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11 Problemas de la educación moderna que nuestras abuelas no consentían

En el año 1946, se lanzó en Reino Unido un estudio a largo plazo en el que los científicos realizaban un seguimiento de la vida de todos los niños nacidos en la misma semana. Las madres también participaron en el mismo. Según ellas, ser un buen padre no es complicado: basta con mostrar calidez emocional, hablar con el niño, escucharlo y también seguir unas normas sencillas. Los padres, en el siglo XXI, se toman el proceso educativo con más ahínco y, a menudo, en perjuicio propio.

Genial.guru analizó los errores a los que conduce este enfoque y averiguó por qué, a veces, vale la pena tomarse la paternidad con más calma.

1. Uso temprano de cosméticos

¿Qué niña no se aplicó a escondidas el lápiz labial de su mamá durante su infancia? Las señoritas de hoy en día dieron un paso mayor y se aplican maquillaje por completo antes de ir a la escuela o de paseo con sus amigas. Según un estudio de marketing, en Estados Unidos, más de la mitad de las niñas, con una edad de entre 12 y 14 años, recurren a los cosméticos decorativos, en particular, delineadores de ojos y cejas, sombras y rímel. El 45 % de ellas se aplica base de maquillaje o concealer, el 33 %, rubor y bronceador, mientras que un 10 % ya se tiñe el cabello.

Y aunque es posible encontrar cosméticos que no contengan componentes nocivos, las consecuencias psicológicas de este proceso no son tan sencillas de tratar. En el peor de los casos, la chica obtendrá el denominado “síndrome de la princesa”: egocentrismo, una tendencia al comportamiento teatral, una convicción de su propia exclusividad y, como resultado, una actitud consumista hacia la vida. Recuerda tu propia infancia: a los 14 años, el director podría regañarte por utilizar cosméticos y llevar tacones altos a clase.

2. Satisfacer cada capricho

¿Un nuevo juguete ahora mismo y no por su cumpleaños o Navidad? ¿Una sesión fotográfica cada mes? A la escuela, ¿solo con un traje de Tommy Hilfiger y un corte de pelo a la moda? “Lo importante es no ser peor que los demás y regalarle una infancia feliz”, esta es la razón por la que los padres gastan demasiado dinero en su hijo.

El deseo de cumplir con una norma imaginaria creará a una persona que no sabrá administrar los asuntos económicos. Se concentrará únicamente en el aspecto material de la vida y conceptos como la empatía y la compasión resultarán ser ajenas a ese niño (y más tarde a ese adulto).

3. Vacaciones en el extranjero antes de cumplir los 3 años

Si viajas con frecuencia, probablemente hayas visto familias con bebés pequeños en los centros turísticos. Viajar puede ser estresante, especialmente durante la fase preparatoria a salir. Las vacaciones con niños pequeños requieren de una planificación más detallada.

Si añadimos a este cuadro la aclimatación, vuelos o un largo viaje en tren, las vacaciones serán todo un desafío, tanto para los padres como para el niño. Además, guardamos recuerdos solo a partir de cierta edad, precisamente, más allá de cumplir los tres años y medio: los niños más pequeños simplemente no recordarán las bellezas que ambos querían mostrarles. Así que no es práctico llevar a un niño menor de esta edad.

4. Ausencia de tareas domésticas

El 82 % de los adultos de hoy en día admiten que en la infancia tenían tareas domésticas: hacer la limpieza, fregar los platos, cuidar de una mascota y similares. Al mismo tiempo, tan solo el 28 % de las personas confían ese trabajo de manera regular a sus propios hijos. Esto puede explicarse de la siguiente manera: nuestras abuelas no tenían lavaplatos, ni aspiradoras robóticas, ni otros electrodomésticos que simplificasen de manera notoria el cuidado del hogar. Pero también es cierto que, en caso de un corte de luz, no nos veíamos envueltos en una situación desesperada.

Por lo tanto, el niño debe ocuparse de quehaceres en el hogar: esto forma una personalidad más autosuficiente, impulsa sus habilidades comunicativas con amigos y familiares, así como fomenta la sensibilidad y la capacidad de cuidar del otro. Para desarrollar la actitud positiva del niño hacia el trabajo, es necesario agradecérselo: eso aumenta su autoestima y su participación en estas responsabilidades, a diferencia del efecto que genera que esto se haga por una remuneración económica.

5. Falta de habilidades en la escritura

La necesidad de escribir algo a mano va cayendo en el olvido: todos tenemos teléfonos inteligentes, tabletas, computadoras portátiles y otros. Las habilidades de escritura en las escuelas reciben cada vez menos atención y es lamentable. Escribir a mano está interconectado con las habilidades motoras finas, influye positivamente a la hora de no cometer errores gramaticales y de ortografía, así como en el aprendizaje de idiomas extranjeros.

Cuando escribimos algo en papel, el cerebro recibe retroalimentación, se forma la coordinación de entre la visión y el movimiento, algo que no sucede mientras se escribe en el teclado. Una de las encuestas reveló que los estudiantes de secundaria de hoy en día utilizan cada vez más el lenguaje informal en una comunicación oficial. Y todo esto afecta al rendimiento en general del alumno.

