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13 Características de los kínderes del extranjero con las que nuestros padres solo pueden soñar

En cada país, los pequeños se crían en diferentes condiciones. Y no se trata solo de la familia. Existe una gran diferencia en las estructuras de trabajo de las instituciones infantiles y en las relaciones con los niños en general. Esto se nota en determinados momentos cotidianos, en las reglas, en la rutina diaria, en el aula. A veces, las diferencias son inmediatamente evidentes y, otras veces, apenas perceptibles. Pero los padres con niños en edad preescolar que se han mudado de un país a otro las ven con especial claridad.

Genial.guru le encanta comparar las peculiaridades de la vida en diferentes partes del mundo y ahora decidimos hacerlo basándonos en las experiencias de las mamás y los papás que experimentaron un verdadero choque cultural cuando enviaron a sus hijos a jardines de infancia en el extranjero. Por supuesto que esta es su opinión personal, que no pretende ser la última verdad y puede diferir de la experiencia de otras personas.

1. Alemania

Los grupos de niños tienen edades mezcladas. En el patio, todos pasean y juegan juntos, el personal está dividido alrededor del patio y cada uno cuida su propia área. Se permite salir del territorio del jardín y pasear por el barrio con la maestra. Para ello se utilizan unos cochecitos de varios asientos, y los niños que ya caminan rápido siguen a la maestra a pie.

Un usuario de las redes sociales describe así su experiencia: “Los alemanes tratan a los niños pequeños con calma, sin correr constantemente a su alrededor. ¿Ensució la ropa? Y bueno. ¿Comió arena? Saldrá sola. La limpieza la realizan las mujeres del servicio de la limpieza al final de la jornada laboral. Está claro que, si un niño fue el que ha ensuciado mucho algo, participará en la eliminación de las consecuencias. De lo que se preocupan aquí es de la privacidad. Al enviar a un niño a un kínder, tendrás que firmar un montón de papeles: quién puede recoger al pequeño, si se puede usar su foto, llamar a un médico para él, etc. El equipamiento también es impresionante: no se trata solo de juguetes, bicicletas, instrumentos musicales... ¿Una sauna en un jardín de infantes? Sí, en Alemania es una práctica común, incluso en zonas bastante pobres”.

No hay una hora exacta a la que debes venir: el kínder abre a las 6 a. m., pero debes llevar al niño antes de las 9. Cuando el pequeño llega, lo espera el desayuno: granola, pan, bollos, mermelada, salchichas, huevos duros, etc. Cada uno elige qué comer y beber. Lo principal aquí es aprender a servirse uno mismo. Los educadores solo observan y se involucran solo si algo no les sale a los pequeños y les recuerdan la necesidad de lavarse las manos. A los niños mayores se les pide que ayuden a los niños más pequeños y a los recién llegados. Se los elogia activamente por su ayuda. Después del desayuno, los chicos hacen lo que quieren: juegan, leen libros, etc.

Esto es lo que una madre escribe sobre un kínder en ese país: “Pasean con cualquier clima. Lluvia, viento, no importa, lo principal es pasar al menos 40 minutos afuera. Cuando llueve no se usan paraguas, solo botas de goma y un impermeable. Mocos hasta las rodillas no se considera un resfriado, sino una reacción normal del cuerpo. Te recetarán agua de mar como máximo, e incluso así te mirarán con recelo y te considerarán demasiado sobreprotectora si te preocupas por algo tan banal”.

En verano, cuando hace buen clima, los pequeños comen en la terraza al aire libre y pasan todo el día afuera, excepto en la hora en que duermen. Descansan en colchones en la misma habitación donde juegan. Antes de irse a la cama, se les lee un cuento de hadas y se les enseña a cepillarse los dientes por su cuenta. Quien no quiera dormir categóricamente o no pueda conciliar el sueño, va a un lugar especial donde lee o dibuja en silencio.

El ambiente relajado y tranquilo en los kínderes locales es muy diferente a aquel al que muchos están acostumbrados en sus países, y esta historia ilustra claramente este hecho: “Una vez, tuve una colega que se fue a Alemania, hablaba bien el idioma y pudo conseguir un trabajo como maestra en un jardín de infantes. Decidió trabajar como en un kínder de su país: recepción, clases, régimen. Menos mal que allí ya trabajaba una de sus compatriotas, que le dijo que si trataba así a los pequeños alemanes, la despedirían”.

