19 Momentos ilustrados que demuestran que la felicidad está en lo cotidiano


Las bodas se supone que son un momento de felicidad y cada una es tan única diferente y personal, como las personas que han decidido enlazar sus vidas. Pero también suelen ser momentos de nervios y de estrés que pueden verse acrecentados si hay miembros de la familia o amigos que se empeñan en imponer su voluntad en un día que se supone “es vuestro”.
Hola, Genial:
La palabra “boda ” siempre fue ilusión y alegría en mi casa, hasta que mis suegros aparecieron con una lista de invitados que parecía más las Páginas Amarillas. Llevo algo más de cinco años con mi pareja, ahorrando cada céntimo y cada euro para poder dar la entrada de un piso pero, para sus padres, parece que el caché y el honor familiar se midieran en el número de mariscadas que podemos pagar.
Durante un desayuno familiar, entre ColaCaos, cafés, pinchos de tortilla y tostadas con jamón, mi suegra soltó de la nada: “Hemos reservado la finca de lujo, son 200 euros el cubierto, pero no os preocupéis, que con los sobres de los invitados se paga solo”.
Me pareció indignante que ellos eligieran dónde lo haríamos y cuánto ibamos a tener que pagar, así que les dije: “No pienso pagar ese dinero, ni loco. No voy a pedir un crédito ni a pulirme mis ahorros para invitar a gente que no he visto en mi vida solo por vuestro postureo”.
Se lió una tremenda. Me llamaron “agarrao”, “rata” y “poco detallista” y además, me dijeron que les haría pasar una vergüenza monumental delante de sus amigos. Para ellos, no hacer la boda en un lugar que podría pasar por el Palacio de la Zarzuela y no dar un banquete escadalosamente caro era algo imperdonable. “¿Tu sabes lo que va a decir la gente? ¡Nos van a hundir!”, me gritó mi suegra.
Mi pareja trataba de mediar entre las dos partes, pero yo lo tenía clarísimo y no había más que hablar. No iba a empezar una vida con el agua por el cuello por un día. Al ver que no cedía, mis suegros se ofrecieron a pagarlo ellos, pero con la condición de que elegirían cada mínimo detalle: “Si vamos a pagar, entonces mandamos”. Después de oir eso llegué a mi límite y les grité: “Pues entonces, no hay boda”.
Ahora todo está patas arriba. Mis suegros no quieren aceptarlo y dicen que no respeto las tradiciones, pero yo estoy feliz de seguir teniendo ahorrado el dinero para nuestro primer hogar.
¿Debería ceder?
—Antonio
Querido, Antonio, gracias por contarnos tu historia. Qué tristeza que un día tan bonito se esté viendo empañado por cuestiones de dinero y enfrentamientos con tus suegros. Para tratar de solventar esta situación te dejamos algunas recomendaciones:
¿Por qué crees que es mejor hacer una boda por todo lo alto o hacer algo más íntimo? ¿Cuál es la disputa más grande que has tenido con tus suegros?
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