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La historia real de Ray Charles, quién creció en la pobreza y, siendo ciego, llegó a ser un exitoso músico

La vida no es nada sencilla. Muchas veces, cuando creemos que tenemos nuestras metas planeadas, sorpresivamente llegan adversidades que ponen a prueba nuestra determinación y las capacidades de salir adelante. Pero estas pruebas que hacen que nuestra vida quede de cabeza pueden tener dos resultados, o sacan lo mejor de nosotros o lo peor; y depende de nosotros mismos llegar al resultado más favorable que nos convierta en personas más fuertes de lo que éramos antes de pasar por todos los conflictos.

Con la certeza de que también las dificultades pueden sacar lo mejor de cada uno, Genial.guru te presenta la historia de Ray Charles, un músico que tuvo que luchar contra la pobreza, la ceguera, las discriminaciones raciales y hasta las pérdidas de sus seres queridos para volverse un icono de la música, y cuya historia inspiró la película Ray, que fue lanzada al cine en el 2004.

Una juventud llena de adversidades y música

Ray Charles Robinson nació el 23 de septiembre de 1930 en una familia muy humilde. Su padre lo abandonó a temprana edad; sin embargo, fue amorosamente protegido por su madre Aretha y por su “segunda mamá”, una de las exesposas de su padre, Mary Jane, quién lo mimaba y consentía mientras que Aretha le exigía y educaba. También tuvo un hermano un año menor que el, que perdió la vida al caer en la tina de lavandería de su madre. Al poco tiempo de aquel suceso, Ray comenzó a perder la vista hasta quedar totalmente ciego a los siete años, aparentemente, a causa de un glaucoma que no fue correctamente tratado.

Aún con todas las adversidades, el recuerdo de su infancia no se estancó solamente en los hechos devastadores, ya que Ray, en vez de encerrarse en todo lo que no tenía y había perdido, se enfocó en las cosas que le enriquecían, como era el amor de su familia. Además, así como perdió la vista, sus otros sentidos se agudizaron, desarrollando un particular oído musical. Así que disfrutaba cosas tan sencillas como ir a las celebraciones religiosas para escuchar los cantos: “Nací con música dentro de mí”, contó Ray. También disfrutaba visitar a su vecino que tocaba el piano: “Tenía un vecino pianista que cada vez que practicaba me volvía loco. Dejaba todo lo que estaba haciendo para escucharlo. Me acercaba y tocaba las teclas. Él me decía ’No, así no’ y me enseñaba a hacerlo de la forma correcta. Su virtud fue no sacarme de su lado y mostrarme cómo se tocaba el piano”.

Aretha fue quién preparó a su hijo para manejarse en un mundo sin visión argumentando que “puedes ser ciego, pero no eres tonto, tienes que hacer las cosas por ti mismo, nadie más las hará por ti”. Podía sonar un poco despiadado para un niño, pero el fundamento de aquella actitud en Aretha era el amor hacia él y la determinación de demostrarle que, aunque la vida fuera difícil, él podía dar lo mejor de sí mismo y desenvolverse como cualquier persona. Lo obligó a hacer solo el camino para sacar agua del pozo, buscar leña para el fuego entre otras tareas, a pesar de que a menudo él tropezaba y se caía. Ray recordó aquellos gestos rigurosos con mucha gratitud: “Ella me dejó vagar, me permitió cometer mis propios errores, me permitió descubrir el mundo por mí mismo”, lo cual lo llevó a ser una persona independiente, capaz de moverse de una manera tan desenvuelta que muchas personas no reconocían su ceguera.

Finalmente, ella, por medio de algunos contactos, logró inscribirlo en una escuela que aceptaba alumnos afroamericanos ciegos. Allí no solamente aprendió el braille, el sistema de escritura y lectura para personas no videntes, sino que también afianzó su amor por la música, aprendiendo piano, saxofón y el clarinete, entre otros instrumentos. También aprendió a componer en braille, y aunque la institución le instruyó el género de música clásica, él se sentía atraído por el jazz, el blues y la música country. Para él, la ceguera nunca fue una barrera para educarse en aquello que tanto amaba: “Haría lo que tenía que hacer de todos modos. Así que la ceguera no tenía nada que ver con eso. No me dio nada. Y no me quitó nada”.

La música fue su consuelo en los momentos difíciles

Si bien su infancia, como podemos ver, no fue nada sencilla, para Ray la prueba más difícil que tuvo fue la muerte de su madre cuando él tenía 14 años: “Eso me hizo tambalearme. Durante días no pude hablar, pensar, dormir o comer. Estaba bastante seguro de que me volvería loco”. Sintiéndose entonces como “un niño perdido”, dejó de importarle su educación y fue expulsado de la escuela al poco tiempo por hacerle bromas a sus maestros. Entonces, se mudó lejos de su sitio natal dispuesto a depositar el corazón en la música para construir su futuro en algo que tanto amaba. Pero, eso tampoco fue sencillo.

Si en la actualidad es difícil que una persona con mucho talento pueda llegar a la fama de un día al otro sin ningún contacto, en aquel tiempo fue más duro a causa de que acababan de superar tiempos bélicos en el país, y el trabajo escaseaba, aún en el campo de la música. “El trabajo era muy escaso (...). Podría trabajar un par de noches y luego no más durante dos o tres semanas”, contó. Pero aún pasando días sin comer, nunca renunció a su sueño de poder tener su lugar en el mundo de la música.

