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10 Formas de enseñar a los niños a ser pacientes y empáticos

Seguramente, más de una vez has escuchado a alguna tía o abuela decir que los niños se portaban mejor en sus tiempos: “Antes se estaban quietos” o “hacían caso a la primera”. Pero, ¿esto es realmente cierto? Las épocas cambian y con ellas los estilos de crianza, por lo que es un hecho que no podemos tener niños con la misma educación de hace cuarenta años.

1. No uses la tecnología como niñera

Hoy en día, es imposible mantener a los niños alejados de la tecnología, pues los dispositivos electrónicos forman parte de nuestra vida cotidiana. En lugar de ello, conviene más enfocarse en métodos de crianza positiva que afiancen el comportamiento y el aprendizaje a través de lo digital.

Siempre hay que ser conscientes de que la tecnología no es una niñera. Los adultos somos responsables del tiempo de pantallas que les ofrecemos a los pequeños y de cómo se relacionan positivamente con ellas. Asegúrate de saber qué contenidos son adecuados para la edad de tu hijo para que su atención no se vea afectada.

2. No des todo inmediatamente

Una mamá compartió en un grupo de padres: “El pasado fin de semana mi hija y yo tuvimos un avance inesperado. Yo estaba en la cocina lavando platos y ella estaba enojada. Me sentía sobreestimulada y abrumada. Sin siquiera pensarlo, resoplé: ’¿Podemos ser pacientes, por favor?’, y silencio. Fue sorprendente y un alivio. Solo me tomó un minuto y medio como mucho, pero fue tiempo suficiente para terminar ese último plato y secarme las manos antes de darle la atención que quería. Inicialmente, pensé que era una excepción, pero ayer, mientras estaba en con su padre, hacía lo mismo y le dije que le pidiera que fuera paciente, y ¡funcionó! Nuevamente, solo durante aproximadamente un minuto, pero funcionó. Me hace sentir bien haber encontrado una solución que corta el ciclo de la ira y le enseña a mi hija que a veces hay que esperar por las cosas. Incluso si es solo temporal, es un buen comienzo”.

Esto demuestra que una de las razones por las que los niños de hoy no saben esperar es porque no han desarrollado la capacidad de gratificación. Si desean algo, nosotros se lo damos de inmediato (comida, agua, golosinas, juegos, etc.). Aprender sobre la gratificación es muy importante para la vida adulta. Para que un niño lo sepa, lo primero que hay que hacer es retrasar la recompensa, enseñándole a esperar, haciendo acuerdos y evitando darle todo rápidamente.

3. No le resuelvas la vida

Uno de los errores más comunes que los padres comenten es no enseñar a sus hijos a hacer nada por sí mismos. Algunas veces, incluso, les ahorran todo el trabajo. Sobre todo, con las actividades que más cuestan: comer verduras, cepillarse los dientes, vestirse por sí solos, etc.

Pero lo que es un hecho es que todas esas actividades tendrán que hacerlas toda su vida, por lo que no es cuestión de “sufrimiento”, sino de resiliencia. Enseñar a los niños a sobreponerse a las situaciones que la vida les arroja es básicamente supervivencia, por lo que es recomendable:

  • enseñar a los niños la importancia de involucrarse y conectarse con sus compañeros, incluida la habilidad de escuchar a los demás;
  • hablar sobre la importancia del cuidado personal básico: comer, dormir y descansar bien;
  • establecer metas razonables y ayudar a los niños a avanzar hacia ellas paso a paso;
  • enseñar a aceptar los cambios como parte de la vida y que nuevas metas pueden reemplazar las metas que se han vuelto inalcanzables.

4. No tienen que divertirse todo el tiempo

En el mismo sentido en el que los padres no quieren que sus hijos sufran nunca está el hecho de intentar que se diviertan siempre. Pero sabemos que así no es la vida real. Tal es el esfuerzo de mantener a los hijos alejados de esto que pocas veces se los involucra en las actividades de casa.

Por supuesto que, dependiendo de su edad, los niños pueden participar en tareas domésticas. No es necesario tener un parque de diversiones en casa, a veces solo basta una escoba y un trapo para quitar el aburrimiento.

