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Por qué la tristeza nos puede quitar o dar más hambre

Las emociones, como lo es la tristeza, están relacionadas con el apetito, pues es común que utilicemos la comida en respuesta a cómo nos sentimos. Por eso, cuando algo no anda bien, y nuestro ánimo no es el mejor, puede ocurrir que aumentemos nuestro consumo de comida o lo reduzcamos, llegando incluso a perder el apetito.

Una ruptura amorosa, al igual que otras situaciones en nuestra vida, pueden derivar en tristeza. Genial.guru recabó algunos datos de cómo este escenario nos puede llevar a no pensar en comida, no tener hambre o comer solo un poco.

El dolor de un corazón roto se siente en el cuerpo

Un corazón roto sin duda lleva al dolor, y este se registra en el cerebro del mismo modo que el dolor físico, por lo que realmente causa un daño a nuestro cuerpo. El estrés ocasionado por sucesos que nos llevan a la tristeza deriva en la producción de una hormona llamada cortisol, que está diseñada para activar una respuesta de huida ante el peligro. Esta hormona puede causar diversos síntomas físicos y mentales relacionados con ese momento de angustia, como ansiedad y náuseas.

Esas sensaciones desagradables, que es posible que incluyan, además, la tensión de los músculos y la impresión de tener un nudo en el estómago, pueden generar dificultades para percibir las señales de hambre.

Nuestra mente se concentra en la tristeza

En ese momento de tristeza, de igual manera, la adrenalina en el cuerpo y la frecuencia cardiaca aumentan, y nuestro cuerpo entra en “modo supervivencia”, lo que puede ser otra razón para que el hambre pase de ser algo muy importante a una prioridad menor. En tanto, el dolor que puede ocasionar no ingerir comida, es suprimido por nuestro organismo haciendo más lenta la digestión.

El sabor de la comida puede parecernos desagradable

Incluso, durante esa etapa del fin de una relación, ya sea con una pareja, amigo o alguien cercano, la comida puede sabernos distinto, hasta ese postre que tanto nos gusta o los chocolates a los que normalmente les decimos que sí, sin importar el momento. Esto sucede justo al contrario que cuando nos enamorados y producimos una hormona de nombre oxitocina, la cual nos hace sentir seguros e incluso llegar a comer más. Al enfrentar el desamor podríamos llegar a sentirnos inseguros y con pocas ganas de alimento.

La tristeza también puede causar que comamos más

Un estado de ánimo negativo, como lo es la tristeza, puede también ocasionar lo contrario en cuanto al apetito, que es comenzar a comer de más. De acuerdo con un estudio, el estrés, las preocupaciones, la tensión, la ansiedad y el sentirse confundido, pueden llevar al hambre emocional, teoría que dice que este tipo de emociones pueden derivar en que se recurra a la comida como una forma de reducir esos sentimientos, o de lidiar con ellos.

Tendemos a comer más grasas cuando llega la tristeza

El sabor y los sentimientos asociados a la comida llamada chatarra, como lo son el helado, la pizza o las papas fritas, puede ser parte de la razón por la que recurrimos a esta cuando estamos tristes, aunque los expertos no lo tienen totalmente claro aún. Un estudio mostró que puede existir una comunicación directa entre el estómago y el cerebro, por lo que independientemente de los factores externos, ya sean el olor, la textura o los sabores, los ácidos grasos podrían tener un efecto directo sobre la tristeza.

Cuéntanos: ¿que otra emoción te hace perder el apetito? ¿Qué experiencia te ha llevado a no tener ganas de comer tu postre preferido?

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