Así que se mudó a Tampa, donde la competencia por mostrar el talento era feroz, “Había muchos músicos deambulando por las calles que te dejarían sin aliento si les dieras la mitad de la oportunidad que a otros”. Aun así, consiguió ser pianista de dos músicos, y pese a tener trabajo, no era suficiente para él, porque quería tener su propia banda, así que se mudó a Seattle y, con dos músicos, formó un trío musical llamado Trío McSon: “El trío fue lo primero que tuve que honestamente podría decir que era mío”.

Encontrar su propio sonido lo llevó a la fama

Teniendo su propio grupo musical que le brindó trabajo, Ray alquiló un departamento donde fue a vivir solo. Sus vecinos y seres cercanos quedaron impresionados al ver su independencia, ya que él podía limpiar, cocinar solo e incluso hacer las compras sin siquiera un perro guía o un bastón. “Lo veía cruzar la calle sin bastón o perro, esquivando el tráfico... sin perder nunca un paso. Fue como si alguien olvidara decirle a Ray que era ciego”, recordó una de las personas más allegadas a él.

En la época de Ray, lo cierto es que las diferencias raciales eran muy notorias, pero eso no impidió que el trío McSon tocara conciertos para públicos diversos, sin distinción de clase. Poco a poco, su talento comenzó a llamar tanto la atención que un día llegó un productor a escuchar al trío para darles una propuesta: “Él dijo: ’Me gustaría firmar un contrato con ustedes. ¿Qué pensarían de eso?” ¡Oh, hombre, estaba tan emocionado! ¡Guau! ¡Vamos a conseguir un contrato discográfico! No había nada sobre ningún anticipo o dinero por adelantado. Todo lo que el hombre me dijo fue que me iba a grabar y que tendríamos un éxito“.

Pero aún con la buena reputación (que no llegaba a ser fama aún) que estaba obteniendo, debía su prestigio a imitar a artistas ya famosos. Ray copiaba a otros músicos, ya que habiendo vivido en la pobreza, hacía que dudase sobre la conveniencia de crear su propio sonido: “Podría obtener mucho trabajo interpretando a otros artistas (...). Podría trabajar en clubes nocturnos. Podría ganarme la vida con sus sonidos”. Sin embargo, él no quería simplemente sobrevivir: “Comencé a decirme a mí mismo: ’Tu mamá siempre te dijo que debías ser tú mismo y debes serlo si quieres triunfar en este negocio’”. Así que decidió dejar de ganarse la vida imitando y se propuso lograr ser famoso siendo él mismo para así dejar su huella en la música. ¡Y vaya que lo hizo!

Finalmente, el reconocimiento merecido

En 1952, Ray Charles firmó un contrato con la empresa discográfica Atlantic Records. Tras grabar muchas canciones que acrecentaron su popularidad, tres años después sumó a su banda un grupo femenino, The Raelettes, como coro en sus canciones, que le dieron un toque innovador a su música.

Tal vez esta decisión ayudó a fomentar la reputación que tenía Ray de mantener relaciones turbulentas con las mujeres, ya que, aunque se casó dos veces, ninguno de sus vínculos fue perdurable a largo plazo, llegando a tener 12 hijos de distintas madres.

Tanto en las décadas 50 y 60, la fama de Ray Charles se consolidó siendo uno de los pocos artistas de color (en época de segregación racial) en llamar la atención del público, recibiendo importantes regalías y honorarios. Y no solamente porque tenía una voz que podía ser áspera en momentos y en otros, capaz de llegar a tonos que podían engañar a un oyente haciéndole pensar que estaba cantando una mujer; sino porque tenía el talento de fusionar géneros musicales en una misma canción, ya sea blues y gospel, bebop y swing, e interpretarlos a la perfección.

Además, llamaba atención sus dotes en el piano que lograba hacer acordes superpuestos, y crear ritmos frenéticos o melodías suaves. Era tal su talento que, una vez, al terminar un concierto, quiso improvisar una canción, así que le pidió a su coro, The Raelettes, que repitieran todo lo que él cantaba, al instante, muchos del público se acercaron a pedirle que les dijera dónde comprar el disco con la “canción” que acababan de escuchar. Fue así que, tiempo después, grabó: “What’d I Say”, uno de sus clásicos.

Muerte y legado

Ray Charles tuvo una vida larga llena de batallas, luchó por triunfar en un mundo que lo rechazaba por su clase social y color de piel, luchó con su ceguera e incluso luchó contra las adicciones que le jugaron una mala pasada durante años. Pero podemos decir que todo su esfuerzo dio resultado: triunfó y el producto de ese triunfo es que, al llegar al fin de su vida, el 10 de junio de 2004, Ray Charles había dejado su huella en el mundo.

Dejó en su paso por la tierra canciones memorables, como “Unchain My Heart” y “Georgia on My Mind” (que se volvió uno de los himnos de aquel estado). Llegó a ser uno de los pioneros del soul, y todo esto es porque se atrevió a creer en sí mismo, a materializar sus sueños pese a todas las dificultades. Ray Charles se volvió un icono de la música y un fiel ejemplo de que nadie puede decirnos hasta dónde podemos llegar, porque no existen límites para quiénes solo ven la meta en su camino.

¿Conocías la historia de Ray Charles? Cuéntanos si miraste la película basada en su vida y si crees que los sueños pueden hacerse realidad.