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8 Malos hábitos de los perros que podrían deberse a nuestras acciones

Como mascotas, los perros suelen ser adorables. Incondicionales, juguetones y leales son solo algunas de las cualidades que todos les atribuyen. Cualquiera que tenga o haya tenido un can no dudará en que son dadores inagotables de amor y que la vida junto a ellos siempre es mejor. Sin embargo, para que nuestra convivencia con estos adorables seres sea armoniosa y tranquila, es necesario educarlos desde muy pequeños. Solo así evitaremos algunos malos hábitos que suelen desarrollar a medida que transcurre su vida en el mundo hogareño.

Genial.guru se interesa mucho por la educación de las mascotas. Por eso preparó una pequeña guía sobre algunos problemas de conducta con pautas muy simples para corregirlos. Al final te espera un bono con datos para conocer un poco más a tu mascota.

1. Saltar como señal de festejo o saludo

Ya sea para festejar que hemos llegado a casa o simplemente por exceso de energía y ansiedad, es común que nuestro perro nos salte encima si está ansioso, contento o espera algo de nosotros y quiere nuestra atención. Pero esto puede resultar bastante molesto y hasta peligroso, porque el salto junto con el envión y el entusiasmo podrían fácilmente hacernos perder el equilibrio.

Es común que quien quiere evitar estas muestras excesivas de cariño levante una rodilla, agarre las patas del perro o simplemente ponga sus brazos delante en un intento de evitar el impacto del salto. Sin embargo, aunque esto puede servir en el momento, no modifica el comportamiento de la mascota, que probablemente volverá a hacer lo mismo en la próxima ocasión.

Lo aconsejable en estos casos es simplemente ignorar al animal y seguir con lo que estábamos haciendo. No hablarle, no hacer contacto visual y mucho menos acariciarlo. Luego, cuando se calme, sí será el momento de las caricias y el reconocimiento. Prueba y verás que rápidamente captará el mensaje.

2. Masticar todo lo que encuentran

Para los perros, masticar es un modo de explorar su entorno y de calmarse cuando están muy ansiosos. También es común que lo hagan para ejercitar la mandíbula y hasta lavarse los dientes. Sin embargo, este hábito, además de destructivo, puede ser peligroso para su salud.

Es común que si encontramos a nuestra mascota desarmando nuestros zapatos de cuero queramos detenerla inmediatamente y en el intento le demos un hueso o un juguete para que se distraiga con eso. Pero esto es un error, porque lo tomará como una recompensa a su comportamiento y pronto volverá a buscar nuestro tan costoso zapato.

Lo aconsejable en estos casos es desacreditar este comportamiento; dirigirse al animal en un volumen y tono altos, quitarle nuestros zapatos de la vista y, luego, cuando se haya distraído con otra cosa y ya no recuerde el asunto, sí darle un juguete adecuado para masticar.

3. No responder a nuestro llamado

Hay varios motivos por los cuales un perro puede no responder cuando lo llamamos, y en general estos tienen que ver con nuestra manera de hacerlo o con algún otro tipo de malentendido. Por ejemplo, si mientras corre sin correa por el parque lo perseguimos al grito de “ven”, lo más probable es que en lugar de entender que lo estamos llamando, crea que estamos jugando y corra aún más rápido.

Es mejor que solo lo llames cuando tengas el tiempo para agacharte y recompensarlo si se acerca. Asegúrate de dar cualquier orden si consideras que la situación hará posible que se cumpla. Los momentos de tranquilidad suelen ser los mejores en ese sentido.

También puede ocurrir que sobrestimemos la capacidad de comprensión de nuestra mascota, creyendo que comprende más de lo que realmente entiende. Antes de concluir que no responde a nuestras órdenes por desobediente, asegurémonos de que realmente está entendiendo lo que le pedimos.

