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18 Lectores de Genial contaron por qué nunca más dejarán que alguien se quede en su casa “solo por unos días”

Algunas personas son introvertidas y reservadas por naturaleza, por lo que solo dejan a sus seres queridos más cercanos pisar la puerta de su casa. Otros desafortunados no tenían nada en contra de invitar a sus amigos a su hogar y hasta permitir que se quedaran allí unos días, pero se toparon con actitudes tan descaradas que después de recuperarse del shock, cerraron sus puertas con cuatro candados.

En Genial.guru esperamos que nunca tengas que lidiar con invitados parecidos a los que visitaron a los protagonistas de nuestro artículo de hoy.

  • Tengo una tía del campo que cada cierto tiempo venía a la casa de mis papás y decía que estaba en la ciudad para buscar trabajo. Se levantaba a las doce, a la una o dos de la tarde, salía a buscar empleo y volvía como a las cinco o seis con bolsas de tiendas. Se compraba pantalones, playeras, chaquetas y zapatos... Al sexto día, mi mamá le pedía que lavara los platos o que hiciera pan, y al séptimo ella se iba a su casa. Al final, venía a nuestro hogar para tomarse unas vacaciones de hacer las cosas en su vivienda, ya que mi mamá la atendía todos esos días. © Kizy Sarang / Facebook
  • Tengo una hermana adoptada, y ella tiene una hija. Me dijo que le ayudara a buscar una casa y la ayudé. Como no tenía ni cobijas, le preste hasta el colchón; como no tenía estufa, le dije que cocinara en la mía. Y fue el peor error; no traía nada para preparar, esperaba que mi esposo o yo hiciéramos todo, o se levantaba tarde, cuando las cosas ya estaban hechas. Mi marido me dijo “ya no más, le dices que colabore o que busque ayuda en otro lado”. Se lo dije y terminé siendo la mala. Les contó a mis vecinos que yo era cruel y que les había hecho pasar hambre a ella y a su hija. En fin, se fue y ni las cobijas devolvió. Después de que se marchó, fui a su habitación y había dejado todas las mantas sucias y tiradas. Ahora ni el saludo me da. © Yuliana Vargas Loaisa / Facebook
  • Hace un tiempo, el hijo mayor de mi esposo llegó con su mujer a mi casa. Vivieron un tiempo con nosotros y ella en todo el día no salía de la habitación, solo cuando yo no estaba, y bajaba a comer. Yo cocinaba y siempre había comida, pero un día no tuve tiempo de cocinar ni de ir al súper, así que cuando fue a la cocina no había nada. Se suponía que su marido trabajaba y podría haber ido a comprar algo a la tienda de la esquina, pero en vez de eso le llamó a su querida suegra para quejarse, y esta, a su vez, se quejó con mi esposo. Siempre dejaba la cocina y los trastes sucios, hasta que me cansé y, como no la veía en todo el día, dejé una nota: “Favor de dejar todo limpio y en orden como lo encontró”, y ella llamó a su suegra, quien, muy indignada, les mandó dinero para que se fueran con ella. No recuerdo cuánto tiempo vivieron con esa mujer, pero al final los echó por cochinos. © Maria Yoxtla / Facebook
  • Tenía una amiga belga que venía cada año a pasar unas semanas a mi casa. Nunca colaboraba económicamente (y eso que a mí no me sobraba). Un día me pidió la dirección de alguna buena marisquería, ya que quería invitar a comer a otra gente. Me molestó bastante, pero más me enojó descubrir por casualidad que se quería llevar mi ropa de cama y mis toallas. La amistad se rompió cuando una vez le dije que no la podía alojar en mi casa. Ya no me caía bien. © Nieves Madrigal Neus / Facebook
  • Yo le di posada a una señora por más de 2 meses, y un día la encontré hablando muy mal de mí y de mi familia por mi teléfono al extranjero, y ni el plato donde comía recogía. Se sentaba en la sala a comer y lo dejaba ahí. © Hannia Cubero / Facebook
