15 Suegras con las que no te puedes relajar ni un segundo

La mujer que usa el nick MissLoyality comparte en su blog distintas historias de su vida. Al recordar su infancia, la joven se dio cuenta de que sus padres pudieron desarrollar en ella, de manera simple y sencilla, unas cualidades personales muy valiosas. Trató, entonces, de desentrañar aquellos secretos de su mamá y de su papá que pudieran ser de interés para otros padres, y así ayudarlos a que sus hijos crezcan como personas multifacéticas y fuertes, que amen a la familia y la vida.
Genial.guru cree que las historias reales pueden ser más útiles que los consejos generalizados. Con el permiso de la autora, compartimos con nuestros lectores los secretos de la crianza de una familia feliz.
Cualquier padre necesita ayuda con las tareas del hogar, pero puede ser insoportablemente aburrido para los niños limpiar los zapatos o guardar los juguetes. El papá de MissLoyality encontró una forma genial de involucrar a los niños en las tareas del hogar.
Por ejemplo, el padre hacía a su pequeña hija una pregunta: “¿Has visto cómo el agua se evapora al sol?”. La niña, que aún no había visto ese milagro, exigió pruebas. Su papá se puso a regar el patio, y luego le propuso a la nena una nueva “aventura”: “Hay que esperar un poco; mientras tanto, ¿por qué no vemos quién barre más rápido y mejor?”. La hija trataba de ganarle al padre y barría lo mejor que podía. Así, la aburrida tarea de barrer se volvía entretenida. Su padre demostró que la broma fue un éxito: el agua realmente se evaporó al sol, y la niña pudo verlo. Con ingenio, el hombre hasta lograba entusiasmar a sus hijas con la tarea de limpiar y pelar las verduras. Les preguntaba si habían visto cómo lo hacía mamá, y después de una respuesta negativa les proponía que probaran ellas mismas.
Las numerosas preguntas de los suscriptores hicieron que MissLoyality se pusiera a pensar en qué hacer si el niño responde que no quiere o que no le interesa. El padre de la joven volvió al rescate y contó sobre otras formas de influencia. Cuando las niñas crecieron, entusiasmarlas con la magia del mundo circundante se volvió más difícil. Entonces su papá comenzó a usar frases como: “¿Y si limpiamos para que mamá se ponga contenta cuando regrese”. Las niñas querían hacer feliz a su amada madre, y se ponían manos a la obra.
La personalidad de la hermana mayor requería de cumplidos y aprobación, por lo que se sentía motivada por los elogios: “¿Quién ha cortado las verduras tan bellamente?”, “Sin ti no habría podido hacerlo”. Los padres también notaron que su hija menor era un “investigadora” activa, y la mayor asumía fácilmente el rol de mentora. Por lo tanto, podían entusiasmar a las chicas con una tarea común, pero pedirle a la mayor que le mostrara a la menor cómo se hacía correctamente.
Ayudaban a generar entusiasmo las solicitudes de un consejo y el elemento de la competencia. Por ejemplo, el padre podía preguntarle a su hija cómo había que regar el jardín. La hija respondía que usando una manguera. El papá, entonces, le proponía verificarlo: él tomaba una regadera, ella una manguera y, al final, contaban el resultado. Aunque el adulto y experimentado padre regara más plantas, decía un número inferior al real y agregaba: “Tenías razón, es más rápido con la manguera”. Entonces la hija sentía que ella ganó y su respuesta era la correcta.
También motivaban a las hermanas las manifestaciones de confianza. La madre podía decir: “Creo que ya son lo suficientemente mayores como para aprender...”. Las niñas nuevamente se alegraban de que se les había dado libertad de acción y que se estaban volviendo más adultas.
