¡Chiquitín! Qué angustia!
Mi hijo con autismo tuvo una crisis en el tren y, mientras todos nos juzgaban, un extraño nos salvó con su bondad

Ser madre es uno de los roles más difíciles y arduos en la vida de una mujer. Un reto continuo de caídas, aprendizajes y agotamiento que convierte nuestra vida en una montaña rusa de emociones que, muchas veces, lo último que necesita es de consejos no solicitados y comentarios malintencionados. Por eso, para la mamá de la siguiente historia, la ayuda y la bondad de un joven con su hijo y con ella misma no solo arregló su día, sino que alegró su corazón.

Debe de haberlo pasado muy mal... ¡Pero encontró un gran apoyo!
Mi hijo pequeño de ocho años tiene autismo severo. Hace unas semanas, mientras viajábamos en un tren de larga distancia, entró en una grave crisis sensorial. No se trataba de un simple berrinche, una pataleta o de falta de disciplina; mi pequeño estaba colapsando a causa del ruido y las luces del tren. Comenzó a gritar con angustia y a golpearse contra el asiento en el que antes había estado sentado.
En ese momento, yo estaba sola. Traté de sujetarlo para que no se hiciese daño, pero no lograba calmarle. La gente en el vagón no dejaba de mirarnos, de cuchichear e incluso de señalarnos.
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Escuché como una señora decía a mis espaldas: “Qué poca educación. No deberían viajar en tren si no sabe controlar a su hijo”. Yo estaba llorando, avergonzada y derrotada. Me sentía la peor mamá del mundo.
De pronto, un chico que estaba sentado frente a nosotros se quitó los cascos y se acercó poco a poco. Pensé que iba a gritarme o reclamarme por la situación, pero no dijo nada. Se sentó justo frente a mi hijo en el suelo del pasillo (respetando su espacio), sacó una libreta y un rotulador y comenzó a dibujar sin parar.
Dibujó enormes dinosaurios montando en skate, otros que comían pizza y helado, sonreían e incluso uno que viajaba en tren. Cuando terminaba un dibujo, arrancaba la hoja y se la enseñaba al niño que, poco a poco, se fue calmando y dejando de gritar.
Ese desconocido estuvo dibujando sin descanso durante algo más de una hora, hasta que llegamos a nuestra estación. Cuando me levanté emocionada y temblando, intenté pedirle perdón por el ruido y por todo lo que había sucedido, pero él solo me puso la mano en el hombro y me dijo: “Yo fui ese niño, y mi madre nunca tuvo a nadie que dibujara para ella. Hoy lo he hecho por las dos”.
Se bajó del tren antes de que lograse articular palabra o pudiese darle las gracias. Me quedé allí con un montón de dibujos en la mano y sonriendo por lo que acababa de presenciar.
Ese acto de bondad no solo calmó a mi hijo; me devolvió la fuerza para seguir adelante cuando más la necesitaba.
¿Cómo habrías actuado en estas circunstancias? ¿En qué situación un desconocido te salvó de la desesperación gracias a su bondad?
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Comentarios
¡Que mala onda que no ayudaran!
Yo la verdad sería de los que no ayudan jajajaj
Entiendo muy bien la situación, ojalá más gente entendiera a los niños con autismo
💔💔💔
Desafortunadamente muchos desconocemos en que consiste esas enfermedades y como actuar
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