2. Suecia

Un niño puede ser enviado al jardín de infantes desde la edad de 1 año y no hay requisitos para él. Puede no saber hablar o ir al baño solo; aquí lo perciben con comprensión. Durante los primeros días, el bebé se adapta y visita el kínder con su madre durante 1 o 2 horas al día, luego sin su madre durante el mismo tiempo, y luego se queda un poco más, para el almuerzo, para las siestas, pasando gradualmente a quedarse el día completo.

Una mujer se mudó a Suecia y compartió sus observaciones: “Los educadores son, en su mayoría, mujeres de 30 a 50 años, pero a menudo hay pasantes y trabajadores a tiempo parcial. Un par de veces fueron hombres. A mí eso me impacta, no confío en los hombres que quieren limpiar los mocos de los niños de otras personas, pero aquí se considera normal. Al ingresar al jardín de niños, se quitan los zapatos y se colocan en un estante, y el héroe de la ocasión se marca a sí mismo en el programa de una tableta como recién llegado a bordo. Y al salir, respectivamente, se marca como retirado”.

El niño debe hacer clic en la imagen del animal que está asignado a su apellido.

3. Francia

Hay un horario estricto en los kínderes locales: puedes entrar de 8:20 a 8:40 a. m. Además, solo los padres de los niños del grupo de los más pequeños pueden entrar. Los chicos de los grupos medio y el de los niños más grandes se quedan en la entrada. Allí son recogidos por el personal. Si llegas tarde y las puertas ya están cerradas, el niño no será aceptado en el grupo ese día. Los cuidadores se especializan en las edades y cambian para el niño cada año. Es decir, uno está a cargo del grupo de los más pequeños, otro del grupo medio y otro se encarga del grupo de los más grandes.

Los educadores se comunican entre sí y pasean juntos, y los niños los conocen. Entonces, la transición a un nuevo grupo se realiza sin estrés. Al final de cada año, los padres reciben un álbum grueso en el que hay pegadas fotos impresas de los cumpleaños, días festivos y viajes, dibujos y fotos de las obras que los niños hicieron durante el año. Todo esto es completamente gratis.

Esto es lo que escribe la madre de un pequeño que vive en París: “Los hombres no son infrecuentes aquí. De 6 maestros en nuestro kínder, 2 eran hombres. Los niños los amaban, sus padres los respetaban. En el grupo de los más pequeños, teníamos una iniciativa interesante. Ya que los niños todavía eran pequeños y les resultaba duro aguantar el hambre entre el desayuno y el almuerzo, todos los días una mamá o un papá traía un refrigerio para todos. Se hacía así: había una lista con las fechas en que le tocaba a cada quien. Se incentivaba que se trajeran diferentes tipos de cocina nacional para inculcarles a los niños las ganas de probar gustos y sabores diferentes mientras son pequeños. En promedio, le tocaba una vez cada 2 meses a cada familia. Algunos cocinaban en casa, otros simplemente compraban”.

4. Países Bajos

La licencia de maternidad remunerada en los Países Bajos dura solo 4 meses y debe tomarse 1 mes antes de la fecha prevista del parto. Por lo tanto, la mayoría de los bebés van al kínder a la edad de 3 meses, más no sea algunas veces por semana. Todos los jardines de niños de los Países Bajos son privados y pagados. El costo depende de cada institución concreta, pero no hay opciones más económicas que 7 € la hora, y esto suele ser una carga importante para el presupuesto familiar. Los niños van al kínder hasta los 4 años. A los 4 años, justo después del cumpleaños, puedes ir a la escuela, que es gratuita. No es necesario esperar el primer día de clases, se puede comenzar a cualquier altura del año.

En muchos jardines de niños, no es costumbre que los pequeños coman comidas calientes. Un usuario de las redes sociales comparte su experiencia al respecto: “Durante el día, los niños solo comen sándwiches, frutas, yogures y otros bocadillos. No te preocupes por los bebés, se les da fórmula o leche materna de biberones en su horario fijo. Para los propios holandeses, esto no es un problema: están acostumbrados desde la infancia a comer bocadillos para el almuerzo y comidas calientes para la cena. Sin embargo, para los extranjeros en distinto. Por eso, hoy en día, cada vez más y más jardines de infancia están comenzando a servir comidas completas. Si no es todos los días, al menos 2 o 3 veces a la semana. Almorzar una sopa caliente, por supuesto, afecta directamente el costo, porque en este caso, hay que organizar una cocina completa con todo lo que eso conlleva”.

