Señora, una cosa es que quiera su espacio y otra que vea a su hija legar así y la deje en la puerta. Y con dos criaturas!!
Me niego a que mi hija y mis nietos destrocen mi jubilación, ya cumplí como madre

Es bastante común que las abuelas sean las encargadas de cuidar a los nietos; pero cada vez hay más mujeres que dicen “hasta aquí” cuando se dan cuenta de que tienen que estar disponibles las 24 horas del día para echar una mano. Estas abuelas reivindican su derecho a no convertirse en eternas niñeras y es entendible. Sin embargo, en el caso de Marisa, la lectora que nos hizo llegar la siguiente carta, su intento por poner límites y ser firme la hizo pasar por alto la complicada situación en la que se encontraba su hija.
La carta de Marisa:
Hola, equipo de Genial.guru,
Me llamo Marisa y tengo 64 años. Toda mi vida he sido la “buena para todo” de la familia. He trabajado como una burra por muchos años, he sacado adelante a mis tres hijos y me hice cargo de mis padres hasta que faltaron. Cuando por fin me llegó la hora de jubilarme, me compré un pisito para mí sola y me hice una promesa: ¡Se acabó el tirar de todo el mundo! Después de tanto tiempo, tenía mi propio espacio limpio, recogido, ordenado, a mi gusto, y podía tener mis tardes de lectura.
Todo estaba tranquilo y en paz hasta el martes pasado. Mi hija, Marta, apareció en la puerta de mi piso como a las diez de la noche. Venía hecha un cuadro con los ojos hinchados de tanto llorar y los dos críos a cuestas con unas mochilas maltrechas. Cuando le pregunté qué había pasado, me soltó que había tenido una “bronca monumental” con su marido y que necesitaba quedarse conmigo un tiempo.
No la dejé pasar del marco de la puerta. Me dio muchísimo coraje pensar que se iban a cargar mi tranquilidad y que mi “santuario” se iba a convertir en todo un caos de juguetes, gritos, chuches y manchas de zumo y batido. Me puse a la defensiva y le dije: “Marta, me niego a que tú y mis nietos os quedéis aquí conmigo. Yo ya cumplí con mi deber como madre con vosotros y ahora te toca a ti cumplir con el tuyo. Tienes un buen trabajo, con un buen sueldo, así que vete a un hotel y apáñatelas como puedas”. Cerré la puerta y me asomé a la ventana para verla subir a los niños al coche. Cuando vi que arrancaba, me fui a mi sofá reclinable a ver El Hormiguero en la tele mientras pensaba que por fin me había hecho respetar.

Ya puedes poner bien de empeño en pedir disculpas y en hacer todo lo que puedas, porque lo que hiciste no tiene ni nombre....
Un par de días más tarde, tenía tantos remordimientos que no podía ni comer. Me fui a buscarla y la encontré en un hostal de tres al cuarto. Cuando me dejó pasar, me contó la verdad entre sollozos: No se trataba solo de una bronca. Marta llevaba meses aguantando el control emocional y económico de su marido, Manuel.
No vino a mi casa porque fuese una “comodona” que buscaba casa y niñera gratis para los niños, sino porque llevaba semanas planeando salir de allí y yo era la única en la que confiaba para mantenerla oculta.
Les di con la puerta en las narices porque no quería que me mancharan el parqué, el sofá o me despertaran de la siesta, y ellos me necesitaban de verdad. Ahora mi hija no solo está asustada, sino que ya no confía en mí y casi no quiere hablar conmigo.
¿Cómo puedo pedirle disculpas por lo que hice y que vuelva a confiar en mí? ¿Cómo puedo perdonarme yo misma?
Por favor, denme algún consejo,
—Marisa.

No cree que antes de ponerse a cerrarle la pierta en la cara a su hija y dos niños que son sus nietos, debería pararse a preguntar qué sucede? POrque muy normal no es que aparezcan así en su puerta de noche...
Gracias por hacernos llegar tu historia y por abrirnos tu corazón, Marisa. Teniendo en cuenta el sentimiento de culpa con el que cargas, el dilema al que te enfrentas actualmente no es sencillo y requiere de tiempo y esfuerzo por ambas partes. ¡No pierdas la esperanza!, ya has dado un paso fundamental, que es reconocer el error.
Nuestros consejos:
- Deja a un lado las excusas: Cuando llegue el momento de hablar con tu hija, no recurras a “si me lo hubieras contado...”. En su lugar, di: “Lo siento, no lo pensé y fui egoísta”.
- Conviértete en su mejor aliada: Si no quiere ir a tu casa después de lo que pasó, puedes ofrecerte a pagarle un lugar seguro y a acompañarla en todo momento.
- Los límites son necesarios, pero con mente y corazón: Claro que puedes tener tu propio espacio, pero también puedes organizar una convivencia de vez en cuando para pasar tiempo con tus hijos y nietos.
- No te castigues más: Lamentablemente, el sentimiento de culpa no ayuda de ningún modo a Marta. Trata de estar presente y de ser la madre y la abuela que necesitan en estos momentos.
¿Qué harías tu en el lugar de Marisa? ¿Por qué crees que son necesarios los límites?
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Comentarios
Creo que no puedes hacer las cosas así. Vamos a ver: tu hija aprece en tu puerta con dos niñs en plena noche, llorando, y no les dejas pasar? Por mucho que quiera Ud. estar sola y a su aire un poquito de humanidad y de preocupación o qué??
A mí me parece una pésima abuela, cómo va a dejar a la familia en la puerta!
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