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La historia de la esposa de Dickens, quien cerró la puerta y abandonó su casa para siempre, dejando a 10 hijos

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La vida familiar de Catherine Dickens comenzó con una toxicosis, que duró 15 años con algunas interrupciones. Ella podría haber sido actriz, escritora, cocinera, pero se convirtió en la triste esposa de un genio y madre de 10 hijos. El gran escritor inglés Charles Dickens soñaba con tener una gran familia y una esposa que llevara toda la casa, pero después de 20 años de vida en común, vio en su media naranja a una mujer con la que ya no quería hacer nada más.

Genial.guru quiere compartir con sus lectores una historia sobre cómo la felicidad familiar tranquila puede ser perjudicial si renuncias a tus talentos y te dedicas por completo a tu esposo e hijos.

Eran felices como todos los recién casados

Catherine Hogarth era una mujer joven, ingeniosa y bonita de 20 años, cuando conoció en 1835 a Charles Dickens, entonces un periodista desconocido. Ella creció en una próspera familia inteligente; su padre era un redactor, musicólogo, crítico musical y propietario de una editorial de música. Charles soñaba con tener una familia unida y amorosa, una esposa ama de casa y una madre solícita de sus hijos.

Un año después, se casaron y fueron felices, lo felices que son todos los recién casados. Eran libres, jóvenes, alegres, sin preocupaciones domésticas y económicas, acudiendo a los teatros y recepciones.

“Mi media naranja”, “pequeña esposa”, “Sra. D.”. Así solía llamar Charles a su amada Catherine.

“Nunca volveré a ser tan feliz como en aquel departamento del tercer piso, incluso si nado en la fama y la fortuna”, recordaba Dickens.

Los hijos los pusieron a prueba

Nueve meses después de la boda, en 1837, nació el primogénito de Dickens: Charles Jr. Catherine estaba enferma y le costaba alimentar al bebé, por lo que cayó en una depresión posparto.

Charles padre trató de apoyar a su esposa y se congratulaba por la aparición del heredero. El escritor se sintió feliz tras el nacimiento de sus hijos cuatro veces. A la quinta, ya se sintió desanimado y por primera vez se quejó de que los dioses eran demasiado generosos con él.

“Parece que celebraremos el Año Nuevo con la aparición de otro hijo más. A diferencia del rey de un cuento de hadas, yo ruego sin descanso a los Reyes Magos que no se preocupen más porque ya tengo suficiente con lo que tengo. ¡Pero son en exceso generosos con aquellos que merecieron su favor!”

Catherine podría haber sido actriz o autora de libros

No en vano, en los intervalos entre los embarazos y los partos, Catherine, aún así, logró mostrar que era capaz de ser no solo madre y esposa. La señora Dickens actuaba en las representaciones amateur de las obras de su esposo y escribió un libro de cocina, “¿Qué tenemos para cenar?”, publicado en 1851. Contenía recetas de los platillos favoritos de Charles, consejos para el hogar dirigidos a recién casadas y ejemplos de menús para recepciones de 2 a 18 personas.

Además, ella resultó ser una buena compañera de viaje. El matrimonio Dickens, antes de la llegada del quinto hijo, fue a América. El viaje acabó siendo difícil y peligroso, pero Catherine demostró ser una mujer fuerte y resistente. Charles Dickens contó esto en una carta a un amigo:

“Ella superó las primeras dificultades que se nos presentaron en las nuevas circunstancias y resultó ser una verdadera viajera. Nunca se queja, ni muestra miedo, incluso cuando hasta yo lo consideraría justificado. Nunca se desanima, ni se viene abajo, a pesar de que deambulamos por unas tierras muy duras durante más de un mes sin parar; ella dócilmente se adapta a cualquier circunstancia y me agrada con la evidencia de su coraje”.

La historia del brazalete y el escándalo

El quinto hijo, Francis Jeffrey, nació a principios de 1844.

Durante 15 años, Catherine estuvo embarazada, dando a luz y amamantando a sus hijos. También sufrió dos abortos y la muerte de una de sus hijas, Dora, que tan solo había vivido 8 meses. En total, la señora Dickens dio a luz a 10 hijos.

