Genial
NuevoPopular
Inspiración
Creación
Admiración

20+ Historias sobre qué tan ridículas pueden ser las razones por las cuales citan a los padres a la escuela

No cabe duda de que los años escolares fueron una parte intensa y complementaria de nuestra vida. En esa época del pasado hubo momentos de tristeza, alegría, y también conversaciones maliciosas sobre aquel niño del aula de al lado. Solo que detrás de todas esas emociones teníamos un control severo que podía incluso citar a nuestros padres a la escuela. Basándose en circunstancias tanto reales como imaginarias, claro.

En Genial.guru profundizamos con interés en los debates publicados en la página del usuario de Twitter llamado Ksandra_a, donde las personas contaron cómo sus padres eran citados a la escuela solo por una canción exitosa sobre el almuerzo en el comedor escolar o por el amor a los paseos. Seguramente nuestros lectores también tienen recuerdos similares. Además, al final te preparamos una historia sobre una escuela privada donde también solían suceder cosas raras.

  • La primera vez, los citaron a los gritos: “¡Su hija está vendiendo tareas hechas y resuelve los exámenes de los demás por dinero!”.
    “¿Qué nos puedes decir en tu defensa?”, me preguntó mamá.
    “Si no quieren estudiar, entonces que paguen”, le contesté sin emoción alguna.
    La expresión del director fue incomparable. © Frognicorn / Twitter

  • Cuando la maestra anunció un examen sorpresa, tuve tanta rabia que tiré la mesa y dije que mejor me iría al comedor a comer algo, porque no se podía tratar ASÍ a la gente. © MrSa1em / Twitter

  • Citaron a mis padres en el tercer grado porque yo me burlaba de los varones. © Ksandra_a / Twitter

  • Yo imprimía fotos de Schwarzenegger, Stallone, Star Warsninjas, y las vendía en la escuela. Fue un negocio bastante bueno. En 1988 ganaba 3-5 USD por día. Citaron a mi padre, hablaron al respecto y me prohibieron realizar ventas en el territorio escolar. Entonces comencé a vender negativos de fotos a 10 USD por película a los vendedores minoristas. © Kirill54 / Twitter

  • Hasta el sexto grado estudié en una escuela donde trabajaba mi mamá. No llegaba tarde, ya que siempre íbamos juntas. Teníamos una buena relación, y por eso siempre que una maestra me amenazaba con acusarme con ella, yo respondía: “¿Y qué?”. Esta iba muy molesta con mi mamá y obtenía la misma respuesta: “¿Y qué?”. © _frugasm / Twitter

  • Citaron a los míos porque exigí que me mostraran en el reglamento escolar dónde decía que no podía usar un arete color carne. © avenzpocebe / Twitter

  • En el noveno grado citaron a mis padres porque traducía textos en inglés verbalmente y no por escrito. Pero tengo una historia mejor. A los padres de mi amiga los citaron porque ella respondía a las preguntas muy a menudo. © GulyaykinaLady / Twitter

  • Mis padres nunca fueron a la escuela, pero sí me citaban a mí con el director porque era mediopensionista y no me quedaba en el aula haciendo la tarea, sino que paseaba tranquilamente por el territorio escolar. Como una niña normal, no podía quedarme sentada sin moverme durante 10 horas. Cuando el guardia me llevaba hacia adentro, me agarraba de la reja y él tenía que arrancarme para meterme al edificio. Después descubrí que podía pasar el tiempo en el aula de computación, jugando durante todas esas horas. © ***lo4ka / Twitter

  • Esto pasó en el segundo grado. A mi mamá la citó la maestra debido a que yo repetía todo el rato las frases “¡Qué espanto!” y “¡Qué horror!”. © fanernst1 / Twitter

  • En el primer grado citaron a mis padres porque ya sabía leer y escribir palabras enteras en vez de solo letras. Cuando ellos llegaron, me pasaron al segundo grado. © AeronVl / Twitter

  • Citaron a los míos porque en el cuarto grado les vendía a mis compañeros figuras de origami hechas con papel holográfico. Llegué a ganar 6 USD, hasta que se terminó un color y una compañera que quería justo ese tono me acusó con la maestra, como si yo la hubiera engañado. Por cierto, después de que me regañaron, se olvidaron de quitarme el dinero. © catvilder / Twitter

