Compartes más de la mitad de tu cuerpo con algo inhumano

Curiosidades
hace 5 meses

¿Listo para sorprenderte? Solo cerca del 43 % de ti eres... tú. El resto son tus amigables vecinos: criaturas microscópicas que te ayudan a funcionar correctamente. La mayoría vive en tus intestinos, pero también están en otras partes de tu cuerpo y nunca lo abandonan. Sin embargo, si bien tus propias células no alcanzan el número de microbios que hay en ti, ¡en promedio tienes unas 100 billones!

Si tomaras todos los microbios que deambulan por tu cuerpo y contaras sus genes, el número oscilaría entre los 2 y los 20 millones con sus combinaciones. Los tomates tienen más genes que los humanos; bueno, al menos más que la parte que realmente somos nosotros. Pero esto no debería preocuparte: lo importante no es la cantidad, sino la complejidad de sus conexiones. Nuestro cerebro es bastante grande, ¡casi tanto como una funda de almohada! Entra en una cabeza relativamente pequeña porque está muy arrugado. Si pudieras estirarlo, ¡verías que en realidad eres todo un cerebrito!

El cerebro se encoge gradualmente a medida que envejeces. A los 75 años, este es mucho más pequeño que a los 30, y comienza a reducir su tamaño hacia los 40. Es algo que nos sucede a todos, y no afecta la salud mental de ninguna manera. Este órgano puede almacenar solo 7 bits en su memoria a corto plazo. Mejor no intentes compararlo con la memoria de tu celular, ni siquiera con ese que tenías en 2005. Un simple byte tiene 8 bits. Por eso no logras recordar ni tu número de celular. Nuestra memoria a corto plazo funciona como una pizarra: puedes anotar información en ella, pero tarde o temprano se quedará sin espacio.

La memoria de trabajo es algo esencial que ponemos en práctica en casi todas las actividades cotidianas, incluidas las conversaciones básicas, moverse por la ciudad y hasta intentar copiar los movimientos de un video de entrenamiento. Nuestros recuerdos más fuertes y emocionales suelen ser falsos. Esto tiene que ver con la forma en que funciona la memoria: hace que creamos con seguridad que todo lo que recordamos es real, cuando en realidad solo deberíamos estar convencidos de algunos detalles.

Tus huesos también se vuelven más frágiles con la edad, y la columna vertebral se comprime. Por eso, algunas personas mayores suelen perder parte de su altura. De la misma manera, eres un poco más alto por las mañanas que por las noches, ya que tu columna descansa un poco mientras duermes. Este efecto es temporal, pero lamentablemente el que viene con la edad no lo es.

Nuestra esperanza de vida está programada en nuestras células. Estas se renuevan y dividen constantemente, pero tienen un reloj interno que se detiene en cierto punto. Además, algunas dejan de reproducirse antes que otras. En promedio, dejan de dividirse cuando llegamos a los 100 años. Eso significa que, si encontráramos la manera de engañarlas para que apagaran su reloj, podríamos vivir potencialmente para siempre.

De entre todos los mamíferos, solo los humanos son capaces de caminar en todo momento sobre sus patas traseras y mantener esa postura toda la vida. Tal vez respondas que los canguros y los gorilas se mueven de la misma manera, pero los canguros usan su cola como una tercera pata, y los gorilas usan sus largos brazos para mantener el equilibrio. La grasa corporal no es solo una molestia: funciona como material aislante y reserva de energía. Además, absorbe el impacto de los golpes. Tu cuerpo envía la mayor parte de la grasa a la zona de la cintura porque allí es donde se encuentran muchos de tus órganos vitales. Si algo te sucediera, esta capa los protegería de un daño irreparable.

Tus huesos también colaboran en tu metabolismo. Como se componen mayormente de calcio, cuando este elemento escasea en tu sangre, los huesos lo envían a tu flujo sanguíneo. También sucede lo contrario: si hay demasiado calcio en la sangre, los huesos lo almacenan para otro momento. Tu cráneo está compuesto por 28 huesos diferentes; muchos de ellos se fusionan entre sí para proteger tu cerebro. La mandíbula inferior es el único hueso del cráneo que solo está unido a la cabeza a través de tejidos y músculos conectores. Y el hueso más pequeño de todo el cuerpo se encuentra en el oído. Se llama estribo, y no es más grande que un grano de arroz.