4. Alterarse cuando nos vamos de casa

Salimos a trabajar y luego los vecinos nos cuentan que nuestro perro ladró todo el día. Cuando llegamos a casa está en la puerta, y apenas abrimos se lanza a saludarnos frenéticamente. Mientras tratamos de contenerlo, notamos que nuevamente tiró la lámpara de pie y se encargó de quitar el papel de baño y esparcirlo por toda la sala... Sí, todos estos son síntomas de que nuestra mascota está padeciendo ansiedad por separación.

Entrar a la ducha, cambiarnos, ponernos el abrigo, tomar las llaves y salir... nuestra mascota ya asocia el primer paso con nuestra inminente partida, y es posible que para cuando hayamos llegado al último, ya esté en pánico. Para intentar aliviar esta sensación, podemos probar repitiendo alguno de estos pasos en otro momento del día, al azar, cuando no estemos por irnos. Por ejemplo, tomar las llaves y sentarnos frente a la computadora o ponernos el abrigo cuando vamos a darle de comer.

Otra cosa muy importante y fácil de llevar a la práctica es evitar saludarlo efusivamente al salir, porque es lógico que entienda esta demostración de cariño como una señal de que algo no muy bueno va a ocurrirle. En cambio, solo debemos irnos, sin decirle nada ni avisarle, tranquilamente, como si nada ocurriera. Nuestra naturalidad le hará a entender que lo que hacemos es algo común y que no debe preocuparse por eso.

5. Cavar hoyos apenas pueden

La mayoría de los perros excavan si encuentran la oportunidad. Aburrimiento, alma de cazadores, miedo, necesidad de refrescarse, querer esconder algún juguete o llegar a determinado lugar suelen ser algunas de las causas. Pero lo cierto es que este hábito puede resultar una costumbre bastante incómoda para nosotros si los dejamos hacer esta tarea sin al menos limitarla o regularla.

Lo primero que podemos hacer es intentar entender la causa de su impulso. Luego, al conocerla, podemos tratar de eliminarla. Por ejemplo, si el animal cava para refrescarse, posiblemente podamos evitarlo manteniéndolo fresco. Si este impulso tiene que ver con un exceso de energía, podemos darle más ejercicios, extender sus paseos y pasar más tiempo juntos.

Si a pesar de todo no podemos evitar su amor por los pozos, podemos intentar regularlo. En lugar de dejar que el perro cave y llene de lodo todo el jardín, reservémosle un área para que pueda hacerlo libremente y enseñémosle que solo aceptamos que excave allí.

6. Ladrar, gemir o sollozar sin motivo aparente

Son múltiples las causas por las que un perro puede ladrar, gemir, sollozar o gruñir, pero lo que importa en todos los casos es primero intentar identificar el motivo y luego actuar en consecuencia.

Un perro puede ladrar porque está alerta o se siente amenazado, pero también puede hacerlo tan solo porque busca nuestra atención, está aburrido o simplemente imita el sonido de otros canes. En estos casos, lo mejor es evitar acariciarlo, darle una palmada o decirle alguna frase de consuelo, porque así entenderá que este recurso funciona y volverá a utilizarlo. Lo más aconsejable entonces es darle la espalda o directamente salir de la habitación. Ya habrá tiempo para las caricias cuando se haya calmado.

Tampoco es conveniente hacer lo inverso y gritarle algo como: “Malo, ya deja de ladrar”. Nuestra mascota no es un humano y no percibe el mundo como nosotros, de modo que no entenderá de cuestiones éticas o morales; solo aprenderá lo que le enseñemos.

7. Mendigar comida

El tema de la comida y nuestras mascotas puede ser problemático, porque tendemos a asociar el alimento con el amor. En ese sentido, es común que si queremos recompensarlas les demos una golosina casera o comprada, o hasta que nos cause gracia que vengan a robarnos un bocadillo cuando estamos sentados en la mesa.

Lo cierto es que si queremos evitar que esto se vuelva un hábito para el perro y lo haga incluso cuando no estamos dispuestos a invitarlo a la cena, nunca debemos darle la comida de nuestro plato. Si no aprende a comer de las sobras, tampoco aprenderá a mendigar.