  • Una vez, una amiga, que estaba a punto de irse del país, me dijo que si se podía quedar en mi casa. Su hermana estaba de visita porque había venido a despedirla. Yo no le vi ningún problema, pero cuando mi amiga se fue, la hermana continuó en mi hogar. Luego metió a un hombre en la casa y estuvieron encerrados como más de una semana. Me tocó llamar a mi amiga y decirle lo que estaba pasando, que me sacara a esa gente, que ya estaba bien. El hombre ese salía en bóxer, entraba al baño y hacía de todo, y yo pagando la cuenta, qué tal... Bueno, antes de que la hermana de mi amiga se fuera, llegó su hermano menor; supuestamente venía a buscar trabajo. Se fue la hermana, que hasta me robó un perfume, y yo me quedé con el hermano. El señorito se comía todo lo que yo hacía o dejaba en la nevera. Incluso me preguntó si podía traer a su mujer, que solo sería por unos días mientras él conseguía dónde irse, y le dije que no, que se fuera. Un día, llegué del trabajo y estaba en la cocina. Tocaron el timbre y cuando salí a abrir, vi a una mujer bajando las escaleras corriendo. La vista se me nubló, veía borroso, no sé... Me había metido a la mujer a la casa. Era el cuento de nunca acabar; no me colaboraron nunca con un solo peso, ni para el arriendo ni para los servicios, y era un maldito desfile de gente. Ese mismo día los eché de mi casa, ya no me importaba si tenían o no dónde pasar la noche. Eso me pasó cuando tenía 21 años, y hasta el día de hoy no me arrepiento de haberlo hecho. Creo que se aprovecharon de mí porque de verdad yo era una persona muy ingenua. © Ale Rodríguez / Facebook
  • Me pasó con cierta visita a la que le dije “siéntete como en tu casa”. En 3 o 4 horas que estuvieron se comieron todo lo que pudieron, como si se estuvieran muriendo de hambre. Me di cuenta ya en la tarde, cuando pensaba comerme un muffin y casi se habían acabado la docena. © Vicky Cruz / Facebook
  • Una vez, mi mamá aceptó que las hijas de una tía vivieran con nosotros. Cuando llegaron, nos dimos cuenta de que venían con 5 niñas y una de sus primas. Mi mamá las aceptó y, a cambio, para no cobrarles, les pidió que nos cuidaran a mi hermana y a mí (mi hermana tenía 7 y yo 6). Al principio todo iba bien, nos llevaban al parque, nos cuidaban. Pero pasaron dos o tres días y todo cambió. Ya no iban por nosotras a la escuela, y mi hermana y yo regresábamos solas y con miedo a que nos pasara algo. Llegábamos a nuestra casa y la comida que mi mamá nos dejaba hecha ya no estaba. El dinero que era para nosotras y para nuestros materiales de la escuela ya no nos rendía porque ellas se lo gastaban. Una vez, le pedimos tacos a mi mamá, y ella pidió permiso en su trabajo para llevarnos los tacos a nuestra casa. Llevó para todas, pero ni siquiera nos dejaron probar, argumentando que nosotras ya habíamos comido sopa, y que si comíamos tacos íbamos a engordar. Una vez vi que metieron a un hombre a la casa: era el novio de una de las muchachas, y a mí me dio miedo que se fueran a robar el dinero de mi mamá, así que los acusé. Mi mamá al principio no nos creía, pero una vez una vecina los vio y le dijo a mi madre, quien, con toda la pena, las echó y las obligó a pagar todo el tiempo que llevaban viviendo ahí (5 meses, para ser exactos). Mi tía se ofendió cuando le dijimos cómo eran sus hijas, se defendió diciendo: “Ellas no son así, ustedes solo quieren hacerme quedar mal”. © Seleste Fuentes / Facebook
