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15 Personas descubrieron que tienen un ángel de la guarda por madre

Los retos que tienen las madres de familia muchas veces pasan desapercibidos para quienes las rodean, pero eso no significa que sean menos importantes. Por ese motivo, las protagonistas de nuestro artículo son esas personas que dan todo de sí mismas para que los pequeños del hogar crezcan felices y sintiéndose amados.

Rescatamos esos recuerdos de los momentos que dejaron al descubierto lo especial que puede ser una mamá, y en Genial.guru los queremos compartir contigo.

  • A mi mamá le tocó luchar sola conmigo desde el año de vida. De mi padre solo tengo el apellido. Yo tenía 14 años cuando busqué tener una relación con él y me rechazó, entonces comprendí muchas cosas. Comencé a admirar a mi mamá, su temple y esfuerzo. Ahora no hay día que no le diga a mis hijas lo que le agradezco a mi mamá y que es una mujer muy valiente. Ahora ella es muy mayor y tuvo un accidente vascular, así que me toca a mi cuidarla y protegerla. © Caro Neira / Facebook
  • Cuando mi hermano era pequeño, era fan de Las Tortugas Ninja a morir, su favorito era Donatello. No sé por qué, creo que los disfraces estaban agotados o él era demasiado chiquito, quién sabe, pero mi mamá no es buena cosiendo ni nada de esas cosas, por lo que literal tomó unos sobrantes de tela en tonos de verde y marrón y le armó un peto con caparazón para su tamaño. Mi hermano tendría entre 3-4 años, algo así, así que imagínense el tamaño. Agarró otras telas moradas para hacer la bandana, las coderas y las rodilleras y listo: tenía un mini Donatello en casa.
  • Bueno, me tocó la época en la que mis dos papás tenían que trabajar, así que me cuidó mi abuela materna. Mi mamá tenía un horario muy pesado en la oficina: de 8 am a 6:00 pm con un breve tiempo entre comidas. Eso era para mí mucho tiempo, pero ella siempre se las arreglaba para prepararme los mejores lonches del mundo. En verdad, durante toda la primaria, secundaria, prepa y hasta universidad mi lunch era envidiable. Ahora que soy mamá entiendo el gran esfuerzo que hacía la mía por estar presente en ese momento, antes de irme a la escuela, y prepararme un delicioso almuerzo que me hiciera sentir con ella, y llegar a tiempo para comer juntas a la hora de su descanso.
  • Cuando yo era pequeña estaban de moda los Power Rangers y a mí me encantaba Kimberly, la rosa. Mi mamá y yo fuimos a una tienda de disfraces y no había de ella. Sin importarle nada, mi mamá me compró el del ranger azul. Yo era feliz porque tenía una pistola de plástico con luces y un sable de samurái. Creo que anduve todo el día con ese disfraz. Más tarde me comentó que siempre se quedó con la idea de que era un disfraz para niño, porque el personaje era un chico y yo le dije: “No, mami, a mí no me importó lo más mínimo, yo era un Power Ranger y listo, sueño cumplido”. Se echó a reír, pero siempre admiré esta cualidad de mi mamá que no nos daba límites para expresarnos ni mostrar nuestra creatividad, eso no siempre ocurre.
  • Mi mamá es artista y siempre nos echaba la mano con cualquier proyecto artístico por más pequeño que fuera. Una vez tenía que hacer un proyecto sobre un libro que casualmente fue El Hobbit. Era un cuadro grande hecho todo de cartón y materiales reciclados, tenía un marco dorado con runas y la escena que hice en relieve era el concurso de acertijos en la caverna entre Gollum y Bilbo. Mi mamá nunca se metió a arreglarme las cosas ni tampoco metió la mano a mi obra de arte, pero siempre estaba ahí para darme tips como “para hacer ese color necesitas mezclar este y ese” o “esa piedra está fuera de proporción pero lo puedes arreglar si le colocas sombras”. El resultado fue increíble gracias a su sabiduría.
  • En el 2009 me había ganado una beca para irme a estudiar a España. Justo en ese tiempo, a mi mamá le diagnosticaron un linfoma, que es un tipo de cáncer en el sistema linfático. Fue un momento muy duro para todos, pero ella con la fortaleza de una roca y una fe enorme, en medio de sus quimioterapias que ya habían empezado, me dijo: “Hija, no te preocupes, vete a estudiar que yo estoy segura de que esto lo voy a superar”. Así que con el corazón arrugado pero queriendo también honrar su esfuerzo, me fui a España. Me di cuenta de que mi mamá fue muy valiente y cero egoísta al apoyarme, aun sin importar que tuviéramos que estar lejos en un momento tan difícil como ese. Afortunadamente, mi mamá superó como toda una superheroína su enfermedad y hoy me sigue apoyando en todos mis proyectos.
