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16 Personas que ya no aguantaban más en su trabajo y renunciaron aun sin tener otro a la vista

Algunos, para sentirse felices, lo único que necesitan es renunciar al trabajo. A veces ocurre que uno se acostumbra tanto a la rutina que no se da cuenta de lo mal que lo está pasando. Pero siempre puede haber un empujón o una señal para que la gente se diga a sí misma: “Ya no se puede vivir más así”.

En Genial.guru recopilamos distintas historias de personas que no tuvieron miedo de cambiar su vida y se adentraron en lo desconocido, dejando atrás un trabajo no querido. Y estos fueron los resultados.

  • Un amigo empezó su carrera profesional como funcionario, pero se marchó al sector comercial. Su primer sueldo en su nueva andanza laboral fue dos veces más que el de antes. Sus excompañeros, por supuesto, le dijeron que en su nuevo empleo lo iban a engañar, que la empresa acabaría cerrando y que solo en su anterior trabajo todo era estable y bueno. Cuatro años más tarde, mi amigo pasó por su antigua oficina por un asunto, cuando ya cobraba notoriamente más. Allí, las mismas mujeres, trabajando por el mismo sueldo, empezaron a bromearle: “Ya te dijimos que vendrías a pedir que te volviesen a contratar”. © vasda / Pikabu
  • Cada año, a principios de septiembre, mi amiga se compra un pastel. De esta manera celebra que renunció a seguir en la escuela. Trabajó como profesora de química y se estremece al recordar aquellos tiempos. Año tras año, la directora le prometía que, después de una clase magistral, la subirían de categoría y, por consiguiente, el sueldo. Las promesas se repitieron durante cinco años hasta que finalmente ella se rebeló y renunció. Así es cómo trataron de convencerla para que se quedara: “¿Dónde más te van a contratar con tu formación académica?”. Encontró un puesto en un laboratorio químico con un sueldo maravilloso.
  • Por alguna razón, no le caí bien a mi nuevo jefe y en mi departamento yo era la única mujer. Una vez, al final de la jornada laboral, él me ordenó que me quedara para terminar un proyecto. Le objeté que ya eran las 19:30 y que sería mejor que lo concluyera desde casa. Más aun teniendo a mi hija pequeña esperándome. Además, era viernes, y tenía todo el fin de semana para hacerlo. Quiero aclarar que este proyecto no era urgente. En fin, en contra de su orden, me fui a casa. Enseguida me empezaron a tratar mal en la oficina, y yo simplemente renuncié para adentrarme en lo desconocido. Ahora tengo un maravilloso nuevo empleo. La moraleja de esta historia es la siguiente: no hay mal que por bien no venga. © Priyanka Shrivastava / Quora
  • Una vez, al terminar mi trabajo no querido y agotador, estaba esperando el autobús. A mi lado se sentó un hombre, pobremente vestido, que empezó a hablar de sí mismo. Me contó que estaba desempleado y venía de celebrar el cumpleaños de una pariente. No quería pedirle ayuda a su familia porque si se hundió solo, podría subir a la superficie solo. Mientras charlábamos, sentí que el hombre desprendía un olor agradable, como si fueran bollos recién horneados. Al final de la conversación, decidí preguntarle a qué olía y me contestó alegremente y alargando la palabra: “¡Libertaaaad!”. Y se fue. Al día siguiente renuncié a mi empleo. © Oído por ahí / VK
  • Durante cinco años trabajé sin descanso en una oficina estatal creyendo en su idea y la carrera de la que me hablaban y me prometían. Finalmente no aguanté más y me fui a un negocio acorde con mi especialidad. Lo primero que me impactó fue el sueldo, cinco veces mayor. Lo segundo, el bono de Año Nuevo, equivalente a diez pagas en mi trabajo anterior. P. D.: Pasaron 12 años. En aquella oficina nadie renunció, así que allí no habría tenido posibilidad de ascender profesionalmente. © Mick.7 / Pikabu
