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Los 10 tipos de jefes tóxicos más comunes en los empleos (Y 10 consejos para lidiar con ellos)

Las relaciones tóxicas se caracterizan por hacer daño, por generar sentimientos y emociones negativas que lejos de ayudar a crecer, suelen paralizar. En definitiva, la posición de autoridad se presta demasiado a caer en este tipo de relaciones, pero aún más si nos encontramos en el lugar del empleado.

En este artículo, Genial.guru te da a conocer algunas situaciones que te ayudarán a identificar si mantienes una relación tóxica con tu jefe y enfrentarlas de la mejor manera posible.

Jefe autoritario

Probablemente este es el tipo de toxicidad más común, tanto que cerca de 60,4 millones de las personas que residen en Estados Unidos han sufrido algún tipo de acoso laboral, según el Workplace Bullying Institute, en su última encuesta, y sí, el 61 % de esos casos de acoso proviene de los jefes. Si tu jefe te grita, te ofende o genera cualquier situación en la que aterrorice e intimide, se trata de acoso. Gary Namie, director del Instituto, ha referido que el acoso laboral por parte de los jefes se manifiesta en cuatro actitudes: tener rabietas por cualquier situación por mínima que sea, criticar el desempeño sin justificación, retener recursos o empañar la reputación con habladurías.

Jefe controlador

Los controladores son de los jefes más comunes en los ambientes laborales, tanto, que hasta se les ha denominado ya con el término de micromanager, este tipo de gestores están terriblemente obsesionados con los detalles y vigilan, con la intención de controlar, cada acción de sus empleados. Estas personas visibilizan una gran desconfianza en su equipo y tienen una visión absolutista de cómo deben ser las cosas. Incluso, hay jefes tan controladores que muchas veces deciden hacer las cosas ellos solos, sin dar la oportunidad de aprendizaje y crecimiento a sus empleados, debido a dicha desconfianza.

Jefe perfeccionista

Una persona que es perfeccionista suele ser demasiado rígida en su pensamiento y bastante crítica con sus resultados y los de aquellos de quienes tiene a su cargo, por lo que solo acepta la “perfección”, lo cual, hasta este punto, es completamente comprensible, pues los resultados de todo el equipo serán, por lo general, impecables. El verdadero problema se presenta cuando el perfeccionismo del jefe llega a la exigencia dañina, ya que las personas que son perfeccionistas, con frecuencia, tienden a exigir a los demás altos estándares en su desempeño, tanto como se lo exigen a sí mismos, de tal manera que podrían ser tolerantes y demasiado críticos con los demás, lo que los lleva a condenar por completo los errores de sus empleados.

Jefe que gestiona mal el tiempo

Sin duda, el tiempo es responsabilidad de todos, cada quien debe hacerse cargo de sus deberes y de entregar los resultados a la hora en que se determina; sin embargo, cuando la carga de trabajo y las responsabilidades de un empleado se vuelven excesivas, probablemente es el jefe quien está gestionando mal el tiempo laboral y asignando tareas sin tomar en cuenta la hora o las demás resposabilidades que ya hay pendientes, lo que repercute en el cumplimiento de los compromisos y, por lo general, el jefe no suele asumir la responsabilidad de dicho problema, lo que deviene en reclamos hacia los colaboradores y el desentendimiento en la relación laboral.

Jefe inhumano

Las personas y empresas que emplean a un trabajador, deben procurar ciertos derechos tan solo por humanidad, empatía y respeto. Desafortunadamente muchos de los ambientes laborales no son así y hay jefes que suelen ser injustos; incumplen y violan los derechos humanos laborales básicos; tan solo en México el 80 % de los mexicanos que trabajan, no lo hacen en condiciones dignas, según el reporte de Acción Ciudadana Frente a la Pobreza, una organización civil dedicada a buscar mejores situaciones laborales para los trabajadores en México. Esto sucede por egoísmo y conveniencias personales que benefician únicamente al jefe, quien se aprovecha de las necesidades del trabajador lo que propicia un ambiente dañino en la relación entre jefe y empleado.

Jefe ausente

Un jefe ausente se caracteriza precisamente por no hacer frente a sus obligaciones como gestor porque evita la participación con sus empleados; no es solo el dejar hacer, sino que se trata de algo aún más destructivo, ya que termina delegando sus responsabilidades a quienes no les corresponden. Inclusive, una investigación realizada por el departamento de ciencia psicosocial de la Universidad de Bergen ha estudiado los perjuicios entre un jefe que es autoritario y uno que brilla por su ausencia, siendo este último más dañino para la satisfacción laboral que el segundo. Mientras que el jefe autoritario daña dicha satisfacción de forma inmediata y tiene una duración aproximada de seis meses, el jefe ausente afecta la satisfacción laboral por al menos dos años, además de generar mayor estrés en los empleados.

