Genial
Genial

26 Historias sobre cómo el ingenio de los padres ayudó a resolver problemas con los niños

Quizás el ingenio sea una de las cualidades más importantes de los padres inteligentes. Así piensa la usuaria de Pikabu con el nick Kinash666, que escribió una publicación sobre el ingenio de los padres y la ilustró con vívidos ejemplos. Otros usuarios dejaron sus comentarios debajo: también decidieron contar sobre los familiares cuya imaginación fue de gran ayuda para mantener a salvo los nervios en el proceso de criar a los a veces traviesos y demasiado curiosos niños.

Genial.guru quedó impresionado por el ingenio de las personas que pudieron salir con éxito de situaciones difíciles relacionadas con los niños. Te invitamos a ti también a leer las historias y, tal vez, hasta tomar nota de algunas de ellas.

  • Cuando era un “renacuajo”, no me gustaba ir al kinder. ¿Acaso no era suficiente con haberme levantado muy temprano y haber permitido que me pusieran toda esa ropa? ¿También tenía que ir hasta el kinder? ¿A pie? Mamá tampoco quería llevarme en brazos, en nuestro caso la pereza es de familia, así que me preguntaba: “¿Cómo salta una ardilla? ¿Y un conejito?”. Yo no podía dejar en apuros a una pobre mujer que no había visto un conejo en su vida, así que saltaba. Hasta la puerta del kinder. Pensaba que era una ardillita y en realidad era una tontita.
  • Una vez, en una tienda, vi por primera vez un caqui y decidí probar la desconocida fruta. No sé por qué mi madre no quería comprarla en ese momento. Tal vez a ella no le gustaba el caqui, tal vez el caqui no era muy bueno, pero la versión de mi madre sonó como: “¡Ugh, son manzanas podridas! ¡Mejor compremos las normales!”. Me atreví a probarlos por primera vez a los 20 años.
  • Hace poco vi la carrera de un hombre con un montón de bolsas en las manos, detrás del que apenas lograba mantener el ritmo su pequeño hijo. El niño no quería correr, pero qué se le podía hacer si “es el último día de esta semana en que se venderá leche y la tienda cerrará en cinco minutos”. Era la una de la tarde.
  • Mi madre me dijo que si una persona mentía, tendrá toda la verdad escrita en su frente. Así que cuando iba a decir una mentira, siempre me cubría la frente con la palma de la mano.
  • Una pareja de amigos le dijo a su hijo que no podían comprarle un Lego grande porque se necesitaba una licencia para eso. Y solo se le otorgaraba esa licencia a un niño después de un serio examen médico. El niño les tenía un poco de miedo a los médicos, por lo que era un plan perfecto. Pero los padres no tuvieron en cuenta la fuerza del deseo del niño. Juntó fuerzas durante un par de días, luego se acercó a sus padres y anunció que estaba listo para cualquier procedimiento médico. Tuvieron que comprarle el Lego. Solo que lo llevaron al médico primero, justo tenían que hacerlo.
  • Nunca me decían que no había dinero. Me decían que esa compra no entraba en el presupuesto familiar. Y que este estaba calculado de tal manera que sería mejor dejar ese dinero para mi regalo de Navidad o de cumpleaños. O que ese juguete costaba mucho, y “queríamos ir al zoológico el fin de semana, y si compramos el juguete ahora, no quedará dinero para el zoológico”. Y entonces yo elegía qué quería más: si un juguete ahora o ir al zoológico el fin de semana.
  • Cuando los niños no querían caminar tomándome la mano, les decía que tenía miedo de resbalarme y que necesitaba su ayuda. Entonces me tomaban de la mano y caminaban junto a mí, sin tratar de salir corriendo a ninguna parte.
  • Cuando mi hijo no quiere irse del patio de juegos, le digo que me olvidé dónde dejamos aparcado el auto y él tenía que encontrarlo, de lo contrario alguien se lo llevaría. “Oh, ¡mujeres!”, comenzó a decir pronto, copiando a su padre.
  • Todas las semanas, con mi hijo nos ponemos de acuerdo en que irá al kinder durante 5 días, y el sábado y el domingo podrá quedarse en casa. Por ahora se lo sigue creyendo.
  • En mi infancia me interesaba mucho saber para qué eran las toallitas femeninas, esas que tan activamente se anunciaban en la televisión. Mi madre era muy ingeniosa para responder esas preguntas, y sus respuestas cambiaban todo el tiempo. La versión más original: “Es para las señoras que hablan mucho. Se les caen gotas de baba y se ponen esas toallitas en la barbilla para que las absorban”
  • A mis hijos en una época les gustaba mucho hacer burbujas de una solución que yo misma les hacía. Pero cuando me pedían que les preparara la solución por la noche, yo sabía que se pondrían a saltar y a gritar como locos y sería problemático acostarlos a dormir. Así que les decía que después de la puesta del sol las burbujas explotarían y no volarían debido a los fenómenos de la atmósfera. ¡Y me lo creían! Aunque, luego, cuando se hicieron mayores y más inteligentes, me interpelaron “¿Qué tontería es esa, madre?”. Y tuve que confesar y disculparme.
