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11 Habituales dilemas de crianza y cómo podemos manejarlos

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Ser padres no es algo sencillo, de hecho es una de las cosas más difíciles y complejas de la vida para la que nunca se está lo suficientemente preparado. Cada niño es un mundo diferente, con situaciones concretas, una personalidad determinada, gustos, intereses y con una serie de problemáticas que surgen a raíz del entorno en el que se mueve. Ser niño muchas veces no es nada sencillo, como tampoco lo es ser padre y lidiar con la multitud de dudas y dificultades que surgen durante la crianza.

A pesar de que cada niño y sus padres tienen unas circunstancias diferentes, únicas y singulares, hay una serie de problemáticas o situaciones a resolver que suelen presentarse en la mayoría de las familias. Genial.guru quiere contarte un poco más sobre este tipo de circunstancias y cómo actuar ante ellas.

1. No coopera en nada y para nada

La escasa o nula colaboración de nuestros hijos con nosotros puede estar relacionada con el simple hecho de que no están dispuestos a cooperar y prefieren dedicarse a otras actividades, o por el contrario puede estar relacionada con pequeñas acciones nuestras (muchas veces inconscientes) que han ido influyendo en el niño y propiciando dicha conducta por su parte: no dejarle cometer errores y aprender de ellos, perder los estribos o la paciencia con facilidad y no valorar sus esfuerzos.

Si nuestros hijos tienen o muestran este tipo de comportamientos, podemos probar a elaborar junto con él una tabla de recompensas y una tabla con las tareas que le corresponden. Las recompensas (sin necesidad de ser materiales) estarán orientadas a premiar de algún modo su colaboración, al mismo tiempo que ellos se hacen conscientes de que prestamos atención a sus esfuerzos y que sus decisiones y acciones conllevan una serie de consecuencias.

2. Los castigos no surten efecto

Hay pequeños a los que parece no importarles absolutamente nada los castigos que se les pueda imponer, por lo que por mucho que se pretenda lograr una mejora conductual a través de este medio no se obtendrán los resultados previstos o esperados, si no, tal vez, todo lo contrario.

La falta de interés y preocupación por las consecuencias de sus acciones pueden venir dadas por la ausencia de relación entre el castigo y aquello que lo motivó, es decir, cuando nada tiene que ver la sanción que se impone con las acciones del niño, este no comprenderá, ni entenderá de consecuencias. Es importante, en el caso de que decidamos que la conducta del niño merece una actuación por nuestra parte, que el castigo que reciba le proporcione un conocimiento o entendimiento de por qué su comportamiento se considera “malo”. De igual forma, es importante que los padres hagamos un esfuerzo por comprender qué motivó tal comportamiento en el pequeño para tratar de evitarlo en un futuro.

3. Comportamientos inapropiados o agresivos

La violencia y las agresiones son totalmente inaceptables y se trata, sin lugar a dudas, de una conducta que debemos de eliminar cuanto antes. Los niños en ocasiones pueden mostrar comportamientos inapropiados hacia sus padres, otros adultos o hacia otros niños como una forma, obviamente errónea, de canalizar sus sentimientos. Cuando el pequeño no cuenta con las herramientas necesarias o suficientes para poder manejar o expresar aquello que siente o piensa, cuando no es capaz de controlar su frustración, pueden llegar a manifestarse este tipo de comportamientos. Igualmente, puede ser un intento desesperado por llamar o atraer la atención de una o varias personas.

En este caso, es importante que definamos y marquemos claramente una serie de reglas o normas con el niño y que entienda que con ese tipo de acciones no conseguirá aquello que espera obtener. Necesitamos hablar con él y explicarle las formas o maneras adecuadas de expresar sus sentimientos, hacerle reflexionar, que comprenda las consecuencias y, sobre todo, evitar la respuesta o castigo físico (si le decimos a un niño que no haga eso mientras nosotros hacemos lo mismo, no estamos dando un buen ejemplo. Estamos actuando del mismo modo que castigamos).

4. Desafía sin cesar

Los niños tienden a experimentar, a ir probando para conocer y es lo que está haciendo cuando actúa de esta forma. El pequeño nos está midiendo, está comprobando hasta dónde puede llegar, cuáles son los límites y cuál es su poder. Cuando nuestros hijos nos ponen en este tipo de situaciones, es fundamental que no cedamos ante la presión y que no nos dejemos chantajear o manipular emocionalmente, ni caigamos ante las excusas.

Cuando el niño nos desafía es fundamental explicarle y hacerle saber que determinadas acciones tienen consecuencias, hay que conocer los motivos que le llevaron a tomar esa postura y hacerle pensar y reflexionar sobre lo que realmente ha obtenido tras su comportamiento. No se trata de que eliminemos la capacidad crítica y analítica de nuestros hijos, de que se elimine su criterio y su propia forma de ver las cosas o la vida misma, sino de que aprenda a hacerlo con justos motivos.

5. Mucho trabajo y falta de tiempo de calidad

En muchas familias de todo el mundo ambos padres trabajan para poder mantener a flote a la familia, y en el caso de las familias monoparentales esta situación puede llegar a ser aún más compleja. El trabajo puede convertirse en un refugio y puede llegar a absorbernos por diversos motivos, pero el punto es que en ocasiones la relación que mantenemos con nuestros hijos puede llegar a verse afectada o perjudicada. Son muchos los padres que experimentan el sentimiento de culpa por no poder pasar o disfrutar tanto tiempo con sus hijos como ellos mismos quisieran o como les gustaría a los niños, pero lo fundamental es tener tiempo de calidad.