5. Finlandia

El costo de un kínder depende de la cantidad de horas solicitadas por los padres. Por ejemplo, 170 horas al mes costarán aproximadamente 300 €. Hay varios grupos para niños de diferentes edades, desde los 9 meses hasta los 5 años. Hay una actividad especial todos los días. Por ejemplo, deportes, teatro, lectura de literatura infantil. Los dormitorios, como en muchos otros países europeos, están conectados a la sala de juegos, pero es de destacar que los niños menores de un año duermen en unas cajas especiales. Esto reduce el riesgo de caídas.

Una madre se mudó a Finlandia y describió su experiencia de esta manera: “Hay 13 personas en nuestro grupo. Solo hay 3 maestras. Siempre hay dos educadoras en el grupo, más una niñera. Además, si sienten la necesidad, pueden llamar a una maestra adicional para ayudar. En la cocina solo se prepara comida sencilla, como sándwiches y bebidas, el resto se trae de la cocina de la ciudad y se calienta. Para el almuerzo, por ejemplo, hay sopa de salmón. ¡Delicioso! Y la comida de los más pequeños se sirve como puré”.

6. Japón

En la foto de abajo, un padre disfrazado de demonio lleva a cabo una ceremonia de ahuyentar el mal en el festival anual de Setsubun.

La principal condición para la admisión a las instituciones preescolares japonesas es que tanto la mamá como el papá deben trabajar. Si no trabajas, tienes que criar a tus hijos en casa. La licencia de maternidad no dura más de un año y hay cada vez menos mujeres en Japón que estén dispuestas a dejar el trabajo para siempre por el bien de su hogar. En los jardines de infancia, diferentes maestros se ocupan de los niños, se hace énfasis en las actividades de desarrollo de habilidades. Los padres también participan activamente en la vida de la institución; por lo general, se les involucra en las celebraciones y competiciones deportivas, en las que debe participar toda la familia.

Esto es lo que sorprendió a una madre que se mudó con su hija a Japón: “Hoy había 12 niños en el kínder, a su cargo había 6 educadores más la directora. Los niños son abrazados, cargados, mecidos, y aquí es absolutamente normal. No hay ninguna sensación de peligro y ansiedad de estar en una institución estatal. Cuando duermen, a los niños menores de 2 años se les revisa la respiración cada 15 minutos, y a los que se han quedado dormidos boca abajo se les da la vuelta. El kínder compra la fórmula láctea que el bebé prefiere y, si es necesario, compra el biberón y el chupete a los que está acostumbrado. Se tienen en cuenta las alergias y no se sirven aquellos productos que el niño no puede comer”.

Ahora, esta familia realmente extraña la época en la que su niña estaba edad preescolar: “Qué sistematización y organización del horario tan inalcanzables para mí. Se inculcan buenos hábitos, los niños hacen diligentemente sus divertidas manualidades, aprenden canciones. Y todo esto con tanta paciencia, respeto y aprobación sin fin que casi los envidio, me nace la sospecha de que a mí nadie me respetó ni me aprobó tanto en mi infancia”.

7. China

En China, la licencia de maternidad de una madre se termina en un abrir y cerrar de ojos: dura un poco más de 3 meses, y luego son principalmente los abuelos quienes se ocupan del niño. A partir de los 3 años, el pequeño comienza a ir al kínder. Como en este país hay un culto a la educación, es sumamente importante a qué jardín de infantes irá el niño, porque de eso depende a qué escuela y universidad irá después, y dónde trabajará. Se puede decir que el kínder determina todo el destino.

En cuanto a la infraestructura, generalmente, cada grupo tiene una sala de juegos y un dormitorio separado. Muchos niños duermen con la ropa puesta: hay corrientes de aire continuas por todas partes. Así es la costumbre local: los chinos prefieren ponerse un montón de ropa antes que bloquear un acceso de aire fresco, es decir, cerrar una ventana. Los lunes, muchos grupos comienzan su día izando la bandera nacional y cantando el himno al unísono. Los habitantes de las casas vecinas deben tener nervios de acero; es muy difícil compartir este impulso patriótico a primera hora de la mañana. Durante el día, se realizan diversas actividades deportivas al aire libre y bajo techo.