6. Temor a hablar de los asuntos serios

Mudarse a otra ciudad o país, un divorcio, o un fallecimiento: no todos los padres modernos se atreven a hablar de estos temas con su hijo por temor a causarle un trauma psicológico. Pero los niños comienzan a darse cuenta de la irreversibilidad de la muerte a partir de que tienen 4 años. El silencio generará a largo plazo daños más graves en la mente: tarde o temprano, el niño se encontrará con este fenómeno desagradable y no sabrá cómo afrontarlo de manera correcta.

No debes convertir a un niño en una planta de invernadero: una persona sana debe poder experimentar, no solo emociones positivas, sino también negativas. Lo mejor que pueden hacer los padres es llevar la conversación de la manera más tranquila y gentil posible.

7. Hiperprotección

La calidad de vida en todo el mundo mejora constantemente si se compara con la de las generaciones anteriores y la tecnología moderna permite automatizar muchos procesos en el hogar. Las personas gozan de más tiempo libre que las madres jóvenes, que dedican dicho tiempo al cuidado en exceso de su hijo.

Como resultado, este crece dependiente de los demás, incapaz de resolver problemas por su propia cuenta y profundamente infeliz. Debido a intentos por parte de sus padres de proyectarse a sí mismos en sus hijos, estos, desde una edad temprana, viven con una sensación constante de ansiedad. Un estilo de educación autoritario (la hiperprotección es una de sus variantes), en el peor de los casos, puede conducir a intentos de suicidio en la edad adulta.

8. Percibir al niño como un ser ideal

Hasta tal punto que cualquier comentario negativo (aunque sea justo) provoca un fuerte deseo de demostrar lo contrario, e incluso la agresión. En vez de esto, prueba a decirle al niño de manera correcta tus expectativas sobre él y explícale por qué él mismo lo necesita. Durante el experimento, se descubrió que el “efecto Pigmalión” funciona: las expectativas de los padres influyen en el rendimiento de los niños.

Además, es importante comprender la diferencia entre una crítica razonada y otra sin fundamento y enseñárselo al niño. Otra cualidad valiosa es la capacidad de no prestar atención a las opiniones de las personas que carecen de importancia para él.

9. Comprar juguetes y dulces para calmar al niño

El supermercado, un carrito sobrecargado de alimentos con el niño dentro, las constantes peticiones de que le compres una barra de chocolate o un huevo sorpresa y, finalmente, una madre que se rinde sin tan siquiera luchar. ¿Te resulta familiar? Si esto se repite una y otra vez, puedes estar criando a un manipulador.

Para no complacer los caprichos del niño y al mismo tiempo no causar una tormenta de indignación por parte de las otras personas que están en la fila, sigue unas reglas sencillas: si es posible, no lleves al pequeño al supermercado, o bien recurre a la opción de entrega a domicilio; si esto no es posible, aliméntalo bien antes de que vayas a la tienda para que el deseo de comer algo se reduzca al mínimo posible.

10. Una posición de liderazgo débil

Los padres no siempre pueden establecer los límites personales, permitiendo que sus hijos los invadan de manera constante. Temen mostrarse firmes, justificándose con frases del tipo “Bueno, es solo un niño”. Por ejemplo, no te gustan los gastos que cada semana realiza tu hijo en la cafetería: gruñes, pero continúas aportándole las sumas necesarias, negándote a sí mismo lo que te es realmente necesario.

La incapacidad de los adultos para decir “no” hará que sean percibidos como personas débiles y el pequeño no aprenderá a respetarlos. La capacidad de definir límites y establecer disciplina (dentro de unos límites razonables, firme pero amable) permitirá comprender hasta qué punto es posible entrar en la vida de otra persona y así creará un ambiente saludable en la familia.

11. Eliminación del factor de riesgo como tal

Pasábamos toda nuestra infancia en la calle, volviendo a casa cuando se iba haciendo de noche. Nuestras mamás y abuelas estaban tranquilas: bastaba con asomarse a la ventana para comprender que todo estaba en orden con nosotros. En la realidad moderna, los padres a menudo temen permitir que su hijo o hija regrese solo después de ir a la escuela. Esto tiene sentido, pero la situación no debe desembocar en lo absurdo. Recientemente, los psicólogos descubrieron lo siguiente: si un niño no se enfrenta a los problemas más pequeños y naturales, desarrolla miedos y complejos.

Por ejemplo, al niño se le prohibió ir en bicicleta para evitar posibles caídas. Al adolescente le limitaban sus relaciones con el sexo opuesto para que no le invadiera la tristeza tras una ruptura. Para alcanzar la madurez emocional, uno también tiene que atravesar el río de las experiencias negativas. Cuida de tus hijos, pero mide bien cada paso.

¿Qué reglas de crianza tomarías prestadas de tus mamás, papás y abuelos? ¿O sigues tus propias normas? Compártelas con nosotros en los comentarios.