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Hay alguien en la oscuridad. Padres contaron cosas que sus hijos vieron que te helarán la sangre

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Toda persona que tenga un gato viviendo en casa a veces se ha desconcertado por la forma en que la mascota se sienta, mirando inmóvil algún rincón o el techo, y de repente comienza a salir lentamente de la habitación. Sin embargo, esto no es lo más terrible, ya que los animales no pueden decirnos qué es lo que han visto allí. Otro caso aparte son los niños. Aunque los bebés se ven lindos e inocentes, son ellos los que a veces dicen cosas que hacen que los pelos se nos pongan de punta.

Existen comunidades en Internet en donde los padres llevan un peculiar historial sobre la imaginación de sus hijos. Todo empezó por una publicación que acumuló más de 1 000 comentarios; además, el tema es muy actual en blogs de Internet. Genial.guru leyó todas estas historias y lleva una semana sin apagar la luz antes de ir a dormir.

  • Nuestro pequeño tiene 3 años y, hasta hace poco, aún seguía durmiendo con nosotros. Hubo un periodo en el que lloraba de manera histérica y decía que en el espejo había una vaca. Por supuesto, nos reíamos y no le prestábamos atención hasta que, un día, en plena noche, el perro dio un brinco de susto y comenzó a ladrar hacia el espejo. Después de esto, limpié el espejo con agua bendita y al parecer la vaca desapareció.
  • Mi hija de dos años veía a un niño que lloraba cerca del candil. Esto ocurrió al anochecer y en la recámara solo estábamos sus hermanos y yo. Ella miraba constantemente hacia el candil y después de un tiempo nos preguntó: “¿Llorará por mucho tiempo?”. Después de su pregunta señaló hacia el candil y dijo que ahí se encontraba el niño que lloraba. Con el paso de los días, la historia se volvió a repetir.
  • Mi hijo, a los 7 años, comenzó a tener un amigo. Su nombre es Ghandi y frecuentemente aparece por las noches. Mi hijo me cuenta sobre él de una forma muy tranquila. Dice que sus padres y él fueron asesinados, pero logró permanecer como un fantasma y desde hace mucho tiempo buscaba a un amigo. Mi hijo aceptó ser su amigo. Ghandi aparece rara vez y ellos tienen una señal para que mi hijo lo pueda llamar. Le pregunto: ¿para qué lo llamas? Mi hijo dice que le da consejos sobre cómo actuar en una determinada situación.
  • Hasta los 3 años, el niño decía que él había elegido a sus padres y un hombre llamado el Cuidador era quien se los mostraba.
  • En un viejo departamento, mi hija siempre me decía que una anciana se bañaba en la tina.
  • A la hora de ir a dormir, mi hija mira hacia el techo y comienza a sonreír y a avergonzarse. Le pregunto: “¿Quién está allí?”. Me responde: “Unos niños”.
  • Mi hija, a los 3 o 4 años de edad, veía en nuestro anterior departamento una bola oscura peluda en la esquina de la cama. Se asustaba y salía gritando.
  • Cuando era pequeño, veía cuando los ángeles peleaban contra los demonios.
  • Desde que mi hijo tenía 1,5 y hasta los 2,5, señalaba a una esquina vacía de la cocina y decía que allí se encontraba un “Ja”. Ahora tiene 4 años y cuando se cae algo o se escuchan ruidos de repente, él aún sigue diciendo que es “Ja”. Además, durante un tiempo nos contaba sobre una tal Sonia y fingía que jugaba con ella, esto sucedía cuando estaba en casa de su abuela.
  • Por las noches, cuando tenía 2 o 3 años y todos dormían, veía a personas en nuestra casa. Incluso hablaba con la chica que se acostaba en la cama de mi hermano. No tenía miedo, eran personas normales. Eso era muy claro.
  • Mi hijo desde, que comenzó a hablar y hasta los dos años, veía a un perro en el pasillo. Le daba miedo acercarse allí. Aunque el pasillo estaba bien iluminado, no había nada colgado, ni colocado. Y me decía directamente: “¡De nuevo ahí está el perro!”.
  • Mi hija siempre me dice: “Ven a jugar con nosotras”. Ella es hija única.
  • En la infancia le contaba a mi mamá que todas las noches llegaba una persona a verme y me decía en qué y cómo se tenía que pensar para castigar a las malas personas en caso de que me ofendieran.
  • Cuando mi hija tenía año y medio, constantemente miraba hacia el armario en el dormitorio. Este estaba colocado frente a la cama. Cuando estaba acostada, señalaba con su dedo hacia el mismo lugar y saludaba con la mano. Cuando le preguntaba quién estaba allí, me decía: “Uf-uf” (Así le dice a los perros). También le decía: “¿Qué hacía allí?”, pero ella solo arrugaba su rostro y cada vez hacia la misma expresión. Una vez señaló al candil. Le pedí que lo mostrara desde diferentes puntos y siempre señalaba hacia el mismo lugar. Era espeluznante.
  • Cuando nos mudamos a un nuevo departamento, mi hija le contaba a las demás personas que nos habíamos mudado cuatro personas. “¿Pero quién era la cuarta persona?”, “Un niño”.
  • Siempre recordaré que, en mi infancia, por las noches veía a un enorme gorila negro. Esto ocurrió varias veces. Tenía miedo de despertarme por las noches.
