenía el cuerpo ideal, no pensaba que fuera lo suficientemente buena. No sentía que merecía intentar aprovechar las oportunidades que se presentaban, porque no tenía el cuerpo que la gente esperaba”.

“Como nunca tuve el cuerpo estándar, muchos me dijeron que debería rendirme. Personas que ya bailaban, amigos o incluso parientes más lejanos. Afortunadamente, mis ganas de bailar siempre fueron mayores, así que fui terca e insistí”, explica ella, y, por suerte, siguió insistiendo, porque con el tiempo quedaría demostrado que podía lograrlo.

La imagen mostrada por el ballet y sus grandes compañías puede ser contraproducente a la hora de pensar en esta actividad de otra manera: “Nos limita a hacer algo solo como profesión y no por placer o diversión, o incluso no nos deja verlo como un arte capaz de complementarnos. El patrón corporal de la danza también tiene mucho que ver con el patrón corporal ideal del momento. Hoy vemos que el cuerpo extremadamente delgado muchas veces no es saludable, pero no siempre se lo consideró así, y esto todavía lleva a muchos bailarines a maltratar sus organismos para alcanzar este estándar”.

Júlia tiene su propia escuela de danza, la cual comenzó hace ya algunos años: “Cuando empecé a exhibir mis fotos y videos como modelo y bailarina en las redes sociales, recibí muchos mensajes de personas que contaban sus historias con la danza. En estas, el cuerpo siempre fue un factor que hizo que el sujeto dejara de bailar: por el acoso de otros bailarines o profesores, e incluso por los padres, quienes, en ocasiones, ni siquiera inscribían a sus hijas en ballet para evitar que sufrieran con los prejuicios. Como soy educadora y licenciada en Danza, decidí aplicar mis conocimientos y los principios que ya usaba para dar clases al público plus size o para quienes no se sentían cómodos y representados por las escuelas de danza tradicionales. Para mí, la danza y el ballet fueron hechos para todos, así que crear ’Dance For Plus’ fue una forma de poner esto en práctica”.

“’Dance For Plus’ va más allá de un número de estudiantes y una escuela en línea. Es una comunidad para que la gente vea la danza no como un castigo o algo para lograr un cuerpo esperado, sino como diversión, placer, bienestar y un sitio para disfrutar más de ese maravilloso arte. Tiene una propuesta diferente a la tradicional”, explica Júlia sobre su escuela, en la cual actualmente cualquier persona puede tomar clases de manera virtual.

Las nuevas generaciones se hacen sentir, y uno espera que en el futuro ninguna persona tenga que sufrir discriminación o sentirse incómoda con su propio cuerpo para poder bailar: “Necesita hallar un lugar acogedor que acepte su figura. Nadie puede evolucionar si se encuentra en un entorno de presión, especialmente si no practica la danza como profesión. Un profesional capacitado que sabe lidiar con diferentes tipos de cuerpos, desde el docente hasta el personal de la escuela, marca la diferencia”.

“Hazlo. No esperes que todo sea perfecto o que tengas un cuerpo ideal. No pospongas algo que te hace bien por miedo. Si no nos arriesgamos y no lo intentamos, cometemos errores e insistimos en que nunca podremos hacerlo bien. Es posible trabajar la coordinación motora, la flexibilidad y el ritmo. El logro de hacer lo que te gusta no debe demorarse” es el consejo final de Júlia Del Bianco. Sin duda, una inspiración a la hora de animarse a hacer lo que uno tiene ganas, sin dejarse influenciar por la sociedad.

¿Alguna vez quisiste practicar algún deporte o incursionar en una profesión y te sentiste discriminado? ¿Volverías a intentarlo hoy en día?

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