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17 Familiares cuyas excentricidades pueden sacar de sus casillas incluso a una estatua de piedra

Algunos miembros de la familia están ansiosos por ayudar, pero no siempre pueden hacer frente a sus propios problemas. Su “tacto” nos provoca hasta vergüenza ajena y su lógica deja el sentido común en el más hondo desconcierto.

Leyendo estas historias de la vida, Genial.guru se dio cuenta de que incluso los familiares más lindos son capaces de protagonizar excentricidades carentes de toda lógica. Tú también puedes percibirlo, especialmente, porque al final de este artículo, te preparamos un bono: una evidencia de que incluso para el pariente más insoportable se puede encontrar una salida.

  • Mi futura suegra se avergonzaba de comprarse productos de higiene íntima femenina, así que siempre me pedía a mí comprarlos por ser su futura nuera. Está bien, le compré un lote anual de las toallas femeninas que le gustaban y las envolví para que parecieran un regalo extravagante. Luego las dejé en la recepción del lugar en el que ella trabajaba. Por desgracia, accidentalmente, abrió el paquete en el trabajo y luego convenció a su hijo de que yo no valía la pena para él como esposa. Pero dado que fui yo la que aportaba el ingreso principal a la familia, no me molestó demasiado que termináramos. © Jane Bradley / Quora

  • Tenía unos 10 años cuando mi madre me mandó a la aldea acompañada de mi tío. Teníamos que hacer transbordo en la capital, el siguiente tren no salía pronto, previsto para 12 horas más tarde. Mi tío y yo nos sentamos en la sala de espera, colocando nuestras maletas y bolsas. De repente, me dijo: “Voy a llamar a tu mamá y vuelvo”. Esperé una hora, dos, tres... Empecé a ponerme nerviosa. Tras cinco horas, ya tenía ganas de ir al baño, pero no podía moverme: tenía que custodiar nuestras pertenencias. Doy gracias a aquella mujer que estaba sentada frente a mí, ella me acompañó al baño mientras su esposo vigilaba las cosas y luego me dio bocadillos y llamó a la policía. Y de repente, volvió mi tío y finalmente partimos hacia la aldea. Cuando, al regresar a casa, le conté esta historia a mi madre, se quedó boquiabierta. Resultó que mi tío no la había llamado para nada, simplemente se aburrió, decidió dar un paseo por la ciudad, luego pidió una bebida en una cafetería y se olvidó de mí. Se acordó de mi existencia solo cuando vio los boletos en su pasaporte. © Kolotuha / Pikabu

  • Después de 3 años de vida de casada, me quedé viuda, viéndome sola con un hijo pequeño. No albergaba gana alguna de conocer a alguien. Casa, trabajo, hijo, a veces amigos, y así pasaron dos años. Entonces mi suegra compasiva decidió poner orden en mi vida. Por cierto, ¡ya no nos comunicábamos en absoluto y me culpaba de todos los pecados mortales! Había leído un anuncio de búsqueda de pareja en una revista y escribió una carta de su propio nombre, adjuntando una fotografía mía. Mientras tanto, yo vivía mi propia vida, sin sospechar siquiera que la felicidad estaba por venir. Más tarde, me llega una carta de seis páginas de un hombre, 12 años mayor que yo, elogiándose a sí mismo a más no poder contando cuántos cerdos y parcelas de tierra ostentaba. Y afirmaba que para mí, a mis 23 años, no todo estaba perdido. Así, le expliqué al hombre que no tenía intención alguna de casarme, mientras que a mi suegra le solté una buena reprimenda y le quité todas mis fotos. © olga.optimistka / Pikabu

  • La suegra de mi hermana descubrió a nuestra madre en plena calle y comenzó a decirle que tal vez su hija tenía algunos problemas “femeninos”. ¿Tuvo cistitis en la infancia? ¡Debía haber alguna razón por la cual todavía no tenían hijos! (¡Y todo con una mirada de reproche, como si dijera que le habían dado gato por liebre!) Mi hermana y su esposo no planeaban tener hijos en ese momento porque vivían en el mismo departamento con su suegra y su hija y, por supuesto, tomaban medidas para protegerse. Cuando se mudaron, sí concibieron un bebé. No sé, no sé, tal vez se haya recuperado su salud femenina... © irenion / Pikabu

La suegra siempre tiene razón.