  • Una colega canadiense me contó que en su infancia su abuelo criaba conejos en su granja, y a veces les daba uno y su madre lo cocinaba. Ella se negaba a comer conejos, y le aseguraban que habían cocinado un pollo. Los comió hasta que creció un poco y se preguntó por qué los pollos del abuelo siempre tenían 4 patas...
  • Cuando mi padre me tenía que poner gotas en los ojos, siempre me decía que alguien estaba sentado en la lámpara y que tenía que abrir los ojos para mirar (esas gotas ardían horriblemente). Y nunca llegaba a ver quién estaba allí, siempre pasaba que “Oh, ya se fue volando”.
  • — ¡Mamá, quiero ese chocolate de la publicidad de los camellos que bailan!
    — ¿Sabes por qué en esa publicidad hay camellos bailando? ¡Porque ese chocolate está hecho con caca de camello!
  • ¡Oh, sí! Para eso tenía a mi hermano mayor: “La garrapiñada de cacahuete es caca de burro” (la probé por primera vez a los 30 años) o “¿Quieres tocar el violín? ¿Cómo se te ocurre? ¡Mamá nos abandonará!”.
  • A mi hija le encanta comer sushi, pero no hay manera de hacerla comer arroz con pescado. Pero, si lo envuelves en pan de pita y lo llamas un “megaroll”, pide otra porción.
  • A la edad de 5 años (ahora tiene 12) mi hijo dejó de comer carne, a excepción de los nuggets de pollo. Así que toda la carne eran “nuggets de pollo”. Le empanizaba cualquier cosa y le decía que era pollo. Ya es omnívoro, pero aún no entiende nada de carnes.
  • Me negaba rotundamente a comer verduras, pero devoraba los dulces con una pasión salvaje. Eso era malo. ¿Qué se les ocurrió a mis padres? Cortaban las frutas y las verduras en trozos del tamaño de un caramelo y los ponían en envoltorios de dulces. No me decían que esos “dulces” eran especiales y que tenía que comerlos. Al contrario, decían que no me los comiera y los dejaban sobre la mesa. 5 minutos después consumía solito la dosis diaria de vitaminas de frutas y verduras. ¿Fui engañado? Es un hecho. ¿Me obligaban a algo? No, en absoluto. Luego, cuando me di cuenta de que los pepinos y las manzanas sabían a “caramelos”, comencé a comerlos solo sin que tuvieran que engañarme. Este tipo de trucos son útiles a veces si están dentro de los límites de lo necesario.
  • Hasta los 6 años, mi hija afirmaba que no le gustaba la calabaza. Pero al mismo tiempo se comía sin problema las tortitas de calabaza que yo le hacía. Le decía que eran tortitas de una papa de otra variedad. Y también comía las cazuelas de calabaza y papas. También le decía que había elegido a propósito un tipo diferente de papa, más amarilla.
  • A mí, todas las mañanas en que me negaba a ir al kinder, me esperaba un zorrito en la puerta de entrada... Así que me apresuraba, porque “pobre zorrito que espera a que llegue”.
  • Mi sobrino no comía ni carne ni pollo. Estábamos sentados a la mesa, le serví papas con pollo, comenzó a hacer berrinche: “¡Yo no como carne!”. Y yo: “Esto no es carne, es ave”. Se comió el plato completo. La expresión de mi hermana no tiene precio.
  • Mi papá me decía que cuando sientes náuseas, necesitas comer bien, la mejor opción es un sándwich de tocino (no en situaciones de intoxicación, sino cuando te mareas en el auto o en el avión). No le creí durante mucho tiempo, pero mi padre viajaba mucho en avión y, finalmente, me convenció para que comiera en uno de los vuelos. No había límite para mi sorpresa cuando los horribles viajes que pasaba abrazada a una bolsa de papel terminaron con tan solo comer bien antes de salir o durante el viaje.
  • Mi hijito de 3 años:
    — No quiero pescado. (En realidad: “No quieo pecado”).
    — No es pescado, es pollo, ¿ves que es blanco?
    — ¡Qué rico!
    — Sí, pasé mucho tiempo cocinando este pes... pollo para que sea así de rico.
  • Cuando tenía tres años, mis padres comían chocolate haciendo muecas y diciendo que era asqueroso. Me ofrecían a que probara un poco, y me negaba rotundamente.
  • Fuimos al cine. Cerca estaba sentada una familia: mamá, papá y niño. En algún momento, más o menos a la mitad de la película, el niño dijo:
    — Basta, quiero irme a casa, vamos. ¿Cuándo nos iremos de aquí?
    La mamá:
    — Hijo, ahora empieza la publicidad, y nos vamos.
    Y el niño comenzó a esperar por la publicidad.
  • — Hijo, todas las personas pueden leer la mente. Tú eres el único que no puede.

¿Tienes que usar seguido el ingenio para criar a tus hijos? ¿O quizás tú mismo fuiste una “víctima” del ingenio de tus padres? Cuéntanos sobre ello en los comentarios.

Imagen de portada pikabu.ru
Genial/Historias/26 Historias sobre cómo el ingenio de los padres ayudó a resolver problemas con los niños
Compartir este artículo
Te pueden gustar estos artículos