  • Todas las tardes, después de estudiar, me sentaba en la sala a jugar videojuegos. Mi mamá se sentaba a mi lado con una libreta de sketches y empezaba a dibujar lo que veía en la pantalla: los personajes corriendo, los árboles, los paisajes. Una vez le pregunté: “¿Qué haces?”. Me respondió: “Es una obra de arte, tengo que estudiarla, ¡qué bello dibujo!”. Me acuerdo que jugaba un videojuego que para su momento era espectacular, y mi mamá decía: “Pero este es guau, qué maravilla es la tecnología”. Me empezó a preguntar más cosas sobre el juego y yo estaba chillando como fan, porque era de las pocas veces que mi mamá mostraba interés en una cosa que nunca fue con su personalidad ni gustos.
  • Mi mamá es una mujer excepcional, no puedo hacer más que admirarla. Mi familia nunca la tuvo muy fácil, no nos sobraba el dinero, pero ella siempre se esforzó y trabajó durante toda su vida para que nunca nos faltara nada: educación, comida, un techo bajo el cual vivir y amor. Hace poco, se me rompió el auto, y debía ir a la universidad. Era pleno invierno y estaba lloviendo, y no me quedó otra opción que regresar a mi casa caminando. Había sido un mal día y solo quería llorar. Pero al llegar a mi casa, mi mamá me recibió con el calentador encendido en mi habitación, con la bolsita de agua caliente en la cama y con unos mates bien calentitos para que se me pasara el frío. Ella también había estado trabajando toda la mañana, pero se había quedado tan preocupada por mí que había dejado de lado sus cosas para hacerme sentir mejor. Podrían parecer gestos pequeños, pero para mí significan el mundo.
  • En 2016 me tocó trabajar en varios proyectos de cortometrajes estudiantiles, tenía dos carreras y hacía el servicio social. En uno de estos proyectos me tocó ser productora, pero mi equipo no colaboraba. No tenía la locación principal y busqué, busqué, mostraba propuestas y todas eran rechazadas por pequeñeces. Mis papás siempre me apoyaron en todas mis elecciones de carrera y mi mamá me preguntó qué clase de casa quería el director, yo le di las descripciones y empezó a organizar unos cuadros y acomodó los lugares para tomarle fotos, me dijo: “Mi casa es lo que quieren, tiene la iluminación, los colores y es linda, no es por nada, modestia aparte”. Mi papá dijo que “ok, pero que no grabaran en el piso de arriba”. Mi mamá automáticamente dijo: “No vale, toda la casa está a su disposición, con muebles y todo, lo importante es no verte sufrir por una cosa como esta. Todo tiene una solución, no me gusta verte luchando contra un grupo cuando estás haciendo tu trabajo bien y que los otros se frieguen, ellos no trabajan bien en equipo, no te vas a echar este muerto sola”. Mi mamá siempre fue un poco reacia a prestar su casa para fiestas y ese tipo de cosas, pero en ese momento me puse a llorar liberando todo el estrés y agradeciéndole el apoyo, porque me dio a entender que el amor es incondicional y que cuando apoyaba mis decisiones profesionales era con todo.
  • Hace algún tiempo, solía tomar muchas bebidas energizantes porque tenía mucho trabajo, mucho estudio, y dormía poco. Si no tomaba cafeína, prácticamente me quedaba dormida por aquí y por allá. Mi mamá odiaba que las bebiera, porque decía que me harían mal, pero sabía que, de una forma u otra, las necesitaba. Una vez llegué cansada a mi casa, maldiciéndome por haberme olvidado de meter mis latas en el refrigerador, y cuando abrí la puerta de la heladera, vi que mi mamá había acomodado todas mis bebidas allí para que estuvieran fresquitas cuando yo llegara. Con ese gesto que podría parecer muy insignificante me di cuenta de que nadie nunca me va a amar y se va a preocupar tanto por mí como ella.
  • En 2021 la salud de mi papá empeoró mucho de manera súbita, mi mamá estuvo detrás de él todo el tiempo y el día que falleció no pude acompañarla en la sala de emergencias por restricciones, porque era pleno encierro. Después de eso, mamá no pudo dormir más en la recámara principal por el shock, me parece. Un día comentó que quería vender la casa, al principio no entendía por qué y estaba asustada, pero luego me comentó que la casa nos iba a quedar muy grande y luego me dijo: “es hora de escribir un nuevo capítulo en esta familia”. Ahí fue que entendí que aparte de que era cierto que nuestra casa ya era muy grande para nosotros, ella estaba pensando en todos los que vivimos ahí: era una manera de recordar y dejar ir a mi papá, total fue la primera propiedad que compraron recién emigrados a México. No decía mucho, pero me hizo entender que era un cierre tanto para ella como para nosotros y eso me hizo ver que mi mamá es una de las personas más valientes y desinteresada que he conocido en mi vida, por eso la admiro muchísimo.

¿Cuál fue el momento que te hizo darte cuenta de que tu mamá era toda una heroína? ¿Cuál crees que son los mayores retos que las mamás tienen que superar y por los que no reciben reconocimiento?

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