  • Mi futuro esposo y yo queríamos casarnos solo por nuestros propios medios económicos. No pudimos ahorrar mucho, por eso decidimos que era mejor casarnos por lo civil, sin invitados, y gastar ese dinero en el viaje. Pero mi suegra exigía una boda: “¿Cómo que sin restaurante? Esta es mi celebración, mi hijo se casa”, “Mijo, no te olvides de invitar a la tita”, “Y para el segundo día, contrataremos un servicio de catering”.
    Mi futuro esposo me pidió que accediera “para no ofender a mi madre”. Llegamos al acuerdo de que, por la boda, nos regalaría la cena en un restaurante para unas 15-20 personas (ella ya había decidido a quién invitaría). Yo no tenía fuerzas para discutirlo. Antes de la celebración, mi suegra, repentinamente, dijo que hace tiempo no se tomaba unas vacaciones, estaba muy cansada e iría con nosotros al viaje de luna de miel. Después de eso, no pude soportarlo y mandé a toda la familia al último bosque del mundo. © TyzhTouragent / Pikabu

  • A pesar de todas nuestras explicaciones, mi suegra no conseguía entender cómo utilizar la lista de los contactos en el teléfono y marcaba los números a mano. El número de mi esposa difiere un dígito del suyo, por eso se mandaba los SMS a sí misma, pensando que escribía a su hija, es decir, mi esposa.
    “¿Cena?”, escribe ella. Y enseguida recibe un SMS de vuelta: “¿Cena?”.
    “¿Cómo?”, pregunta ella. La respuesta llega a su teléfono: “¿Cómo?”.
    Decidió que su hija la estaba tomando el pelo y por la noche vino a poner tierra de por medio. Así fue cómo descubrimos que mi suegra hablaba consigo misma a través de mensajes SMS. © thedragon4453 / Reddit

  • Mi esposo y yo vivíamos separados de mi suegra, en una casa vecina, pero nuestras ventanas se colocaban en diagonal, mirando la una a la otra. Ella venía cada mañana, regañándome por no haber preparado a mi marido para que fuera a trabajar. Él se levantaba sin hacer ruido, se preparaba, agarraba el almuerzo, desayunaba y se iba. Mientras, yo dormía con nuestro hijo. No encendía la luz en la habitación, tan solo en el pasillo. Y según ella, yo tenía que levantarme, encender todas las luces, vestirlo, darle de comer, prepararle todo, besarlo y demás. Ella vigilaba todas las mañanas. Hasta que le solté una reprimenda en condiciones. © amaryllis7944 / Pikabu

  • Estábamos toda la familia en la casa de campo, charlando de todo. Y entonces, mi abuela suelta:
    — He empezado a tener problemas con las piernas.
    Mi madre y yo nos preocupamos, barajando posibles enfermedades en la cabeza. Y la abuela continuó:
    — “El pie derecho lo lavo bien en el lavadero y el izquierdo me cuesta levantarlo”.
    Tras reírnos mentalmente, le dijimos a la anciana que, a sus 87 años, esto es algo absolutamente normal. Tanto mi madre, que tiene 62 años, como yo a los 30, llevábamos tiempo lavándonos los pies en la bañera. La abuela no nos creyó. © JxaJxa /Pikabu

  • Adoro a mi suegra, pero es una mujer definitivamente poco práctica. Su esposo y su hijo hacen todo por ella. Una vez, ella y yo fuimos de compras en su auto, conducía yo. Compramos todo lo que necesitábamos y me preguntó si podíamos repostar el coche. Le contesté: “Sí, claro”. En aquella época, estaba embarazada, por lo que esperaba que lo hiciera ella misma. Ella me miró durante varios segundos y luego me preguntó si podía echar el combustible. Resultó que ella nunca lo había hecho, pese a que ya llevaba 15 años conduciendo. © Daniela Arvesuk / Quora