El prestigio de una institución preescolar se demuestra con la presencia de un profesor extranjero que enseñará a los niños el idioma inglés. Y no importa si es un hablante nativo o apenas puede conectar dos palabras.

Una mujer trabaja en un jardín de infancia en Pekín y esto es lo que escribe sobre su experiencia: “Los kínderes más simples ofrecen condiciones bastante modestas, en particular, no tienen purificadores de aire. Esto es muy malo, porque el aire limpio en Pekín es un verdadero lujo. El nivel de contaminación del aire generalmente se estima a simple vista: si podemos ver los rascacielos vecinos, vamos a pasear, si no se ven, bueno, nos quedaremos en el aula. Y así todo el día”.

8. Gran Bretaña

Aquí, el kínder no está creado para el aprendizaje, sino para pasar el tiempo y desarrollar una vida social. Todos los días están dedicados a algún tema. Cantan canciones con los niños sobre el tema del día, leen, aprenden poemas y hacen trabajo creativo. En una sala de libre acceso siempre hay plastilina, todo para dibujar, una masa especial para el desarrollo de la motricidad. Durante el día, el pequeño puede hacer libremente una cosa u otra. Hay disfraces y conjuntos para juegos, cocina infantil, rincón médico. Además, personas de diferentes profesiones acuden a las clases para contarles a los niños los detalles de su trabajo.

Una mamá se mudó a Inglaterra y compartió su experiencia: “Si un niño se enferma, igual lo llevan al kínder con tos y mocos. No puedo decir que los niños sean muy enfermizos aquí, pero si alguien tiene una inmunidad débil, será difícil ir al kínder local. A veces pasean por la calle a medio vestir, aunque haga frío. Resulta que así se les enseña a los niños a vestirse solos. Si no se vistió bien, es su problema, o el problema de los padres: tienen que enseñarle en casa a vestirse para la calle. El hecho de que haya cocina no significa nada. Allí cortan, lavan y sirven en los platos. No cocinan. Es decir, los niños solo comen comida seca. Mi hija rechazó los sándwiches, así que decidimos que le mandaríamos comida de casa”.

9. Brasil

Mirando cómo se cría a los niños aquí, da la sensación de que se les permite hacer cualquier cosa. Dormir, comer, ir al baño, etc., todo será de la manera que es cómoda para el niño y para los padres. Nadie se hace ningún problema, no se sigue ningún horario, y menos aún se regaña a los hijos. Brasil es un país de extrovertidos, y todo porque allí se presta mucha atención a la amabilidad. Las reglas principales son jugar juntos, ser amigo de todos, no pelear, compartir, aprender a ayudarse unos a otros, ser educados. Los chicos se abrazan cuando se encuentran y cuando se despiden en la puerta del kínder, el personal es amable, besan a menudo a los alumnos.

Esto es lo que asombró a una mujer que se mudó a Brasil: “Los pañales se pueden usar tranquilamente tanto hasta los 4 como hasta los 6 años. Vi a niños jugando a la pelota en la calle con chupetes atados a una cuerda sobre el pecho. Juegan, se meten un chupete en la boca, chupan un rato, siguen jugando. Nadie se desacostumbra de chuparse un dedo tampoco. Se cree que el abandono de los malos hábitos es asunto de los padres, nadie interviene. Veo niños de 5 a 6 años con un chupete por todas partes. Una vez vi a una niña de unos 12 años con un chupete. Aunque ella pensó que yo no la veía, y cuando se fijó en mí, guardó el chupete y fingió que no había pasado nada. Bueno, al menos a los 12 años ya entienden que es hora de dejarlo”.

En los kínderes se presta una gran atención al tema de la seguridad, y entrar al territorio de un jardín de niños es una misión imposible para una persona desconocida. Hay una lista de personas que están autorizadas a traer y recoger a un niño. Aunque en muchos kínderes se prohíbe la entrada de las mamás y los papás, excepto los días de reunión de padres. Dejan a los pequeños en la puerta del kínder.