MissLoyality contó una historia, que, muy probablemente, también te haya sucedido a ti. La madre les permitió a ella y a su hermana mayor ir solas a comprar un nuevo atuendo para la escuela. Las hermanas regresaron a casa con la compra: una falda corta y un jersey de cuello alto verde brillante. La madre les dijo que devolvieran las cosas, explicándoles que esa ropa no era apropiada para ir a la escuela, y que la calidad era dudosa. Pero la vendedora se negó a devolverles el dinero a las chicas, y al día siguiente fueron al mercado con su madre. Ella le explicó tranquilamente a la vendedora la situación y pudo recuperar el dinero. “Aplastó a la vendedora con sus argumentos y la remató con su tranquila y firme convicción de que se le devolvería el dinero”, recordó la joven.
MissLoyality recuerda cómo su madre le explicó varias veces qué hacer si alguien la amenazaba, intentaba llevársela a la fuerza o lastimarla en la calle. Dado que en un caso así las fuerzas muchas veces son desiguales, hay que usar cualquier medio para llamar la atención de otras personas: tomar del suelo piedras o palos y tirarlos a las ventanas y a los automóviles. Las personas muchas veces tienen miedo de intervenir, o simplemente no tienen ganas de meterse en algo que no involucra sus asuntos; pero cuando se trata de su propiedad, seguramente harán algo o llamarán a la policía. El daño siempre puede ser reparado, pero la vida humana, por desgracia, no.
Cuando la narradora tenía 6 años, le sucedió una historia poco agradable. Fue a visitar a sus vecinos y decidió dar vueltas con una niña menor que ella, de unos tres años. Después de un tiempo, cayó al suelo, pero sin hacerse daño, mientras que su vecina más chica se partió el labio. Los adultos llevaron a MissLoyality con su madre y, por supuesto, comenzaron a quejarse. La madre inmediatamente aclaró que aquello había sucedido frente a ellos, que eran entonces los que habían permitido que eso pasara.
MissLoyality enfatiza que sus padres nunca las regañaban o las castigaban frente a otras personas, pero en su casa se les explicaba lo que habían hecho mal y por qué era incorrecto. La madre mantuvo una seria conversación con ella y le explicó por qué era importante pronosticar todas la consecuencias posibles de sus acciones: cada una de las niñas podía haberse golpeado más fuerte, lastimarse, terminar en un hospital.
Los padres de MissLoyality contaron sobre un caso ocurrido en la infancia con su hermana mayor. Se trataba de un situación clásica: la niña había escuchado en alguna parte una expresión obscena y había comenzado a repetirla sin entender realmente lo que significaba. Sus padres encontraron una manera de evitar que la niña siguiera haciéndolo. Muchas veces y en voz alta, repetían ante la hija palabras con combinaciones de letras y terminaciones similares: “bruta”, “gruta”, “astuta” y otras. Unos días más tarde, la niña se terminó por confundir y se olvidó la palabra “correcta”.
MissLoyality reconoce que su infancia “podría exhibirse en muestras sobre la educación”, si las mismas existieran. Su mamá y su papá se convirtieron para ella en el prototipo de una relación ideal.
Sus padres tenían desacuerdos y disputas, pero no discutían frente a las niñas. Ellas nunca vieron a su mamá criticar a su papá o desacreditarlo frente a sus amigas. La madre admite que al padre le encantan las palabras fuertes, pero la hija escuchó una expresión obscena solo una vez, en una situación estresante en la carretera.
Además, los padres de la joven apoyaban la autoridad el uno del otro. Por ejemplo, si las chicas se acercaban a la madre para pedirle permiso para algo, ella siempre agregaba: “Pero pregúntenle también a papá”. Los padres ayudaban a sus hijas a hacerle frente a las dificultades y cumplían sus promesas. No existían los problemas “poco serios”. Por ejemplo, MissLoyality recuerda que una vez su papá, junto con un amigo de él, la ayudaron a hacer unas trenzas finas a su muñeca, porque la niña no lograba hacerlo sola.
La comunidad de Internet ahora está esperando que el padre de la joven escriba un libro. ¿Y tú recuerdas algún método de crianza especial de tus padres que haya “funcionado” contigo?