  • Pasó durante la primera semana de clases del año: anuncié que todo lo que decía el profesor ya me lo sabía y no pensaba seguir asistiendo a ese lugar. © djxtrees / Twitter

  • En el primer grado teníamos que hacer una manualidad en forma de flor, pero no me salía nada. Llegó el tiempo de irse a casa y nos pidieron que juntáramos las cosas. ¡Pero yo aún no había hecho nada! Por eso no se me ocurrió nada mejor que pegarme al banquito con pegamento y gritar que no me iría a ningún lado hasta que terminara. © connoreika51 / Twitter

  • A mis padres nunca los citaron, pero una vez la maestra llamó a mi mamá por teléfono y se quejó de que yo vendía juguetes de huevo Kinder en el lugar de atrás. Fui un genio de los negocios durante solo tres recreos, pero valió la pena. © mon_counsellor / Twitter

  • En el cuarto grado citaron a mis padres porque en un examen (algo parecido a la prueba de CI) obtuve más puntos que todos los niños del aula paralela. Pero como nunca fui una alumna sobresaliente, simplemente no tenía ganas de estudiar (es la conclusión a la que llegaron los maestros). © mmmmmmmmm_ddddd / Twitter

  • Inventé una canción ofensiva sobre la papilla con bolitas que nos daban en el desayuno. A los maestros no les gustó la letra. Pero yo seguí con mi lucha y, en la siguiente ocasión, en vez de comer una albóndiga que parecía de goma, la escondí en un vaso con jugo. © jen_rosetal / Twitter

  • Estudiaba en sexto grado. Una vez, con mis compañeros fuimos a jugar a un tobogán. Ese lugar estaba ubicado justo debajo de la ventana de la maestra. Al día siguiente, ella citó a mi mamá a la escuela y delante de mí le dijo: “Los niños de nuestra clase no saben comportarse, pero su hija es la que más sobresale. Y no me sorprendería si a los 15 años quedara embarazada”. Resultó que, cuando yo bajaba del tobogán, un niño se agarró de mi abrigo y bajamos juntos. Así de alarmados estaban los maestros. © Oídoporahí / Vk

  • Cuando mi hijo estudiaba en cuarto grado, encontró un libro en casa: Idioma de movimientos corporales. Le gustó tanto. Entre otras cosas, le gustó el párrafo sobre la mirada de un verdadero hombre. Obvio que enseguida se puso a practicar. Y ya al día siguiente me citaron a la escuela con una acusación estupenda. “Su hijo le hace ojitos a la maestra”. © Oídoporahí / Ideer

  • A unos amigos los citaron a la escuela. “¿Saben que su hija de 14 años pasa el tiempo con un hombre mayor?”. Los padres mostraron una expresión interrogativa, pero la maestra siguió: “¿Han visto su Instagram?”, y mostró selfis en las que la muchacha estaba acompañada por un hombre grande. “Pero nuestra hija hace voluntariado, y ese sujeto era el alcalde de la ciudad, quien participaba en eventos públicos”. © Oídoporahí / Ideer

Bono

  • Me recomendaron llevar a la niña a una escuela privada. Era caro para una madre soltera, pero decidí que no ahorraría en sus estudios. Una vez me citaron y me aconsejaron llevarla a un hospital psiquiátrico, ya que era muy cerrada. Lloré durante varios días. Le conté todo a una amiga del trabajo. Ella sintió pena por mí y me recomendó sacar a mi hija de esa escuela y llevarla a una pública. Eso fue lo que hice. ¡Y ocurrió un milagro! Después de unos meses, mi niña volvió a la vida, se hizo amiga de otros niños y hasta empezó a asistir a un grupo escolar de computación. Ahora tiene 14, es muy inteligente y desarrollada. Me espanto cada vez que pienso en qué podría haber pasado si les hubiera hecho caso a los maestros de la escuela privada. © Oídoporahí / Vk

¿Citaban a tus padres a la escuela? ¿Por qué razones? ¡Confiesa!

Compartir este artículo