  • Durante mi infancia, cuando nuestros padres se iban a trabajar, mi hermana y yo nos quedamos solas en casa. Yo tenía unos 8 años y ella, 12. Mi madre siempre nos decía que, hasta que no limpiásemos la casa, no nos dejaría salir a pasear. Por cierto, era la época en la que la serie Hechiceras se hizo famosa. Todos los que lo hayan visto tienen que recordar cómo una de las hermanas era poseída por los espíritus. Mi hermana constantemente fingía que un tipo de espíritu se había metido dentro de ella y podía liberarla solo si ponía en orden la casa. Yo lloraba, tenía miedo y recogía. © “Oído por casualidad” / Vk

  • Una vez, mi esposo y yo salimos a comprar helado. Nuestro hijo decidió quedarse con nuestros suegros en casa. Una hora más tarde, regresamos y vimos que la puerta de la entrada no estaba cerrada con llave y que la casa estaba en oscuridad total. Los suegros dormían profundamente en su habitación, mientras que nuestro pequeño permanecía en nuestro dormitorio muy asustado. Nos dijo que los padres de mi esposo lo habían echado de la habitación y cerrado la puerta. Nos quedamos impactados. ¿Qué hubiera pasado si nuestro pequeño hubiera salido a buscarnos a la calle? © unknown / Quora

  • Invitamos a mi hermana y mi cuñado a una fiesta en nuestra casa. El esposo de mi hermana ya había mostrado previamente un comportamiento raro, pero aquello fue la gota que colmó el vaso. Mi esposa es una gran pastelera; durante varias semanas, preparó dulces y, el día del evento, los colocó en bandejas por toda la cocina, el comedor y el salón. En un momento, me llevó a una esquina apartada y me dijo: “Es raro, pero las galletas desaparecen tan pronto como las coloco en la mesa”. Se fue y entonces pude ver cómo mi cuñado se las metía en los bolsillos, y lo que no cabía, lo ocultaba en la estantería de libros. Allí ya había una cantidad notoria. Tras esto, le dije que se llevara lo que tenía en sus bolsillos y se fuera de nuestra casa. Nunca más regresó. © Gerry Jurrens / Quora

  • Mi suegra regaló a todas sus nueras, incluyéndome a mí, un brazalete con un diamante. Pensé que era muy bonito, aunque pocas veces me pongo algo más que bisutería porque, a menudo, pierdo las cosas. Pero en su presencia, siempre trataba de ponérmelo. Entonces, varios años más tarde, se me acercó y me ofreció venderle el brazalete. Fue toda una sorpresa para mí y le pregunté por qué. Resultó que otra de sus nueras había perdido su brazalete y estaba dolida, por lo que ella decidió donarle el mío para sustituir el suyo perdido. © Anne Riley / Quora

  • La madre de mi chico era una mujer terriblemente vaga. Esto afectó su peso: a sus 45 años, pesaba más de 160 kilos. Al verme, se dio cuenta de que había encontrado a una nueva esclava. Me gritaba desde la cocina que le acercara la cuchara que estaba a un metro de ella. En cuanto yo compraba un pastel, ella siempre se comía la mayor parte a solas, a pesar de que este se compraba para ir de visita. Podía entrar como si fuera una reina en el departamento y soltarme: “Hazme un té”. Y montar todo un espectáculo si no se lo llevaba a la habitación. Por cierto, ni siquiera vivía con nosotros, tan solo venía de visita (5 veces a la semana). En un momento concreto, acabé dándole un ultimátum a mi chico: “O la haces callar o me voy”. ¿Y sabes qué? Funcionó. Ahora, por fin, estoy libre de su presencia. © sabatiniraf / Pikabu

“Mi suegra se queja de que su tableta nunca carga la batería”.

  • Mi suegra me pidió que pasara por la casa de mi cuñada para recoger de allí su aspiradora y llevársela a casa. Su hija vive a una distancia de 160 kilómetros de mi casa y mi suegra en el lado opuesto, a más de 800 km de mí. Cuando me negué a conducir más de 1 900 km para llevarle la aspiradora, se sintió ofendida en lo más profundo y dejó de hablarme durante 2 meses. © Mickie McCord / Quora

