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La conmovedora historia de supervivencia de la familia que inspiró la película “Lo imposible”

La película Lo imposible no podría tener un nombre más atinado, y es que la historia detrás es verdaderamente increíble (en el sentido literal de la palabra), tiene momentos en los que uno pensaría “eso solo pasa en las películas”, pero no, este filme está basado en un caso real.

Genial.guru siempre disfruta de contar historias que llegan al alma, en esta ocasión, toca el turno de una familia que sobrevivió a terribles circunstancias y su historia se volvió una película protagonizada por Naomi Watts, Ewan McGregor y Tom Holland.

Vacaciones en la playa, ¿qué podría salir mal?

La familia de María Belón es española, pero solían vivir en Japón por el trabajo de su esposo, Enrique (Quique) Álvarez. En ese 2004, habían decidido viajar con sus hijos Lucas (10 años), Tomás (8 años) y Simón (5 años) para pasar las fiestas navideñas en el recién inaugurado hotel Orchid Beach en Khao Lak, Tailandia.

El 26 de diciembre era apenas el tercer día de sus vacaciones, la familia disfrutaba una mañana en la alberca, no muy lejos de la playa, Quique jugaba con los niños mientras María leía un libro, pero esa pasividad terminó aproximadamente a las 10:00 de la mañana cuando escucharon un ruido similar al de una locomotora y vieron un enorme muro negro que se acercaba a ellos ferozmente, la primera reacción de María fue gritarle a Quique “¡Los niños, los niños!”.

No había mucho que hacer, el agua estaría sobre ellos en segundos, estaban en medio de un tsunami con olas de unos nueve metros de altura y no había fuerza que pudiera detenerlo.

La historia de mamá

Por instinto, María se aferró con todas sus fuerzas a lo único que tenía entre las manos, el libro La sombra del viento, aquella lectura no la salvaría de ser golpeada por el agua que la revolcó durante unos tres minutos, estrellando su cuerpo contra palmeras y toda clase de escombros del hotel que estaba siendo destruido en ese mismo momento.

Cuando logró salir a la superficie, miró el desastre a su alrededor sin saber qué estaba pasando, creyendo que toda su familia habría muerto y aun terriblemente aturdida, logró ver a unos 15 metros lo que parecía ser la cabeza de su hijo Lucas, luego lo escuchó gritar y fue hacia allá, ahí supo que tenía que sobrevivir por él.

Cuando logró llegar hacia él, vio lo asustado que estaba y le dijo “Tú y yo no vamos a morir”, aunque ella misma no estaba convencida de que eso fuera verdad. A pesar de que la adrenalina hizo que no sintiera dolor en el momento, su cuerpo estaba terriblemente lastimado; tenía profundos cortes en el pecho y una herida en el muslo derecho que le estaba haciendo perder demasiada sangre.

Mientras María y Lucas buscaban cómo refugiarse, escucharon el llanto de un niño pequeño y, aunque Lucas no estaba convencido de arriesgarse para rescatarlo, su madre le dijo “Vamos a buscar a ese niño, aunque sea lo último que hagamos en la vida”, estaba herido y enredado en un árbol, tenía unos 4 años y era sueco.

Temerosos de que otra ola los arrastrara de nuevo, los tres subieron como pudieron a lo alto de un árbol para protegerse en caso de que llegara alguna otra ola, pero María se debilitaba cada vez más. “Me estaba muriendo, podía sentir que me estaba pasando”, dice María.

“Prométeme que no te vas a morir”, le decía su hijo, pero ella ya no se sentía capaz de cumplir esa promesa, solo le dijo que haría lo posible y trató de enseñarle cómo sobrevivir, le dijo hacia dónde ir, señalándole hacia donde se escuchaba la carretera y donde creía que estaban las aldeas.

Pasadas unas horas, un hombre tailandés llegó a ayudarlos, pero María aún no estaba a salvo. Cuando por fin llegó al hospital, tuvo que ser atendida de emergencia si querían que sobreviviera.

La historia de papá

En el momento en que el horizonte desapareció y fue sustituido por una ola gigante, Quique vio cómo su hijo mayor, Lucas, se arrojaba a la piscina (lo que probablemente le salvó la vida), él abrazó con fuerza a los pequeños Tomás y Simón, pero la fuerza del agua lo hizo estrellarse contra una columna del hotel.

El agua lo arrastró unos 800 metros al sur del hotel, después consiguió aferrarse a un árbol y no pudo hacer más que llorar, seguro de que toda su familia se había ahogado. Se sintió solo, en medio del desastre solo veía agua y las copas de los árboles, unos veinte minutos después escuchó la voz de su hijo Tomás gritando: “¡Papá! ¡Mamá! ¡Lucas! ¡Simón!”. Nadó y logró reunirse con él, treinta minutos más tarde, pasó algo aún más increíble, escuchó a su hijo menor pidiendo ayuda, casualmente, el pequeño acababa de aprender a nadar.