De esta excesiva fertilidad y embarazos constantes, el escritor inglés culpaba a su esposa.

El se sentía cada vez más molesto con Catherine. Al fin y al cabo, Charles Dickens llegó a la conclusión de que nunca habían estado hechos el uno para el otro. Contaba a todos sus amigos que Catherine no era para él y él no era para ella. Era demasiado fría y apática. Demasiado limitada, demasiado gorda y fea, siendo una mala madre. Además, demasiado nerviosa, lloraba todo el tiempo y era patológicamente celosa.

Después del nacimiento de su último hijo (por lo visto, para poner fin a la aparición de más descendientes), el escritor ordenó dividir su dormitorio y cubrir el paso con estanterías con libros.

Poco después, en la primavera de 1858, ocurrió un error torpe y fatal: a la casa de los Dickens llegó un brazalete, de parte de Charles, pero que estaba destinado a una joven actriz de 18 años, Ellen Ternan. El mensajero confundió la dirección. Catherine explotó al verlo y armó un buen escándalo. A esto, recibió una explicación sencilla: hacer regalos a las actrices que participan en la interpretación de sus obras es una práctica común, y usted, querida esposa, está demasiado celosa y me atormenta con estas escenas horribles.

Charles insistió en que Catherine fuera a la casa de la señorita Ternan, le entregara el brazalete y se disculpara por su comportamiento ofensivo.

Catherine no pudo soportarlo más, cerró la puerta tras de sí y dejó al genio inimitable para siempre.

Más tarde, se sabría que Charles Dickens conoció a Ellen un año antes de este incidente y alquiló un departamento para ella, su madre y sus hermanas. La actriz acompañaba al escritor a todas partes. Aunque se convirtieron en amantes cinco años después del divorcio de Charles.

El divorcio

Ambas hijas no invitaron a Catherine a sus bodas. Ni le informaron de la muerte de su hijo Walter.

Dickens anunció públicamente el divorcio de su esposa en 1858, en una revista:

“Desde hace algún tiempo, mi vida familiar se ha complicado por una serie de circunstancias difíciles que son de naturaleza puramente personal. Recientemente, terminaron con un acuerdo, dictado no por la ira, sino por buena voluntad. Me divorcio”.

Con Catherine solo se fue el hijo mayor, Charles. El resto de los niños, de acuerdo con las leyes de la época victoriana, deberían quedarse con su padre. A Charles Dickens no le gustaba que mantuvieran comunicación con la madre, aunque no lo prohibía directamente.

Ambas hijas no la invitaron a sus bodas. Tampoco la informaron de la muerte de su cuarto hijo Walter.

Es cierto que, más tarde, la hija Kate escribió lo siguiente sobre su madre:

“No había nada terrible en mi madre. Ella, como todos nosotros, tenía sus defectos, pero era una persona amable, dulce, bondadosa y una verdadera dama. Mi pobre madre tenía miedo a mi padre, no tenía derecho a expresar su opinión. Nunca se le permitió decir lo que sentía”.

“Él me amó un tiempo”

Hasta el final de su vida, Catherine vivió sola y extrañó a su esposo. Sobrevivió a Charles durante 9 años y en 1879 falleció, víctima de un cáncer. Antes de su muerte, Catherine entregó a su hija Kate su correspondencia con su esposo:

“Entrégaselo al Museo Británico, para que el mundo sepa que él me amó un tiempo”.

La señora Dickens fue enterrada en el cementerio de Highgate en Londres, junto a su hija Dora, quien murió con solo 8 meses de edad.

Durante el escandaloso divorcio del matrimonio Dickens, muchos se pusieron del lado del escritor: ¿acaso es posible vivir con una esposa que no se cuida a sí misma, siempre está de mal humor y no quiere evolucionar, especialmente, para un genio como Charles Dickens? Algunos, aun así, simpatizaban con ella: muchas mujeres pueden entender que no es nada fácil siempre estar de buen humor cuando se da a luz y amamantas todo el tiempo. No es fácil tampoco ser feliz cuando no te aman y constantemente te critican.

¿Y con quién simpatizas más en esta historia?

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