  • Los padres de mi esposo vinieron durante una semana para cuidar a nuestros hijos mientras estábamos en el extranjero. Para ellos, contábamos con una habitación de visita bien equipada. Al regresar del viaje, bajé a la lavandería en el sótano para lavar las prendas. Algo estaba tirado en los escalones. Era una hermosa alfombra de pelo largo de la habitación de invitados, a la que nuestros familiares habían desgastado y tirado. Y cuando entré en su habitación, vi que habían reorganizado por completo todos los muebles, incluso habían colocado la tele junto a la ventana, donde nuestro pequeño podía encenderla fácilmente, y habían sustituido la lámpara de la cocina. Todavía no puedo comprenderlo: ¿cómo uno puede cambiar algo sin preguntar en una casa ajena? © Tricia Chitwood / Quora

  • La primera salvajada sucedió inmediatamente después de la boda. Mi nueva “madre” afirmó que era demasiado pronto para que tuviéramos hijos y me aconsejó que me pusieran un dispositivo intrauterino (DIU) porque las pastillas anticonceptivas empeoran el carácter y, con los preservativos, los hombres no disfrutan. Y luego se hizo la bola de nieve: mi suegra se entrometía en nuestra vida, hacía una inspección de nuestro armario y del refrigerador, se llevaba para planchar las camisas de mi esposo y todas las prendas, incluidos los calzoncillos, las compraba para su hijito a su gusto. Me comenzó a molestar el carácter débil de mi media naranja y decidimos ir de vacaciones al mar. Mi suegra, entonces, con lágrimas en los ojos nos convenció de que pasáramos por su casa de camino, ofreciéndonos desayunar para no parar en restaurantes. Después de una generosa ración de consejos, los padres de mi esposo trajeron para él una taza de café, un plato de omelet y un trozo de tarta, y a mí me propusieron que fregara sus platos. El punto álgido de la situación fue cuando mi esposo se puso a la mesa y, mirándome tristemente, se comió el desayuno. Pronto, a iniciativa mía, nos divorciamos. © PushkaPampushka / Pikabu

Bono: incluso para los parientes más feroces hay salida

Mi suegra vino a vivir con nosotros mientras en su departamento se hacía una remodelación. Y dado que ella misma no sabía lo que quería, la remodelación se alargó. Yo esperaba que, al menos, me ayudaría de alguna manera con mi hijo, pero Tamara, mi suegra, tomó su estancia en nuestro departamento como unas vacaciones: pensión completa, servicio de más alto nivel e incluso la oportunidad de burlarse de su nuera.

Soy una persona no conflictiva. Y si la madre de mi esposo creía que su hijo tenía que desayunar solo los huevos fritos que él odiaba, yo le preparaba los huevos fritos. Pero durante cuatro meses viviendo bajo un mismo techo, mi suegra me molestó hasta tal punto que incluso comencé a pensar en mudarme a la casa de mis padres durante el tiempo que ella viviera en nuestro hogar.

Y entonces, me dijo:

— No te imaginas la suerte que tienes conmigo. ¿Sabes qué suegra tengo yo? Un monstruo que el mundo no concibe. Todavía le tengo miedo. Ella me molestaba lo mejor que pudo.

Así, ella misma me dio una gran idea: el control sobre mi suegra lo tiene su propia suegra. Y sin pensármelo dos veces, invité a visitarnos a la abuela de mi esposo.

Una mañana, mi esposo estaba en el trabajo, mi suegra repartía consejos y, de repente, suena el timbre. La madre de mi esposo se apresuró a abrir la puerta, frotándose alegremente las manos ante la idea de su hijo parado tras la puerta. La abrió, y allí:

— Ah, Tamara, ¿qué miras? Vamos, me haces un té. Traigo un pastel. Pero no es para ti: es perjudicial para tu salud. Aunque a tu figura nada ya la ayuda.

El rostro de la abuela de mi esposo hasta brillaba de placer. Y, qué coincidencia, aquel mismo día, la reforma en la casa de mi suegra llegó a su fin. Con prisas, empacó sus cosas, se despidió y se fue a su casa. Le serví el té a la abuela y ella también se fue a su casa, diciendo que, si me hacía falta, podía volver a pedirle ayuda. © nik12892356 / Pikabu

¿Qué excentricidades y acciones raras han hecho tus parientes? ¿Cómo lograste resolver los conflictos con ellos?

Imagen de portada PushkaPampushka / Pikabu