  • A mediados de 2019, mi tía y su familia llegaron a vivir a la casa de mi abuela. Tenían un hijo pequeño, y se atrevió a decirles a mi abuela y a mi mamá que regalaran a los perros porque, según ella, estaban sucios. Gastaba mucha electricidad y todavía se quejaba de que era muy cara y decía que no la iba a pagar. Era desordenada, tiró a la basura muchas cosas importantes, tenía ratones en su cuarto, en la madrugada tenía todas las luces prendidas y lavaba en lavadora (tenía todo el tiempo del mundo durante el día). En el baño dejó todo lleno de sarro de vapor y la ventana que daba a la calle sin varios cristales. Había un fregadero y lo dejó todo sucio y con el grifo suelto, las puertas descompuestas, las llaves de agua rotas. Lo bueno era que ya se había ido, pero entre sus cosas se había llevado ropa de mi mamá, la cual el marido de mi tía terminó regalando. © Rigor M**** / Facebook
  • Una vez, les di asilo a 3 amigos que solo se quedarían “unos días” mientras encontraban lugar, porque los habían echado por no pagar la renta. No compraban comida, cuando yo pedía algo decían que no tenían hambre y en la noche arrasaban con todo. Se la pasaban comprando ropa nueva, pero no aportaban nada. Los eché porque no hacían nada productivo y no buscaban lugar. Fueron meses... se enojaron y no nos volvimos a hablar. © So AC / Facebook
  • Una vez, vino una amiga a vivir por “un par de días”, porque supuestamente se había peleado con el esposo, y terminó quedándose más de 2 meses. Comía gratis y encima al final se fue sin decir nada. Luego de un par de días me di cuenta de que había dejado sus tenis sucios y viejos y se había llevado los míos, y me había robado ropa y otros artículos. © Ema Acosta / Facebook
  • Contraje matrimonio a los 21 años. Cuando estaba recién casada, vino a casa una tía de mi marido, diciendo que venía a felicitarlo por su cumpleaños. Pues se quedó 6 meses; ella estaba a gusto, me tenía de criada, ya que no hacía nada ni aportaba nada, y encima tenía un carácter endiablado. Mi casa era la fonda de toda la familia cuando venían a mi ciudad, por eso ahora no quiero a nadie en mi hogar, solo a mis hijos, cuando vienen. © Nadia Fernandez / Facebook
  • Voy a contar mi experiencia. Un conocido de mi pareja vino a nuestra casa porque necesitaba trabajar y no conocía la ciudad. Le conseguí empleo donde yo trabajaba, lo llevaba y lo traía, por supuesto que gratis. Yo me levantaba y hacía el desayuno para mí y, pues, le invitaba desayuno; hacía mi almuerzo y, por supuesto, también le daba de comer a él. Llegábamos a casa por la tarde y él se encerraba en la habitación que le proporcionamos (mi pareja y yo), y no salía hasta que oía que estábamos sirviendo la comida. No lavaba ni sus platos, pero comía todo en exceso. Por ejemplo, una vez preguntó si podía comer cereal y le dijimos que sí, y al otro día vimos que se había terminado toooooodo. Pasó un mes, no cooperó con nada en la casa, ni con dinero ni con la limpieza; sin embargo, no dijimos nada, porque entendíamos que necesitaba enviar dinero a su esposa. Nunca limpió nada. Un día le dije que se cocinara solo porque ya habíamos comido fuera. Me dijo “yo destruyo todo lo que toco”. Pensé que bromeaba. Quemó la sartén y me dijo “te lo dije”. La tuve que tirar a la basura. Yo lavaba su ropa junto con la nuestra. Pensaba “no me cuesta nada, no lavo yo, sino la lavadora”. Al otro día nos dijo que su ropa olía a humedad, que olía muy feo. ¡¡Y yo lavo con detergente, bolitas y suavizante!! Un día no fui a trabajar, mi pareja le hizo el favor de llevarlo al trabajo y él le dijo que nos había oído discutir. Mi pareja le dijo que no había sido nada serio y él le contestó: “¿Por qué no la corres?”. Mi pareja no me dijo nada para no hacerme enojar, porque ya me estaba cansando de él; de hecho, la discusión que habíamos tenido había sido sobre eso. No aguantamos más y le pedimos que se fuera, y se enojó. Le explicamos su conducta y nos dijo “ustedes nunca me pusieron reglas, me dijeron siéntete como en tu casa, y en mi casa me hacen todo”. Logramos que se fuera al mes y medio. Prometimos nunca más meter a nadie en nuestro hogar. © Diana Lopez Arce / Facebook