La mujer que se mudó a Brasil también notó lo siguiente: “Los niños están constantemente sentados en el piso, sea invierno o verano. Los pisos de todos los kínderes son de baldosas, al igual que los de las casas y los de los departamentos. En invierno, las baldosas están frías y es difícil sentarse en ellas: son duras e incómodas. Pero los brasileños tienen otra opinión al respecto. A los niños se les leen cuentos de hadas, se les muestran dibujos animados o simplemente se les da la oportunidad de jugar mientras están en el piso. Al principio, temía que esto afectara la salud. Incluso escribí sobre esto a un chat general una vez. La gente se sorprendió de que siquiera me hubiera surgido una pregunta así. Una de las madres recordó de repente que su bisabuela le dijo una vez que no había que sentarse en un piso frío, pero ella pensó que era una especie de superstición, como un gato negro que cruza la calle”.

10. Canadá

No existe un sistema de jardines de infancia municipales a los que muchos están acostumbrados, solo los hay privados. Pueden ser propiedad de una empresa o de un particular. Los kínderes de las empresas, por regla general, están ubicados en edificios separados, y los jardines domésticos están en casas y departamentos privados comunes: los propietarios viven allí, y allí mismo tienen un jardín de niños. Los grupos para bebés de 1 a 2 años son los más caros. La licencia de maternidad no dura más de un año y, por lo tanto, la mayoría de los niños van al kínder a esa edad.

Muchos se quejan de que el kínder es demasiado costoso, pero, por otro lado, en Canadá el trabajo de los educadores está bien remunerado: “Si es lo que te gusta, puedes trabajar en un jardín de infancia y ganar un dinero decente. En mi opinión, la ventaja para la sociedad en su conjunto supera los inconvenientes para algunas pocas familias. Los kínderes caros son una gran motivación para seguir una carrera y ganar dinero”, considera una mujer que se mudó a Canadá.

Así es como una madre describe el sistema de los kínderes locales: “En mi experiencia, los jardines de infancia caseros, sin una licencia, en promedio se ven así: la señora Fátima (o Pilar) se queda en casa cuidando a sus 3 hijos. Y ya que está, se hace cargo de cuidar a un par de niños más. He sacado una conclusión para mí misma: si el precio solicitado por cuidar a los niños es menos de 50 USD por día (7 a 9 horas), entonces algo está mal con este lugar”.

Los jardines de infantes no tienen un dormitorio separado con camas. Para las siestas de los niños, se extienden en el piso unos colchones que luego se enrollan y se guardan. Todos duermen con ropa normal, nadie se pone un pijama. Las madres extranjeras a veces se quejan de que se hace poco por desarrollar a los niños en los jardines de infantes canadienses. La mayoría de ellos no tienen programas ni lecciones especiales, los chicos simplemente juegan diferentes juegos y se comunican. Se cree que a la edad de 3 o 4 años no hace falta nada más: ya tendrán tiempo para aprender todo en la escuela, que dura unos 13 años.

Además, los emigrantes suelen estar insatisfechos con su comida: “Nada de papillas o cacao para el desayuno, ni sopas, chuletas o compota de frutas para el almuerzo. En algunos kínderes preparan bocadillos y almuerzos, y en algunos los padres mandan todo con el niño: las maestras solo calientan la comida”.

11. Corea del Norte

Hasta los 5 años, los niños van al jardín de niños si así lo quieren sus padres, y a partir los 5 años, según el programa educativo. Es obligatorio para todos los niños asistir al kínder antes de ingresar al primer grado. Hay guarderías privadas en casi todos los edificios de gran altura, y existen jardines de asistencia diaria y jardines internados. Debido a la gran carga de trabajo de los padres, los niños son enviados allí durante toda la semana y solo se retiran los domingos. Se presta mucha atención al estudio de las tradiciones, a la educación física y a la música. En la escuela primaria, un niño debe poder tocar al menos un instrumento nacional.

Una mujer visitó un jardín internado en Corea del Norte y lo describió de la siguiente manera: “El patio de recreo es pequeño, pero las instalaciones son enormes. Es una verdadera especie de cuento de hadas: comedor para 500 personas, pinturas en las paredes, una sala de juegos con toboganes, columpios, estructuras para trepar, todo tipo de carruseles en un espacio del tamaño de un estadio de fútbol. Y la característica principal es que una locomotora eléctrica viaja sobre unos rieles y los niños viajan en los vagones. Algunos de los chicos bailan al son de un acordeón, otros corren carreras de relevo en dos equipos, otros están ocupados en los toboganes y los columpios. Hay ruido, barullo, risas. Cantan canciones sobre los grandes comandantes, sobre una infancia feliz y sobre próximas acciones honestas y buenas para la patria”.