  • Cuando mi ahijado aún estaba aprendiendo a hablar, señalaba con su dedo a lo que parecía ser una persona, esto sucedía incluso durante el día. Él sabía pocas palabras y nosotros simplemente le hacíamos preguntas: ¿es bueno o malo?, ¿te hace daño o no? Nos dijo que era bueno y no le hacía daño. Después le preguntamos de dónde era él, a lo que el niño nos respondió: “Hombre ¡Pip-pip! ¡Bam!” (como si fuera el sonido del claxon de un auto a punto de atropellar a una persona) y nos señaló el camino. Se nos puso la piel de gallina.
  • Una vez casi me hice del baño en la noche cuando mi hijo me despertó con una voz susurrante: “Mamaaaaaaá, cerca de la puerta está una señora”.
  • Recuerdo detalladamente que, en mi infancia (cuando me acostaban en la sala y no en mi recámara), durante la noche veía el cráneo de una vaca y me atacaba con sus cuernos directamente a los pies. Me daba mucho miedo dormir ahí, pero nadie me hacía caso.
  • Mi hijo me contó que le daba miedo ir de su habitación a la mía por las noches y siempre me pedía que me acostara con él cuando tenía miedo: “cuando regresaba a mi habitación algo me jalaba las piernas, era muy grande”, y me mostraba un objeto que tenía el tamaño de un gran perro.
  • Mi hija tenía 2 años y medio. Un día llegué por ella al jardín de niños y la educadora me dijo: “¡Oh, su abuela ha venido a visitarlos! Su hija estuvo hablando sobre ella todo el día. ¡Decía que llegaría a casa y su abuela Elena estaría esperándola!”. Después le pregunté a mi hija: “¿Quién era esa tal Elena?” y me respondió que era su abuelita que llegaba a jugar con ella.
  • A los 8 años, comencé a ver a una señora que llegaba a mi cama (yo dormía con mi abuela), se quedaba de pie y me miraba durante toda la noche. Después, un hombre comenzó a llegar junto con ella, pero él se mantenía alejado de mí. Ellos salían de otra recámara y regresaban allí mismo. Cuando les conté a mis padres, empezaron a poner sal sagrada en el umbral del dormitorio. Cuando estas personas llegaban, se quedaban parados en el umbral justo detrás de la línea de sal.
  • Nuestro pequeño se despertaba y miraba detrás de nuestras espaldas. Después empezaba a llorar fuertemente y señalar con el dedo. Cuando intentábamos preguntarle que había ahí, él lloraba: “¡Están detrás de ustedes!”. A veces me veía a la cara, se ponía histérico y me decía: “¡Papá no tiene ojos!”.
  • Mi hijo, a los dos años, me contó que veía una mano. Se le aparecía con demasiada frecuencia y le tenía miedo. Él durmió con nosotros hasta los 5 años en la misma cama, ya que le temía a la mano.
  • Mi hijo veía a una señora en un rincón de su recámara pero decía que no era aterradora. No le tenía miedo. Salía a la calle (vivimos en una casa privada) y observaba a mi hijo. Veía al rincón de la sala, señalaba con el dedo, se reía mucho y comenzaba a jugar.
  • Mi hermana gemela y yo hasta, los 5-6 años, todas las noches veíamos un gran gato negro. Él se sentaba en la ventana y veía a nuestro hermano bebé en su cuna o se ponía sobre ella si de pronto la movían de la ventana hacia la pared.
  • Al estar en la casa de campo, mi hijo un día vio a un niño volando vestido de rojo y otro día a un hombre de negro. A este último le tuvo mucho miedo.
  • Estoy segura de que alguien entretenía a mi hijo después de salir de bañarse. Yo lo colocaba sobre la mesa y él miraba hacia la izquierda apenas por debajo del techo. Se reía y contaba lo qué había hecho hoy. Esto duró mucho tiempo, hasta los 2 años. Incluso no lo molestaba. Me hacía a un lado y esperaba. Me parece que este era alguno de mis abuelos difuntos que jugaba con él.
  • Mi hija tiene un amigo camello. Invisible. Del tamaño de un hámster.
  • Mi hermana, durante tres años, tuvo un amigo imaginario que se llamaba Paquito. ¡Ella se aseaba con él, se sentaba a comer con él y no debías olvidar colocar cubiertos adicionales! Un día, al ir de paseo, le pregunté a mi hermana: “¿Quieres un helado?” y me respondió: “¿A Paquito también le compras uno? Ahora puede comer, ya no le duele su garganta”.
  • Mi hijo, a los 3 años, me decía que sobre la mesa de la habitación estaba sentada una señora. Incluso tenía nombre “Marashaba”. Cuando comenzaba a preguntarle detalladamente sobre cómo se veía, me sentía terrible. Era mejor que no hiciera preguntas. Esto duró dos meses.
  • El hijo de tres años de mi amiga le dice a todo el mundo que tenía un esposo que se había enfermado y fue llevado al hospital, pero ahora siempre está con él. Así dice: “Este es mi esposo, se llama Minnow”.
  • A veces, mi hija de 7 años nos cuenta que ella recuerda cuando le propusieron elegir a su mamá. Me dice: “Eran diferentes. Incluso una era rubia, pero sabía que te escogería. Anteriormente ya te había visto y te conocí. Como si alguien me hubiera dejado presionar el botón en una tablet”.

¿A qué le tenías miedo de niño? ¿Tus padres también tuvieron experiencias contigo que les pusieron los pelos de punta al escuchar sobre “el hombre en el espejo”?

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