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12 Historias sobre personas que recibieron sorpresas para las que la vida no las había preparado

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Las personas se sorprenden las unas a las otras continuamente, y a veces resulta que no sabemos demasiado ni siquiera sobre nuestros seres queridos, qué decir sobre los extraños. Y si tú, como protagonista de una de estas historias, te vas a otro país, olvídate de todo lo que hayas oído sobre los extranjeros. La realidad, sin lugar a dudas será distinta a lo que habías imaginado.

Genial.guru ha recopilado 12 historias de usuarios de Pikabu y de Habitación N°6, que prueban convincentemente que debemos estar preparados para cualquier cosa en esta vida.

  • Fui a Francia por dos semanas. Contuve la respiración, preparada para ver la belleza de las mujeres francesas, su estilo inimitable y su destellante encanto. La realidad fue severa: nadie usa cosméticos, todos andan en jeans y zapatillas comunes, en resumen, no era lo que yo esperaba. Y luego la veo a ella: la francesa ideal que flotaba sobre unos talones altísimos, un vestido elegante, un estilo hermoso, en fin, toda un hada. Entonces el "hada" tropezó, se rompió un talón y gritó a viva voz en mi idioma natal: "¡Tu $%#& madre!". Ah, claro, una francesa, cómo no.

  • Fui a dedo a una ciudad cercana, porque no había autobuses. Cuando llegamos, el hombre que me llevó, un sujeto de gran tamaño, me dice tímidamente que el dinero no es necesario, porque siempre hay otras formas de pagar. Me muestro totalmente de acuerdo, tomo mi cartera y digo: "Solo buscaré la protección" y saco una gran daga afilada que le llevaba de regalo a un amigo. El hombre, palideciendo: "Quise decir que a veces es bueno hacer algo sin esperar nada a cambio...". Totalmente de acuerdo, ¡qué bueno que haya tanta gente amable alrededor!
  • Trabajé con una mujer que tenía un gato y una rata en su casa. Cuando la rata murió, el gato se puso muy triste y la buscaba por todas partes. La dueña decidió comprarle una rata nueva, y ¿qué crees? El gato se la comió y siguió extrañando a la anterior.

  • Los maleantes locales de repente se convirtieron en personas muy agradables. Se sientan en el banco sobre el trasero en vez de subirse con los pies, juntan las colillas de los cigarrillos en una bolsita, en vez de tirarlas en la acera, saludan cortésmente a los vecinos, ¡no se les escucha ni una mala palabra! Y todo porque la madre de uno de ellos vino de visita, y está todo el día sentada en el balcón del segundo piso, mirando afuera, vigilando a su hijito.
  • Hace poco decidí hacer estiramientos y descargué un video de Internet. Intento practicar todas las mañanas. Hoy estaba estirando y veo que un vagabundo me mira atentamente por la ventana de mi habitación (vivo en planta baja). Me enojo y le grito: "¿Qué quieres?", y él: "¡Mira!", y se sienta en spagat. "¡Hasta yo puedo, y tú no, vaca!". Bueno, gracias, ahora entreno el doble, de mero enojo.
  • Cuando tenía unos 5 años, mi madre me llevó a ver un espectáculo de Navidad "La reina de las nieves". Durante el intermedio, los organizadores realizaban unos concursos para los niños. Una de las tareas era levantar una pesa que estaba en el medio del escenario. Era una tarea difícil con un premio decente. Los niños frustrados bajaban del escenario uno tras otro. Y entonces subo yo, una niña delgada con un vestido rosa, y con un movimiento brusco levanto la pesa de plástico, junto a un pedazo de alfombra a la que estaba pegada.
  • Soy doctora. Entró una llamada: un niño con fiebre y tos. Fui. Toqué el timbre y me abrió un gigante de dos metros de alto, con barba de dos días. Yo dije: "Llamaron por un niño con fiebre, ¿dónde está?", y él, tosiendo, respondió con vocecita grave: "El niño soy yo, estoy enfermo, y solo tengo 12 años". Fue la primera vez que al auscultar a un niño, tuve que pedirle que se sentara en un taburete bajo, sino no llegaba. La aceleración, maldita sea.
  • Cuando estaba aprendiendo las reglas de tránsito, había un punto así: si las luces de giro del automóvil dejaban de funcionar, el conductor debía sacar la mano por la ventana e indicar a los otros conductores hacia dónde se iba a dirigir. Una vez me fue útil saberlo. En una carretera llena de autos, iba a girar a la izquierda. Según las reglas, saqué mi mano izquierda, pero entonces un motociclista, a quien yo no había visto, me alcanzó, se detuvo cerca de mí, besó suavemente mi mano y se fue...
  • Estoy de vacaciones, y mi marido de licencia por enfermedad. Se queda en casa y no hace nada: duerme, come y juega a la computadora. Vino a visitarnos mi hermana con su hija (4 años). Dejó a mi sobrina en mi casa y se fue por unas 3 horas a hacer sus cosas. Estábamos sentadas con la nena en el dormitorio, jugando con sus muñecas. Entonces, mi marido se levanta y se va al baño. La nena, asustada, corrió hacia mí y me susurró: "¿Por qué no me dijiste que él podía moverse?".
  • Mi esposo y yo nos conocimos en un sitio de citas. Luego resultó que nos habíamos conocido antes, él me compró unos pasajes de avión. Incluso lo recordaba, porque él tenía un apellido gracioso. Pero él no me recordaba a mí, lo cual era un poco extraño: había una sola boletería en todo el distrito, la gente me conocía, especialmente los militares. En fin, yo no lograba entender por qué él no me había recordado entonces. Y una vez, un poco tomado, mi marido me confesó: "Tú", dijo, "¡tenías un escote... uff! No te miré la cara, pero el pecho luego sí que lo reconocí".
  • Un día, mi esposa llegó a casa del trabajo más feliz que nunca. Hasta compró una torta y abrió un vino. No me decía por qué. Celebramos, nos reímos. Y luego me dijo que a su ex lo dejó la novia, que le robó mucho dinero y se fue a otro país. Primero me enojé, pero luego sonreí, llevé a la cama a nuestra hija de 5 años, y le di un beso de buenas noches a mi amada. La esencia femenina es incorregible, que se alegre, si eso la hace feliz.
  • El domingo por la mañana, mi marido entra corriendo a la habitación, y me grita que me levante, que me vista, que es hora de irnos. Entro en pánico, vaya uno a saber qué pudo haber pasado, no hago preguntas, me visto. Nos subimos a un tren, no entiendo muy bien lo que está sucediendo. Pero veo que mi esposo está alegre, así que entiendo que no es nada malo. Después de dos horas nos bajamos en una pequeña y extraña estación de una ciudad costera, y mi marido inmediatamente me lleva a la playa, y allí nos recibe la belleza pura. Mi esposo abre un vino, saca unos quesos. Bebemos una copa y entonces él dice: listo, hora de irnos. Y me lleva a un pequeño cine local. En la sala, solo nosotros, nos sentamos en la última fila y nos besamos toda la sesión como si acabáramos de conocernos... Después de la película fuimos a un restaurante, cenamos, luego caminamos por la playa otra vez, y por la noche tomamos el tren y volvimos a la ciudad. Parece algo común, pero fue tan inesperado que considero que ese fue el mejor día de mi vida.
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