12. Israel

En Israel hay kínderes municipales a partir de los 3 años y kínderes privados para todas las edades. Debido a las peculiaridades de la licencia de maternidad (26 semanas), los bebés comienzan a ser enviados a los kínderes privados a partir de los seis meses. El niño es recibido hasta las 9 de la mañana y puede permanecer en el jardín de infantes todo el día, incluso hasta las 7 u 8 de la noche. Mientras que el kínder estatal está abierto solo hasta la hora del almuerzo. Luego, debes pagar una extensión, que le permitirá permanecer en el jardín hasta las 17:00. En total, al menos 2 personas trabajan en el turno antes del almuerzo y al menos 2 personas después.

Una mujer se mudó a Israel y contó sobre su situación: “El niño debe llevar su propia comida al jardín de infantes. No hay comedor ni puntos de comida, los niños almuerzan lo que trajeron consigo, y lo hacen entre las 11:00 y las 12:00 hs. Se hace una excepción para los que se quedan durante la extensión, a ellos se les da comida que el kínder recibe especialmente. Y ahí ya es una comida completa con un menú de platos calientes variados. Toda la comida es kosher, nuestro hijo siempre sale sucio, porque come todo lo que se le da”.

Los niños no duermen según un gráfico de horarios. Si un pequeño quiere tomar una siesta, lo pondrán en un colchón en una habitación separada o en un lugar tranquilo, pero muchos bebés en Israel dejan de dormir la siesta desde los 3 años. Además de los juegos, se realizan ejercicios en el jardín, hay actividades deportivas. Todos los días, los alumnos hacen una manualidad o un dibujo. A veces se organizan excursiones. Dado que hay muchas fiestas en Israel, se arma una pequeña celebración con motivo de cada una, estudiando la historia de la fiesta y de las tradiciones.

13. España

En España, los kínderes para niños de hasta 3 años a menudo se encuentran en departamentos, casas o locales comunes destinados a oficinas, tiendas y otras empresas. No siempre se proporciona una zona verde. Los niños a menudo pasean en los patios de juegos de los edificios de departamentos, en las terrazas, a veces en los techos cercados de los edificios, pero con mayor frecuencia, simplemente se quedan en la sala de juegos.

En cuanto a la actitud hacia los niños, el personal es muy atento y servicial. Y, además, los educadores valoran mucho su trabajo. Una usuaria comparte en las redes sociales: “Desde hace poco, mi hija asiste a un kínder en España. Hubo una reunión de padres, escuchamos hablar sobre las clases, la alimentación, etc. Luego, se nos acercó la maestra y dijo: ’Como ustedes son una familia extranjera, ¿podrían anotarnos las palabras que su hija usa seguido? Entonces podremos entenderla mejor. Esto es normal, intentaremos aprender. Este es nuestro trabajo y no es la primera vez para nosotras. Hace dos años, la mitad de los niños en nuestro grupo eran chinos, así que, junto con todo el personal, estudiamos chino. Esta vez, aprenderemos su idioma. ¡No se preocupen!’”.

Empezando desde el jardín de infancia, continuando en la escuela y luego durante toda su vida en España, la gente se sienta en el suelo, tierra, asfalto, piedras a cualquier temperatura. Caminando por el parque, visitando un museo, haciendo fila, los niños de inmediato y de manera organizada se sientan en cualquier superficie.

Los niños en España deben oler bien, y esto es lo que se hace para eso: “Estornudaba cada vez que abrazaba a mi hijo a la salida del kínder. Al final, resultó que todos los días, antes de dejarlo ir, los educadores españoles peinaban a todo el grupo vertiendo colonia generosamente en su cabello. La misma generalmente está incluida en la lista de cosas que todo niño lleva al kínder en una mochila. Después de mucha persuasión, logré convencer a la maestra de que solo lo peinara con agua, pero la falta de comprensión y el reproche (’Qué madre tan rara’) se le leyeron en los ojos durante mucho tiempo”.

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Imagen de portada palstudio / shutterstock
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