  • Una vez recibí a una vieja amiga en casa. No nos habíamos visto en años, pero aun así la recibí. Me contó una triste historia de su sacrificada vida; yo, ingenua, le creí. Se vino a vivir por un mes a mi casa, y en una semana ya les había hablado mal de mí a todos en el trabajo. Habló de mi casa, de mis hijos, de mi pareja, dijo de todo (mentiras, por supuesto) para dejarme mal. Que la tenía de niñera, que yo era sucia, que ella limpiaba todo y que no aguantaba más estar en mi hogar. Que le cobraba mucho dinero por vivir conmigo y muchas cosas más. Hasta que me enteré, la eché y no la volví a ver más. Nunca le había pedido ni un peso porque me había dado pena su historia, ni siquiera estaba en mi casa en su tiempo libre porque se iba con “amigos” a pasar el rato. Después de eso, mi pareja me dijo “nunca más con nadie”. No volvimos a prestar ayuda a nadie más después de esa mala experiencia. © Jacquelin Valverde / Facebook
  • Cuando yo tenía unos 13 años, mi hermano no podía pagar su alquiler y vino a casa con su novia hasta que encontrasen algo. Bueno, el señorito se molestaba porque mi hermana mayor y yo nos negábamos a lavarles la ropa, limpiar su habitación y tirar su basura. No colaboraban con nada en la casa, y la novia le decía comentarios a mi madre: “Tus hijas no limpian, tus hijas no hacen”, cuando, menos la comida, nosotras hacíamos todo (menos limpiar su mugrero). Se quedaron 6 meses, hasta que mi padre se hartó y le dijo a mi hermano que mi madre no era su criada, porque, claro, nosotras no limpiábamos lo de ellos y a mi madre le daba apuro que estuviese tan sucia su habitación. El colmo fue que la novia no hacía nada, no trabajaba, mínimo podía ordenar el cuarto en el que se quedaba. © Jesica Chillon Perez / Facebook
  • Hace varios años tenía una “amiga” que cada vez que venía a casa con su hijo o me lo dejaba para que se lo cuidara, le rompía todos los juguetes a mi niño, que era mucho más chico que él. Una vez, el nene hasta rompió un televisor, y la madre se justificó diciendo que era viejo y ni servía. Yo lo odiaba, pero no decía nada. Nunca me quejé a pesar de que me enfurecía, pero ella sí se atrevió a decirme a mí que no quería que yo fuera a su casa porque mi hijo tocaba y le desordenaba todo. Ya no es más mi amiga. Encima de todo es una desagradecida que se cansó de hablar mal de mí. © Zila Albornoz / Facebook
  • Cuando yo era soltera y vivía con mis papás, llegó un primo que yo ni conocía. Se quedó casi un año. No aportaba nada para la comida. Mi mamá le dijo a mi papá que le dijera que ya se fuera, porque ya no quería mantenerlo, y lo peor fue que, en vez de irse, trajo a su hermano con toda su familia y se quedaron como 15 días más. La esposa era bien acomedida, pero eran bien abusivos, tocaban todo y agarraban todo lo del refrigerador. Lo peor fue que cuando se fueron mi primo y su familia, su esposa se robó muchas cosas. Desde entonces soy bien desconfiada. © Ana Maria Jimenez Naranjo / Facebook
  • Una vez, vinieron de visita una conocida con su hijo y dos sobrinas. Se quedaron en mi casa para no pagar hotel. Salíamos a cenar y comían hasta llenarse al grado de vomitar, y lo peor era que a la hora de pagar, se metía al baño y no salía hasta que estaba pagada la cuenta. Nunca más la volveré a recibir, gente abusiva. © Elena Villicaña Luna / Facebook

¿Tuviste un invitado que se convirtió en una verdadera pesadilla?

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