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Comprendí que la baja por maternidad no son vacaciones y las mamás modernas realizan pequeñas hazañas todos los días

Hace 30 años, cualquier mamá cuyo hijo estaba bien alimentado y bien vestido se podía considerar buena. Sin embargo, la sociedad moderna le ha impuesto a las mujeres con hijos exigencias bastante altas. Además de sus obligaciones directas, ellas tienen que ejecutar las funciones de pediatras, psicólogas y especialistas de desarrollo temprano en un régimen 24/7 durante varios años. Al hacer esto, a veces incluso se atormentan por un sentimiento de culpa si algo no “sale a la perfección”.

Pasé por una baja por maternidad de 3 años y firmemente sé que ser una mamá en el siglo XXI es un trabajo que los demás no valoran en lo absoluto. Me gustaría contarles a los lectores de Genial.guru por qué el heroísmo de una mamá en la actualidad es igual de importante que en los tiempos de nuestras abuelas, a pesar de la existencia de modernos pañales, lavavajillas y robots aspiradores.

Mamá se la pasa todos los días sola con su hijo

La vida de una mujer nunca había cambiado tanto con la llegada de un bebé como hoy en día. Después de que muchas mamás salen del hospital de maternidad, se enfrentan a un aislamiento completo. Sus familiares les hablan por teléfono, sus amigos por las redes sociales, su esposo se la pasa en el trabajo todo el día, y mamá e hijo se la pasan cara a cara desde la mañana hasta la noche.

Mi hijo se convirtió en el primer recién nacido que sostuve en mis brazos a mis 30 años. No tenía ningún tipo de experiencia de interacción con niños, por eso las principales emociones durante los primeros meses después del parto fueron miedo y confusión. Frecuentemente me preocupaba por el hecho de estar haciendo algo de la forma incorrecta. ¿Por qué no duerme por las noches? ¿Por qué llora con tanta frecuencia? ¿Algo anda mal?

Por el embarazo subí 28 kg y bajé 33 en el primer día después del nacimiento de mi hijo. Sin dietas ni gimnasios, simplemente por estrés. Mi bebé quería estar en mis brazos todo el tiempo, por eso tuve que aprender a hacer mis deberes del hogar con mi hijo bajo el brazo, y una simple ida al baño se convirtió en una operación especial “conseguir ir en 10 segundos antes de que los vecinos llamen a servicios sociales por sus gritos”.

Mi abuela dejaba a su hijo mayor en casa desde los tres meses y se iba al trabajo. Regresaba a la hora de la comida para alimentarlo y nuevamente regresaba a laborar. Cuando el bebé creció, ella lo ataba a la pata de la mesa para que no causara muchos problemas. Mi padre tuvo un poco más de suerte: su hermano “adulto” de 5 años se quedaba con él. Actualmente, esto es inaceptable, pero hace 70 años era algo absolutamente normal.

Las mamás modernas no dejan a sus hijos solos, no los dejan lloriquear en la cuna pensando: “llorará y solo se dormirá”, ellas los alimentan a su petición y satisfacen al instante todas las necesidades del pequeño, olvidándose por completo de la suyas. ¿Alguna generación de mujeres hizo esto antes? No. ¿Acaso esto no merece respeto?

Mamá debe tomar decisiones todo el tiempo

Como cualquier otra mamá moderna, yo estaba obligada a tomar decisiones todo el tiempo de las cuales dependían la salud, el desarrollo y bienestar del bebé. ¿Masajes, natación a temprana edad, tarjetas infantiles para el desarrollo? Ni nuestras mamás ni nuestras abuelas fueron atormentadas con esta interminable elección. Mi cerebro literalmente explota. ¿Y el tuyo?

Voy a la tienda y me encuentro con lo siguiente: ¿gacha normal, con omega-3, yogur con probióticos o biolact? O en el caso de los pañales, en donde cada uno de ellos tiene algo de especial. Decenas de artículos, cientos de paquetes y yo tengo que estudiar, analizar y elegir qué será lo mejor para mi hijo. ¿En dónde quedaron todos esos dilemas diarios de Neo con tan solo dos pastillas?

Ya no hay recomendaciones claras. El pediatra, ante una infección respiratoria, prescribe una receta con 10 puntos y las siguientes palabras: “Mi obligación es recetarle todo esto, si lo toma o no, ese ya es su problema”. La primera vez, honestamente, fui a la farmacia, dejé ahí 50 USD e intenté meterle todo esto a mi hijo. La experiencia me mostró que el 80% de la lista son simplemente inútiles suplementos nutricionales.

En mi infancia, nos curaban de todas las enfermedades existentes con ventosas, baños fríos con polvo de mostaza o leche con miel. Usábamos la ropa que podíamos conseguir o coser. Yo le elegí a mi hijo su primer mameluco para la temporada fría a las 3 semanas: tomé en cuenta los comentarios de las mamás más experimentadas y consejos de foros. En total, gasté 130 USD y mi hijo creció 8 centímetros en solo dos meses. Así fue como conocí las plataformas para vender ropa de segunda mano.

