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21 Usuarios de Genial que demostraron ser los padres más astutos del condado

Para muchas personas, ser papás es una de las experiencias más gratificantes que existen, pero eso no significa que no sea una tarea llena de retos. Y es que a veces los niños nos obligan a explorar nuestro nivel de creatividad con trucos elaborados para lograr que hagan hasta las cosas más simples, como comer sus verduras.

Por eso, en Genial.guru reunimos los mejores trucos que nuestros lectores compartieron para que tomes nota y los pongas a prueba en casa.

  • Cuando salía a pasear con mis dos hijos, aún pequeños, siempre pedían que les comprara “algo”. Hasta que mi esposo y yo ideamos una solución: antes de salir, les dábamos dinero a cada uno para que se compraran una cosa que ellos quisieran. Podíamos pasear durante mucho rato y ellos simplemente sujetaban su moneda, no les era fácil decidir qué comprar y a veces éramos nosotros los que teníamos que recordarles que ya era hora de que compraran “algo” porque pronto volveríamos a casa. © Marisa Méndez / Facebook
  • Le dije muchas veces a mi hijo que dejara de comerse las uñas, pero no funcionaba, hasta que un día le dije que debajo de sus uñas había vida microscópica y le dio pena acabar con esas vidas. © Nati Bordanobch / Facebook
  • Cuando quiero que mi hija de 2 años me haga caso, solo empiezo a contar. Digo: uno, dos y ella ya está haciendo lo que le pido. Hasta ahora ni yo entiendo por qué me obedece cuando cuento. © Pamela Rocha Torrez / Facebook
  • Yo le decía a mi hija que cuando saliera con su abuelita, no le soltara la mano, pues su abuelita se podía perder y se sentiría muy triste. Así evité que mi hija se soltara o que se echara a correr. © Sere Islas / Facebook
  • El tema con las verduras es que si los niños ven que tú no las comes, ellos tampoco lo harán. Una buena estrategia es servirse uno primero, porque luego tu hijo te pide probar, jamás hay que obligarlo. © Macarena Roca / Facebook
  • Mis hijos obtuvieron propinas para comprarse lo que quisieran después de hacer sus tareas y de comportarse bien. Luego de juntar suficiente dinero para ir a la juguetería, no quisieron comprar nada, porque “todo estaba muy caro” y su dinero ya no sería tanto. Nunca más han pedido algo, ahora cada vez que quieren comprar cosas, lo piensan dos veces. © Antonella CM / Facebook
  • Mi hermano piensa que cuando regaño a mi sobrino poniendo las manos en la cintura y él obedece, es porque en algún momento lo regañé muy feo. Lo que no sabe es que él me obedece porque sabe que después habrá un premio. © Alhelí Piineda / Facebook
  • A mis hijos les digo que la comida es solo para la bebé, y ellos terminan comiéndose todo. O con los quehaceres, les digo que si limpian tendrán una sorpresa, y la sorpresa es una habitación limpia. © Diana Sanabria / Facebook
  • Cuando mis sobrinos se mudaron con mi mamá, estaban muy acostumbrados a beber solo refrescos, así que acordamos que por cada vaso de refresco, tomarían un litro de agua obligatorio. Llegamos a un punto en el que solo bebían agua natural o de fruta, pero 100 % hecha en casa. © Toxik Maia / Facebook
  • Mi hijo siempre me pedía que le comprara cosas. Un día le dije que iba a pagarle por cada tarea que hiciera, así juntaría dinero para lo que quisiera comprar. Le hice una pizarra con la cantidad de dinero que iba juntando. No se dio cuenta de que aprendió a sumar, a restar y a no gastar de más. Y yo obtuve una casa limpia. © Nati Bordanobch / Facebook
  • En el primer berrinche que hizo mi hija, cuando tenía como dos años, la dejé gritar, llorar y patalear todo lo que quiso sin siquiera mirarla. Nunca volvió a hacer un berrinche, se dio cuenta de que no funcionaban. © Violet Cm / Facebook
  • Mi hijo de pequeño odiaba las verduras, así que se las empecé a dar licuadas en sopas y para que las comiera, les puse nombres de superhéroes. La verde era sopa de Hulk y es su favorita. Hasta hoy, que ya tiene 20 años y está en la universidad, cuando la hago dice: “¿Hay sopa de Hulk?”. © Daniela Rodriguez / Facebook
  • Mis hijas siempre quieren la última pieza de comida, así que comencé a usar la táctica “una divide en dos y la otra elige primero”. Ni los ingenieros de la NASA tienen tanta precisión. © Eva Maria Martin Romero / Facebook
  • Cuando llevaba a mi niña al supermercado y pasábamos por la zona de juguetes, le decía que estaban allí para que todos los niños los pudieran ver, que no podíamos llevárnoslos porque los niños se pondrían tristes. Ahora si vamos al súper, me pide ir a ver los juguetes y con recorrer el pasillo viéndolos, es feliz. Al decirle que es hora de irnos, no me hace berrinches queriéndose llevar un juguete y si le quiero comprar alguno, le digo que en la entrada me dijeron que nos lo podíamos llevar. Me encanta que no sea egoísta, cuando le digo que tome dos juguetes, me dice que no porque los demás niños se quedarán sin verlos. © Griselda Alfaro / Facebook
  • Yo juego carreritas con mi hija para ver quién se viste primero a la mañana para ir al colegio. Tiene 9 años y se pone contenta porque me gana siempre. © Lucy Flores / Facebook
  • Cuando mi hija tenía unos 7 años, un día de repente se negó a ir más a la escuela. “Me aburro”, me dijo. En vez de pelearme con ella, hice lo siguiente: como soy limpiadora, le dije que no pasaba nada, pero que me acompañaría al trabajo si no iba a la escuela. A la mañana siguiente, me acompañó a mi puesto de trabajo y lo primero que hice fue irme a los baños. Me puse unos guantes, tomé un estropajo y comencé a limpiar el baño como si no hubiera un mañana. Mi hija me miraba desde la puerta con cara de asco y me preguntó: “¿Mami, no te da asco limpiar un baño?”. Y yo le contesté que la verdad que sí, pero como no había estudiado, ahora me tocaba hacer esto. Al día siguiente mi hija fue al colegio sin protestar y estaba lista antes que yo. © Paula Morales Aymerich / Facebook
  • Me enojaba mucho que mi hija lanzara objetos porque sí. Un día estábamos listas para ir al cine. Entró a su cuarto y aventó por el aire el control remoto. Dejé mi cartera a un lado y anuncié con calma “no hay cine”. Punto. Lloró muchísimo, porque de verdad quería ver la película. Suplicó los clásicos “nunca más, mami”. Pero mi marido y yo nos aguantamos su llanto de desilusión y de pena. Nunca más volvió a lanzar objetos. © Verónica Araneda Ramírez / Facebook

¿Cuál ha sido el truco que te ha funcionado a la perfección hasta con los niños más traviesos? ¡Cuéntanos en un comentario!

Imagen de portada Griselda Alfaro / Facebook
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