El único hueso de tu cuerpo que tiene sentido del humor se encuentra en tu brazo superior. Por eso se lo conoce como “húmoro”... es decir, húmero. De acuerdo, eso lo inventé yo. Continuemos. Algunos de los músculos más fuertes de tu cuerpo no se encuentran en tus brazos ni en tus piernas, ¡sino en tu cabeza! El masetero es el principal responsable de la masticación, y debe ser el más fuerte de todos para que puedas comer correctamente. ¿Conoces esos músculos que te permiten mover las orejas? Se llaman temporales, y se encuentran encima de tus sienes. También te ayudan a masticar la comida.

Tenemos dos músculos muy rápidos, los cuales se encargan de controlar el cierre de los párpados. De hecho, son los más rápidos de nuestro cuerpo. Los ojos son frágiles y necesitan protección; por eso, cuando el reflejo se activa, estos músculos se cierran en menos de una décima de segundo. Durante mucho tiempo se creyó que una persona podía distinguir más de 10 000 olores. Sin embargo, una investigación reciente demostró que en realidad reconocemos más de un billón. Además, los recordamos mejor que a ninguna otra cosa; los aromas incluso pueden despertar recuerdos lejanos.

Solo distinguimos el azul violáceo, el amarillo verdoso y el rojo amarillento. Todo lo demás es una combinación de estos tres colores. Es imposible calcular el número de combinaciones que el ojo humano puede percibir, ya que la visión de cada persona tiene pequeñas variaciones. Pero en promedio detectamos cerca de un millón. Sentimos alrededor del 80 % del sabor de las comidas gracias a la nariz y a su habilidad para reconocer olores. Si te la tapas mientras comes, prácticamente no percibirás los sabores. Podrías tener chocolate o pescado ahumado en la boca y no notarías la diferencia.

El olfato se apaga completamente mientras duermes, por lo que tu cerebro no detecta ningún olor. Si te quedas dormido y algo comienza a oler mal en tu casa, ni siquiera te enterarás. ¡Fido, perro malo! Tu nariz no solo te ayuda a respirar y a percibir los olores: también “filtra” el aire para proteger la garganta y los pulmones, que son bastante sensibles. Si inhalamos aire seco, la nariz lo humedece y lo enfría o lo calienta cuando es necesario. Además, remueve el polvo que pueda haber en el aire.

Podemos digerir ciertos objetos pequeños por accidente, como plástico, vidrio, monedas y muchas otras cosas. Atravesarán el tracto gastrointestinal en 48 horas. ¡De hecho, en una ocasión, un hombre comió un avión entero! Le llevó años hacerlo, pero terminó su platillo de metal de a pequeños bocados sin ningún problema. Cuando le preguntaron si el avión se quedaría dentro de él para siempre, respondió: “No, solo está de paso”. Bueno, eso último lo inventé yo.

Hablando de comida, te da sueño después de un almuerzo o una cena potente gracias a tus instintos básicos. Tu cerebro piensa (y con razón) que cuando comes estás a salvo. Y si estás a salvo, puedes acostarte y descansar un poco antes de volver a salir a un mundo lleno de peligros. Cada persona tiene un olor único que no puede ser confundido con el de nadie más. ¡Dicho eso, si tienes un gemelo, los dos tendrán el mismo olor!

Nuestro cerebro percibe el acto de dar regalos como algo más positivo que el de recibirlos. Los humanos son criaturas sociales; cuando hacemos algo bueno por los demás, nos sentimos bien. El cerebro nos da una recompensa por haber actuado de esa manera en forma de oxitocina, la hormona de la felicidad. Nuestros ojos son herramientas poderosas, mucho más que cualquier cámara que hayamos inventado hasta ahora. Pero lamentablemente, no nos permiten ver el brillo que nuestros cuerpos emiten. Sip, al igual que algunas criaturas en lo profundo del mar, somos bioluminiscentes. La única diferencia es que nuestro brillo es tan débil que solo puedes verlo con la ayuda de aparatos de captura muy sensibles. ¡Ups! Se acabó el tiempo, ¡debo irme a brillar!

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