Por supuesto, la variedad es algo increíble. Recuerdo las estanterías vacías de los años 90 y, sin duda, no sueño con regresar a esos tiempos de penas. Pero la necesidad de tomar importantes decisiones continuamente es una seria carga emocional, la cual recae sobre los hombros de las mamás primerizas. Y nosotras nos enfrentamos a ella cada día porque ¿quién lo hará, sino nosotras?

Mamá tiene que poder con todo y hacerlo de inmediato

Los días solo tienen 24 horas, yo tengo dos manos y una de ellas frecuentemente carga a un niño de un año. En todos lados dicen que estoy obligada a tener a la vista a mi hijo las 24 horas del día y, al mismo tiempo, poner la casa en orden, prestarle atención a mi esposo, verme bien y dedicarle tiempo a mis aficiones; de lo contrario, me convertiré en una lunática. Pero para ser honestos, ni siquiera tengo tiempo para pensar en la mitad de esto. ¿Y tú?

Mientras le preparo una papilla a mi hijo, es peligroso que lo tenga en brazos; lo bajé al suelo y le di un par de juguetes. Mientras hacía todo esto, él automáticamente gateó hasta un rincón y encontró un puñado de alimento para gatos; y todo esto en tan solo 10 segundos. Entonces, ¿cómo dejar solo a un bebé para ir a bañarme?

Todo mi día se va en preparar la comida para mi hijo y para nosotros, ya que no comemos lo mismo; salir a pasear dos veces; fregar el piso, ya que el bebé gatea en él, y jugar 20 veces. En teoría, por la tarde yo tendría que acostar a mi pequeño, salir con mi esposo perfectamente arreglada con un destello en los ojos y después hacer ejercicio o tejer un poco. Pero, ¿de dónde sacar fuerzas?

Los demás piensan que no tengo derecho a estar cansada, ya que tengo lavavajillas y pañales. Pero estas increíbles invenciones de ninguna manera influyen en que, durante el primer año de vida de mi hijo, no dormí más de tres horas seguidas ni una sola vez ni me separé de mi pequeño por más de una hora. Yo sé que muchas mamás viven bajo este régimen; esto no es una hazaña, pero, sin duda, tiene algo heroico.

Mi hijo les molesta a todos

Nuestro mundo, extrañamente, gira alrededor de los niños, pero al mismo tiempo, la sociedad es intolerante de una mujer con hijos. Entiendo que las personas desconocidas no están obligadas a adorar a nuestros pequeños, pero una madre no debe sentirse marginada por el hecho de tener a un niño pequeño a su lado. Todos fuimos pequeños alguna vez, ¿lo recuerdas?

Nunca había habido un trato tan peyorativo hacia las mujeres y los niños como hoy en día. Cuando un niño está llorando en la calle, todos se preguntan: “¿Qué clase de madre eres?”, “¿Tienes un hijo enfermo o algo?”. También hay ocasiones cuando le pides a tu vecino dejar de taladrar en las horas de silencio legalmente establecidas y como respuesta escuchas: “Otra ’porque soy mamá’ impidiendo hacer reparaciones”.

Mi hijo y yo fuimos de viaje a la playa. Antes de despegar, una elegantísima mujer abiertamente le pidió a la azafata que la sentara lo más lejos posible de nosotros. La cambiaron de lugar hasta la cola del avión, en donde todo el vuelo un gato fue maullando en su transportín. Pero a nadie le molestaba: todos son más tolerantes con los animales. Pero si un niño estuviera llorando, sería otro asunto.

A veces quisieras la misma actitud humana que se aplica al resto de las personas. Sí, yo di a luz para mí y nadie me debe nada, pero el mundo no colapsará si le cedes el asiento a un niño en el autobús o sostienes la puerta para que una mamá entre con su carrito. Simplemente porque eso es complicado para ella y a ti tus padres te educaron correctamente. Yo creo que ellos lo intentaron. Y yo hago lo mismo.

En lugar de conclusiones

Conozco muy bien la historia de mi familia y puedo decir con certeza que, para las mamás, nunca fue cosa fácil. Nuestras abuelas tenían un sistema de apoyo cuando varias generaciones de la familia vivían bajo un mismo techo, pero yo tengo el progreso tecnológico. Ellas estaban agotadas por una fuerte carga física y, a su vez, las mamás modernas por una carga emocional, altas exigencias y soledad.

Ni siquiera criar a un gatito es fácil si se hace según las reglas, pero ¿qué podemos decir de un bebé? Por eso, si en la calle ves a una mamá nerviosa con un chongo en la cabeza y un niño llorando, no te apresures a sacar conclusiones, mejor ayúdala en la medida de lo posible. Una sonrisa alentadora y las palabras “¡Lo estás logrando!” no valen un centavo, pero para cada una de nosotras es un verdadero premio.

¿Para quiénes consideras que es o fue más complicado criar a los hijos: las mamás modernas, sus mamás o sus abuelas?

Imagen de portada depositphotos
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