19 Usuarios de Genial probaron comidas que deberían haber llevado el cartel de “Peligro”

Historias
hace 2 años

La comida es uno de los grandes placeres de la vida para algunas personas. Existen platillos que son todo un deleite para el paladar, sin embargo, hay veces en que algo se ve sumamente rico y resulta no ser lo que esperábamos. Algunos individuos con mala suerte han vivido experiencias un poco extrañas a la hora de comer algo que definitivamente no era lo que tenían en mente.

Aquí reunimos algunos comentarios de los usuarios de Genial.guru, que vivieron historias peculiares a la hora de comer sus alimentos.

  • Mi mamá me mandó a lavar los trastes, yo fui refunfuñando y comencé a lavarlos cuando de pronto, vi que junto a la estufa había un enorme trozo de queso blanco; sin pensarlo, lo tomé y ¡pum!, me lo comí todo. Resultó ser un pedazo de jabón en polvo compactado con algo de agua. Toda la tarde estuve echando espuma por la boca y con ganas de vomitar, además de aguantar las risas de mis hermanas. © Jessica Gutierrez Vazquez / Facebook
  • Algunos fríen el ajo entero para hacer el arroz. En una ocasión, lo freí hasta que se puso negro y después lo retiré de la olla y lo puse en la tapa antes de tirarlo. En eso, entró mi hija y me dijo: “¿Puedo comerme esa aceituna?”. Le respondí que no, preguntándome a qué aceituna se refería. Cuando volteé a verla, tenía una cara medio rara y la boca abierta con el ajo mordido. © Nela Aqp / Facebook
  • Yo una vez abrí el refrigerador, vi una botellita de agua y me la tomé; pensé que me estaba quemando la garganta, era horrible. Lo que me había tomado era esencia pura de piña. Le pregunté a mi mamá si quería envenenarme, que cómo se le ocurría poner esencia en una botella de agua. © Iriangel Jose Quintero / Facebook
  • Un día llegué a casa con un poco de hambre; no había nadie, pero en la cocina había una cazuela con algo que parecían chilaquiles. Sin más, me serví y los comí. Cuando llegó mi madre, le comenté lo deliciosos que le habían quedado los chilaquiles y con gran asombro me dijo que no le había dado tiempo de cocinar y que lo que estaba en la estufa era la comida del perro. © Francisco Jimenez / Facebook
  • Un día, por quedar bien, me tuve que tomar 3 vasos de leche de vaca recién ordeñada, que no me gusta. A mis dos primas y a mí nos ofrecieron y yo me tomé la mía rapidito. Por cortesía, le dije a la señora que nos la dio que había estado muy rica y le devolví el vaso. Mis primas, al ver eso, dijeron: “Si te gustó, tómate las nuestras, a nosotras no nos gustó”. Me quería morir. © HannahAlannah Muñoz / Facebook
  • Cuando tenía 17 años, vi a mi madre mezclar fécula de maíz con agua para una salsa. Yo nunca lo había visto, pensé que era leche en polvo y me lo bebí todo. Mi madre entró a la cocina en ese momento y me preguntó por la fécula de maíz. Le bastó ver mi cara para saber qué había pasado y echarse a reír. © Mika SweetLand / Facebook
  • A mí me pasó que mi madre hizo ensalada, se equivocó y en vez de vinagre le puso alcohol para encender carbón. Como yo tenía hambre, agarré un poco de ensalada con un tenedor y me lo metí en la boca; casi me muero del asco antes de escupirla, ¡era espantosa! Mi hermano se moría de risa, pues él se salvó de comerla. © Glady Ev / Facebook
  • Cuando tenía como 19 años, me invitaron a comer a un restaurante de lujo. Uno de sus “exquisitos platos” era lengua y, por hacerme la excéntrica, lo pedí. ¡Qué asco! Y no lo digo porque fuera una mala preparación, solo que, en mi mente, solo veía a la vaca rumiando y con su gran lengua afuera. Comí solo un par de bocados, arruiné mi cena por andar de exquisita. © Migdalia Fernandez / Facebook
  • En Marruecos, paramos en un puesto callejero y pedimos un té. Como era de un sabor muy intenso, me costaba mucho tomarlo, pero no lo quería tirar para no despreciar (además lo habían servido en un vaso de vidrio que tenía que devolver). Cuando ya no podía más, pedí una especie de masa, que era como un pan o un pastelillo, para acompañar el poquito té que me quedaba. Me dieron la masa, me quitaron el vaso, lo volvieron a llenar de té y me lo devolvieron con una gran sonrisa. Yo gritaba desesperada que no quería más, pero obviamente nadie entendía mi idioma y terminé con una masa (horrible) y un nuevo vaso de té. © Loreta Morena Silva / Facebook
  • Una prima fue a la casa de su abuela, que tenía en la mesa del comedor un gran frutero. Ella vio una fruta que no conocía, así que la tomó para morderla. En eso, vio que su abuela se acercaba, se asustó y se metió toda la fruta a la boca. Era una tuna, una fruta que tiene espinas muy pequeñas. © Carmen Vargas / Facebook
  • En una ocasión, pasé corriendo por la cocina de un bar y me pareció ver unas bandejas llenas de trocitos de carne; me metí un pedacito en la boca a toda velocidad antes de que apareciera alguien y resultó que sí era carne, pero estaba cruda. En ese momento entraron los dueños y me la tuve que tragar. © Manuel Aguilar / Facebook
  • Una vez, me encontré en la mesa de mis papás un delicioso chicle naranja, brilloso y redondo. Yo casi no como chicles, y ese día se me antojó. Le di una mordida y vaya desilusión que me llevé, era una bolita de pintura de un juego de Gotcha. Lo bueno es que no me lo metí completo en la boca. © Bety Jurado / Facebook
  • Yo acostumbro poner el aceite usado en un cartón de leche vacío para llevarlo a un lugar adecuado. Resulta que un día, abrí una leche nueva y la dejé junto al aceite; más tarde, sin pensar, tomé el cartón de leche para tomar directo de ahí y le di un trago muy grande rápidamente. De pronto percibí un sabor raro, comencé a sentir el aceite bajando por mi garganta y empecé a escupir y casi vomitar; entonces entendí qué era lo que había pasado. Tuve que hacer un esfuerzo para no vomitar y después tuve que tomar mucha agua. © Montse Castilla / Facebook
  • Estaba en casa de mi hermana y mi sobrino me pidió que le hiciera una bebida de arroz que a él le encanta, así que yo acepté. Preparé todo para licuar, agarré el frasco que decía azúcar y licué todo, el arroz, la leche, la canela y finalmente el azúcar; cuando la probé estaba toda salada. Mi hermana me dijo que cómo no me di cuenta de que eso era sal, y yo solamente me preguntaba cómo a alguien se le ocurre poner sal en un recipiente que dice azúcar. © Marie Torres / Facebook
  • Un día llegó mi papá de trabajar y en la mesa había un pedazo de manteca, o al menos eso creyó él. Lo levantó con el dedo y se lo comió; era jabón blanco que mi mamá había dejado sobre la mesa. © Pamparotov Federico / Facebook

¿Cuál ha sido tu experiencia más extraña a la hora de comer algo? ¿Qué alimentos no volverías a probar en tu vida?

Imagen de portada Jazmin Pantoja / Facebook

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