  • Me contrataron como agente de ventas para nombrarme más tarde directora si trabajaba bien. Publicábamos un periódico. Trabajé sin parar: conseguí que unos socios sin escrúpulos finalmente nos pagaran 1000 euros de una deuda, y también aumenté las ventas en un 20 %. Esperaba el ascenso prometido. Y de repente, mi supervisora me dijo: “Los jefes decidieron cerrar la oficina en tu distrito, pero no te preocupes, porque luché por ti. Te quedarás como agente de ventas, pero tendrás que trabajar desde casa”. Me imaginé que a mi hogar vendrían camiones y en mi habitación se guardarían montones de periódicos para su venta y devolución. ¡Ni modo! Mi supervisora tardó mucho en comprender por qué renuncié aquel mismo día. De las ventas pasé a dedicarme al periodismo, y no lo lamento en absoluto.
  • En mi primer empleo, trabajaba muchas horas extra. Una vez, teníamos que entregar un proyecto el lunes. El viernes por la mañana llegué al trabajo a las 10:30. Trabajamos hasta las seis de la madrugada del sábado y nos quedamos a dormir directamente sobre los sofás de la oficina. Nos despertamos a las 12 del mediodía y pedimos pizza. En fin, trabajamos hasta la mitad del domingo, pero terminamos el proyecto. También lo revisé todo desde casa. El lunes por la mañana llegué a la oficina a las 11:26, pero mi jefe me humilló delante de mi propio equipo por haberme retrasado. No es de sorprender que renunciara al empleo. © unknown author / Quora
  • Era gerente de una pequeña empresa, pero mi nuevo jefe no me pagó el sueldo. Sabía que su hijo sufría de una discapacidad y su esposa los había abandonado, por lo que decidí esperar un mes más. De nuevo, no recibí dinero alguno. Y justo se acababa mi contrato con ellos. Entonces, le dije que me quedaría si me pagaba los dos sueldos que me debía y uno más por adelantado. “Le estás quitando el pan a mi hijo”, dijo mi jefe, y me pagó solo lo adeudado. Por supuesto, no volví a trabajar ahí. © lara lipova / Facebook
  • Una vez, tenía que hacer un duro trabajo: en invierno, en la calle. Trabajábamos desde la mañana hasta la noche. Después de eso, enfermé y a consecuencia de la licencia me redujeron el sueldo en unos 130 USD. En cuanto me enteré de eso, abrí la página con ofertas de empleo y encontré un trabajo con mejores condiciones. Además, me ascendieron dos semanas más tarde. © Andrey Olefirov / Facebook
  • Mi jefe me sobrecargaba de trabajo mientras que mis compañeros quedaban sin hacer nada. Cuando le pedí que repartiera la carga entre todos por igual, se negó. Entonces hice una inhalación profunda, luego exhalé y firmé mi renuncia. Cuando mi jefe se enteró de que no tenía otra cosa fuera, comenzó a reírse de mí. Tuve que trabajar en esa empresa por un tiempo más, y cada día él y mis compañeros me decían que estaba cometiendo un grave error. Pero el día de mi marcha recibí una oferta de una nueva empresa. Así que me fui con la cabeza bien alta. © Shubhangi Garg / Quora
  • Un amiga era coreógrafa en un grupo de baile infantil. La directora tenía más de 70 años y se comportaba como una prima ballerina. Un día festivo la llamó por teléfono y gritó: “¿Por qué no estás en el trabajo?”. Mi amiga contestó confundida: “Usted no me dijo que teníamos un ensayo no programado”. La respuesta de la jefa la dejó sin palabras: “Estas cosas las deberías saber tú sola”. Es decir, mi amiga fue acusada de no haber leído la mente de la directora. Había muchas situaciones de ese tipo, pero mi amiga siempre decía: “No puedo renunciar a mi trabajo. ¿Cómo voy a dejar a los niños?”. Pero después de que no pudiera conciliar el sueño durante 3 noches consecutivas, su esposo la acompañó al trabajo para que ella redactara una carta de renuncia. Ahora dice que no entiende en absoluto por qué no huyó de inmediato de aquel infierno. Está en casa con su gato tratando de calmar los nervios.