5. No limites sus habilidades sociales

Atrás quedaron los tiempos en los que los niños tenían diez primos; a veces apenas socializan con los amigos de la cuadra. Fuera de la escuela, los niños interactúan muy poco con sus pares. Esto es un problema, pues en general se mueven en un mundo de adultos ocupados.

La socialización a temprana edad es importante, pues así un niño sabe cómo hablar, comunicarse, incluso qué respuestas esperar de otro que es exactamente igual a él, sin condescendencia ni prisas, lo cual es excelente a la hora de desarrollar la paciencia y límites.

Estar con otros niños le enseña cómo regular su propio comportamiento y aprender a llevarse bien con los demás.

6. Dales más momentos al aire libre

Es verdad que los niños, actualmente, ya no juegan tanto afuera. No solo por los espacios reducidos de las viviendas actuales, sino también por otras circunstancias, como la tecnología. Por lo tanto, esto propicia niños más irritables e impacientes.

De hecho, los niños que juegan al aire libre con regularidad son más curiosos, autodirigidos y es probable que permanezcan más tiempo en una tarea. Por lo tanto, algunas dosis de aire libre a la semana es una buena idea.

7. Enseña más sobre compasión

Pareciera que es muy fácil decirles a los niños que “tienen” que ser buenos con los demás. Pero lo cierto es que poco les enseñamos sobre compasión. En general, los niños reciben día a día discursos como “eso te pasa por descuidado” o “no eres capaz de hacer tal cosa”, etc.

Lo primero es enseñar a los niños a ser autocompasivos; esto quiere decir que pueden hacer notar sus sentimientos y validarlos para luego desalentar el diálogo interno negativo y alentar la amabilidad. Frases como “yo también me sentiría frustrado si no pudiera comer ahora mismo mi postre, pero eso no me hace una mala persona” podrían hacer la diferencia entre un niño exigente y un niño paciente.

8. Fomenta el autocontrol

A menudo, en el mundo de los adultos, deseamos que los niños tengan autocontrol, así como así. Es como si esperáramos que mágicamente un niño no diera “lata” y simplemente se portara bien. Pero en realidad, el autocontrol se trata de ser capaz de regularse a sí mismo.

Esta capacidad no se aprende de un día a otro, mucho menos a regaños, lo mejor es de manera anticipada, a través de juegos, inhibir sus impulsos. Por supuesto que la respuesta dependerá de su edad.

Por ejemplo, para un niño pequeño (3 a 6 años) puede significar evitar el pasillo de dulces de la tienda de comestibles cuando están comprando juntos. Para un niño más grande (8+), podría significar mantener los dispositivos electrónicos alejados de las áreas donde hace la tarea.

9. Habla en el tono correcto

Los gritos y malos tratos nunca serán un medio efectivo de comunicación, mucho menos con un niño. La disciplina es una de las partes más difíciles de la crianza porque nunca sabemos bien cuál es la justa medida para practicarla.

Sin embargo, lo cierto es que ofrecer consecuencias con un tono empático es mucho más razonable que alzar la voz. Una voz tranquila proviene de un lugar de amor y comprensión. Si de pronto sientes demasiada frustración y crees que tu hijo no te hace caso, primero mantén la calma. Haz respiraciones profundas o incluso tómate un “tiempo fuera” para recordar esto.

10. Recuerda que la paciencia es algo que se aprende

Si te preguntas “¿por qué simplemente mi hijo no puede esperar su turno?” o “¿por qué siempre me interrumpe cuando estoy hablando?”, la respuesta es porque los niños tienen esa impulsividad nata. Ellos tienen todavía un camino largo por recorrer para aprender sobre la paciencia.

Pero nosotros, los adultos, sí que podemos ayudarlos, por ejemplo, dándoles elogios específicos para motivarlos ser más pacientes. Y cuando lo hagan, frases como “Gracias por esperar con tanta calma tu turno para hablar”, pueden ayudar mucho.

Seguramente recuerdas el sentimiento de no poder esperar un evento o fecha especial en tu infancia. ¿Qué es eso que no podías esperar?

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