Y especialmente deberíamos evitar esto por su salud. Mucho de lo que consumimos los humanos puede resultar perjudicial para los animales. No nos referimos solo a los dulces, sino también a alimentos saludables como las uvas, las cebollas, las nueces, el ajo y el melocotón.

De modo que para evitar tentarnos ante su mirada suplicante y a la vez para no “alimentar” sus ganas, lo mejor es mantenerlos lejos a la hora del almuerzo y la cena. Cuando todos terminen de comer, puedes darles un gusto especial para recompensarlos.

8. Tironear la correa cuando los sacamos a pasear

Cuando los sacamos a pasear, algunos perros acostumbran a ir corriendo delante de nosotros, o simplemente caminan demasiado rápido y terminan por tironearnos y hacernos correr durante todo el trayecto. Es común que con el tiempo nos acostumbremos y terminemos por tomarlo como algo normal. Sin embargo, es muy importante que de cachorro le enseñemos a nuestro perro a caminar tranquilamente junto a nosotros con la correa y que nunca le permitamos que nos tironee.

Para esto, lo ideal es mantener la correa suelta pero corta a la vez y detenernos apenas sintamos que se está tensando. Verás que el animal enseguida deja de caminar para saber qué está sucediendo. Cuando regrese hacia ti, recompénsalo y sigue caminando. Pronto aprenderá que lo mejor de un paseo es hacerlo de a dos.

Bono: Tres cosas que solemos hacer con nuestros perros, pero ellos no están muy de acuerdo

1. Abrazarlos

Aunque puede que a algunos perros les guste ser abrazados por sus dueños, en general ellos no disfrutan mucho de esta costumbre tan nuestra. Es común que, sobre todo cuando no se trata de gente muy cercana, lo perciban como una amenaza y solo permitan que lo hagamos por amabilidad o pura bondad.

¿Cómo podemos darnos cuenta de que no lo están disfrutando? Prestando atención a su lenguaje corporal. Si mientras lo hacemos bostezan, desvían la mirada, se lamen los labios o les notamos algún otro gesto de apaciguamiento, no lo dudemos, a ellos no les gusta tanto como creemos. Quizá sea mejor dejar que simplemente se acurruquen junto a nosotros y acariciarles el lomo o la barriga.

2. No dejarlos olfatear tranquilos cuando los llevamos de paseo

Para nuestro perro, un paseo es siempre una oportunidad de conocer el mundo. No olvidemos que ellos son como niños muy pequeños a quienes todo les parece tan novedoso como interesante. Pero, a diferencia de los humanos, que exploran en un principio con los ojos, en su caso, su sentido más poderoso es el olfato. Por eso, cuando salen necesitan tiempo para oler todo lo que precisamente les resulta interesante.

Pero nosotros, en el apuro por terminar lo que muchas veces más que un paseo nos parece una tarea, les tironeamos de la correa para que caminen de una buena vez. Y es en momentos así cuando no somos amables con ellos; de hecho, podríamos hacerlos sentir muy frustrados. Al fin y al cabo, ¿qué nos ocurriría a nosotros si en una caminata por un centro comercial no nos dejaran detenernos a mirar ni un solo escaparate?

3. Vestirlos

Aunque en algunas ocasiones es adecuado ponerles un abrigo, sobre todo si son muy mayores o cachorros, en la mayoría de los casos sabemos que ellos pueden prescindir felices de su atuendo y solo los vestimos para subir una foto a las redes sociales o para que nos acompañen en alguna divertida fiesta de disfraces.

La verdad es que ellos no lo disfrutan, y aunque puedan soportar alguna prenda simple y liviana, a menudo no toleran los calcetines ni los gorros. Cuando los vistas, presta atención a su lenguaje corporal y desiste si los notas claramente incómodos.

¿Qué es lo que hace o ha hecho tu perro que calificarías como “mal comportamiento”? ¿Tienes alguna técnica novedosa para corregirlo? ¡Cuéntanos aquí!

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