  • En la entrevista, el jefe se mostró muy amable, pero ya en el primer día en la oficina me di cuenta de que los empleados le temían. Delante de todo el mundo, gritó a un trabajador que, por la edad, podría ser su propio padre. ¿La razón? La falta de los documentos de un producto. Resultó que los papeles todavía no habían llegado desde la aduana, pero el jefe ni siquiera se disculpó por la situación. Quedó claro por qué a sus espaldas lo llamaban Shrek. Debido al estrés, empecé a sufrir problemas con el sueño. Lo peor es que mi amiga íntima me convencía de que no renunciara al trabajo, diciéndome que, de esta manera, fortalecería mi carácter. Por suerte, elegí mi salud mental por encima de todo.
  • No puedo comer nada en absoluto en restaurantes, cafeterías y cualquier establecimiento de ese tipo. Ni siquiera sé de dónde proviene, pero tengo miedo de lo que podría haber pasado con esta comida. Bueno, ¡sí, lo sé! Antes trabajé en un pequeño establecimiento, una simple cafetería. En aquel lugar, los empleados se divertían “jugando” con la comida que se servía a los clientes. Por ejemplo, relamían las hamburguesas y luego las servían como si nada. En cuanto me enteré, enseguida renuncié después de gritar a mis recién excompañeros. © Oídoporahí / VK
  • Pasaba por un período complicado en mi vida: hijos pequeños, hipoteca. No tenía tiempo de cuidar de mi aspecto. De repente, me llamaron desde la dirección para que fuera al despacho. Me reprocharon que no me ponía falda y tenía el pelo recogido. Me lo dijeron tal cual: “Si sigues usando una liga para el cabello, te aplicaremos medidas disciplinarias”. Sus caras eran dignas de ver cuando se dieron cuenta de que en la empresa no existía código de vestimenta alguno. Ahora trabajo en un nuevo sitio donde no hay este tipo de tonterías estéticas. © Kim-Ann / Quora
  • Trabajo de programador informático. Ya en el primer día en mi nuevo trabajo me di cuenta de que había cometido un grave error al aceptar el empleo. Mi jefe me asignó un nuevo proyecto que no era acorde con mi cualificación. Fui a hablar con él y todavía no consigo olvidar sus palabras: “Esto no es un restaurante donde puedas elegir la comida que desees”. Además, constantemente me ponía horarios nocturnos. Diez meses más tarde, me dije a mí mismo “basta” y renuncié. Todos pensaban que era un acto inmaduro. Al pasar tres meses, encontré un nuevo trabajo con un buen equipo y superiores. Me siento feliz. © Debasish Dey / Quora
  • Me ascendieron hasta ser jefa de departamento. Para mí, recién licenciada, esto fue todo un éxito. Pero pronto me divorcié y me fui a un departamento alquilado con mi hijo de cinco años. Y de repente, mi jefe empezó a actuar de una manera extraña: primero se compadecía de mí por mi divorcio, para después bajarme el sueldo. Me dijo tal cual: “No podrás renunciar, estás sola con tu hijo”. Mi colchón económico iba reduciéndose y yo entendía que pronto no tendría dónde vivir. Entré en pánico sin saber qué hacer. Después de que se fuera mi esposo, un conocido empezó a cortejarme. Y entonces nos ofreció, a mi hijo y a mí, vivir con él. También me convenció de que dejara mi trabajo diciéndome: “Te necesito sana y salva”. Así que renuncié. Pasé un tiempo en casa y luego encontré un buen empleo. Y me casé con aquel joven. © gamayun88 / Pikabu

¿Qué historias épicas sobre renunciar a un trabajo conoces?

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