Personas que mezclaron dinero con amor, y pagaron caro la lección


La maternidad es una etapa desafiante llena de pruebas y aprendizajes; por eso, muchas veces pedimos o recurrimos al consejo de otros, sobre todo de los abuelos, para guiarnos. Sin embargo, cuando has decidido educar a tus hijos de una forma determinada y son tus propios padres quienes no lo respetan y deciden saltárselo una y otra vez, la confianza se tambalea y los límites aparecen.
Querido Genial.guru:
Me he decidido a escribiros porque estoy hasta las narices de sentirme la “mala de la película” por el simple y sencillo hecho de querer criar y educar a mi hija con coherencia. Por lo que parece, cuando te conviertes en madre, de la noche a la mañana todos a tu alrededor tienen un máster en pedagogía, pero lo de mis padres se ha pasado de castaño oscuro. No voy a seguir consintiendo que saboteen nuestro estilo de vida cada vez que miro para otro lado.
No somos ningunos “tiquismiquis”, pero mi pareja y yo hemos tomado la decisión de no dejar que nuestra hija tome azúcar procesado y de que no use pantallas porque estamos convencidos de que es lo mejor para su sano desarrollo. Para mis padres esto es una “chorrada de modernos” que no tiene ni pies ni cabeza, así que se lo saltan cada vez que les apetece. Me he hartado de volver a buscar a mi hija y encontrarle churretones de chocolate en la cara mientras ellos me aseguran que “la niña solo ha comido fruta” y de que mi pequeña me cuente que “le gustó mucho el episodio de Bluey”.
Lo que me ha hecho explotar no han sido ni las galletas, ni la tablet que esconden para prestarle; es que le están enseñando a mentirme y a esconderse de mí. Ese “toma, cómetelo rápido que no se entere mamá” o el “no le digas a tu madre que hemos visto los dibujos”. Lo que mi hija está aprendiendo es que se puede saltar las normas de sus padres cuando quiera y que no debe contarnos todo.
He intentado más de una vez hablarlo con ellos por las buenas, pero su respuesta siempre es la misma: “A ti te criamos así y mira qué bien has salido”. No me han dejado otra salida que decirles: “Pues mirad, papá, mamá: los padres de esta niña somos nosotros. Si no podéis respetar lo que pedimos, no podéis quedaros con ella a solas. Punto”.
Ellos están destrozados y me dicen que estoy siendo una mala hija y una mala madre. Me duele porque sé que la quieren y que ella les adora, pero ese amor no les da derecho a hacer lo que están haciendo. Desde hoy, si quieren ver a la niña, será conmigo presente. Se acabó el vacilarme.
¿Estoy haciendo lo correcto? ¿Me estoy pasando?
—Leire
Querida Leire, en primer lugar, gracias por contarnos por lo que estás atravesando y por abrirnos tu corazón. Criar a un hijo es algo sumamente complicado y, probablemente, hay tantas formas posibles como padres existen en este mundo. Quizá por eso casi siempre aparece alguien dispuesto a juzgar lo que estamos haciendo o cómo lo hacemos. Desde Genial, queremos dejarte algunos consejos que tal vez te sean de ayuda para afrontar estos momentos:
¿Cuál es el punto en el que tus padres y tu no estáis de acuerdo respecto a la educación y crianza?
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