Hubo más olas, pero Quique y sus dos hijos lograron llegar al techo del hotel, luego de unas horas y cuando el nivel del agua había bajado, Quique encargó a Simón y Tomás con otras personas en el techo y fue a buscar a María y Lucas, pero mientras él estaba fuera, llegaron a evacuar el hotel y se llevaron a Tomás y Simón. Ahora, Quique había perdido a toda su familia.

Un encuentro imposible

La familia estaba separada, cada parte suponiendo que el resto estaban muertos, pero no por ello Quique había dejado de buscar, consiguió un teléfono para llamar a los padres de María en Barcelona en el milagroso caso de que ella se hubiera comunicado, e incluso hizo equipo con otro padre que buscaba a sus hijos y juntos visitaron varios hospitales.

Mientras tanto, la salud de María seguía empeorando y, con el hospital colapsado por la cantidad de heridos, tampoco podía recibir la atención que requería, a pesar de que los médicos y personal hacían todo lo posible. Ahí, Lucas aprovechaba el tiempo tratando de ayudar a otras personas a encontrar a sus familiares y volvió a ver a Daniel (el niño que habían rescatado) en manos de quien, supuso, era su papá, así que sintió la satisfacción de haber hecho lo correcto.

A los más pequeños de la familia (Tomás y Simón) los subieron a un camión junto con otros niños para llevarlos a un refugio, e hicieron una parada en el hospital de la ciudad Takua Pa. Quique también había llegado a ese hospital buscando a su familia y, ya sea por casualidad o destino, también era el hospital donde estaban María y Lucas. Milagrosamente, la familia se había reunido de nuevo.

Cuando María estaba moribunda, sintió un gran alivio de ver a su esposo e hijos vivos, quiso despedirse y le pidió a Quique que cuidara a sus hijos, pero él respondió “Mira, no he venido hasta aquí para esto, así que, por favor, cállate”, y ella lo entendió, su familia no estaba dispuesta a perderla.

El 29 de diciembre, tres días después del desastre, María y su familia fueron trasladados a un hospital en Singapur, donde estuvo internada cuatro meses, después pasó otros 10 meses hospitalizada en España y fue sometida a alrededor de 15 cirugías durante ese tiempo, estando a punto de perder la pierna derecha.

La familia después del desastre

De forma increíble, toda la familia sobrevivió al tsunami que había durado nueve minutos, barrió el sur de Asia afectando a Tailandia, Indonesia, Sri Lanka, Malasia e India, y cobró más de 220 000 víctimas, convirtiéndose en el noveno peor desastre natural de la historia.

Después de un año del tsunami, el gobierno de Tailandia los invitó a volver al país, pero se negaron porque aún tenían heridas que sanar (literal y metafóricamente), en cambio, hicieron un ritual familiar en otra playa. Estuvieron mucho tiempo con miedo; a las luces apagadas y los ruidos extraños. Para María, a esa situación no se le supera, se le sobrevive.

De esa experiencia nadie salió ileso, María no estaba orgullosa de su suerte, sobrevivió a algo que se había llevado la vida de miles más y, durante un tiempo, se sintió incapaz de disfrutar de los placeres simples. Cuando contó su historia, su perspectiva cambió al darse cuenta de lo conmovedora que era para otros, “no importa lo que sienta al respecto, sino lo que sucede cuando la gente lo escucha”.

Una historia de película

Durante un programa de radio conmemorativo del desastre, María contó su historia a la audiencia española y fue escuchada por la productora de cine Belén Atienza. Cinco años después, la historia de la familia llegó al cine con la película Lo imposible, dirigida por Juan Antonio Bayona.

En la película, María y Quique fueron interpretados por Naomi Watts y Ewan McGregor, respectivamente, lo que implicó un cambio de nacionalidad, pero sirvió para asegurar un presupuesto sustancial. Además, Naomi Watts era la actriz favorita de María después de haber visto su actuación en 21 gramos.

La familia regresó por fin a Tailandia con el equipo de producción para darles más detalles sobre cómo y dónde se desarrollaron los hechos. Parte de la película se filmó en el set acuático más grande de Europa en la ciudad de Alicante, en España, otra parte en Estados Unidos y el resto en Tailandia. El resultado fue una obra maestra de la filmación de desastres y una de las películas españolas más exitosas.

María participó muy de cerca en la creación del guion y esto le ayudó al proceso de sanación, de hecho, la película es bastante fiel a la historia real. Una diferencia mínima es que la pelota con la que sus hijos jugaban antes del desastre era amarilla y en el filme es roja.

La historia de esta familia que sobrevivió contra todo pronóstico es tan desgarradora como conmovedora, ¿crees que el hecho de que todos sobrevivieran fue mera suerte o algo más? Comparte tus ideas en los comentarios.