Esta situación puede resultar emocionalmente extenuante para ambas partes, pero podemos conseguir ese tiempo de calidad si:

  • En el tiempo que pasamos juntos nos enfocamos y estamos entregados por completo a lo que estamos haciendo con nuestros pequeños.

  • Nos sentamos a comer juntos siempre que sea posible.

  • Los momentos de los que disponemos los hacemos especiales.

6. La comida es una pelea diaria

Si para nosotros como adultos puede resultar sumamente costoso comer determinados alimentos que no son de nuestro agrado, para los niños es bastante peor. Estamos de acuerdo en que hay determinados tipos de alimentos ricos en vitaminas y otras cosas que consideramos fundamentales para el correcto desarrollo del niño, sin embargo obligar o hacer que el niño coma por la fuerza es un gran error.

Recordemos cuando teníamos su edad. Seguro había algo que no podíamos tragar ni con todos nuestros aderezos favoritos. Pues a ellos les sucede lo mismo. Están descubriendo comidas, sabores, texturas y no todas son de su agrado. Obligar al niño a que coma puede perjudicar seriamente la relación entre padres e hijos, además de causar una tensión que el niño irá asociando progresivamente con el momento de la comida y que tan solo empeorará la situación. Podemos pedirles que prueben y experimenten, pero no obligarles.

7. No escucha

Queremos que el niño nos escuche, que preste atención a lo que tenemos para decirle, pero en ocasiones es como si estuviésemos hablando completamente solos. En primer lugar, debemos recordar que por mucho que queramos explicarles y hablarles de todas nuestras experiencias de vida para evitarles a ellos el dolor de pasar por lo mismo, es fundamental dejarles que experimenten y que ellos también anden su propio camino. Debemos dejarles que aprendan de sus errores.

Hay otra serie de cosas que tenemos que tener en cuenta, como el tono de voz que usamos, las palabras con las que nos expresamos, los gestos con los que lo hacemos o incluso el ejemplo previo que les dimos. Un tono de voz adecuado, palabras claras, un lenguaje conciso y haber predicado con el ejemplo nos ayudarán a que nuestros hijos nos escuchen.

8. La hora de dormir es un reto

Lograr que los niños duerman en su propia cama, que duerman toda la noche sin levantarse en repetidas ocasiones o que se vayan a la cama y se duerman cuando llega la hora, es todo un reto diario para muchos padres.

Lo cierto es que no existe una fórmula segura que le funcione a todos los padres con sus hijos, pero sí hay una serie de cosas que podemos hacer para que la hora de ir a la cama sea un momento más llevadero y relajado:

  • Establecer una rutina: Debemos fijar una hora para ir a dormir. Antes podemos leerles un cuento, cantarles una canción o simplemente abrazarles hasta que llegue el momento de dar las buenas noches.

  • Evitemos la sobre estimulación: tratemos de alejarles de las pantallas un rato antes de la hora de ir a la cama.

  • Crea un ambiente adecuado para el sueño: un espacio relajado en el que el niño se sienta cómodo y seguro.

  • Habla con ellos sobre sus miedos: si el niño tiene algún tipo de pesadilla recurrente o un miedo que le dificulta el sueño, habla con él sobre eso y aclárale los motivos por los que no hay motivo para tener miedo.

9. El uso de tecnología

El uso de la tecnología por parte de los niños es uno de los dilemas más comentados por los padres de hoy en día. Cada familia tiene sus propias normas al respecto, pero lo cierto es que tiene tanto sus ventajas, como sus desventajas.

La tecnología proporciona y pone al alcance de la mano de los niños (siempre bajo control y supervisión parental) un mundo entero de información y conocimiento. Pueden explorar y resolver sus preguntas acerca de muchos temas con tan solo un vídeo o pueden pasar el rato con un juego educativo que les enseñe sobre una determinada materia. Como la mayoría de las cosas, todo en exceso es malo, se necesita la justa medida, es decir, hay que adecuar el uso y poner límites temporales a nuestros hijos en función de su edad y, por supuesto, al contenido al que pueden acceder, sin olvidar y sin dejar a un lado el juego y las actividades al aire libre. La clave está en el equilibrio.

10. Interrumpe constantemente

Los niños son impacientes, tienen prisa por hablar, por ver, por saber o resolver las preguntas que les han surgido. A veces, inconscientemente y en su afán por resolver sus dudas o por contarnos ese “algo” tan importante que les acaba de fascinar o que a ellos les parece lo más importante del mundo, nos interrumpen.

Los niños aún tienen que trabajar mucho su paciencia, quieren algo y lo quieren ya. Esta situación requiere de un trabajo continuado por nuestra parte con ellos para que aprendan a esperar y a tomarse las cosas con más calma.

11. Es burlón u ofensivo con otros niños

Esta conducta debe ser trabajada de inmediato y tratar de eliminarla por completo. En cualquier caso, tener este tipo de comportamiento hacia otros niños puede generar malestar en la otra parte. Si observamos que nuestros hijos tienen este tipo de actitudes, es fundamental que les hagamos entender los sentimientos que experimentan los demás, es decir, hay que trabajar la empatía y lograr que se ponga en su lugar. Además, tenemos que asegurarnos de que no haya observado o visto este tipo de conductas en el entorno más cercano, y de ser así, hay que ponerles fin de inmediato.

¿A qué otro tipo de dilemas de crianza has tenido que hacerles frente? ¿Cómo has actuado ante estas situaciones?

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