Jefe sin comunicación

También es muy común encontrarse con jefes que no generan la suficiente confianza como para que los empleados puedan acercarse a él y expresar sus inquietudes, esto debido a una nula o mala comunicación. El jefe resta importancia a lo que piensas u opinas sin tomar en cuenta que la buena comunicación genera mejores resultados en una empresa; no obstante, muchos jefes suelen creer que la confianza también está ligada solo a los resultados, pero la confianza está más bien ligada a la transparencia. “Las organizaciones que cotizan en Bolsa y tienen alta confianza en sus equipos de trabajo, resultan ser al menos 200 % más rentables y productivas. La razón es que hacen a un lado las estructuras tradicionales, rígidas, verticales, que no dan voz al empleado”, explica Stephen M. R. Covey, líder de la práctica de confianza para el instituto FranklynCovey

Jefe inflexible

Generalmente por un absurdo pensamiento de que la rigidez y el ser estricto es lo que generará el respeto que merece entre los integrantes de su equipo, el jefe suele volverse inflexible. El jefe inflexible no permite que sus órdenes se discutan e impone sus ideas, de tal modo que las opiniones del resto del equipo ni las variaciones en los resultados son aceptados. Sin embargo, un estudio demostró que un jefe que es inflexible genera mejores resultados en la productividad porque beneficia a la salud de los empleados. Según el estudio realizado por la Universidad de Minnesota, la flexibilidad de un jefe está relacionada con la disminución de las ausencias por enfermedad, así como con un aumento del compromiso de trabajo mejorado.

Jefe que no confía en sí mismo

Por lo general, las personas que no confían en sí mismas evitan por todos los medios asumir riesgos porque uno de sus mayores temores es el fracaso, sin embargo, ese es el resultado que siempre esperan, situación que los desvía del éxito. Si estas características las llevamos al nivel de un jefe, este arrastrará a todo su equipo de trabajo consigo al no llevar a cabo nuevos proyectos o tareas solo por no considerarse capaz de hacerlos. De este modo, no solo él, sino también las personas que están a su cargo, pierden oportunidades de crecimiento o incluso suele delegarles las responsabilidades que él no se siente capaz de realizar.

Jefe que discrimina

Generalmente se trata de una relación en la que el jefe expresa ciertos prejuicios o ideas que trae inculcados desde su educación y pueden repercutir en el buen trato, sobre todo si estas ideas se vuelven totalmente personales y evidencian que tu jefe no te acepta porque no le gusta cómo vistes, tu apariencia física, tu carácter, tu sentido del humor, tus ideologías, e incluso el género. Uno de los ejemplos más comunes sobre la discriminación que sufren los empleados, y no solo por parte de los jefes sino de las “políticas” de la empresa, repercute en las mujeres que deciden ser madres o de las mujeres embarazadas.

Cómo actuar frente a un jefe tóxico

Se pueden encontrar diferentes caminos para lograr enfrentar a una persona que propicia una relación dañina dentro del ambiente laboral: confrontar al jefe, reportar el incidente o incluso cambiar de trabajo; pero antes de ello, es bueno que consideres nuestros siguientes consejos:

  • Recuerda que el jefe no tiene algo personal contigo, sino que su forma de ser es propia de él, y actúa igual con todos los empleados.
  • Trata a tu jefe como te gustaría que él te tratara a ti (si te grita no le grites, si te humilla no respondas a eso, trátalo con respeto).
  • Evita y no caigas en sus provocaciones e indirectas y no pienses que todo lo malo que dice lo menciona refiriéndose a ti.
  • Presta atención a sus comentarios específicos acerca de cómo podrías mejorar tu desempeño laboral, porque puede que tenga razón en ciertos aspectos, aunque no sepa cómo expresarse correctamente. Ponlos en práctica para ver si su forma de ser cambia en cuanto mejores.
  • Refuerza tu relación con tus compañeros de trabajo. En ocasiones el mejor camino es la “resistencia colectiva”, es decir, encontrar a otro compañero o colaborador que esté pasando por la misma situación y hacer frente juntos.
  • Habla con tu jefe acerca de lo que te molesta.
  • No centres toda tu vida alrededor de tu trabajo. Cuando salgas de la oficina, olvida los malos ratos y pasa tiempo con tus amigos y familiares.
  • Aprovecha cada momento de diálogo con tu jefe para crecer profesional y personalmente.
  • Busca pequeñas motivaciones en cada tarea.
  • Recuérdate que vales mucho, y que, si el ambiente no es de tu agrado, no tienes por qué soportarlo.

Estamos seguros de que lo más importante es no sentirse impotente con ninguna situación que pudiera presentarse con tu jefe y enfrentarlo de una u otra forma. ¿Has identificado a tu jefe entre alguno de los que mencionamos? Cuéntanos si has tenido alguna mala experiencia en tu vida laboral con algún jefe.